Discurso de Felipe Pérez Martí en el directorio del Banco Mundial

"Voces" en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional

Nota de Aporrea: Aporrea saluda al ex-ministro de Planificación y Desarrollo Felipe Pérez Martí, y lamenta que haya sido despedido del tren ministerial. Felipe, al igual que el ex-viceministro Rolan Denis, formaba parte del sector mas progresista del gabinete económico de gobierno, impulsando importantes medidas como la adopción del software libre en entes gubernamentales, el impulso a las cooperativas y a la "economía social" en general. Felipe mantenía constante contacto con el pueblo a través de su programa Hola Economía y por medio de las listas de debate y discusión electrónica en www.foronacional.gov.ve, servicio que ha sido lamentablemente desactaviado por el nuevo staff del ministerio. Esperamos que quienes reemplacen a Felipe y a su equipo, sepan continuar, y mejorar las políticas por el implementadas.
El tema de "voces" debe ser basado en dos principios: el de la igualdad de derechos individuales, y el del reino de la verdad. Como se quiere que se instituya, realmente, una sociedad global, debe haber instituciones globales que permitan a esa sociedad tomar decisiones, y, en general, realizar sus actividades como sociedad. El que la sociedad es algo más que la simple suma de individualidades es descrito para los economistas por la constatación de que la agregación de las individualidades no asegura la máxima eficiencia, tanto por las fallas del mercado, como por el hecho que desconoce las realidades (y los imperativos) políticos. No es suficiente, entonces, tener un mercado global para tener una sociedad global: debe haber las instituciones apropiadas.

A pesar de las dificultades de agregar las decisiones individuales, el derecho de cada persona en la sociedad global no puede ser renunciado. Las instituciones de la sociedad global, como su parlamento (las naciones unidas), su banco central (el Fondo Monetario Internacional), y su banco de desarrollo (el Banco Mundial), entre otros, no deben, pues, ser la expresión de pocas personas, o pocos países, como de hecho lo son ahora. Deben representar el derecho, no sólo de voz, sino también de voto, de decisiones, de cada persona en el mundo. Si se acepta la subdivisión de la sociedad mundial en países, podría representarse a cada persona dando a cada país, en los organismos mencionados, voz y voto en proporción a su respectiva población.

Dentro del principio de las verdades, las mencionadas instituciones deben, no sólo resolver las fallas del mercado (que tienen que ver con bienes públicos, externalidades, poder de mercado, no bien definidos derechos de propiedad, asimetrías de información y mercados incompletos), sino, de manera muy importante, garantizar algo de lo cual el mercado no se ocupa, el principio de igualdad de oportunidades: que el esfuerzo individual sea premiado con la respectiva satisfacción, pero garantizando que las circunstancias en que se desenvuelve dicho esfuerzo permitan la "igualación en el campo de juego". Fallas para garantizar dicho trabajo por las instituciones de la sociedad global producen inestabilidad. La injusticia produce guerra, y la justicia, que significa no otra cosa que la garantía de la verdad, o las verdades expuestas, produce la paz. La paz produce crecimiento, desarrollo económico. De hecho, lo que podríamos llamar la "desigualdad involuntaria" (porque no se debe a las propias decisiones, sino a desventajas perfectamente corregibles) produce conflicto, como ha sido estudiado, por ejemplo, en ciertas corrientes de la economía del derecho, los modelos que tratan de explicar y corregir el fenómeno del "crimen". No es casual, pues, como se podrá fácilmente inferir, que las sociedades muy desiguales se sumen en la trampa de la pobreza, el estancamiento económico, como muestran no solo ciertas sólidas teorías, sino también la evidencia empírica recogida por la literatura moderna en crecimiento económico. Una de las causas del actual estancamiento, de la volatilidad y de la violencia mundial debe ser buscado, consecuentemente, en las grandes desigualdades mundiales que hoy vivimos.

La garantía de que las verdades san respetadas, y que haya crecimiento, y que los objetivos de desarrollo del milenio sean alcanzados, es la democracia: Las voces, (y también los votos) de todos, practicadas mediante el uso del principio de la igualdad de derechos individuales, que no es más que la democracia en la sociedad global, garantizarán de manera natural, mediante la defensa de los injustamente tratados, el reino de la verdad.

La conclusión es que, tanto el Fondo Monetario Internacional, como el Banco Mundial deben ser mucho más democráticos de lo que hoy son, y la democratización debe ir mucho más allá que las tímidas reformas planteadas en las propuestas que vemos hoy frente a nosotros. Los aportes de capital inicial a estas instituciones, o, mucho menos, el poder militar, no deben ser los criterios que determinen quién tiene más voz, o, lo que es más importante, quién tiene más poder de decisión. No por casualidad hay tanta disconformidad hoy en el mundo: la injusticia es rampante, como está expresada en la falta de democracia en nuestras instituciones de la sociedad global, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y de manera muy importante para la coyuntura actual de la guerra en Irak, las Naciones Unidas.

La razón es que no siempre los ricos ven las necesidades de los pobres con los mismos ojos. El principio es el mismo al que aludía Jesús de Nazaret: con demasiada frecuencia tú vez la viga en el ojo ajeno, pero no vez la paja en el propio. Pero incluso si los ricos tuvieran amor verdadero, que por cierto es la garantía de la armonía política, como ha sido mostrado teóricamente y parece ser la regla en las familias y grupos humanos que conviven bien, la misma falla de la omnisciencia que afecta al planificador central benévolo impedirían que los ricos y poderosos vieran realmente las necesidades y las habilidades de los pobres: es por eso que la democracia, y la descentralización, como una expresión del mismo principio, puede garantizar que las realidades de los pobres sean tenidas en cuenta a la hora de las decisiones para que la verdad reine. Afortunadamente el Dios de la revelación (el que muestra la verdad), es el mismo Dios de la creación (el de las realidades políticas). Lo que debemos hacer es buscar al mismo Dios: tanto en la teoría, como en la práctica.
Por eso, propongo que para la próxima reunión de Septiembre se presente ante este cuerpo, para aplicarlo al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, una propuesta más realista, que enfrente las acuciantes e impostergables necesidades del mundo de hoy, que la que ante nosotros se presenta. Hagamos esto aunque sea para respetar el principio de hacer para nosotros mismos lo que exigimos para los demás: democracia. Cualquier otra cosa es hipocresía, y el mundo de hoy no perdonará esta falta de virtud. Estoy seguro de que las verdades se impondrán, para que se imponga la paz, el desarrollo, la armonía de la sociedad global. Esta armonía no ocurrirá automáticamente, es cierto, pero la garantía del aprendizaje es comenzar de una vez por todas por la aceptación, tanto en la teoría como en la práctica, del principio de la democracia para la sociedad global.

Muchas gracias.

(*) Para el momento de su discurso, era Ex-ministro de Planificación y Desarrollo de Venezuela.


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Felipe Pérez Martí (*)

Economista. Coordinador del Movimiento Libertadores. Ex-ministro de Planificación y Desarrollo.

 felipeperezmarti@gmail.com      @Sabiens

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