Globalización, inmigración, interés, explotación

Erase una vez. El Africano vivía libre en su selva virgen, era tan virgen que estaba hermosamente salvaje, dignamente originaria y gloriosamente natural. Los hombres y mujeres que se cobijaban en su seno, disponían de lo necesario para la vida sin la mísera necesidad artificial de acumular riqueza como símbolo de poder e instrumento para dominar a los semejantes. Mas allende los mares por esos mismos tiempos, las civilizaciones conocedoras de la astronomía, ciclos naturales de siembra, constructoras de acueductos y drenajes y edificaciones con alto contenido de ingeniería, convivían con la majestad que los bendecía, la que llamaban amorosamente “pachamama”. La respetaban, la amaban, la defendían y la protegían. Esa región sin bautizo hasta entonces en los libros de historia, cuando recibió mas adelante el bautizo( América), también recibió la presencia maldita de quien la bautizó.

Ambas porciones de tierra, fueron unificadas en el destino común: Ser masacradas sus criaturas habitantes, esclavizadas, oprimidas, violados sus suelos, leyes naturales, diezmados sus animales, rasgadas vulgarmente sus entrañas para extraerles riquezas. Riquezas, que justificaban el arrebato de la vida a millones de seres humanos que antes la cuidaban. Con la llegada de esos inmigrantes armados de odio, desprecio, ambición, ceguera, maldad, instrumentos de matar de ultima inventiva, etc. No necesitaron pasaportes, ni visas. Solo valió la fuerza bruta y técnica para establecerse en esas tierras extranjeras. Pasados los siglos. En esos continentes solo quedó miseria y sudor de negros y obreros: tal como nos lo canta lastimosamente el inolvidable “Aly Primera” , una desolación espiritual, que aun revienta las ganas de llorar, por tanto dolor desparramado, sin consuelo, sin culpa y cargada de inocencia que no comprende el porque de tanto daño sin justificación.

Hoy los hijos de esos hombres y mujeres, que sobrevivieron a tantos años de martirio. Viviendo en un terruño destruido y despojado de todo medio posible de supervivencia, miran en las regiones de procedencia de los causantes de sus desgracias, la posibilidad de medio existir, vendiendo la fuerza de su trabajo, a precio de esclavitud. Son perseguidos, encarcelados, denigrados, vejados, ofendidos y discriminados. Las luces de la opulencia de esas naciones, construidas sobre rumas interminables de cadáveres, miserias y robos. No son para que se alojen los indignos despojos dejados en las tierras del “NO HAY MÁS” . Éllos tendrán que ver como se las arreglan solos, ya no representan nada de interés, para ser saqueados. Es tanta la miseria sembrada en esa tierras otrora libres, que son un mercado abundante de mano de obra barata, que se consumen entre éllos y compiten para ser victimas de la explotación laboral del eterno ladrón Europeo y sus elites de reyes de mierda, que no conocen mas sentimiento, que el de discriminación, odio y perversión. Éllos llevaron a esas tierras enfermedades contagiosas y virus malignos que no se conocía su existencia. Ahora le temen al resultado de su cobarde y vil comportamiento. Hacen leyes, construyen muros, fabrican armas, desarrollan enfermedades en laboratorios( sida), ensayan armas químicas. Todo con tal de mantener a sus victimas lejos de sus casas. Esta es la verdadera historia de la Europa preñada de riquezas y que pretende aislarse de sus victimas tal como la hija criminal de la pérfida Albión en América.

Ese tipo de globalización, donde los pueblos se puedan desplazar libremente por el planeta, no les interesa a Éllos. La globalización pretendida; es mono direccional o de flujo económico en un solo sentido. Lo otro ¡no señor!

javiermonagasmaita@yahoo.es




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Javier Monagas Maita


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