Devuelvanme la autoridad sobre mis hijos

Tener y ejercer la autoridad sobre los hijos es un derecho y una obligación. Nadie -en su sano juicio- puede estar de acuerdo con maltratos, golpes o cualquier forma de violencia que puedan ejercer padres, o adultos en general, en detrimento de los niños. Pero ojo, alerta, una cosa es el no maltrato a los hijos, y otra distinta el pretender que los padres no puedan ejercer autoridad sobre ellos cuando son menores. Los padres están obligados a formarlos, a hacerlos crecer en el bien y la rectitud.

Así como rechazo la “ley del garrote” que nuestros mayores nos aplicaron a los adultos de hoy, rechazo un “proteccionismo” que  la sociedad pretende ejercer sobre los niños, dejando a los padres como monigotes, pintados en la pared, sin derecho de ejercer su autoridad. Eso se revertirá, sin duda alguna, contra los menores, lográndose el efecto pernicioso de una mala educación, a veces sin valores y sin disciplina. Así no se crían los muchachos ni se forja la Patria.

Estas reflexiones pretenden llamar la atención sobre este problema fundamental. Es un alerta oportuna, porque se ha mal interpretado la Constitución, se han sancionado leyes peligrosas, o se han interpretado caprichosamente, atentando contra la autoridad materna y paterna, afectando gravemente la formación de los muchachos, al permitírseles crecer realengos, porque sus padres han sido atados y sus lenguas amarradas, por leyes absurdas y funcionarios que parecieran no saber lo que es educar a un hijo, formarlo para el bien, bajo normas y principios de disciplina y respeto, de acatamiento a la Ley y a la autoridad.

No desconozco la Constitución, bien por el contrario valoro en ella disposiciones importantísimas, tales como que “El Estado protegerá a las familias como asociación natural de la sociedad y como el espacio fundamental para el desarrollo integral de las personas”. “Las relaciones familiares se basan en la igualdad de derechos y deberes, la solidaridad, el esfuerzo común, la compresión mutua y el respeto recíproco entre sus integrantes”. Cabe destacar el mandamiento constitucional conforme al cual “El padre y la madre tienen el deber compartido e irrenunciable de criar, formar, educar, mantener o asistir a sus hijos o hijas” (Arts 75 y 76).

Nuestra Carta Magna complementa las disposiciones antes transcritas, con su Art. 78, al disponer que “Los niños, niñas y adolescentes son sujetos plenos de derecho y estarán protegidos por la legislación, órganos y tribunales especializados”.

De las normas constitucionales transcritas, queda perfectamente claro el deber de los padres de “criar, formar y educar”  a sus hijos. Criar no es malcriar; formar no es deformar; educar es hacer hombres y mujeres con pleno sentido de sus derechos y obligaciones, con espíritu solidario, con responsabilidad social. Formar al hombre nuevo obliga a la reprimenda, al regaño oportuno, al castigo necesario.

Rechazo por inconveniente y nugatorio del derecho y obligación de los padres a educar, la actuación de parte importante del funcionariado burocrático, que pretende perseguir y sancionar a los padres, que dentro del marco de la racionalidad, corrigen a sus hijos para reorientar sus conductas y sembrar valores. Los padres tenemos derecho a preservar y reclamar autoridad sobre nuestros hijos. ¿Qué hombres y mujeres estamos formando, si pretende arrebatársenos el derecho y la obligación de corregirlos, de arrugarles la cara cuando es menester? Reclamo y exijo que me dejen educar a mis muchachos. Devuélvanme la autoridad sobre mis hijos.

Cesar.dorta62@gmail.com

*Municipalista, y dirigente Social



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César Dorta (*)

Luchador social y municipalista

 cesar.dorta62@gmail.com

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