La paz, la violencia… y el miedo; atrapados entre dos fuerzas contrarias

Lo que queda atrapado entre dos fuerzas contrarias es aplastado. Así será el destino del gobierno y el de todos los chavistas si no reaccionamos rápido.

Desde un punto de vista político teórico (solamente teórico), la derecha venezolana le insiste al gobierno que no busque en el contrabando, en los bachaqueros, en la frontera el origen de la escasez. Que el origen de la escasez está en los controles de precio, del empleo, en la ineficiencia de las empresas productoras de alimentos, y empresas básicas, como la minería y el petróleo, que están en manos del gobierno. En los controles de cambios, en todos los controles posibles, habidos y por haber. Para la derecha el “dejar hacer” (laissez faire, a decir de Bastiat) es su divisa. Hay que privatizar todo aquello que hoy esté en manos del Estado. El Estado debe solamente ocuparse de la seguridad pública. Todo lo demás debe estar en manos de los privados: la educación, la economía, el agua, la salud y los servicios de públicos, deben ser privados. La renta petrolera solo debe ser administrada por los privados, si es que queremos tener Centros Comerciales Modernos dónde se consiga de todo, supermercados donde se consiga de todo; farmacias dotadas; agua potable; todas las marcas comerciales; todas las tecnologías, ver los mejores estrenos en el cine, que nos tomen en cuenta los más famosos artistas para sus Show etc... Esa es la presión que ejerce la derecha al gobierno socialdemócrata que se ha quedado entrampado en la teoría política, justo en un punto medio.

Por el otro lado están los pueblos conscientes, la revolución socialista, los cambios socialistas. Está la teoría revolucionaria. ¿Qué dicen estos cambios propuestos? Que el problema de la escasez no se resuelve atacando el contrabando mientras existan los capitalistas. Que el problema no es que haya de todo para unos pocos. Que, si queremos que haya lo necesario para todos por igual, hay que hacer una revolución socialista. Qué el problema de la escasez, el contrabando y la violencia está en NO querer hacer la revolución, en NO querer CAMBIAR todo aquello que deba ser cambiado, parafraseando a Fidel Castro. Entender que todos los males capitalistas se resuelven FUERA del capitalismo, SIN capitalismo.  Se resuelven con la toma del control total de los medios de producción por la “Clase obrera”, es decir, por la clase obrera consciente de su clase y de su destino político…

…Entender que se debe organizar y educar a la sociedad sobre la base de estos cambios, para el control de la producción, distribución de bienes y servicios; preparar y organizar a los servidores de salud sobre la base de mejorar y socializar  todos los centros médicos y de salud del país. Se debe cambiar los currículos de educación primaria, media y superior, así como construir escuelas y universidades  sobre la base de las necesidades de toda la sociedad: de tener que estatizar y hacer gratuito todo el sistema educativo orientado a satisfacer a toda la sociedad y no una parte de ella o ninguna. La revolución socialista sabe que es una fuerza contraria al capitalismo, a los intereses de la burguesía; la revolución sabe que con ella el destino de ésta es su fin definitivo. La revolución socialista sabe que mientras exista avanza la sociedad y la historia humana, pero triturando al capitalismo y a toda clase de privilegios y clases sociales. Qué la primera que debe desaparecer es la clase burguesa y todos su valores, modales y hábitos, aspiraciones y sueños, porque es ella hegemónica en este momento en nuestra sociedad, en el control de nuestra economía, nuestras vidas y de nuestras almas.

Así lo piensa la burguesía y el capitalista de la revolución. No puede haber dentro de la sociedad burguesa o democrática burguesas, revoluciones y mucho menos revoluciones socialistas.

Ahora, desde un punto de vista actual, digamos que estudiando los hechos que actúan ahora, los burgueses quieren eliminar también todo aquello que solo se parezca a socialismo y a revolución. Por eso quiere acabar con la socialdemocracia de Maduro, porque necesitan la propia, la de ellos, con sus propios esclavitos  formados por ellos y no por chavistas o que se digan hijos, primos, hermanos de Chávez. Los socialdemócratas herederos de Chávez quedarían aplastados en el medio de estas dos fuerzas, porque tampoco la revolución los quiere. Son una molestia. Son como un pendejo mirando al cielo aquietado en el medio de la estación de Plaza Venezuela,  que se lo llevan por el medio irremediablemente.

