No más arrogancias. Miremos hacia adentro, por favor

El poder salir verdaderamente fortalecidos del escenario actual, consecuencia de lo ocurrido en la consulta del 2 de diciembre, dependerá en gran medida de la lectura que nosotros y, sobre todo, nuestros líderes hagamos de estos resultados. Es vital que reflexionemos todos sobre lo que pasó y busquemos posibles causas. Pienso que es indispensable detenernos un momento y pensar.

Primero que todo, creo que debemos reconocer, respetar y ahondar en el comportamiento de los electores el pasado domingo, sobre todo de los que se abstuvieron de votar y de los que, siendo seguidores del Presidente Chávez, se inclinaron por el NO. Porque no se debería menospreciar este hecho ni comenzar una campaña de insultos en su contra acusándolos de ignorantes, de miedosos, de sifrinos capitalistas o de que sencillamente no saben lo que hacen. Basta ya de soberbias; la soberbia nos está matando. Aquí hay un mensaje, tratemos de descifrarlo con cordura.

No debemos empezar a buscar responsables afuera como estamos acostumbrados a hacer. Bien sabemos cuáles son los intereses que sobre el país se ciernen, pero es muy irresponsable señalar como culpables sólo a golpes mediáticos, a la derecha disfrazada o a campañas dirigidas desde el exterior, etc., para no tener que mirar para adentro y buscar los propios errores que, en mi opinión, fueron y son bastantes.

Yo sé que por lo que voy a decir me empezarán a llamar escuálido, traidor, que quiero un chavismo sin Chávez y el resto de los motes que indiscriminadamente le colocan a todos los que desentonan en el gran coro chavista. Pero yo creo que el modo de llevar este proceso de reforma fue deplorable, funesto, fue pésimo. En vez de explicar y abrir el debate de algo tan importante como esto, lo que se hizo fue imponer la reforma, obligar a decir que sí ciegamente; en vez de emprender una cruzada pedagógica e ideológica, se obligó a la gente a ir a marchas, se hizo proselitismo burdo, se forzó a votar en bloque y se satanizó a todo aquel que en esas falsas discusiones que se hicieron saliera con alguna objeción.

Y por si esto fuera poco, después vino lo mejor por parte de uno de los principales responsables de esta derrota en las urnas, que no es otro que el mismo Presidente Chávez. Es lamentable pero hay que decirlo así, ¡hasta cuándo tanta aprensión a tener opiniones encontradas y a la crítica, por Dios! Me refiero a esa desafortunada y triste exhortación a aprobar la reforma so pena de ser desterrados para siempre del proceso bolivariano y de convertirse en viles traidores al estilo Baduel. ¡Qué manera esa de insultar y generalizar! ¿Qué tipo de ideología se construye con tal coerción? Ese es el Chávez del “el que no está conmigo está contra mí” digno de un fundamentalismo extemporáneo e innecesario y no de un proceso que ha traído tanta esperanza y ha dado tantos frutos, ese es el Chávez soberbio, irreflexivo, cerrado y torpe que derrumba con los pies (o con palabras) lo que con tanto esfuerzo y voluntad ha logrado. Esas maneras deben desaparecer, que son las mismas que invitaron a formar parte de un partido de la revolución que con tan poco tiempo ya tiene los vicios de un A.D. o de un COPEI. Pues nos hemos metido en un tremendo problema: resulta que ahora tenemos más de tres millones de “traidores” que no estaban de acuerdo, no necesariamente con la propuesta de reforma, sino con todo un cúmulo de desilusiones y desesperanzas cuyas causas son evidentes pero, al parecer, impronunciables. ¿Qué hacer con toda esa gente de ahora en adelante?, o ¿es que acaso son prescindibles? Creo que esa manera de hacer política ya no está dando resultados, hay como un hastío, como un cansancio, un disgusto. Creo también que esto que pasó fue una especie de voto castigo contra ese chavismo vano, sin principios, rebosado de consignas vacías, arrogante, obstinado, burocrático, que está enquistado en las entrañas del Estado y que vemos que es imposible remover desde abajo, porque, además, no existen los mecanismos ni la voluntad para ello. No podemos llegar a un socialismo más o menos decente si no hacemos algo por poner orden en esta anarquía donde reina la impunidad, la violencia y la ineficiencia.

