Bolívar visto por un ruso

I

Como una especial deferencia del amigo, Víctor Rodríguez, notable astrofísico venezolano –marginado por las envidias de los menos capaces− recibí la obra biográfica titulada BOLÍVAR; para mí un obsequio mui significativo por aquello que decía Emerson: regalar un libro no es solamente un obsequio, sino un elogio i este gesto de amistad, vino a enriquecer mi biblioteca bolivariana. Se trata de una biografía sobre el Libertador de I. Lavrestski, en realidad José Gringulévich, nacido en 1913 i Miembro de la Academia de Ciencias de la desaparecida URSS; personaje que se interesó por la figura del primer ciudadano del mundo, del mismo modo que lo hizo Gerhard Masur, o sea, sin encargo ni recomendaciones, sino por admiración espontánea.. Está publicada por la Editorial Progreso de Moscú i traducida por P. Boyko; impresión en ruso en 1966 i la primera en español en 1982. Tiene un formato, empastado, de un dieciseisavo, con 14 páginas en papel satinado con numerosas fotografías i grabados de la época del Libertador, comenzando por un retrato a toda página, de Juan Vicente Bolívar el padre del héroe americano. En página previa al comienzo, arriba a la derecha, aparece una nota de Leonid Brézhnev i al mencionar los nombres que se inmortalizaron en el siglo XIX en la lucha por la libertad, menciona a Simón Bolívar, Bernardo O’Higgins i José Martí, pero olvida a José de San Martín i otros. El libro tiene un total de 189 páginas.

La obra comienza, como es natural, exponiendo las circunstancias sociopolíticas de las Indias Occidentales i en siguiente capítulo las influencias de los pensadores europeos, especialmente Rousseau, de quien el futuro libertador es un discípulo a distancia i por medio de las enseñanzas de su maestro Simón Rodríguez. Lavretski, tal vez para reflejar los inicios de ideas libertarias en aquellos lejanos pueblos mirados desde la vieja Europa, pone estos versos de acápite:
¡Espera! ¡Ya verás! Con esta misma diestra
Que arrastro la cadena infame del esclavo
Enseña libertaria alzaré ante los míos
¡Verás! ¡He de batir a tus alados truenos!
Nicolás Gnedich. Un peruano a un español. 1805.
Este Nicolás, es un poeta ruso (1784-1833), traductor de la Ilíada de Homero i de otras obras de autores extranjeros, según nota a pie de página i que debió estar al tanto de lo que sucedía en América.

Entre otras cosas, al mencionar la posición social de la familia Bolívar, toma de Waldo Frank, el cálculo de que la fortuna de Don Juan Vicente Bolívar era aproximadamente de unos 10 millones de dólares “al cambio actual” (1959) i respecto a la naturaleza incontaminada de la Caracas colonial, señala que Rodríguez despertaba a su discípulo de noche, para irse a bañar a las frescas aguas del Guaire. Luego, cuando más adelante habla de la formación intelectual de Bolívar, dice que después de llegar a España, en su juventud estudió “a fondo” las obras de Locke, Voltaire, a los clásicos de la antigüedad, historiadores, oradores i poetas de España, Francia e Inglaterra. A muchos de estos conoció, gracias a Ustáriz. De manera que hace justicia a la formación intelectual de Bolívar. I en referencia a Simón Rodríguez, haciendo cita de sus palabras de inquieto trotamundo, después de ser grumete de barco por catorce años, expresa que incluso estuvo en Rusia.

Lavretski, hace notar que aquellos primeros movimientos estaban alentados por Inglaterra, porque “tradicional enemiga de España, trató de sacar provecho de las desgracias de esta”; pero con mayor acierto anota también que al impulsar la pérdida de las colonias de España, “hacía preparativos secretos de ocuparlas ella misma”. Está perfectamente enterado de la rapacidad inglesa, así como de las ambiciones norteamericanas. Finalmente que, ante la invasión francesa a España, el acontecimiento propiciaría la independencia de las colonias americanas. “Tal opinión −dice− era compartida por el emperador ruso Alejandro”.

