Binóculo Nº 258

¿Y después qué?

Una vez más vamos a la batalla. Este 30 de julio vamos a dar una pelea para no perder lo que hemos avanzado. Y sobre todo para tratar de construir una política que se parezca al Plan de la Patria, esa que diseñó Chávez y que apuntaba a la construcción de un país.

A mi juicio los graves problemas de la nación se remiten a tres elementos fundamentales: crear un Estado que sea eficiente y no corrupto, generar una política económica acertada y, darle rienda suelta al poder popular que es capaz de generar no solo sus propias respuestas, sino de construir su proceso.

Y por eso pregunto qué haremos después de la Constituyente. El capitalismo se sustenta en que es la economía la que supedita a la política. Por el contrario, creemos que no es así. La economía debe estar supeditada a la política, como condición sine qua non para construir una sociedad donde prevalezca la justicia. Pero para ello, la política necesariamente debe orientar líneas que caminen en la dirección de que se genere una política económica adecuada. Si a ello le sumamos que el Estado es groseramente ineficiente y brutalmente corrupto, entonces tenemos una bomba de tiempo. Una bomba de tiempo cuyo único componente capaz de regularlo es el poder popular, su válvula de escape.

Por qué pregunto ¿después qué? Porque los problemas no se detienen para ir a un proceso político –un proceso más- que no es para resolver los problemas inmediatos por cierto, sino para debatir cómo se podrían resolver, mientras la olla de presión sigue acumulando vapor. Y si por añadidura, los constituyentes electos, es la misma reata de incompetentes que está al frente de alcaldías y gobernaciones y que no han hecho un coño por construir la revolución, pues irremediablemente el resultado será que esa asamblea no produzca nada.

Por ello necesariamente debo ir a la cotidianidad, y porqué insisto en que es de la cotidianidad de donde deben salir los diputados, porque es allí donde está la crisis, y es allí donde hay que hacer la encuesta y preguntarle al pueblo si prefieren hacer cola para votar por la Constituyente o para que le den una caja clap, aunque sea incompleta porque le robaron los productos. Esa sería una buena encuesta. Pero una encuesta honesta, seria. Preguntarle a cualquier hijo de vecina, qué prefiere. Mejor aún, preguntarle "Si te dan escoger entre ir a votar por la Constituyente o buscar una caja Clap, ¿Qué elegirías?" Me encantaría saber el resultado en cifras reales. Pero yo sé los resultados y cualquiera que tenga dos dedos de frente y que se llene las patas de mierda por andar entre el barrial, sabe el resultado. Creer que al pueblo le importan los problemas políticos, es una estupidez. Al pueblo le preocupa su cotidianidad, la comida de todos los días, los zapatos para los muchachos, la camisa para el chamo, la toalla sanitaria para la carajita, el shampú, los reales pa´l pasaje y los diez mil para la botella de cocuy el fin de semana. Del resto se conforma con decir lo que dicen los medios de comunicación, se aliena, y en el barrio, lo puedo garantizar, se creen cosas muy distintas a lo que está creyendo el alto gobierno. Existe por supuesto una vanguardia que se ocupa de la política. Son los más avanzados del barrio en las luchas sociales, los que ven la necesidad de organizarse para batallar para que le pongan el agua, porque no le corten la luz y encabezar a la multitud para resolver algo para que la vida sea menos agresiva. Pero esa es una vanguardia. Y una vanguardia -a definición de Lenin- es un muñuñito de gente, puede que menos del 10% de ese colectivo. Y a ese muñuñito de gente, o sea la vanguardia, le está costando mucho hacerles entender al colectivo, por qué la razón de ir a la Constituyente.

Y no podía ser de otra forma manera. Cuento el caso de Carabobo, que no debe ser muy distinto al del resto del país. Por ejemplo, el transporte tiene menos de 65% de unidades funcionando por falta de cauchos, repuestos, aceite, baterías, toda responsabilidad del Estado que es el importador. Eso ha generado toda una distorsión del servicio. Si a usted lo agarra las seis de la tarde en la parada, o se montará en un camión 350 de estaca por 500 bolos, o tendrá que pagarle diez mil a un taxi para que lo lleve ahí mismito. Y las pocas busetas que están funcionando cobran 300 bolos al subir, porque como el pasaje cuesta 150, y como la gente necesita llegar a su casa… Peor aún, no hacen la ruta completa, sino que se devuelven en determinada distancia, por lo que al montarse el pasajero de nuevo, debe volver a pagar.