Ese chavismo es bastante excluyente, adolece de muchos de los vicios que tanto critica. Ese chavismo no sirve, ese chavismo no llegará a nada y ha llegado a esto. Ese chavismo no es socialista ni nada. De tanto mirar el alma enferma de la oposición, se está pareciendo demasiado a ella, en un triste juego de espejos.

Y si nos seguimos preguntando qué hizo que la gente se abstuviera o votara en contra podríamos seguir enumerando causas: la decadencia de una nueva clase burocrática poderosa y opulenta, el patrioterismo y el belicismo inocuo, la satanización de la denuncia, la inoperancia de los organismos públicos, la escisión social entre el ciudadano común y sus representantes, los llamados a obedecer en lugar de debatir, la retórica rimbombante y superficial, la ineptitud del Estado en combatir los gobiernos paralelos de delincuencia en cualquiera de sus formas, el veto mediático al pensamiento crítico, la costumbre de salvarse de las responsabilidades buscando culpables externos, y un largo etcétera que, como cosa rara y según declaraciones de los miembros de gobierno, pareciera que se tratara de algo que surgió intempestivamente, de la noche a la mañana, desde el lunes pasado.

Yo estoy sinceramente indignado, molesto, apenado, las cosas se pudieron hacer mejor, se pudo haber sido un poco más inteligente. ¿Por qué esto a veces dista tanto de una democracia participativa y un co-gobierno? ¿Por qué siento que esta gestión se esclerotiza y se hace cada vez más conservadora? ¿Por qué no se escucharon las críticas? ¿Por qué se aplaude tanto la adulación y el deliberado desconocimiento de realidades patentes? No es posible que se le de más relevancia a los expertos en lisonjas que a las personas que desde hace tiempo advierten que hay problemas profundos. No es posible que haya sectores de venezolanos que estén execrados de la realidad política, que no aparecen que ningún medio de comunicación estatal por catalogarlos de subversivos o peligrosos, fustigadores, derechistas, quinta-columna, o también ingenuos o utópicos, o simplemente sospechosos de traición.

Hace falta humildad, hace falta cordura, hace falta cierto grado de delicadeza, empezando por el Presidente, que es el líder de este sueño de cambio. Me parece más acertado haber dicho en ese discurso de aceptación de resultados en vez de un “por ahora no pudimos”, un “por ahora no supimos”. Y yo le devuelvo la pregunta que nos ha lanzado y digo: ¿no será, más bien, que es la clase dirigente la que no está preparada para afrontar y proponer esa reforma constitucional?

Una cosa está clara: hay que enderezar el rumbo, hay que cambiar las maneras, y hay tiempo aún para hacerlo. No podemos permitir que se pierda lo que se ha alcanzado por apresuramientos, caprichos, fanatismos o “mala asesoría”; es demasiado importante lo que está en juego y, por supuesto, como siempre, somos nosotros los que vamos a pagar los platos rotos. Igual creo que es mucho el aprendizaje que podemos sacar de esta coyuntura, .pero es imprescindible que se haga una lectura sosegada de lo que aquí está pasando, que es mucho y muy significativo, no se puede seguir actuando como se ha hecho hasta ahora porque a la vista está que no ha dado resultado y las cosas pueden escaparse de las manos.

El Presidente Chávez no puede seguir escuchando las mismas coplas, sería conveniente que buscara otras melodías, otras voces, de vez en cuando no es malo el silencio de la introversión propia del que sabe y le gusta escuchar. Como lo dice Atahualpa Yupanqui: “…el que se larga a los gritos no escucha su propio canto”.



adrenalitocaribe@gmail.com


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