Negociación sin consenso nórdico

Noruega reduce el país a dos bandos y enfría el juego. No se entienden, seguramente, porque ni siquiera Guaidó, que todo lo puede, habla noruego, y a Maduro, que todo lo tiene, le cuesta el castellano. Vikingos serán, mas vikingos enajenados. Difícil negociar, dialogar, encontrarse, cuando se habla lenguas distintas. De serpiente, dice Isaías, el profeta del pasado. Peor aún, cuando en vez de "por el país" es "por el poder", a ver cuál de los dos presidentes ilegítimos agarra la silla. Por eso dan vueltas, uno detrás del otro, hasta que la música también se acabe. Y Maduro se sienta primero, y Guaidó resbala por tercera vez con la concha de plátano, en la bajada de Altamira, que es más bien la subida de "El Miedo". El sí o sí ya está vencido porque no. La negociación comienza, porque la violencia no se desata, y no nos da la gana de matarnos por ustedes.

Dos presidentes ilegítimos no hacen ni una legítima defensa. Sólo vale el político que representa algo más que su ambición, y son pocos. Es el sentido de una mayoría en el poder, no quien se impone en las esquinas viciadas de la legalidad. Hoy esa mayoría está cansada de doblar sus esperanzas, de atragantarse excusas, de cachetear promesas incumplidas. No es díalogo entre dos, sino entre cuatro, ocho, diez, un múltiple todos. Cuestión de verbos. No es que "ahora te la calas, porque gané yo", pero tampoco: "yo soy la única salida o te calas a Maduro". Como la nación, el referéndum tiene que ser a diario. No hace falta psiquiatra de Ministro de Propaganda que nos imponga una mentira repetida mil veces. Guarde su revólver y su cultura.

Noruega queda escondida para todos los factores de la ecuación. No hay sol en esta medianoche despiadada. Pero celebramos el intento en vez de las armas y las llamas de las molotov. Ni el estalinismo ni la imposición: no a la negación mutua. Que se reúnan, sí, pero no diálogo de extremos sordos, que no siembran un bien en ningún sentido. Que Pompeo y Lavrov hablen de sus cosas, no de las nuestras. Que se callen las noticias en cubano o colombiano. Ni censura ni engaño. Hay que limpiar la mesa embasurada de todas las opciones, y se acerquen más sillas a la conversa. Ni Trump ni Duque son bienvenidos a esta cena, que se dediquen a sus muertos.

Cada vez más gente exige negociación, paz, acuerdos. El último fracaso violento de los violentos, sólo mudó la puerta de salida de Leopoldo López en una carreta tirada por cuatro muertos. El fracaso del gobierno falsea su dosificación de izquierda, violenta impugnaciones a patadas de ahogado. Se corren las arrugas del pescuezo ajusticiado. Mientras, se iluminan viejos políticos, Claudio Fermín y el pavo - viejo Tigre, que finalmente no se ven con ojos estrábicos. Apenas una nostalgia de sensatez en la política, cierta decencia, mínimo. Se oye la voz coherente de Pucchi, y hasta un Falcón justamente remozado. Todos repiten las propuestas que, desde hace meses, viene haciendo el país de lo posible en la Plataforma por el Referéndum Consultivo, donde habitan Edgardo Lander y Esteban Emilio Mosonyi (que sí pudiera aprender noruego, que es mucho más fácil que el warao o el yanomami).

La negociación es el reto del país, no de Guaidó y Maduro coleccionando traiciones. Tampoco tiene etiquetas de oficialismo y oposición oficialista. Ni ANC ni AN. O todos o nada es la única consigna totalitaria que aceptamos. Hoy no fío. Lo que hay que negociar no es la culpa de un pareja de doble infidelidad. Si se hace entre responsables con la viga en el ojo, la paja vuela entre extremos del abismo, y el tiempo es arena movediza. El silencio no sirve para lavar olvidos.

Sí, hacemos peticiones repetidas, oídas bajo el sol, tantas veces postergadas. Son las mismas, al menos:

Que el gobierno pase a tribunales las pruebas y haga del conocimiento de la nación y de la historia, luego de años de complicidad, la lista de los corruptos del tráfico de divisas y de las empresas de maletín. Que el gobierno suspenda, de inmediato, todo trato, toda concesión, toda negociación en el Arco Minero del Orinoco. Que el gobierno permita que se audite la deuda nacional (externa e interna), y que plantee moras acordadas a cambio de medidas humanitarias en salud, alimentación, educación, agua y electricidad.

Que la Asamblea Nacional, frente a medios de comunicación y el país entero, exprese su inconformidad con las sanciones internacionales, que ponen en riesgo nuestras vidas dentro, nuestros activos fuera; nuestros depósitos y reservas. Que la Asamblea Nacional declare su absoluta oposición a cualquier invasión extranjera, repudie intervenciones extranjeras, rechace la injerencia extranjera (norteamericana y rusa, cubana y colombiana).

Que se haga un pacto para restablecer la institucionalidad y el marco básico de legalidad, empezando por el CNE y el TSJ, con representación amplia del país real. Que se cree una comisión nacional de expertos, en discusión abierta, para el rescate de la industria petrolera, y un pacto de supervivencia con las "fuerzas productivas" para la recuperación de la infraestructura y la producción. Que el gobierno y la oposición exijan la repatriación de capitales mal habidos. Que los países extranjeros que se han quedado con la riqueza de la corrupción venezolana abran la información de todos los indiciados de lavado (y que con esos reales, se cobaren sus deudas). Que den los nombres de los corruptos y los ladrones, sus familiares y sus testaferros; y, en particular, subrayen y rayen a cada uno de los asquerosos bolichicos, sus relaciones, sus conchupancias, sus vilezas

Entre tantas otras cosas que se pueden discutir en buen castellano, en mejor caribeño venezolano. La negociación es entre todos o no será, y, para eso, debe ser más cerca. En Caracas, no en Oslo. Negociación con consenso es el único paso que va al futuro, antes que el futuro nos alcance. De resto, puro barranco.



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Alejandro Bruzual

Alejandro Bruzual es PhD en Literaturas Latinoamericanas. Cuenta con más de veinte publicaciones, algunas traducidas a otros idiomas, entre ellas varios libros de poemas, biografías y crítica literaria y cultural. Se interesa, en particular, en las relaciones entre literatura y sociedad, vanguardias históricas, y aborda paralelamente problemas musicales, como el nacionalismo y la guitarra continental.


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