El radicalismo nos mata

"Mario Silva: gracias por los favores recibidos (espantar a millones de electores) en tiempos muy difíciles para nosotros" - Firma: Bloque del NO. Recibí un correo con esa frase producto de algún bromista y lo tomo como base para compartir con los camaradas unas reflexiones en torno al radicalismo que nos está matando.

1. La vía fácil o la culpa es de los otros: La crítica siempre ha sido fácil, la autocrítica difícil y la obligación de combinarla fue escuela de los más acerados movimientos revolucionarios, como el chino y el vietnamita. Es fácil vaciar nuestros rencores y apreciaciones parciales sobre la burocracia, los ministros, gobernadores y alcaldes, y exculpar olímpicamente nuestros propios yerros y los del comandante en jefe. Es lo mismo que oímos en las protestas populares por falta de vivienda o fuga de alimentos por la puerta trasera de los Mercal: es que Chávez no sabe, no le informan, está mal rodeado; pero, cuando llegó el momento de votar ¡plum! Le pasaron factura al que exoneraban como desinformado y mal rodeado.
Como por estos días hablamos sin pepitas en la lengua, es bueno decir que las palabras del Presidente no calzan con las enseñanzas sobre crítica-autocrítica. Nos ha echado el muerto encima a sus electores, con aquello de "el pueblo no está maduro para el socialismo" (o sea, la culpa es nuestra por estar todavía "pintones"), "ustedes tienen una deuda conmigo y me la tienen que pagar" (electores de Libertador y Miranda), él todavía no atina a decir en qué se equivocó (pero decenas de colaboradores de a pie en Aporrea le han señalado fallos) y si algún error tuvo fue el estratégico, de imaginar al pueblo maduro y al aparato batallonérico de PSUV listo para el triunfo, cuando en realidad se ha exhibido ante el país y el mundo (esto no se ha dicho casi, pero ya saldrá, porque los medios no son gafos) como un pésimo conductor táctico, a saber: a) la esencia socialista de la reforma --y su reelección para sostenerla-- se diluyó en decenas de normas confiadas con su anuencia a una Asamblea con gríngolas, donde metieron desde eliminación de los claustros universitarios hasta regreso de ministros a diputados, y b) si no estaba seguro de un triunfo claro ha debido detener la consulta, por iniciativa suya, del parlamento o del TSJ, y oportunidades tuvo muchas, servidas en bandeja por los mismos opositores. No se me borra la imagen del joven opositor anunciando a las 2 pm del domingo por TV: Ahora los universitarios vamos a votar. Es decir, unos muchachitos emboscaron al jefe de la revolución, como diciéndole "ahora que no puedes detener el proceso, vamos por un triunfo posible". Y lo consiguieron.

2. Numeritos: Amante como es de las matemáticas, nuestro comandante vio rápido y claro lo que ocurrió: tres millones de sus electores de hace un año no fueron a votar. Ya en Aporrea bastante gente ha dicho qué fue lo que pasó y hasta cómo pensaron esos tres millones de compatriotas. Yo no tengo esa agudeza y clarividencia, pero comienzan a aparecer análisis muy buenos de los numeritos, como el del compatriota Edgard Hernández en esta misma web. Muestra cómo el rechazo o el desdén por la reforma, es decir, el No o la abstención, triunfaron en zonas obreras que han sido chavistas, es decir, tenemos un importante sector de la clase obrera en contra o al margen. Quiero agregar unos datos al análisis. Uno es que el municipio Libertador de Caracas reflejó (consultemos la página web del CNE) en la elección presidencial de 2006 la misma proporción del país: 63% Chávez y 37% Rosales. Esta vez los porcentajes en Libertador fueron de 52,41% para el No y 47,58% para el Sí ¿Reflejará al país? Otro consistió en mirar el centro donde sufraga el presidente, el liceo Manuel Palacios Fajardo, políticamente muy representativo porque es la Zona Central del 23 de Enero, donde, por cierto, el único elector inscrito que con certeza sabemos no habita en ningún Superbloque es el presidente Chávez. Pues bien, allí, en el corazón de esa zona altamente politizada (si el 23 de Enero no está maduro para el socialismo al cabo de 50 años de luchas entonces díganme cuál zona), en las presidenciales de 2006 acudieron a votar 2.218 personas y Chávez obtuvo 1.525 sufragios (69,9%) versus 642 de Rosales (29,9%). En el referendo constitucional del pasado domingo hubo 1.858 votos válidos, es decir, acudieron unas 350 personas menos que en 2006, y sufragaron por el Sí 1.026 (55,2%) en tanto 832 (44,8%) lo hicieron por el No. La abstención fue importante y el retroceso en votos a favor superó 14%. ¡En donde los electores van a ver al presidente, vitorearlo, y que está en el mero centro del 23 de Enero! Me pregunto ¿a estos compatriotas vamos a enrostrarle su inmadurez socialista?