En el capítulo del nacimiento del Libertador, expone de una vez el inicio de la independencia, aunque al narrar las primeras luchas, confunde, un tanto perdido en la geografía i en las fechas, la lucha de pequeñas escaramuzas i combates por la conquista de pueblos a la orilla del río Magdalena, que lleva a Bolívar i a sus hombres desde Barrancas a Ocaña, con la Campaña Admirable (confusión que he visto en otros escritores) i luego el paso de Ocaña a Cúcuta, como el célebre Paso de los Andes que luego, vuelve a describir más adelante, cuando realmente sucede. Comete además, otros errores, ignorando que el título de Libertador le fue concedido por primera vez en Mérida, durante la verdadera Campaña Admirable de 1813, iniciada en Cúcuta i concluida en Caracas dos meses i medio después. Sin embargo se nota la sensata admiración que tiene por el héroe, a quien pinta como hombre de guerra, pero también un pensador, creador de pueblos. Además, consigna que el Congreso de la Nueva Granada, le confirió el título de Mariscal. I entre las cosas que concierne a los zulianos, prácticamente eran otros tiempos, ignora la presencia del General Rafael Urdaneta. En otra ocasión, dice que Bolívar, confirió el título de Mariscal, también a José Félix Ribas.

De todos modos, Lavretski, trata de seguir el desarrollo de la lucha de independencia i cuando habla de la caída de la Segunda República, al hablar de los llaneros i del llano venezolano, expone datos que no sé de donde los saca o si es que imaginaba las cosas así. A los llaneros los llama “pastores” i dice, por ejemplo, que el día de trabajo “comienza cuando despunta el sol a las tres de la mañana, y termina a las siete de la tarde, que es cuando el llanero come la única comida del día: un pedazo de carne asada sin sal y sin pan” (serían 14 horas de ayuno). Agrega luego que alrededor de las chozas quedan los restos de las reses, dando un fuerte hedor. Igualmente en otra parte, pone a los llaneros como indios salvajes que, antes de la lucha se atraviesan la lengua con una flecha i viven casi desnudos. Realmente una ignorancia de clima, geografía i sociedad de aquellos tiempos. Hai, pues, muchos errores que sería extenso de reseñar, como el hecho de que Bolívar en 1815, yendo rumbo a Jamaica, se cruza con una flota española, que viene por el oriente de Venezuela. Al referirse a Pablo Morillo, también lo pone en sitios i años inadecuados, i dice que es Mariscal. Empero, creo, son errores por falta de bibliografía, informaciones no adecuadas, desconocimiento del medio americano i las características del trópico, nunca de mala fe o intención de distorsionar la historia.

En ocasiones muestra entusiasmo por la gesta libertadora i la obra de Bolívar; otras veces lo pinta lleno de pasiones i, por ejemplo, de Miranda (de quien tiene una obra escrita) lo califica de conspirador i no como el gran personaje que era, hasta amigo personal de Catalina la Grande. Le hace sí, justicia, a Manuela Sáenz i de Sucre, poco lo que dice. De todos modos, es una obra que merece conocerse.

