Democracia y subversión imperialista

Frente a la confusión uno puede adoptar diversas posturas, o simplemente seguir la costumbre de una que casi todo el mundo, sin pensar sigue como quien se sienta a la mesa, se acuesta y después visita el retrete, a escribir un poema de flores olorosas a humo de tabaco y café.

La Democracia ha sido proyectada como una confusión, que los pueblos siguen de acuerdo a una cartilla que repite la propaganda, la televisión, el cine, la literatura, la industria del entretenimiento, y la Máss media. Pero la democracia, en realidad es un método científico para aplicar y distribuir el poder político.

En la antigua Grecia, Pericles conforma un partido democrático para enfrentarse políticamente a Cimón otro general ateniense partidario del filoespartismo. Dos cosas: 1) La política es el poder supremo superestructural de la Polis esclavista para mantener su dictadura de clase sobre los pelasgos y los ilotas. 2) La democracia, obra de Pericles, es la manera como ejecutar esa política, y hacerla prevaler y triunfar, sobre los esclavos.

La democracia, como metodología, no funciona sin la política, como dictadura del poder supremo de condicionalidad histórica: esclavismo, feudalismo, si hubiese sido el caso, capitalismo, o socialismo; no pudiese activarse sola, al igual que un cuerpo no opera sin su cerebro.

La jugada magistral del imperialismo en el uso y la aplicación de su poder político supremo capitalista, es subvertir el orden teórico categorial, poniendo la democracia en lugar de la política, conservando desde luego, la funcionalidad de su política suprema, en la invisibilidad, encubierta y clandestina.

Esa democracia suplantadora del poder político supremo capitalista fue ideada por Alexis Tocqueville, en su obra Democracia en América. Aquí se nos presenta la subversión del método democrático haciendo las veces de poder político, de tal manera que la Democracia se configura como sistema de libertades, siendo la principal, la libertad de mercado, la libertad de la empresa trasnacional, y la libertad de los individuos, de último la libertad de los pueblos sometidos por su yugo capitalista; la libertad del proletariado no existe, por que se niega la verdad científica de la lucha de clases, y cualquier manifestación en ese sentido es llamada comúnmente anarquía.

Esa variante anticientífica de democracia es la que nosotros hemos aceptado en nuestras bizantinas discusiones con la OEA, el mamotreto imperialista para monitorear y supervisar la aplicación de su subversión democrática en cada uno de los Pueblos latinoamericanos y caribeños, sobre los que ellos ejercen como quieren la dictadura de su poder político supremo capitalista, a excepción de la heroica e invicta Cuba; que además se retiró de ese "Ministerio de Colonias", y no volverá a ella jamás. Es necesario, al respecto, que Venezuela se retire igualmente de esa cosa; lamentablemente, estimo que como gobierno en funciones administrativas del Estado burgués, no tenemos el poder político para hacerlo.

En la actualidad hay tantas formas o ficciones de democracia, como maneras que precise adoptar el imperialismo para seguir embaucando al proletariado mundial, oprimido por su modo de producción capitalista. La circunstancia electoralista, es una de las funciones de la democracia, pero no es la única, ni la principal; la función esencial del método democrático es la distribución del poder político dictatorial, que en el caso del capitalismo configura una prehistoria privada, de uso y usufructo exclusivo de la clase dominante, la burguesía.

La gran mayoría de los funcionarios del Estado, que democráticamente cumplen funciones de ejercicio y distribución del poder en todos y cada uno de los organismos oficiales, no son miembros de la clase burguesa; generalmente pertenecen a la clase obrera, y casi siempre se encuentran en una situación de desclasados; de otra manera, trabajarían en función de denunciar, y combatir la dictadura de sus amos sobre el proletariado, en la búsqueda del ascenso al poder de su clase.

Sin embargo, la historia no registra una revolución verdadera, desde la función de gobierno, aunque esas funciones sean democráticas. La clase dominante burguesa, en su capitalismo, está confiada, en su omnímodo control político, que supone un dominio del poder económico, ideológico, y cultural. Hablando en maracucho: Imaginate vo, qué molleja e blindaje…



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Eduardo Mármol


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