Habitan en cloacas de lujo, pero cloacas al fin: son engañadores de oficio

La historia de la humanidad esta preñada de situaciones en las cuales unos pocos se abrogan la potestad de imponer sus criterios e intereses a las mayorías. Para lograr tal fin, recurren a todas las trampas posibles, y si no la conocen, la inventan. De esa manera, las desigualdades sociales fueron sembradas en las organizaciones de los pueblos. Cuando el engaño no resultó, la fuerza sometió a los rebeldes. La fuente natural de generación de riquezas (el trabajo), fue convertido en instrumento de posesión de la voluntad de una mayoría, por una minoría. Con el pretexto del salario, lo que la fuerza bruta, la capacidad intelectual o la artesanía produjeron, fue apropiado por quien inventa el pago como método de explotación. Desde ese momento, la acumulación de bienes y riquezas, se instauró como método de obtener poder.

Para sostener el orden de dominación impuesto, fue necesaria además de la fuerza y el engaño primitivo, la manipulación y la creación de una fuente sobrenatural de terror, con el cual, rendir la voluntad por ser libre. Así nació el Dios todo poderoso, que todo lo ve, todo lo sabe y todo lo censura. Ese dios y la estructura que lo creó, inventó un castigo después de la muerte. Bajo esa amenaza, el sometimiento sicológico hizo más fácil la dominación. Para sostener semejante macro engaño, se hizo necesario instaurar una súper estructura, que expandiera la amenaza del castigo divino por el mundo, y que se presentara a la vez, como la alternativa de salvación a los incautos que, se auto acusaban de culpables de violar las reglas impuestas, por cenáculos de flojos y vagos, que solo pensaban en la mejora de los mecanismos sicológicos de dominación, por el temor y la fe en lo no existente; de esa manera nace la iglesia católica apostólica y romana.

La llamada institución eclesiástica, ha evolucionado a tal punto, que es una de las organizaciones más poderosas del planeta en todos los sentidos. No ocurre nada en el mundo, si que ella de su aprobación o desaprobación. Hasta los auto denominados ateos corruptos, acuden a su poder, buscando amparo para cuadrar sus negocios y trampas globales. La iglesia católica romana, tiene implicaciones directas en el comercio mundial, posee su propio banco, su propia estructura económica, sus propios gerentes, sus propios expertos en inversiones, sus propias industrias. No existe ninguna fuente generadora de dinero en el planeta, bien sea legal o ilegal, donde esa mafia clerical no tenga sus manos metidas y de donde no obtenga dinero a granel.

Con la auto asignada potestad de decidir lo bueno o lo malo, establece alianzas con otras sectas de poder, con las cuales define estrategias y métodos de dominación material, justificando las más aberrantes acciones inhumanas, o condenándolas entre dientes, pero exigiendo a cambio una parte del botín económico que genere. Ya no es posible diferenciar entre los buenos y los malos de la iglesia. Voluntaria o involuntariamente, todo el que ayuda a sostener el mito del dios terrorista y castigador que está más allá del bien y el mal, es cómplice de la mentira y del engaño. Si alguien cree en la necesidad de alimentar el espíritu del ser humano, debe hacerlo, pero en la senda de la justicia, y alejado de los centros de poder engañosos que representa la mafia episcopal del vaticano. Es algo parecido al soldado Norteamericano, que dice no defender el imperialismo, pero va a otros países a matar a gente inocente. De nada vale que diga que no está de acuerdo con el criminal genocidio permanente que ejerce su nación en el mundo, si él, es instrumento de muerte que usa ese sistema maquiavélico. No lava su culpa y el crimen que comete, ni revive a quienes asesina en nombre de un sistema egoísta y avaro, tan solo por decir que no lo hizo creyendo en quien le dio la orden de matar.

Por eso no es de extrañar que los buitres como Ratzinger, Baltasar Porras, Urosa Sabino, Roberto Lückert, Luis Ugalde, y todas esas alimañas detractoras del amor al prójimo, fijen posición al lado del imperio Norteamericano, del Sionismo, de los dictadores y, de todo aquel que desprecie y odie a los pueblos humildes del mundo. Miren el ejemplo del cardenal Hondureño, cuando sale descaradamente pidiéndole a Zelaya que no vuelva, para evitar un baño de sangre. Baño de sangre que seguro que ese sátrapa zamuro, ya había bendecido con sus manos o garras, con un crucifijo en la diestra.

No hay duda que las alimañas anidan juntas para sembrar el terror. Y es por eso que el vaticano, el sionismo y el imperialismo sionista anglosajón, anidan en un solo interés: el de saquear, destruir, asesinar y robar, para acumular riquezas despojadas, produciendo a su paso miseria, llanto y dolor de pueblo. Más en pago al sufrimiento producido, lanzan plegarias hipócritas y versos falsos de promesas para otro mundo después de la muerte forzada. Es menester acabar con esas drogas malignas, llamadas religión e imperialismo.


javierdelvallemonagas@gmail.com




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Javier Monagas Maita


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