II

La obra de Lavretski, tiene cosas positivas i otras negativas, no dependiendo de la mala intención −como lo que han hecho Salvador de Madariaga i Germán Arciniegas que bien conocen la geografía i la historia documental− sino dependiendo como ya he dicho, de la pobre bibliografía que tuvo a mano el autor, i el desconocimientos de estas tierra i sus habitantes. Imaginó que en el trópico, el sol debía salir mui temprano como en pleno verano en Europa. Por eso llama a los ejércitos libertadores −siempre organizados i con una logística adecuada− como “guerrilleros”: habla de “destacamentos guerrilleros” que, no por no ser tan numerosos como los ejércitos de siglos posteriores, dejaban de ser cuerpos bien organizados. El ejército español, con su experiencia europea, era verdaderos ejércitos i no menos los ejércitos patriotas, pues tanto Bolívar como Miranda, por lo menos, tenía aquella misma experiencia. Empero, no es la intención del autor denigrar de ellos; al contrario, en una parte dice: “Es de lamentar que en Venezuela no haya aparecido un poeta que hubiera cantado para las generaciones futuras las gloriosas hazañas de los héroes populares, muchos de los cuales cayeron en la lucha por la independencia”. A pesar de ello nombra a un desconocido indio Guanaguanay, pues en muchos pasajes de la gesta, el autor ve “indios” por todas partes i los imagina absolutamente salvajes. Además, la guerra de independencia, aunque durase años, fue una lucha de encuentros i batallas planificadas dentro de la estrategia de dos ejércitos –de realistas i patriotas− i nunca una guerra de guerrillas como Lavretki imagina. Así, en un encuentro entre Piar por los patriotas i La Torre (que insiste en llamar De La Torre) por los realistas, dice que el bando de Piar era: “dos destacamentos de indios: uno de quinientos hombres armados de arcos y flechas; otro de ochocientos que tenían por arma la lanza”. Del mismo modo llama a nuestros oficiales “jefes guerrilleros”. En otra parte dice que a los llaneros no los amedrentaba el calor “ni los fríos invernales”; que casi nadie usaba zapatos, iban de harapos i finalmente, las filas llaneras aparecían con abogados, sacerdotes y otros profesionales, llevando el mismo tren de vida de los combatiente. Militares y civiles, hombres y mujeres, ancianos y niños andaban todos igualmente descalzos y tenían un solo alimento: carne sin salar”. Todo esto, como vemos, imaginado i a veces no cambiado en el tiempo. Una de las curiosidades que experimentamos varios venezolanos en Lovaina, Bélgica, cerca de la década del 70, fue la pregunta de muchos, respecto saber si aquí en Venezuela vestíamos como ellos (flux, camisa, corbata, etc.) o de unos biólogos que vendrían a nuestro país, si en las calles de Caracas se conseguían serpientes. La ignorancia de muchos es en todas las épocas. Todavía hai quienes creen que la Tierra es plana; por eso, este desconocimiento del biógrafo ruso, no debe asombrarnos ni tomarse a mal. Si actualmente me preguntaran si hai serpientes en las calles de Caracas, Maracaibo, Valencia, etc., les diría que sí: son los hombres de la oposición. En el Foro reciente de Filosofía Internacional, un europeo preguntó a una escritora ilustre de Cuba, si en los hoteles de La Habana, había cucarachas. Pero dejemos estos comentarios al margen i sigamos.

Además, los indios de Páez, antes de ir al ataque “se atravesaban la lengua con una flecha y, untándose la cara con sangre, se lanzaban contra el enemigo”. Como vemos, concebía estas cosas como sucedidas en un país absolutamente salvaje. Esto lo corrobora al decir que el pueblo “los hábitos locales dignos del modo de ser de las fieras salvajes”. Como vemos, una visión histórica i antropológica absolutamente errada o deformada, cosa que le resta calidad a la obra.

Otro aspecto criticable –producto de la falta de investigación histórica− es decir “que los patriotas eran invencibles en la defensiva (aunque jamás cita el sitio de Valencia) pero sus operaciones ofensivas terminaban siempre en el fracaso” i que Mariño i otros rivales de Bolívar, lo culpaban de todo. De esta manera el autor deforma la historia i hasta el hábitat del llano venezolano al cual llama “la pampa”. Sería, pues, digno de la atención de un ensayo, el puntualizar los errores de esta biografía, que de todos modos reconoce la grandeza de Bolívar. I a veces es ilógico o paradójico, pues con ejércitos así, fracasando siempre a la ofensiva i en tan precarias condiciones de civilización, no sabemos cómo pudo lograrse la independencia, ni nacer cinco naciones.

Por estas mismas inconsecuencias, cuando habla de Pablo Morillo, entre otras cosas dice que, fracasado en Venezuela, se fue a España donde vivió tranquilo sus últimos años, pero que, “Si no hubiera tenido en la vida, un adversario como Bolívar, la historia lo hubiese olvidado hace tiempo”.