Pero, los chavistas (y un poco más); la sociedad entera ahora está atrapada entre la derecha fascista que quiere acabar con el gobierno de Maduro y la inercia del gobierno; y el muro de contención del gobierno que petrificó el socialismo en un ente pasivo, y que no termina de entregarse al capitalismo. En el medio estamos nosotros y todos los chavistas, gente revolucionaria o simplemente crítica, los cuales seremos aplastados contra ese muro, esa quietud espiritual y física, ese cansancio mental, de arrojo y voluntad.

Si el gobierno no da un paso importante hacia la revolución, si no la activa de nuevo, tomando decisiones de contraataque frente a los embates capitalistas, hacia los verdaderos autores y directores del desabastecimiento y el contrabando (o sea, los grandes propietarios), cerrando todas las fronteras del país solo logrará retardar un poco la mecánica de funcionamiento de las mafias, del sicariato, del paramilitarismo, y la rutina de los obreros bachaqueros.

Pero si el gobierno cierra el chorro de dólares que alimenta ahora mismo a la archi mentada burguesía parásita, a saber: a los pícaros de FEDEINDUSTRIA, FEDECÁMARAS, CONINDUSTRIA, CONSECOMERCIO, VENAMCHAM; si el gobierno dirige sus cañones hacia la dirección correcta y los dispara, de seguro que este país avanza.

Que si “Hay que preservar la Paz”. ¿Cuál Paz? ¿Hoy hay Paz? ¿Hay Paz con abuso, especulación, colas por todas partes? ¿¡Paz! cada quien peleándose con el otro por una lata de leche en polvo? ¿Cómo va haber Paz sin justicia? ¿Paz, con redadas y en un ambiente propicio para el abuso policial?  Si hay que generar violencia, que se haga hacia la dirección correcta o por una causa justa, a favor de toda la sociedad y no pensando y protegiendo solo a una parte de ella: a los más ricos y la clase media, que ahora mira los toros desde las gradas y alienta la represión en los barrios.

Nadie dijo, antes de Maduro, que la revolución fuera una mesa de negociaciones. Hasta la revolución más pacífica, si es una revolución verdadera, debe generar un tanto de violencia: para radicalizarse y para defenderse. No se puede esperar comprensión y paciencia de Lorenzo Mendoza si se le confiscan sus plantas en todo el país. Pero hay que hacerlo. No se puede esperar sumisión de los empresarios pícaros si se les saca la teta de la boca de los dólares de mamá Estado. Pero hay que hacerlo ahora. Esa es la violencia, la que ahora mismo estamos enfrentando en las fronteras, en las ciudades y en los abastos, que ellos generan desde la comodidad de sus casas (en cualquier parte del mundo), la misma violencia que los ricos dicen que hay que evitar con negociaciones y consensos. ¡El único consenso válido para la revolución debe ser con la clase trabajadora y los más pobres!

Estamos atrapados entre la espada oligarca y la pared socialdemócrata. Y el gobierno, entre el capitalismo y el socialismo. Insisto en que hay que hacer distancia y ver la crisis como una oportunidad de avanzar y no para claudicar, para ceder espacios al enemigo. En momentos como este, quienes manejan la lucha en contra de las revoluciones y en contra de los nacionalistas socialdemócratas, se están frotando las manos de satisfacción al ver cómo, en ningún caso, los pueblos avanzan, inmovilizados por sus propios dirigentes. Es el caso vergonzoso de Grecia. Debemos vernos en ese espejo, sentir vergüenza del miserable rostro que nos devuelve la entrega, cobrar dignidad y darle un leñazo en la cabeza al oligarca con él mismo bastón con el que nos ha golpeado siempre hasta ahora.



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Héctor Baíz

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