La acción colectiva en la política: Los partidos ¿Sectas, mafias u organizaciones necesarias? (III)

III

En cuanto a pensar si son organizaciones necesarias, Manuel Bazó expresa que, “el mito de la necesidad de los partidos guarda relación con la dinámica electoral y hasta con las propias leyes electorales”, personalmente creo que hai más razones para pensar así, que es un mito. Toda organización, entre ellas pionera la iglesia, cuando “organiza sus mentiras” casi cuatro siglos después de una supuesta fundación de ella por Jesús de Nazaret o Cristo, muestra sus incoherencias desde el propio error de considerar a Pedro (la primera piedra sobre la cual “edificará su iglesia”) como el Primer Papa, cuando no fue así, aunque se le considerase el primero de los apóstoles i Pablo el segundo, como “columnas” de la organización que no fue tal sino siglos después; por lo que se dice que el primer pappa (padre) como Obispo de Roma, fue San Lino. I para tomar la estructura de “partido”, de conjunto de partidarios, tuvieron que organizar un cuerpo de invenciones i cierta disciplina, cuya desobediencia implicaba terribles castigos, algunos con categoría de eternos. Era, pues, crear un mito, administrado por un grupo selecto o superior, necesitado de adeptos como suma, como cifras, como incondicionales para el logro de los deseos i propósitos de la cúpula. Por cierto, hoi en día, ha permanecido esa denominación de cúpulas.

I ¿qué es un mito? La palabra tiene varias acepciones, desde una narración extraordinaria, maravillosa, situada fuera del tiempo histórico i con personajes de carácter divino o heroico que, con frecuencia interpreta el origen de mundo o grandes acontecimientos de la humanidad (DRAE) pasando por dos acepciones más, hasta llegar a la cuarta i más interesante (porque pertenece al tiempo histórico) como es “persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la cual carecen”. Esto es precisamente, tanto el mito de la iglesia (no lo material sino su esencia misma) i de los partidos políticos i sus personajes. En la actualidad, pese a que insten en representar un falso papel, ni los mismos sacerdotes se creen que realmente ellos son representantes de dios en la Tierra, ni los políticos se sienten auténticos representantes del pueblo, aunque todos están “montados” en un negocio; pero si vamos al terreno de la filosofía, encontramos mejor comprensión del mito, cuando en la primera acepción, es una forma atenuada de intelectualidad; las otras acepciones como forma autónoma de pensamiento i vida (podemos pensar i orientar la vida, a gusto) o, en la tercera i más interesante, el mito como instrumento de control social. I así lo usan todos los partidos, i naturalmente todas las religiones.

El mito como control social, es rama de la moderna teoría sociológica i autores como Malinoswki, ven en ello “la justificación retrospectiva de los elementos fundamentales, de la cultura de un grupo”.Así, es constante compañero del status sociológico que requiere precedentes de la norma moral que, exige sanciones. Se necesita un instrumento para doblegar disidencias. Por esto ¿Cuál es la estructura básica o elemental de un partido político? Una cúpula, un “buró” de fundadores o privilegiados, una “doctrina” hecha a la medida de sus intereses, una personería jurídica i ¡naturalmente la moral! : un Tribunal Disciplinario, el instrumento mencionado. Lo demás viene solo o al azar. Lo primero, control social de su universo humano; luego entrar a la misma lucha por el del municipio, estado o país.