Sin embargo, no sé si soi yo el errado; pero he conseguido cosas curiosas, como el decir que, después de abandonar Sucre a Cartagena −caída en poder de los españoles− “el navío que lo conducía naufragó. Un día entero pasó Sucre en las aguas asido de un leño que fue recogido por unos pescadores” i que “el joven Sucre se distinguió en la guerra de guerrillas en los llanos”.

Posteriormente trata con cierta veracidad, la célebre entrevista de Bolívar i San Martín, además de reconocer que lo hecho por el argentino fue incompleto, que renunció al título de Protector del Perú i que el libertador de este país, fue Simón Bolívar.

En cuanto al episodio de Pativilca, dice que Bolívar tuvo un “tabardillo”, producto de la fiebre amarilla que le atacó i sigue más o menos ajustado a los hechos, hasta la fundación de Bolivia; pero entre lo positivo, describe la figura de Santander como “el maquinador, falso i traidor del Libertador”, citando hasta párrafos de la última carta que escribio –después que Bolívar le pidió que no le escribiera más− donde Lavretski hace notar la ironía con la cual se despide en ella, “besando las manos de V.E.” Refiere el episodio septembrino, la actuación valiente de Manuelita i el perdón o conmutación de la pena, concedido por Bolívar al sentenciado Santander. Igualmente refiere con veracidad, los últimos acontecimientos en la vida de Bolívar, su perenne rechazo de un trono i las falsas acusaciones de sus enemigos. En la siguiente tercera parte, un breve juicio crítico sobre esta interesante obra sobre Bolívar visto por un ruso.

III

Este libro que seguramente interesará a muchos, no lo había visto nunca en las librerías ni en bibliotecas de la ciudad, i no sé donde lo obtuvo mi amigo Víctor Rodríguez quien, para los días en los que me lo regaló i escribí algunos artículos que han sido base de este pequeño ensayo, estaba ocupado con los preparativos para la observación del eclipse total de sol de 1998, que resultó el más extraordinario fenómeno que hayamos contemplado en el siglo XX. El caso es que, con respecto al libro comentado, emociona mucho, cada vez que un extranjero i de un país tan lejano geográfica i culturalmente, se interesa por conocer al más universal i grande hombre del planeta, por su obra de libertador i creador de naciones, hazaña no superada por ningún otro personaje de la historia universal.

Bien enterado sí, de lo que concierne a las ambiciones de los poderosos del mundo i de la época, especialmente Inglaterra i los Estados Unidos, Lavretski anota las preocupaciones de la Gran Bretaña por la convocatoria del Congreso de Panamá, así como las maniobras de los Estados Unidos i hasta las malas intenciones de hombres como Santander; también las intenciones de anexión de Cuba, luego de las grandes despojos de México por el vecino del norte. El autor dice: “Tal era la política de Estados Unidos que Bolívar denunciara abierta y decididamente” Igualmente señala las ambiciones i las posesiones amañadas de los militares i los clérigos, el fanatismo de los clericales i los ataques a los hombres como Simón Rodríguez “que le había declarado la guerra al oscurantismo”, señalando igualmente la preocupación de Sucre, cuando el mismo maestro i educador del Libertador, tenía la intención de acabar en seis años, con la iglesia de Jesucritsto. Si posiblemente exagera las intenciones de Rodríguez, no así lo hace con Santander, a quien señala en medio de todo, “el granadino pensaba sólo en su propia conveniencia, en enriquecerse”. También lo halla culpable de los hechos i el atentado de la noche del 25 de septiembre i de que se había apropiado antes, del considerable empréstito económico concedido por los ingleses. Creo que, a otro que describe bien, con sus pasiones, ambiciones i traiciones, es a José Antonio Páez, a quien llama mulato, pero también catire. En cambio la figura de Urdaneta aparece poco; en una ocasión dice que era un hombre de miras estrechas i de Sucre, también dice mui poco, aunque señala su lealtad i pureza. I en cuanto a la Bogotá, “sometida a los deseos de Santander”, hace ver atrocidades i las calumnias que sus partidarios i la prensa de la época, expresaban respecto a Bolívar, inclusive quitándole los méritos de batallas ganadas. Finalmente narra bien los últimos tiempos de Bolívar; su llegada a Santa Marta i su recibimiento, pero allá consigna un dato que confieso ignoraba o es invención: dice que quien atiende al moribundo, además del médico francés Reverend, es el joven Miranda, “hijo del precursor y admirador del Libertador”.

