Las lluvias que trajeron los flujos torrenciales a La Guaira, en aquellos difíciles días de diciembre de 1999

Semanas en que llovió como nunca.

Días muy lluviosos fueron cerrando los últimos meses de 1999. Estábamos saliendo de un terrible Fenómeno del Niño que había traído grandes sequias a Venezuela. Con la entrada de su contraparte, el Fenómeno de la Niña, con la formación de una gran vaguada a nivel atmosférico al norte de Venezuela, la cual permaneció allí por largo tiempo hizo que los vientos fríos y secos del norte (alta presión) se desplazaran sobre el aire cálido y húmedo del trópico (baja presión), creando una prolongada situación de condensación, formación de nubes y una persistente lluvia que cayó con mayor intensidad sobre los estados costeros del país. Esta situación se presentó con mayor ahínco sobre Miranda, Distrito Capital y La Guaira. Evento hidrometeorológico que desarrolló crecidas de ríos y quebradas, inundaciones, rompimiento de una presa de agua y la formación de una serie de flujos torrenciales a lo largo de los valles que drenan sus aguas directamente al mar en el Litoral Central, que con unas condiciones de alta pendiente del relieve montañoso y la inestabilidad del sustrato rocoso, originaron un desastre en el Estado La Guaira y afectó también la vertiente sur del Waraira Repano en Caracas. Habíamos llegado al clímax de las lluvias en los días 15 y 16 de diciembre.

Por el invierno del norte, grandes corrientes de aire frío corren al sur.

La situación de lluvias de gran intensidad sobre las costas de Venezuela, histórica y paradójicamente han ocurrido en meses no precisamente lluviosos, más bien entre noviembre y febrero. Eso se debe al desplazamiento de masas de aire frío desde las altas latitudes que se abalanzan hacia el Trópico. Ya Alejandro de Humboldt en su obra Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente, menciona la situación presentada en febrero de 1797, en donde hubo lluvias que se prolongaron por tres días, que ocasionaron la crecida del río Osorio en La Guaira y que "… que arrastró troncos de árboles y masas de roca de un volumen considerable…" y da cuenta de las viviendas y personas afectadas. A. W. Gol en un trabajo publicado en 1963 para el Ministerio de la Defensa, titulado Las causas meteorológicas de las lluvias de extraordinaria magnitud en Venezuela, refiere las lluvias extraordinarias de los años 1904, 1910, 1927, 1928, 1932, 1938 y 1951. Muy importante la reseña que hace de las lluvias ocurridas el 16 y el 17 de febrero de 1951 que afectó al país desde Puerto Cabello hasta Cabo Codera, cuya mayor incidencia fue en la zona de La Guaira, con numerosas viviendas destrozadas por flujos torrenciales. Entre personas fallecidas y desaparecidas se cuentan treinta. El investigador Eduardo Röhl nos refiere en su artículo Los diluvios de montañas de la Cordillera de Costa, publicado en 1950, que el 14 de enero de 1914 hubo una gran lluvia en el Litoral, cayendo 1200 mm de precipitación en 6 horas, siendo la situación más apremiante en la Hacienda Puerto Cruz.

La situación de vulnerabilidad.

En los estudios de riesgos de desastres se identifican dos elementos: la amenaza y la vulnerabilidad, a ello se agrega un tercer elemento, las capacidades. En relación con las amenazas, acá tenemos los sismos y las lluvias que son de carácter natural; luego identificamos las vulnerabilidades que corresponde con la localización y la exposición de las personas a los eventos adversos. Las laderas montañosas registran altas pendientes, el sustrato rocoso está constituido principalmente por material suelto (detritos) con mucho contenido de arcillas, los suelos se saturan con el exceso de agua. Ello expone al terreno a los movimientos en masa. Una buena cantidad de viviendas se ubican en laderas de alta pendiente, susceptibles a deslizamientos, en áreas de desborde de quebradas como cauces o abanicos aluviales que las coloca bajo riesgo de destrucción por corrientes de agua que arrastran rocas, árboles, vehículos y enseres diversos. Otras áreas son objeto de inundación. Cuando estas situaciones se corrigen o se previenen estamos hablando de las capacidades.

