Crónicas cotidianas

Poisson Ivy

Desde aquella texana de Port Arthur, muerta a la temprana edad de 27 años y considerada la madre de las cantantes del rock, Janis Joplin, con una voz melodiosa, desgarradora y a veces triste, no había tenido tantos recuerdos de mujeres rockeras, hasta ver este sábado en la noche en los espacios de la Terraza Cultural de El Viñedo, a seis rockeras. Así como lo oyen, toda una banda de seis chicas: dos guitarras, un bajo, un teclado, una batería y una solista, entre 17 y 19 años, que cantaron sus propias composiciones.

Toda esa escenografía, todo ese humo, la composición de luces, me hizo recordar a dos de las grandes compositoras y cantantes de rock ácido y folk rock: Grace Slick, quien a sus 83 años todavía compone, y Signe Toly Anderson, recientemente fallecida. Ambas formaron parte de una de las bandas de rock más prominentes de finales de los 60 y mediado de los 70: Jefferson Airplane.

Y cómo no remontarse a los principios del rock latinoamericano, cuando Gloria Ríos, hacía escandalizar a la pacata sociedad mexicana, cantando y bailando rock and roll en español por allá en el 55 del siglo pasado, quien de paso era compositora y los músicos mexicanos ponían instrumentos como el saxofón a la orden del mítico género. Hasta podría decirse que, si Joplin lo fue para Gringolandia e Inglaterra, Gloria Ríos fue la madre de las rockeras latinoamericanas.

Estas seis chicas tocando y cantando rock allá en Valencia, también hacen recordar a las Mary Jets, una banda de rockeras mexicanas que hicieron furor de 1958 hasta 1963.

Pero esa vestimenta, ese maquillaje, ese uso insistente del negro de las chicas de Poisson Ivy o Hiedra Venenosa en español, como se hacen llamar, también me recordó a Mariska Veres, la genial cantante holandesa, miembro de la banda Shocking Blue, fallecida a la temprana edad de los 50, cuya inmutable presencia y casi imperceptible movimiento de la boca, no hacían imaginar el vibrato melodioso y voz de contralto, que hacían sentir la música como una emoción interna.

A finales de los 90, escuché en un programa de radio, muy tarde en la noche, a una batería sonar que en algún momento se me pareció al toque de Keith Moon, el legendario baterista de The Who, muerto de sobredosis a la corta edad de 31 años. Y me sorprendió saber que el baterista que sonaba en la radio, era una chica -ahora de 47 años- se llama Meg White y formó parte, junto con su esposo Jack, de la desaparecida la banda de rock The White Stripe. Aún hoy me parece una baterista excepcional. Tocaban aquel género que se llamó rock de garage.

Si bien Poisson Ivy no está haciendo un rock primario, y dudo que sus integrantes tengan visiones avanzadas en torno a ese complejo y profundo género musical, hay una fuerza y un deseo de hacer una música que vaya definiendo una nueva generación de rockeros, de un rock con nuevas aportaciones. Esta banda tiene sus propias composiciones. Cantaron una canción que titularon "Juan", que es excelente, en donde se introducen algunos elementos del originario rap y de aquello que en tiempos de los hippies se llamó underground. Y para variar, está la incorporación de un cuatro, que no solo saca al oyente de ese bis musical batería-teclado, sino que le da un tono nouvelle a la canción.

En un país como Venezuela, y más en una ciudad como Valencia, el rock es casi marginal en el buen sentido de la palabra. Forma parte de un club muy pequeño de comunidades de soñadores del pasado y de nuevas generaciones de chicos y chicas que ven en el rock una salida a sus muchas interrogantes.

Mi generación adolescente se formó musicalmente escuchando rock, salsa vieja y música de protesta. De la protesta había muy poca música. Guitarra española, cuatro, quizás un charango y tambor. De la salsa vieja había de todo, pero más timbales, cencerros y trompetas. Dell rock, conocimos el sintetizador electrónico en las maravillosas manos de Billy Preston, también llamado el quinto Beatle, o la guitarra eléctrica con efectos en las prodigiosas manos de Alvin Lee, o la bateria portentosa de Keith Moon. Y aprendimos mucho de música, y sobretodo, aprendimos a amarla. Quizás por eso entendemos lo que hacen estos chicos y chicas de ahora.

Había otras bandas en ese espectáculo del sábado, pero me llamó la atención una llamada Leviatán, que hace un rock muy bueno, y que también tiene una chica cantando: Carolina Pacheco.

Marginales al fin, quizás un poco más de cien personas integramos parte del público que fuimos a disfrutar de aquel espectáculo incipiente, de ese renaciente rock nacional que está apostando a una nueva generación musical donde las mujeres jugarán un papel determinante. Si no lo creen, escuchan a las chicas de Hiedra Venenosa cantando "Juan".



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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