3. Madurez: Esto nos lleva al tercer punto de este análisis, con la bondad de ustedes, y es que como sabe cualquier persona en el primer semestre de trabajo con una encuestadora --y si no me creen, pregúntenle a los encuestadores que daban ganador al Sí hasta las cuatro de la tarde-- no se pueden menospreciar la opiniones, menos en un ambiente tan politizado y polarizado como el venezolano. Como ha dicho muchas veces el propio comandante Chávez, todo el mundo tiene una opinión política, que no siempre se expresa en la militancia o en tomar partido, sino en el conformismo, el conservadurismo o el dejar hacer a los demás. Quien diga, por ejemplo, que tres millones de chavistas del 2006 no acudieron a votar en el 2007, no puede sostener todas las categorías implícitas en semejante afirmación sin concluir que allí también se expresó una opinión política. No es que no hubo opinión o que los que no fueron a votar son burros: tenían y tienen opinión y la expresaron el 2D. ¿Cuál? Bueno, ustedes pongan las que quieran, pero como nos ha enseñado la experiencia, nadie deja de ser del Real Madrid para irse al Barcelona, prefiere animar un pequeño equipo local; nadie se pasa violentamente del Caracas a ser fanático del Magallanes: si debe optar, buscará ser de alguna otra novena, que no desdiga de su anterior credo. De los 7,3 millones de chavistas que nos acompañaron en 2006 nada menos que tres millones comenzaron a ser de otra cosa, no necesariamente opositores, desleales o traidores. Pero no son lo que fueron. Ya no.

4. Radicalismo: Un punto más, para no cansar. El radicalismo, verbal en primer lugar, nos ha golpeado, golpea y seguirá golpeando. Porque el radicalismo supone que, como no nos afecta de inmediato, a nosotros, equivale a colocar siempre de este lado la perspectiva favorable. Me explico con dos ejemplos, tontos si ustedes quieren, pero busco sencillez: 1) Eso de celebrar con gritos los anuncios de cadena nacional. A lo mejor la cadena es oportuna pero, cuando la exigimos a grito pelado y la celebramos con alborozo, le estamos diciendo a los que están viendo o quieren ver otra cosa en TV que sus opiniones no nos importan, nada, nosotros somos los elegidos para saber lo que es bueno o malo ver en TV a esa hora. No sólo se lo imponemos: se lo restregamos en la cara a quienes quieren ver una telenovela o un partido de fútbol; y ahora nos quejamos de que nos den la espalda. 2) Eso de predicar el socialismo pobrísimo de Jesucristo, a Bolívar que murió con una camisa prestada, que alguien quiera graduarse de médico para tener un auto y, el día en que unos jóvenes se gradúan de subtenientes, reciben un carro de estreno, negociado en flotilla por sus superiores y entregado por el presidente. Podría poner más ejemplos y extenderme, pero no tiene sentido abusar de la bondad de quien se moleste en leer estas líneas. Pero, como vistoso ejemplo, quiero agregar lo que el bromista que cité al principio me envió en un mail: ¿Por qué coincide este deslave en el apoyo político al presidente con el auge del radicalismo --ya casi sin sentido, pues hay más canales de TV con orientación progresista o neutrales-- y del apoyo gubernamental a La Hojilla?


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