En el último capítulo, titulado LA LUCHA PROSIGUE, señala las angustias i el desencanto de Bolívar, “quien dice que servir a la revolución es arar en el mar”. Igualmente señala que las relaciones de Bolívar con la iglesia, haciendo notar que la iglesia católica siempre ha servido al despotismo; pero que el Libertador “admirador de Voltaire era deísta, veía en la iglesia un instrumento político para influir en la población”. I en cuanto a la idiosincrasia de estos pueblos, el aprovechamiento lo hacían “los curas ignorantes y de doble faz: ¿Por qué el pueblo permite que lo dirijan los embusteros, por qué el pueblo sigue detrás de los imbéciles? Bolívar, afirma Levretski, cuando acudía a la iglesia para resolver alguna situación política, lo hacía con un tomo de Voltaire en la mano, porque era hijo del librepensador del siglo XVIII”.

Por cierto que, una de las cosas más interesantes, es que aquí aclara, por qué Carlos Marx escribiera tan mal de Bolívar; todo se debió –según el autor− a la poca bibliografía que manejó, fundamentalmente la de sus detractores, el francés Ducoudray-Holstein, el libro del inglés Hippidey, el libro de Las memorias del general Miller (versión tergiversada de lo que escribió William Miller), etc. El artículo, aparecido por primera vez en la NUEVA ENCICLOPEDIA Americana, sin firma, fue recogido después en las obras completas de Marx, i escrito en un período (1810-1826) en el cual la independencia de las colonias que constituyeron los países latinoamericanos, apenas empezaba a estudiarse. Luego el autor ruso dice: “En realidad, como lo confirman los estudios soviéticos posteriores, Simón Bolívar desempeñó un papel relevante en la brega por la independencia de América Latina”. Llega hasta decir que Simón Bolívar no libertó a Cuba porque de lo impidieron los Estados Unidos. Al final expresa: “Simón Bolívar, lo mismo que San Martín, O’Higgins, Artigas, Hidalgo, Morelos, José Martí y otros próceres de América Latina siguen ocupando su puesto en las filas de los luchadores por la felicidad de los pueblos”. I en línea aparte: ¡Honor y gloria a estos hombres!

Aparece entonces una NOTA AL LECTOR −que en realidad fue escrita por Neruda i sirvió de prefacio a la edición rusa, publicada en Moscú en 1959− donde en hermosa prosa, expresa que “no se puede conocer a América del sur sin conocer a Bolívar”. Dejo a los futuros lectores de esta obra –si apareciera en librerías− leer este hermoso prefacio, donde Neruda, con singular acierto, dice que Bolívar “este deslumbrante soldado, luchó por la libertad americana con la espada y con la pluma” i también que siempre tendremos que aproximarnos a su figura con admiración i respeto.

Para concluir se expone una breve cronología i la limitada bibliografía, con pocos libros i el respaldo de revistas i publicaciones; apenas las Obras completa del Libertador, el Diario de Bucaramanga, etc. Como sería de bueno que el mismo autor, si no ha muerto, aunque debe estar anciano, o algún otro colega historiador más joven, emprendiera en ruso una mejor, más amplia i más verídica biografía del Libertador o se tradujeran al ruso obras como la Indalecio Liévano Aguirre, Augusto Mijares, Gustavo Pereira, etc. Por mi parte reiterar mi agradecimiento al Víctor Rodríguez, por esta obra que enriqueció mi biblioteca, por ver la vida i obra de Bolívar desde otras perspectiva i desear que su vida i obra, ya escrita hasta en más de 16 idiomas en el planeta, sea cada vez más difundida, porque su pensamiento a renacido como un sol de libertad, para todos los pueblos de la Tierra.






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Roberto Jiménez Maggiolo


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