Los juegos Olímpicos y la guerra

Para los griegos los juegos eran competencias de valor y destrezas vinculadas a la guerra. Carreras de aliento y velocidad, carreras de carros, lucha, boxeo, lanzamiento de jabalinas o dardos, discos, flechas, martillos, balas, etc. Los juegos se organizaban luego de acontecimientos bélicos importantes. En el tiempo compondrían las distintas competencias nacionales dentro de la Grecia antigua, entre ellos los de Olimpia.

Los juegos olímpicos modernos fueron organizados más o menos con el mismo sentido, un sentido salutífero para aliviar las rivalidades y tensiones entre potencias y naciones mundiales. En un mundo apestado de guerras y ambiciones, a alguien se le ocurrió que serían una alternativa para dirimir diferencias y resistencias ligadas al orgullo nacional. De los antiguos solo me viene a la memoria, debido a lo precario de mi conocimiento en el asunto, los juegos librados por los argivos, donde Áyax, Diomedes, Ulises pelearon por las armas de Aquiles; de ahí su sentido higiénico respecto a la peste de la guerra (No fueron Olímpicos, pero al caso, eso no importa). En los juegos modernos se habla mucho de los maratonistas, de corredores, boxeadores, luchadores griegos, etíopes, blancos, negros etc., subyace en ellos una guerra velada. Devinieron en una confrontación política, racial y cultural, desde hace mucho. Y en un evento espectáculo, muy exigente, muy tecnificado, cada vez más clasista y conveniente a las potencias de siempre.

No obstante, no ha perdido su naturaleza de competencia física, de destrezas, de capacidades vinculadas a la guerra. Naturaleza que ha incluido modernamente, entre sus competencias principales, el tiro con armas de fuego, automáticas: pistola, rifle, etc. Un tirador norcoreano fue condenado y castigado moralmente por haber admitido que había apuntaba al corazón de su enemigo cuando dio en el centro del blanco. A pesar de querer organizar unos juegos y que para la paz y de de la pacatería burguesa occidental, detrás de cada competencia hay una lucha social… ¡¿Y qué esperaban estos pendejos para una competencia de tiro, a una monja?!

Luego del tiro de pistola y rifle, falta incluir las batallas de blindados (las cuales ya existen en Rusia), las competencias de venenos (polonio incluido) y las técnicas conspirativas (asociadas a las habilidades de Ulises y de la CIA: la astucia, el homicidio furtivo), el terrorismo… Y las habilidades mediáticas para idiotizar al enemigo, sin la violencia asociada a la pólvora, pero con mayor economía de recursos. Pero, esas serán competencias futuras (sin exagerar tanto, digamos que al amplio universo del capitán Kirk, en su Viaje a las Estrellas).

En la Tierra, los proponentes de tales disciplinas como posible competencias olímpicas, a pesar de ser formas de combates muy generalizadas, se verían como cínicos, ante el juicio del divino comité olímpico (Es curioso que el Olimpo, que fuera el hogar de los dioses en la mitología, ahora sea el hogar de verdaderos Dioses del capitalismo en la tierras, casi que equivalentes a los Olímpicos. Gracias a Dios estos se mueren y puede que lo hagan para siempre). Es el futuro, en todo caso. Y el futuro solo lo podemos figurar, desear, imaginar,… así estemos a su alcance por un dedo de diferencia (O sea que no perdamos las esperanzas. Las luchas y guerras virtuales ya prefiguran lo deshumanizado que seremos como sociedad en el futuro, y lo cerca que estamos de competir con ellas en unas olimpíadas).

Sin embargo, el comité olímpico (un organismo que nadie sabe quiénes lo conforma y cómo se conforma) solo acepta incluir competencias donde las naciones europeas tengan ventajas, amplias ventajas, en los juegos, en la ganancia de dinero, y políticas. Los juegos forman parte de una cultura y prefigura el poder y la dominación de esa cultura en los combates físicos, en sus reglas y en el negocio.

