(Imaginario Social de la IV y V República o de la Cultura Política)

Cuando éramos felices y no lo sabíamos

La cultura se encuentra en el contexto del análisis funcionalista en antropología. Marco invisible, que conecta los comportamientos sociales y asigna una función a cada acción. No es sorprendente encontrar la noción de cultura política como una característica de un análisis de funcionalismo de los fenómenos políticos. La principal contribución en este punto sigue siendo la gran investigación de Gabriel Almond y Sidney Verba sobre la 'cultura política' ". (Jean-Pierre Cot, Jean-Pierre Mounier, por una sociología política, Volumen 2. Editions du Seuil.

Se ha popularizado en contextos coloquiales y/o periodísticos la frase que encabeza esta nota y, a tal punto, que pareciera denotar y connotar una especie de "Nostalgia de la edad de oro", referenciada por don Pedro Grases en su ensayo "Cervantes Y Bello" (en "El ensayo Literario en Venezuela. Tomo I. Compilación, Prólogo y Notas de Gabriel Jiménez Emán. Editorial Casa Bello. Caracas. 1987. P. 338); en este caso una especie "Nostalgia de la Edad de Oro" de la llamada "Cuarta República" o simplemente "República Civil" en el marco socio histórico contemporáneo de la experiencia democrática venezolana (1936-1998).

Se alude, pues, así, a un cierto imaginario social con representaciones idílicas, ya que de acuerdo con la lectura del mencionado ensayo del maestro Grases (obcit) el Capítulo 11 de Don Quijote de la Mancha aparece el "Discurso a los cabreros". Cervantes Saavedra ofrece una aproximación del todo utópica de una época venturosa que:

"… permitía vivir sin esfuerzo, puesto que la naturaleza brindaba todo cuanto el hombre apetecía. No había propiedad repartida, puesto que todo era de todos: la perfecta paz. El amor era sencillo, sin violencia ni artificios. La existencia transcurría sin engaño, ni fraude, ni malicia. La justicia actuaba con toda pureza. Ante el derrumbe de tanta felicidad, cuando el hombre había trocado tan hermosos principios por la injusticia, el interés, la deshonestidad y las leyes caprichosas, se había instaurado la orden de los caballeros andantes, entre los cuales se contaba el de la Triste Figura" (p. 338).

Cambiando lo que haya que cambiar, ciertos publicistas adherentes a la Democracia Representativa o liberal tradicional, propalan por estos días la tesis harto dudosa para otras "Mentes suspicaces", como se titula una famosa canción del rey del Rock Elvis Presley (Tupelo, 8 de enero de 1935-Memphis, Thenessee, 16 de agosto de 1977) de que antes de la instauración del Régimen Bolivariano (1998,, 1999) Venezuela constituía la Vitrina de Latinoamérica y el Caribe en cuanto a modernidad, ascenso social y libertades políticas, modelo minero exportador de por medio; según esto, ello habría sido así hasta que el Héroe del Museo Militar (Manuel Caballero, dixit), su grupo adherente de la juventud militar y civiles descontentos (entre estos "Los Notables" Arturo Uslar Pietri, Mayz-Vallenilla et all).

Más allá de banalizaciones conviene consignar que si bien no todo pasado fue mejor, la experiencia de quienes tenemos ya más de 50 años o 60, poco más o menos, podemos testimoniar sin faltar a la verdad que hacia 1970, 1980 y 1990, por ejemplo, ser obrero rural en cuestiones agropecuarias no era ninguna mantequilla(o simple ayudante de cocina, que fue nuestro oficio en 1975 en alguna hacienda de Churuguara, pues nacimos en El Hato de Baragua, 1961) y en áreas urbana-industriales el trabajo también era agotador y recio, lo que sí es que lo poco que se ganaba alcanzaba bastante (laboramos en Alimentos del centro, 1981-82 y otra empresa de carrocerías de automóviles de dueños colombianos, por cierto, en 1983).

