El idioma i los medios

¿Por qué se insiste en repetir los disparates?

 El cuidado del idioma debería ser una constante en toda persona que escriba. Siempre he insistido en todo, cuando he sido docente por casi toda mi vida, en bachillerato i en la Universidad, que los sabios no existen, que el conocimiento es tan amplio i cientos o miles de profesiones i actividades que, quizá solamente una super computadora hecha especialmente para eso, podría mantener todos los conocimientos del hombre, i en mis materias médicas o filosóficas, siempre advertí a los alumnos –lo contrario de los docentes prepotentes i mentirosos− que no me incomodaba que me hicieran una pregunta que no supiera contestar, que en compañía con el que pregunta o el grupo de alumnos, iríamos juntos a investigar para conseguir la respuesta correcta con la que aprenderíamos todos. Lo hicieron los filósofos griegos, árabes o romanos, lo han puesto en coplas los poetas como Antonio Machado:

¿Tu verdad? No, la Verdad

y ven conmigo a buscarla.

 Sin embargo pienso como Leibnitz, “que las lenguas son el mejor espejo del espíritu humano y que el análisis exacto de la significación de las palabras, sería mucho más útil que cualquier otra cosa para conocer las operaciones del entendimiento” i si bien esto es filosofía del lenguaje, no accesible a todos, por lo menos la gramática debería ser un texto imprescindible en toda biblioteca, pese a que gramática i diccionario no hacen al idioma, sino que el idioma, la lengua de los pueblos sistematizada, hacen a ambos textos.

 En la actualidad, o mejor desde hace muchos años, por prensa, revistas o libros, algunos hacen de esta preocupación, un modo de ver, de escribir i de vivir. En Caracas, a mi me gustó siempre leer los amenos comentarios o algún libro de Pedro Pablo Barnola, o en Maracaibo estimo un maestro de primera línea a Tito Balza Santaella, igual que a Camilo Balza Donatti,  Eddy González o un poeta como Manuel Martínez Acuña, a quienes uno puede ocurrir para despejar dudas, porque aman al idioma, lo defienden i piensan que el lenguaje de los hombres públicos, políticos, funcionarios, maestros, i profesores universitarios, deberían poner preocupación en no difundir disparates, porque las personas con menos preparación o cultura, los repiten.

 De mi parte me he cansado de insistir en que problemática, es un adjetivo que no tiene nada que ver con conjunto de problemas, aunque la Academia Española admite que, tratándose de un materia que englobe un conjunto de hechos especiales, puede admitir problemática, como ciencia o actividad determinada, cuando vemos un texto que diga Problemática del Desarrollo, Problemática de la Explotación Petrolera, etc. Pero mientras me sea más sencillo referirme a los problemas de la universidad, los problemas del transporte urbano, los problemas que se dan en las cárceles,  etc., no tengo que hablar de problemática,  pues el adjetivo indica ser “dudoso, confuso, obscuro, dificultoso” al punto que podría decirse “este es un problema problemático”. Lo admite, pues, el diccionario cuando es un conjunto de problemas que constituyen una ciencia o actividad determinada, i lo ponen en letra bastardilla. De todos modos, es palabra que encanta a muchos que se especializan en alargar las palabras o términos. Hai un comunicador que en vez de decir a esto hai que prestarle la debida “atención” dice, hai que prestarle la debida “atencionabilidad” i así le tengo recopiladas docenas de palabras alongadas.

 I algunas que son disparates, les llega su momento de moda cierto tiempo. La actual, vigente, en boca de comunicadores, militares, ministros, gobernadores, alcaldes, técnicos, asesores, analistas, etc., es la palabra “vaguada” atribuyéndola a los aguaceros o lluvias torrenciales i persistentes. Para ellos eso es una vaguada que se da hasta en los llanos, donde obviamente no hai montañas. El diccionario de la RAE dice que vaguada es la línea que marca la parte más honda de un valle y es el camino por donde van las aguas de las corrientes naturales, o sea el encuentro de planos inclinados entre dos montañas. Es natural que por allí corre el agua, pero el término alude a una línea geológica o geográfica, no a un fenómeno atmosférico de lluvia copiosa. Sin embargo barométricamente, en meteorología, puede señalarse así, a una depresión en “forma de valle”, entre dos zonas de alta presión barométrica. Lo mismo señala el diccionario titulado Vocabulario Científico Técnico, de la Real Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, de Espasa. Este dice: Vaguada: lugar que recorre las aguas de escorrentía en una zona, sin llegar a formar arroyos o ríos. Como vemos, no se refiere a un gran fenómeno lluvioso, tampoco, i en el llano sería absurdo hablar de vaguada. De modo que este es un disparate demostrado i debería corregirse el lenguaje.

 Otro de los grandes errores con los cuales tropiezo casi a diario, en la prensa, revistas o en televisión, es el uso hasta en grandes titulares, del verbo licuar o también adecuar o evacuar. La regla es mui simple i la expone claramente el Padre Barnola en su pequeño i ameno libro Noto y Anoto. Dice 1) Nunca se acentúan cuando la terminación uar la precede la letra C o la letra G, y al no acentuarse no se disuelve el diptongo ua que se pronuncia en una sola emisión de voz. Por eso debemos decir, de licuar, adecuar o evacuar, se licua o licuo; adecuo o adecua, evacuo o evacua, igual que en otros verbos como atestiguar, amortiguar, promiscuar. 2) Siempre se acentúan, cuando a la terminación uar no precede la letra C o la letra G, y al acentuarse queda disuelto el diptongo, cuyas dos letras se pronuncian separadamente. Así, por ejemplo, el propio verbo acentuar, que nos da acentúo, efectuar, efectúo, insinuar, insinúo, etc. Si no tomamos en consideración regla tan simple, en el verbo desaguar, cuando me toque vaciar la bañera o piscina plástica de los niños, tendría que decir desagúo, en vez de en este momento desaguo la bañera o la piscina, como es lo correcto.

     Sé que muchos lectores habrán notado estos errores i se pudieran citar muchísimos; pero me he limitado a los más comunes o corrientes, sin la menor intención de ofender a nadie, sino tratando de ponerle cuidado i devoción a los que escribimos, principalmente, así como otros pensaran que he olvidado los más importantes. De todos modos, tómese como modesto aporte para que, como afirma Manuel Seco, académico de la lengua, hablemos i escribamos correctamente el idioma español.

robertojjm@hotmail.com



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Roberto Jiménez Maggiolo


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