Lo único obligado en la revolución, es ser leal

Han transcurrido muchos soles y lunas desde que llegó el bisnieto de Maisanta a la Caracas del Waraira Repano, a esta Tierra de hombres y mujeres que junto a él, decidimos ser libres y soberanos. Por supuesto, es fácil decirlo, conlleva a acciones  más que individuales, colectivas y socializadas, esto, indudablemente no es nada cómodo para nadie. Lo expuesto anteriormente lo comparo con el matrimonio, mientras que uno es soltero, el mundo nos “pertenece”, pero cuando uno se casa, solo nos queda la mitad, y es cuando muchos aprendemos a compartir cada día, cada cosa de nuestras vidas con esa pareja con la cual hemos decidido conllevar esos soles y lunas en las buenas y en las malas.

La revolución ha tenido momentos buenos y malos, es fácil tener y disfrutar los buenos, pero también es más fácil llevar juntos los malos, allí es donde se necesita la lealtad, que no haya abandono a nuestra revolución, porque separarse con deslealtad de ella significa ser traidor bajo cualquier concepto a ese compromiso adquirido desde algún momento cuando decidimos unirnos, enlazarnos a ella. La disyuntiva que me surge entre la lealtad y la traición es ¿Para qué asumir un compromiso que no se puede cumplir?

No estamos obligados a casarnos con la revolución por las razones que sea, pero si lo hacemos y nos queremos divorciar de ella, la cual es válido, recordemos que hemos dejado hijos que necesitan de nuestro amparo y apoyo a pesar de los aspectos discordante que tengamos con ella. En tal caso, propongo romper la relación, pero no los sentimientos.

Jesús fue fiel a Dios, a pesar de las tentaciones que recibió del demonio, le ofreció todos los reinos del mundo y la gloria de ellos y aun así fue leal. Bolívar fue un mantuano de la aristocracia caraqueña, Nicolás comentó esta noche “En Contacto con Maduro” que intentaron comprarlo con una propuesta envenenada de ser emperador y los envió a donde se devuelve el viento, para ser fiel a su Patria. Chávez recibió propuestas extraordinarias de la oligarquía vetusta y del imperio norteamericano para traicionar al pueblo de Venezuela, pero fue fiel hasta su muerte. Ellos murieron o ¡más bien partieron!, siendo los hijos de la vida que el demonio del dinero quiso comprar pero los tuvieron que asesinar por ser leales.

El pueblo venezolano por historia sabe de traiciones, pero también de bendiciones gracias al arañero de Sabaneta, es por ello que sigue y seguirá apoyando el proyecto de país que nos ha dejado el Comandante Supremo con el Plan de la Patria en las manos del obrero mayor de Miraflores Nicolás Maduro, la lealtad del pueblo no puede ser ya subyugada, porque aquellos trémulos pasos del pueblo que podían ser comprados con las lochas del pasado, ya fueron comprados con el amor inconmovible del Gigante Chávez.

 

Nuestro legado… también es sagrado

ivanmendez2006@cantv.net

 



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Ivan Méndez


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