Iconoclastas

Iconoclastas fueron quienes en su tiempo destruyeron esculturas religiosas como el Imperio Romano que acabó con representaciones de vírgenes y santos. Sin embargo, en nuestros días esta denominación abarca a todos los sujetos que racionalmente nos oponemos a los antivalores y falsas verdades de la clase explotadora. Como iconoclastas, solo hemos pretendido humanizar la sociedad mediante una disciplina revolucionaria basada en altas virtudes morales. Sería imposible relatar aquí todo lo que Marx y el pueblo nos han enseñado, bastaría por ahora subrayar que somos fieles a los afectos genuinos y damos la espalda a los simuladores. Es cierto que al nacer, no tuvimos posibilidad de elegir las circunstancias y hallamos un régimen heredado; sin embargo, fuimos capaces de resistir, aun a riesgo de no hallar quien nos acompañara en esta senda de justificada rebeldía. Aunque la vieja cultura de los resignados y los acomodaticios había dispuesto que fuésemos su continuación, rompimos las cadenas y optamos por abrazar la causa de la libertad con dignidad.

Nuestro compromiso humanista ha sido principal, aun a sabiendas de distanciarnos de temporales mayorías. Nos educamos con la identidad de poder ser y estar bajo la dirección de nuestra propia conciencia, mientras unos necesitaban parecerse a otros, resolvimos ser nosotros mismos, sin temor a deshonestos juzgadores y toda suerte de matrices infundadas. Entre sacrificios y utopías, sepultamos los dogmas del pasado y el cretinismo ruidoso de megalómanos conservadores que pretendieron convencernos de que tenían la facultad de escribir la verdad del mundo por ser los jefes de su diminuta parcela. Aprendimos que el pensamiento humano no es esclavo de herencias genéticas o inevitables tradiciones, sino que es una obra del hombre. Derrotamos expectativas retrógradas y protagonizamos propias experiencias, así nos volvimos hacedores de conocimientos nuevos que consolidamos en ciencia y nos dimos una filosofía científica para vivir.

A su modo lo ha cantado el cubano Silvio Rodríguez, en su genial tema El Necio: "Me vienen a convidar a arrepentirme, me vienen a convidar a que no pierda, me vienen a convidar a indefinirme, me vienen a convidar a tanta yerba. (...) Dicen que me arrastrarán por sobre rocas, cuando la revolución se venga abajo, que machacarán mis manos y mi boca, que me arrancarán los ojos y el badajo. Será que la necedad parió conmigo, la necedad de lo que hoy resulta necio: la necedad de asumir al enemigo, la necedad de vivir sin tener precio. Yo no se lo que es el destino, caminando fui lo que fui. Allá Dios, que será divino. Yo me muero como viví."

Hoy humildemente debemos confesar lo que no sabíamos, que la aventura iconoclasta se ha ganado el respeto de una mayoría ayer silente. El actual proceso histórico demuestra que ahora ha despertado un pueblo anteriormente durmiente, descubrimos que no estábamos tan solos, que teníamos la razón al ensayar vivir de otra manera, que nuestros viejos silencios en la lucha peregrina ahora son reivindicados en la conciencia de miles de seres que se han convertido en millones. Dimos mucho sin pensar que daríamos tanto. Sin pretenderlo, fuimos la voz de los enmudecidos y el atrevimiento de los que fueron marginados. Una nueva era de justicia se abre paso para hacerse ahora universal e irreversible. Que lejos hemos llegado los iconoclastas.

(*) Constitucionalista y Penalista. Profesor Universitario.


jesussilva2001@cantv.net


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Jesús Silva R.(*)

Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

 jesussilva2001@gmail.com      @Jesus_Silva_R

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