Alfonso Cano FARC- EP: “El Plan Colombia es un Plan anti-Colombia”

Foto de archivo tomada en 2001 de Manuel Marulanda (der.) junto a Alfonso Cano (izq.), nuevo jefe de las Farc.

Foto de archivo tomada en 2001 de Manuel Marulanda (der.) junto a Alfonso Cano (izq.), nuevo jefe de las Farc.

Credito: YVKE Mundial

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El nuevo jefe máximo de las FARC a la muerte de Manuel Marulanda, concedió a este reportero una entrevista en el año 2000, en una carretera del Caquetá (Sur de Colombia). Desde hace años es considerado uno de los estrategas e ideólogos del movimiento. Para ese entonces era jefe del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, un brazo político para ese momento en proceso de construcción. Hemos considerado pertinente publicar la entrevista completa (una versión editada y más corta fue publicada en el semanario TalCual en septiembre del año 2000), por cuanto muchos de los planteamientos allí contenidos conserva su vigencia. Es preciso, sin embargo, tener presente el contexto de la época, el cual puede resumirse en estos elementos: era el primer año del plan Colombia; el Gobierno de Andrés Pastrana decretó una Zona de Despeje o de Distensión en San Vicente del Caguán para entablar conversaciones de paz con las FARC; el presidente de Estados Unidos era Bill Clinton y justo por los días de la entrevista visitó Cartagena de Indias; el Gobierno de Hugo Chávez estaba en sus inicios y ya la derecha lo bombardeaba con acusaciones de tener vínculos con las FARC

–¿Por qué las FARC consideraron la necesidad de lanzar un brazo político?

–Colombia está viviendo una crisis profunda, una crisis que es económica, que es social, que es política. Esa crisis ha llegado a tocar las estructuras de los partidos tradicionales y de los partidos alternativos, democráticos o de izquierda. Las propuestas políticas de las FARC tienen mucha simpatía en amplios sectores de la opinión. Y muchos de esos sectores y muchas de esas franjas por una u otra razón no pueden o no quieren participar de la lucha armada. Discutiendo, llegamos a la conclusión de que era el momento. La oportunidad histórica para que las FARC le hicieran propuestas específicas, orgánicas y con claros objetivos políticos de poder a esos sectores de opinión que creen en las FARC.

–¿Está planteado como un movimiento electoral?

–En primer lugar de organización de la gente y en segundo lugar de desarrollar unos planteamientos políticos que encarnen en la cotidianidad de la gente de Colombia. La opción electoral no está al orden del día porque el movimiento es clandestino, pero no nos hemos limitado. Donde haya movimientos cuyos postulados programáticos coincidan con los nuestros y cuyas opciones personales de los candidatos colmen las expectativas nuestras, entonces estamos apoyándolos.

–¿Cuál sería la diferencia fundamental del Movimiento Bolivariano con el experimento que fue la Unión Patriótica?

–Esencialmente, aunque hay circunstancias de modo, tiempo y lugar que también determinan, es su forma organizativa. La Unión Patriótica fue un movimiento amplio desde el punto de vista de su organización, con sedes, con medios de comunicación legales. La Unión Patriótica fue una opción que liquidó el Estado colombiano a los tiros. El Movimiento Bolivariano no tiene esa organización abierta, es clandestina precisamente para defender la integridad física de sus integrantes.

–Sorprende un poco ese concepto de clandestinidad. Las FARC tienen voceros internacionales. Tienen aparatos que funcionan en toda Colombia, han sido reconocidos por el gobierno (de Andrés Pastrana) como un grupo con el cual hay que dialogar. ¿Por qué un movimiento clandestino?

–Porque esta es una propuesta para las masas, para el pueblo, y en Colombia el Estado es un Estado terrorista que desarrolla la guerra sucia como una forma de liquidar a la oposición política. No es posible, en las actuales circunstancias, desarrollar un movimiento abierto, porque sería fácil presa de las balas del paramilitarismo.

–¿Está planteado el lanzamiento de algunos partidos políticos con otro nombre, pero que en realidad obedecen a las directrices del Movimiento Bolivariano?

–No, lo que hemos hecho en este período electoral es tratar de incentivar prácticas políticas democráticas en distintas regiones del país, pero no formar nuevos movimientos. Es ayudarle y contribuirle a gente que ha formado o que tiene movimientos democráticos, pero siempre en el marco del desarrollo de una práctica política transparente.

–La concepción del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, ¿en qué se parece y en que se diferencia al movimiento bolivariano de Venezuela?

–Hombre, no conozco mayores detalles del movimiento bolivariano de Venezuela. En cuanto a nosotros, queremos rescatar el ideario, la lucha de nuestro pueblo, y Bolívar está inmerso en la lucha de nuestro pueblo. Hacer de nuestras raíces algo real, vigente, actual, dinámico, porque es sobre esas bases y no sobre ningunas otras que vamos a poder construir el futuro.