La Guaira en diciembre de 1999.

Las condiciones antes mencionadas formaban parte de la situación de riesgo que lamentablemente se convirtió en un gran desastre. Las lluvias caídas en esos días corresponden, en Maiquetía, con 1.204 mm. De precipitación (promedio anual 510 mm.). Es el 234% mayor al cómputo anual correspondiente a los años 1951 - 1980. El 16 de diciembre cayeron en el Estado La Guaira, 410 mm. La caída de lluvias en Falcón, Zulia y Nueva Esparta estuvo entre 200 y 300 % mayor que los promedios de ese mes. En Nueva Esparta recibieron la lluvia más alta en 50 años: 449 mm. En Falcón, la más alta en 42 años, 457 mm. En La Guaira fueron 18 días de lluvias muy intensas, primero quince (desde finales de noviembre) y luego tres días terribles en que llovió el doble de lo que llueve en todo un año en esa entidad. Hubo una saturación del suelo y unos primeros derrumbes, pero luego fueron ríos con sedimentos que bajaron de la montaña, arrastraron piedras, algunas enormes. La tragedia se desencadenó en la noche del 15 al 16 de diciembre de 1999 cuando esas corrientes de agua, barro y rocas cayeron sobre zonas del litoral como Anare, Carmen de Uria, Caraballeda, Macuto, Camurí, Maiquetía, Punta de Mulatos, Naiguatá, Cata La Mar, La Guaira y otras áreas densamente pobladas. Fueron flujos torrenciales. Se estima que hubo unas 15 mil víctimas en todo el país, 273 mil personas afectadas, 30% damnificadas en el Estado La Guaira, donde el 7% de los centros educativos quedaron seriamente afectados. Hubo interrupción de las comunicaciones, afectación de los servicios de agua potable, la vialidad quedó interrumpida por los conos de deyección que se formaron en los cursos inferiores de las quebradas. En Caracas también resultaron afectados sectores populares aledaños a las quebradas Catuche, Gamboa y Tócome.

Nuevos escenarios para el Litoral Central.

Posterior a la ocurrencia de los flujos torrenciales se desarrolló en amplios tramos de las quebradas un sistema de control de torrentes constituidos por presas de contención de sólidos. Estas estructuras requieren de mantenimiento permanente para que funcionen correctamente en próximos eventos. En el entendido que los riesgos son una construcción social, es necesario el fortalecimiento de estrategias de prevención dirigidos a la población, en este sentido hay que limitar la ocupación de los cauces de las quebradas y sus zonas de desbordamiento, igualmente la ocupación de laderas. Otra acción es el constante despeje de sedimentos, desechos sólidos y maleza de los cursos de agua, además de su correspondiente canalización.

En los eventos de La Guaira fuimos testigos de la formación de nuevas tierras a partir de las grandes acumulaciones de sedimentos en la desembocadura de las quebradas. Nuevos abanicos aluviales y conos de deyección se formaron con la ampliación de la línea costera y estamos observando el nacimiento de un nuevo litoral con grandes avenidas, balnearios, plazas, centros deportivos y otras áreas para el esparcimiento y el buen vivir de la ciudadanía. Aún mantenemos frescas las imágenes del Presidente Chávez inmerso en aquellos lodazales montando a los damnificados en barcos de la Armada rumbo a su recuperación y a la provisión de nuevas viviendas y luego dirigió la recuperación del Estado Vargas. Toda una acción valiente y comprometida con su pueblo que el 15 de diciembre de 1999 y al fragor de la terrible tragedia se pronunciaba por una nueva constitución presentada por la Asamblea Constituyente y que hoy felizmente nos rige.

 

Trabajador de la Casa de Nuestra América José Martí,

Instructor de la Misión Ribas,

Profesor de la UNEFA, núcleo Caracas.

wolfgangvicent@gmail.com




 



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