Que se recuerde padecimosdiscriminación por clasismo y racismo, inexistencia o escasa protección social del trabajador, grandes dificultades para el acceso a la educación formal, especialmente en el nivel universitario, especialmente en los sectores campesinos donde no había luz eléctrica ni carreteras, salud, porque los ambulatorios eran muy distanciados y la vivienda precaria; claro, si se tenía un mayor acceso a los alimentos diarios desde la bodega, no como ahora.

Sin embargo, y como siempre dependiendo del repunte de los precios petroleros, creemos que desde 1948 en adelante y sobre todo de 1958 a 1980, Venezuela pudo ampliar la cobertura escolar, construir nuevas edificaciones educativas desde las repúblicas escolaresa los núcleos escolares rurales o escuelas graduadas y sedes universitarias; ciertamente, con la democracia el venezolano vivió mejor y fue feliz; feliz como siempre puede serlo el hombre pero no por mera largura de los gobernantes sino por decisión personal en un contexto que se puede transformar por acción colectiva y democrática tornándolo más propicio a la realización de la vida.

Al respecto no se puede olvidar que en Venezuela las organizaciones sindicales obreras, gremios profesionales y estudiantes, también los gremios patronales o industriales han constituido importantes actores sociales y políticos. Aunque allí se puede incluir también a la iglesia católica cuya estructura sociológica representados en sus obispos; que insertados todos en el modelo económico llamado capitalista dependiente y democrático-modernizador mediante la "conciliación de clases" apuntalaron semejante experiencia, que recoge la frase "Cuando éramos felices y no lo sabíamos", que aplica sobre todo para ciertos sectores de las llamadas clases medias profesionales y sólo por extensión a todos los sociales ubicados en los márgenes, habitantes de desarrollos urbanos no planificados; los cuales vivieron con mayor holgura de 2003 a 2012-13, poco más o menos. Con decir que hasta muchos pudieron vacacionar en el exterior, aunque fuera como cadiveros-raspacupo, cuestión que nunca habían pensado que podían hacer. ¿Fueron felices y no lo sabían?

Aparte que esos mismos sectores populares han tenido casas familiares y hasta bien equipadas (Gran Misión Vivienda Venezuela, Barrio Tricolor). Después fue que empezó con mayor énfasis la desarticulación del aparato económico venezolano (2013 al presente), la inflación, la especulación y hasta la violencia política más descarnada con las llamadas guarimbas, han llevado las cosas por donde vamos y en todo ello la responsabilidad la comparten por igual gobierno y oposición, bloques políticos bastante miopes.

Unos añorando idílicos procesos democráticos del pasado y otros sosteniendo hilachas de socialismo democrático mediante la democracia participativa y protagónica que muchos desde el mismo gobierno torpedean y se dedican al pillaje del erario público y de manera igual o peor que en la dichosa IV República. Nada es absoluto ayer ni hoy, las contingencias humanas están a la orden del día como también su condición antropológica dividida e incompleta, cual decía Blaisse Pascal en sus "Pensamientos".

Como el futuro no es sino la proyección del pasado y este es algo que no puede ser modificado conviene acotar que, ciertamente, fueron las organizaciones sindicales obreras, gremios profesionales y estudiantiles quienes en Venezuela han logrado cristalizar derechos fundamentales, así como los gremios de comerciantes e industriales se fortalecieron en un tiempo donde a través de créditos blandos y absorción de sus deudas privadas por el Estado, sobre todo después del "Viernes Negro" y la crisis bancaria tanto de 1980 y 1990; pero sobre todo los segundos buenos demócratas nunca lo han sido. Teodoro Petkoff en su libro "Proceso a la izquierda. (O de la falsa conciencia revolucionaria. Editorial Planeta. Barcelona. España. 1976) denuncia que eso que apenas se puede denominar burguesía venezolana rural y urbana industrial y comercial son los herederos de viejos caudillos de los siglos XIX y XX.