–El Plan Colombia está en marcha y ustedes han entendido que se trata de un plan contra las FARC.

–Más que un plan anti-FARC es un plan anti-Colombia. Nosotros somos guerreros y tenemos una concepción de la vida y de la lucha de guerra y guerrillas móviles. Es contra el país, porque se trata de someter la voluntad soberana del pueblo, someterla a los dictámenes del Fondo Monetario Internacional y de la banca internacional para desarrollar toda la política neoliberal que está llevando a Colombia a la crisis. Todo eso bajo la mampara de la lucha antinarcóticos.

–Está previsto que los helicópteros Black Hawk norteamericanos dispararán si les disparan. ¿Quién dará el primer paso en la escalada de la guerra que se anuncia?

–No se puede predecir eso con precisión, pero uno se puede imaginar situaciones. Ellos tienen reconocidamente acá a seiscientos asesores, están distribuidos en distintos batallones. Cualquier día hay un encuentro y puede haber uno de ellos muerto o capturado. El Congreso de Estados Unidos le abrió las puertas a Clinton para que mande más tropa en caso de que lo considere conveniente. Lo que tememos nosotros es que apenas se abrió la compuerta para que empiece la invasión. No la intervención, porque ellos están interviniendo en Colombia desde hace años, sino la invasión militar a través de hombre y de tecnología.

–¿En la estrategia de las FARC está planteado el repliegue hacia otros países en caso de recrudecimiento de la guerra?

–No, esto es un conflicto nuestro, interno. En el caso particular de Venezuela, ustedes deben tener presente que entre 1991, cuando estuvimos allá, y hoy, ha cambiado radicalmente nuestra situación. Cuando estuvimos allá en el 91 las quejas eran por las intervenciones nuestras. Era un problema colombiano inserto en territorio venezolano. Pero este es un problema de los colombianos que tenemos que resolver acá dentro de las fronteras nuestras.

–¿Hay conciencia de parte de ustedes y de parte del gobierno de que lo que viene es ya demasiado grave, que es preciso detenerlo con un urgente cese al fuego?

–El gobierno colombiano está arrodillado frente a los gringos. El Plan Colombia es elaborado en el Pentágono, ellos está entregados a los dictámenes del gobierno norteamericano.

–¿Entonces el interlocutor natural de las FARC debería ser el gobierno norteamericano y no el colombiano?

–Es que ellos son las marionetas y en esa misma medida lo hemos dicho, lo hemos denunciado. El Plan Colombia es ideado y pensado y escrito en inglés. Aquí viene semanalmente el General Wilhelm a decirle al general de aquí, de las fuerzas militares, “Cómo va este gasto, cómo va el otro. Hay que hacer esto, hay que hacer lo otro”, porque el que pone la plata es el que pone las condiciones.

–¿No piensan que a estas alturas los paramilitares han cobrado mucha fuerza y suficiente autonomía para convertirse en un movimiento para tomar en cuenta en una eventual discusión nacional sobre la paz?

–La política militar nunca tiene autonomía, siempre depende de algo más. En cuanto está claro que nos toca pelear con el ejército, los vemos cambiarse el uniforme y ponerse los brazaletes, las capuchas, cambiarse las botas. Los vemos cuando son reforzados con los mismos mandos del ejército oficial. Los oímos hablar por radio intercambiándose necesidades y llamadas de auxilio. Los hemos visto salir de los campos de confrontación en los helicópteros militares, vamos a estar claros. Lo que pasa es que el manejo que le ha dado la prensa, que corresponde a intereses de la oligarquía Colombiana, ha generado lo que usted me plantea. Es un problema de la publicidad, no es más. Para nosotros el interlocutor es el Estado.

Una receta antinarcóticos

Si algo se le puede pedir a un dirigente de izquierda es que a la hora de los esquemas sea, de verdad-verdad, esquemático. A Cano, quien tiene internalizada una fórmula o propuesta de lo-que-debe-hacerse para acabar con el flagelo de las drogas, no hay que pedírselo con mucho fervor; basta tocarle el tema.

“Hemos propuesto estas fases: una es que hagamos entre todos un plan piloto, y eso se lo propusimos a la comunidad internacional, para ver si es factible erradicar sobre la base de la sustitución de cultivos con horizontes claros para la gente. Dos, estratégicamente le proponemos a la comunidad internacional encabezada por los Estados Unidos que legalicemos el consumo de las drogas y los ingentes recursos que se van a invertir o que se están invirtiendo en la guerra, los invirtamos por un lado en el desarrollo de los países que producen, y en campañas propagandísticas para evitar que la juventud del mundo se meta al mundo de las drogas. Y tercero, para tratar clínica y médicamente a los farmacodependientes”.



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