Micromachismos, agresiones sutiles que afectan la Liberación

Es importante comprender cómo las estrategias de poder hallan sus métodos en las micro relaciones sociales y de allí siendo conscientes de su fuerza, pueden transformar a la sociedad, para su avance, retroceso o incluso para mantener las desigualdades existentes.

Hoy, comportamientos masculinos buscan reforzar su superioridad sobre las mujeres dejando, no sólo a las mujeres sino a los varones, la tarea de ser conscientes y accionar para evitar ser multiplicadores de roles, estereotipos y conductas que van en contra de la liberación femenina necesaria para liberación social plena.

Los micro Machismos (mM), no por ser micro son menos relevantes que el machismo con que diariamente las mujeres se enfrentan cotidianamente. Son "pequeñas" tiranías, terrorismo íntimo, violencia blanda, suave o de baja intensidad, lo que encubre a este machismo que se denomina "invisible" o "micro" por lo casi imperceptible que suele ser y no por ello inexistente. Lo grave de sus acciones y verbo, está en la socialización de hombres y mujeres y lo normalizadas, justificadas, legitimadas y naturalizadas que estas resultan.

Los mM "producen un daño sordo y sostenido a la autonomía femenina que se agrava con el tiempo", sostiene el psiquiatra, Luis Bonino Méndez, en su escrito "Micromachismos: La violencia invisible en la pareja".

Los varones (un término que repiten los expertos para evitar el de hombres, entendido casi siempre como neutro y aglutinador de ambos sexos) buscan con estas actitudes, imponer al aumento de poder personal de la mujer y aprovecharse del papel de "cuidadora" de ellas, según el psicólogo Javier Miravalles.

Los mM son microabusos y microviolencias que procuran que el varón mantenga su propia posición de género creando una red que sutilmente atrapa a la mujer, atentando contra su autonomía personal si ella no las descubre (a veces pueden pasar años sin que lo haga), y sabe contramaniobrar eficazmente. Están la base y son el caldo de cultivo de las demás formas de la violencia de género (maltrato psicológico, emocional, físico, sexual y económico) y son las "armas" masculinas más utilizadas con las que se intenta imponer sin consensuar el propio punto de vista o razón. Comienzan a utilizarse desde el principio de la relación y van moldeando lentamente la libertad femenina posible. Su objetivo es anular a la mujer como sujeto, forzándola a una mayor disponibilidad e imponiéndole una identidad "al servicio del varón", con modos que se alejan mucho de la violencia tradicional, pero que tienen a la largas un mismo objetivo y efectos: perpetuar la distribución injusta para las mujeres de los derechos y oportunidades.

También existen los micro Machismos Encubiertos, son los más eficaces ya que el varón utiliza el afecto y provocan en ella sentimientos de desvalimiento o impotencia, acompañadas de confusión, zozobra, culpa, dudas de si, (al no haber coerción evidente) que favorecen el descenso de la autoestima y la autocredibilidad. Por no ser evidentes, no se perciben en el momento, pero se sienten sus efectos coaccionantes, por lo que conducen habitualmente a una reacción retardada (y "exagerada" dicen los varones) por parte de la mujer, con mal humor, frialdad y estallido de rabia "sin motivo".

Este poder de dominio masculino, arraigado como idea y como práctica en nuestra cultura se mantiene y se perpetúa, entre otras razones por: La división sexual del trabajo, que aún adjudica a la mujer el espacio doméstico; Su naturalización y su inscripción axiomática en las mentes de mujeres y varones; La falta de recursos de las mujeres y la deslegitimación social de su derecho a ejercer el poder autoafirmativo (poder personal de existir, decidir y autoafirmarse); y la explotación de las femeninas capacidades de cuidado y de ayudar a crecer a seres humanos en las que nuestra cultura hace expertas a las mujeres (El llamado "poder del amor" - Jonnasdotir, 1993).

Bonino, nos indica que los micro Machismos también son violencia de género y son comportamientos habituales en todos los varones. "Reconocer esto supone que los varones que creemos en la igualdad, debemos hacer algo más que acompañar a las mujeres en sus reclamos y adaptarnos con esfuerzo a los cambios femeninos: debemos cambiar también nosotros. Por esto último, nombrar los mM debería servir para contribuir a que los varones que no se reconocen en el ejercicio de la violencia mayor, que tienen una ética de justicia y respeto, no ignoren las propias maniobras de dominio y dominación cotidianas".

Develar estos mecanismos como parte de la tarea de hacer un análisis crítico de las injusticias de la vida cotidiana. Si pensamos desde una óptica de igualdad entre los géneros, visibilizarlos es un primer paso para intentar su neutralización y posterior eliminación en las relaciones entre mujeres y varones, para contribuir a modificar los juegos micro Machismos y permitir el desarrollo de relaciones honestas e igualitarias en derechos y obligaciones.



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Yosmary Delgado


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