Mismos que luego de la irrupción del petróleo y su efecto modernizador cambiaron de rubro y ramo de explotación, así pasaron de la hacienda y el hato al comercio exportador y la banca; además que, en lo político, tiende a respaldar gobiernos de fuerza por su amplio control social, por lo que desconfía de los regímenes democráticos, cuya agitación social protagonizada por las masas populares habitantes de los "Barrios bajos", que dice García Márquez en "La hojarasca", demandando el cumplimiento de cláusulas laborales, sociales, políticas y culturales, la tolerancia y el folklore apoyado en valores ancestrales de las "castas bajas" y no en los principios occidentales, liberales y hasta cristianos; y no respaldan la democracia porque consideran que vulneran "… la seguridad que deriva de gobiernos autoritarios" (Petkoff, 1976, ob cit., p. 69).

La primera diferencia de aquella experiencia contemporánea de democracia con la actual es el tiempo y su dinámica, tal como expresa José Ortega Y Gasset en su ensayo "Reflexiones sobre el centenario de Kant (1724-1824), (en: Tríptico. Mirabeau o El Político, Kant-Goethe. Colección Austral. N° 181. Espasa-Calpe. S. A. España. 1955), pues: "Cuando vivimos una idea, tiene ésta para nosotros un valor absoluto y nos parece situada fuera de la línea histórica, donde todo adquiere una fisonomía limitada y se halla adscrito a un tiempo y lugar" (p. 66).

Así, se tiene entonces que la democracia ideal y añorada en Venezuela hace parte de lo que Edgar Morin (en Los siete saberes necesarios a la educación del futuro. Ediciones Faces-UCV, Unesco, Cipost. 2000) denomina en su primer capítulo "Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión". La democracia surgida del postgomecismo en 1936 y del derrocamiento de la dictadura militar-policiaca del general Marcos Pérez Jiménez de 1958, fue una experiencia política más bien precaria, lejos de las ilusiones y alborozo que presenta la película "Una noche oriental", propio del llamado "Espíritu del 23 de enero". Limitada en sus realizaciones, además poco valorada por sus líderes a pesar de que ideara una comisión para la reforma del Estado y promover una constituyente.

Ninguna de tales iniciativas "prendió" en la sensibilidad del pueblo venezolana sino hasta que irrumpió el comandante Chávez y demás conjurados de la juventud militar bolivariana, llamado por José Luís Uzcátegui en un libro el mago de las emociones, ayudado por una decisión audaz y cuasi obligado por las circunstancias de la efervescencia callejera, como fue el sobreseimiento decretada por el Dr. Rafael Caldera , en su segunda presidencia y gracias a una no menos oportuna intervención suya en el Congreso de la República el mismo 4 de febrero de 1992, cuando denunciara que con hambre el pueblo no va a defender la democracia; algo que tal vez debieran recordar hoy todos los actores políticos, en especial los gobernantes actuales.

La Democracia Representativa, así llamada, vivida intensamente por todos los cincuentones y sesentones de hoy, en tanto que sus hijos dilectos, hoy abuelos en su mayoría, profesionales tipo clase media y en su ascenso social vertical desde los sectores populares, fue un estilo de vida y muy diferente a la actual; donde como dice el ya citado José Ortega y Gasset (obcit) respecto a Europa previa a la revolución industrial, "vivir era una y ora suerte" (p. 68). Pero sucede que vuelve a decir el filósofo español:

"Los hombres de ahora ni siquiera nos acordamos de que en otros tiempos la vida era otra cosa. Y no se trata de la consueta diferencia que hay entre cada día y el anterior; no se trata de que los contenidos de nuestro afán, de nuestra fe, de nuestros apetitos sean hoy distintos de los de ayer. La diferencia a que aludo es mucho más grave. Se trata de que la forma misma del vivir era otra" (ibídem. P. 67).











 



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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