Algunos se preguntan, por ejemplo, ¿Por qué en ellos no ha participado el karate, el beisbol, el softbol, etc., de forma definitiva?, porque Europa no puede competir en ellos con ventajas. Simple. Toda explicación que apele al recurso de prácticas regionales, culturales, etc. etc. es basura. Hay criterios hegemónicos ¿Por qué sabotear la participación de un país o de un atleta? ¿Por qué la participación de atletas y deportistas profesionales? ¿Por qué los controles de dopaje? ¿Quiénes prescriben las medicinas, quiénes hacen las drogas? ¿Quiénes tienen el negocio?

Pero ha tenido sus resistencias.

La historia se olvida del espíritu del campeón con mucha facilidad. De Causus Clay (Mohamed Alí) el peso completo, campeón olímpico, que representó a los Estado Unidos en los juegos de Helsinki (creo) el cual, años después, renunciaría a participar en el servicio militar de su país, argumentando una razón fundamental, ligada a la naturaleza misma de los juegos olímpicos: la condena a la guerra y el respeto a la vida humana.

Hoy podríamos decir que los juegos olímpicos, siguen siendo olímpicos en su sentido original: son juegos de la guerra, pero con otra forma de librarla; son otra expresión de ella. Alguien se acuerda de aquella batalla que libraron los negros de los Black Panthers contra la hegemonía blanca norteamericana, alzando sus propios símbolos patrios. La gallardía de Usain Bolt al mirar sobre su hombro y ver, en solo fracciones de segundos, vencer a sus contendores. Para Bolt ese instante representa toda una vida, consciente de que ofende en lo más hondo al orgullo europeo nacional, occidental, y a buena parte de sus competidores racista. Humilla sobre todo al orgullo inglés, de esa cultura imperial en plena decadencia hacia el fascismo, que está en el comienzo de su final

Es una guerra continua. Una de las competencias más generalizada; el émulo de una forma de lucha moderna, improbable de ser admitida por el comité olímpico y darle un espacio dentro de sus calendarios, es lo que hace posible al espectáculo mismo de los juegos: su trasmisión mediática. Porque son los juegos mismos como show, como evento, un arma distractora de cómo se está haciendo la guerra contra nuestros pueblos, países, culturas, mujeres y niños.

El cinismo llega al extremo de inventarse una delegación llamada eufemísticamente "independiente", la cual hace su trabajo zapa, logrando que sus "atletas" soslayen sus tragedias, que terminen huyendo dos veces, una, de sus países de origen y otra de los propios horrores que están sufriendo ahora sus hermanos; que volteen la mirada de lo que padecen tratando de escapar o sobre vivir en Europa.

Una buena oportunidad para denunciar la guerra, la violencia y el hambre que padecen miles de seres humanos perseguidos por las potencias de Europa y Norteamérica, incluida Canadá, y sus propios pueblos, puede que se pierda en la fascinación del show mediático, que se vea un gesto de bondad en lo que es una miserable manipulación por parte de las potencias, que se desperdicie esta oportunidad política por un mea culpa de los criminales.

En el mundo distrae. En Venezuela distrae. Los comentaristas, locutores y narradores (otro más, otros menos) dicen solo tonterías y exponen (e imponen) su ignorancia al público. Impúdicamente. Algunos hablaran desde Tves de la Madre Patria, al referirse a la delegación de España, porque olvidaron la caída de Colón de su pedestal en Los Caobos. Se relajan las tensiones de los tiempos (por un momento las tensiones de la lucha política dejan de preocuparnos); somos Uno en la "Generación de Oro", en las telenovelas, en la mediocridad de la televisión de siempre; un velo más sobre el ya tupido velo del silencio. Un receso profundo en nuestra conciencia. Mientras tanto, se organiza un despojo y se prepara un plan B para la retirada.



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Héctor Baiz

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