Realizado el partido, apunta al más necesario, serio i casi único objetivo: los procesos eleccionarios del país i vociferar democracia, así dentro de ellos mismos no exista o se desvirtúa, como vimos patente en la historia de Acción Democrática: 1) un partido (todavía minoritario) que ascendió al poder con un golpe de Estado, lo más contrario a democracia; pero desde el poder se incrementó en número vertiginosamente, a pesar de haber destruido al gobierno más democrático desde la muerte de Gómez; el régimen de Medina Angarita que le dio vida hasta al Partido Comunista; 2) Superada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, donde en verdad perseguidos, hubo realmente hombres de lucha en la clandestinidad (pocos por cierto) pero que vueltos al poder, se multiplicaron asombrosamente los héroes de la resistencia. Así sirvieron las circunstancias para la “consagración” de un dictador-democrático que adornaron con el calificativo de “Padre de la Democracia Venezolana” “Don” Rómulo Betancourt, antiguo comunista que luego se hizo ferviente imperialista i desconoció hasta la democracia interna en el partido; primero promovió “esporulaciones” repetidas i apartó a una juventud valiosa i luego le desconoció un auténtico triunfo electoral a Luis Beltrán Prieto Figueroa, alguien que, con más talento lo iba a opacar. 3) Cuando aparece el partido de oposición COPEI (sigla que se afincan en pro de elecciones independientes), es encabezada por una cúpula, arropada de cristianismo i santidad, más con tendencia a mafia que a secta i dirigido ese partido, por un hombre tan “presidencialista” o pequeño dictador como Betancourt, más el fanatismo religioso: Rafael Caldera, rodeado de una serie de vicarios que hablaban de él como si tratara de un Papa. Entonces, AD ya dividida en dos por la escisión del MEP, se consolidó como un partido súper sectario, donde los que tenían un carnet están protegidos en todos los niveles para hacer cualquier fechoría; i de los grandes, los de la cúpula, todos los negocios posibles, todo el dinero necesario i potestad para dividir al país entre “adecos” congénitos i hereditarios (que clamaban, “no me den, pónganme donde haiga, cuando sus hombres de talento se dieron el lujo de inventar verbos i modificar la gramática española). Sin embargo, el reconocimiento para los militantes proletarios, era solamente en períodos de elecciones, reforzando “su ideología” con latas de cinc para sus ranchos, potes de leche i franelillas i banderitas blancas. Toda la mediocridad que sigue a esta historia es conocida i alargaría mucho este escrito.

Sufrimos, pues, durante cuatro décadas, una verdadera dictadura de partidos (con alternancias conocidas) que retrasaron al país i lo arruinaron, pero con un daño mayor: formaron generaciones de hombres corruptos, con miope visión sobre el futuro del país. Ensalzaron al Santo Patrono de la Corrupción i la Maldad, Carlos Andrés Pérez i hasta se puede decir que la legalizaron. Por ejemplo, acabaron con los primeros ferrocarriles que hubo en el centro del país i escasas otras regiones, i un “filántropo” importador de maquinarias, vehículos, cauchos etc., publicitó e influyó para convencer a los venezolanos que los trenes eran cosa del pasado, i aunque Pérez Jiménez ya vislumbraba el cambio que los ferrocarriles darían al país i le puso vía férrea al Puente sobre el Lago de Maracaibo, los trenes se olvidaron i hasta el payaso humorista de Zapata (ex líder de izquierda) se burlaba de ciertas oficinitas de tres que sobrevivieron, con grandes afiches de trenes europeos i norteamericanos, i el consabido “olor a trenes”. La mayoría o todos los presidentes que tuvimos, fueron solemnes mediocridades lacayos del imperialismo yanqui, i recordemos a José Ingenieros quien dice en EL HOMBRE MEDIOCRE que, el mediocre tiene que rodearse de más mediocres que él, pues si no lo opacarían o harían realidad la anécdota del sapo i la luciérnaga, como hacían todos ellos con los hombres de talento e independientes que, jamás formaron parte de sectas o de mafias. I desde allí, empezamos a ver más claro, i también a escala universal, pues los partidos tienen la misma tipología en casi todos los países con “democracia”, que son organizaciones no necesarias, para verdaderos gobiernos del pueblo. Eso lo comprobaremos más adelante, investigando o exponiendo, cómo funcionan los partidos. El gran temor de todos, es precisamente que el pueblo, tenga conocimiento i tenga derecho a decidir sobre su propio destino. I es lo que vislumbramos hoi, con el proceso revolucionario bolivariano que, empieza a ser una “lucecita roja del tren” como en una de las más bellas narraciones, en Castilla, de José Martínez Ruiz, el célebre “AZORÏN”.

(Continuará)




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Roberto Jiménez Maggiolo


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