Y usted me preguntará ¿y los Transcarabobo? Pues del parque que había, debemos sacar como 500 que están arrumados en Guacara, unos cien en la Monumental y quién sabe si 200 o más en Puerto Cabello, ninguno sirve o les falta algún repuesto. Y los que quedan en funcionamiento, los choferes cobran 100 y 200 bolos cuando deberían cobrar 50. Ya no dan los buenos días, la tercera edad ya no tiene el privilegio de no pagar, los autobuses ya no tienen aire acondicionado y pare de contar. Es decir, lo que nació como una maravilla –y lo fue- hoy es una cagada de servicio cuyos usuarios pasan hasta hora y media en las paradas esperándolos. Averigüen quién lo dirige y después hablamos.

¿Recuerdan que Chávez habló de gas directo para las comunidades? Creo que muy pocas tuvieron ese privilegio porque el proyecto se murió antes de que muriera su creador. Mejor dicho, lo mataron quienes estaban responsabilizados de desarrollarlo. He dicho que si Venezuela no tuviera en sus entrañas gas para 500 años, con toda seguridad la guerra civil hubiese explotado por allí. En estos momentos la crisis por la falta de gas está a punto de cualquier cosa. Porque la gente ya no sabe a dónde ir para que le vendan una bombona de gas. Con la salvedad de que la de 10 kilos que cuesta 50 bolos, la venden hasta en 7.000. Un amigo tiene un cilindro de 47 kilos y tuvo que pagar 25.000 para que se lo llenaran. En el negocio del gas están todas las modalidades presentes, desde el que venden cilindro con gas incluido de 10 kilos en 40 mil, hasta el tipo que uno le lleva el cilindro y se lo llena en 4.000. Y ahora aparecieron los bachaqueros. Es decir, los que compran en el llenadero hasta 10 bombonas para revenderlas a un precio de acuerdo al nivel de desesperación de la gente. Si lleva una semana sin gas, paga lo que sea, y el hdp bachaquero cobra lo que sea. ¿Van a decirme que los gerentes y la guardia nacional no están metida en ese negocio? No me jodan.

Eso pa´no decir que una caja de Losartán potásico (antihipertensivo) de 20 pastillas la venden en 50 palos, que un tubo de pasta de diente vale 5.500, que un paquete de arroz cuesta hasta 7.000, que un kilo de caraota cuesta 6.000, un kilo de sardinas que en mi pueblo la botaban o relagaban cuesta 2.500, pero una lata que no trae nada y es importada de México (increíble) cuesta 2.700, un kilo de pasta 6.000, un huevo 800 y pare de contar.

Y por otra parte, la producción y la industria, están en cero. Le dieron dólares a quienes no debían y no le dieron al verdadero motor, el que dinamiza la economía que es la pequeña y mediana empresa. Pero peor aún es que el propio Estado no ha podido desarrollar tanto la planta industrial que tenía como la que expropió. Por ejemplo, Diana para no hablar mucho.

Y de paso, el llamado a asumir parte de la conducción de todo ese periplo, el poder popular, está castrado. No tienen ninguna importancia ni su opinión ni sus capacidades.

Allí está la crisis y el caldo de cultivo para que el terrorismo pretenda incendiar el país.

He insistido mucho en que, en el caso de Venezuela, no es complejo resolver la crisis. Por lo menos atajarla antes de que sea peor. Porque el país tiene enormes potencialidades para asumir y en poco tiempo, muy poco realmente, por lo menos ver la luz al final de túnel. ¿Cómo se haría?

1.- Un acuerdo serio y honesto con un sector, un sector, de la pequeña y mediana empresa y endosarles divisas para la importación de materia prima. Todo debidamente monitoreado. Eso garantiza su activación inmediata y la dinamización del circulante, así como la absorción de mano de obra.

2.- Que las comunas asuman la producción de alimentos agropecuarios, tanto el cultivo como la cría y el beneficio de animales. También sean las responsables de recuperar los silos, las siembras de caraota, maíz y arroz y la producción de uniformes para los estudiantes. La reactivación de los industriales azucareros y la producción de café; así como la producción de leche. Todo esto se haría en una primera fase que duraría un año, pero salvando todos los obstáculos burocráticos. No ministerios, no generales, no coroneles, no enchufados del partido, no alcaldes, no gobernadores. Puro y simple poder popular. Solo un enlace directo de rendición de cuentas con Miraflores.

3.- Un sistema financiero del Estado que trabaje para el proceso y para los pequeños productores, no para las mafias.

Esa primera fase, a tres años, sería el punto de partida del nuevo Estado y de un modelo económico que sentaría bases distintas en beneficio del desarrollo de la sociedad diferente de la que tanto hemos hablado. Impulsando una sociedad donde realmente reine la justicia alguna vez.

Caminito de hormigas…

Los trabajadores de Mocasa están recibiendo jugosas ofertas de paquetes para que se vayan. La empresa está liquidando. Menos trigo para el pan y para la pasta.

 

 



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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