El quinteto del fracaso

Además de la tradicional importancia económica de Venezuela para Estados Unidos como proveedor y sitio de las grandes reservas de petróleo, en el nuevo milenio Venezuela adquirió una importancia política determinante en la región. Chávez inició y promovió el gran cambio de América Latina. Era lógico esperar de Washington enviara a Caracas representantes diplomáticos a la altura de las circunstancias. No fue así.

JOHN MAISTO

Cuando Chávez llegó a la presidencia el 2 de febrero de 1999, la embajada de los Estados Unidos tenía tiempo financiando una campaña mediática en su contra, porque el candidato de Washington era Henrique Salas Romer.  El embajador John Maisto, con dos años en el país, era un veterano en operaciones encubiertas: en Bolivia había asistido a la CIA en la captura y muerte del Ché Guevara; había trabajado en inteligencia en Colombia y Costa Rica; en Filipinas había ayudado a derrocar al dictador Marcos; en Panamá Maisto manejaba la sección política de la embajada que preparó la invasión, y en Nicaragua a principios de los 90 ayudó a desmantelar el gobierno sandinista después de la victoria de un candidato pro-Washington. Y fue Maisto quien, a principios del 1998, propuso negarle la visa al candidato Chávez como señal de que Washington lo desaprobaba. Cuando el Comandante ganó con el 56% de los votos, tuvieron que dar marcha atrás y comenzar a preparar su entrevista con Clinton, que debía ser la primera del flamante presidente venezolano, pero Chávez visitó primero a Fidel, que lo había tratado bien, y lo de Clinton se enfrió.

John Maisto dejó el cargo en agosto 2000, no sin antes infiltrar agentes en el entorno del Presidente y montar una quinta columna en el ministerio de defensa y la cancillería. Al irse, afirmó que Chávez caería en un máximo de dos años…

DONNA HRINAK

La nueva embajadora Donna Hrinak, había estado antes en República Dominicana y Bolivia; la precedía fama de prepotente y la anécdota de cuando, en una recepción diplomática en La Paz y pasada de tragos, se ufanó de tener al Presidente Quiroga “agarrado por las bolas”…  Las de Chávez resultaron ser demasiado grandes para la embajadora: en 2001 el Comandante condenó el bombardeo de civiles en Afganistán, la Hrinak pidió verlo y trató de decirle lo que debía o no criticar; Chávez la interrumpió: “Usted está hablando con el Jefe de Estado de un país soberano. No se está comportando de manera apropiada a su cargo. Por favor, salga de mi oficina ahora”. Después de este balde de agua fría, la gestión de Donna Hrinak fue insignificante salvo por la comidilla de su romance caraqueño con un “importante editor”. En enero 2002 fue enviada a fracasar a Brasil, donde su carrera diplomática terminó sin pena ni gloria.

CHARLES SHAPIRO

En marzo del 2002 llega, con el visto bueno de Bush para un golpe de Estado, el embajador Charles Shapiro, especialista en la materia: había sido nada menos que  agregado militar en Chile para la preparación del derrocamiento de Allende (11/9/1973), y se destacó en la “guerra sucia” de Nicaragua y Salvador en los 80. Para el golpe contra Chávez, Shapiro contaban con 3 generales claves que habían pasado por la siniestra “Escuela de las Américas”, con altos funcionarios de la DIM, la DISIP, la PTJ y la PM, así como con las cúpulas de PDVSA y CTV, la jerarquía eclesiástica, los viejos partidos, y nuevas ONGs promovidas por la embajada. No podía fallar.

Luego de una fuerte ofensiva mediática contra el “castro-comunismo” teledirigida por la CIA, el golpe se dio el 11 de Abril a raíz de una marcha opositora tiroteada por sicarios centroamericanos. Durante el tiroteo en el centro de Caracas, Shapiro llamaba a sus contactos, incluidos los jefes militares y policiales, pidiéndoles informes en tiempo real del progreso de la operación. Chávez fue detenido por los golpistas, y al día siguiente Carmona Estanga, jefe de la patronal Fedecámaras, se autoproclamó presidente e instauró una dictadura.

Shapiro tuvo la satisfacción de informar a Washington de la caída de Chávez: EEUU y España se apresuraron a reconocer al dictador. Pero poco duraría la alegría del embajador: la reacción popular, civil y militar, fue tan fuerte que para el día 13 los golpistas estaban detenidos y Chávez de nuevo en la presidencia. El maravilloso plan había fracasado.

 Apenas una semana después, el embajador trató de reparar el daño con una treta infantil: pidió audiencia con el presidente y le advirtió de un próximo atentado en su contra, lo que debió parecerle extravagante al Comandante viniendo de alguien que había conspirado para eliminarlo. Chávez lo emplazó: “¿Exactamente, qué sabe usted de ese complot? Quién está detrás?  Deme nombres”. Shapiro no tenía nada que decirle: “Las instrucciones que he recibido no contienen ese tipo de información…” La conclusión de Chávez, según confesó a los periodistas años después, fue que no trataba con un embajador sino con “un payaso”… A los pocos meses Shapiro se activó con el gran sabotaje perolero de 2002-2003, que también fracasó. A partir de entonces, el embajador se limitó a fingirse mediador, a crear nuevas ONGs para financiar a la oposición y a tratar inútilmente de presionar al presidente mediante los medios de comunicación. Chávez, más de una vez, le recordó al embajador que en cualquier momento podía ser declarado persona non grata. En 2004, Shapiro terminó su misión y se marchó.

WILLIAM BROWNSFIELD

El cuarto embajador fue William Brownsfield, que había comenzado su carrera en 1979 como vicecónsul en Maracaibo, donde todos los cargos eran –y son- tradicionalmente ocupados por agentes de la CIA. Había participado activamente en el diseño y activación del Plan Colombia, en las relaciones de EEUU con Cuba y, como asesor político del Comando Sur para la invasión de Panamá.

Brownsfield presentó credenciales el 15 de octubre 2004, y comenzó con pasos positivos para un acercamiento con el gobierno, pero pronto se identificó abierta y plenamente con la oposición y con los separatistas zulianos a quienes visitó en varias ocasiones. El embajador criticó públicamente casi todo lo que Chávez hizo: compra de armas a Rusia, cooperación energética con Cuba, asociación con Irán, promoción de la integración regional y la creación de un organismo de seguridad regional sin los Estados Unidos. Brownsfield llegó hasta a comportarse provocativo quizás buscando un incidente. A esto el gobierno le respondió con absoluta indiferencia, hasta que terminó du misión, en 2007, sin fortalecer a la oposición y sin debilitar a Chávez, que en ese tiempo alcanzó el 73% de aprobación. Lo único que hizo “el tuqueque” (la lagartija) Brownsfield como era popularmente conocido,  fue dejar  tras de sí fue una montaña de dólares en manos de sus contactos de la oposición. Seguidamente el Departamento de Estado lo envió a Colombia, pensando que podría utilizar sus nexos con los golpistas de Caracas y los separatistas del Zulia. Tampoco hizo gran cosa.

PATRICK DUDDY

Negando el proverbio “no hay quinto malo”, Patrick Duddy fue el más gris del quinteto, a pesar de su fama de intelectual. No hizo sino continuar el reparto de dinero a la oposición, y en  agosto de 2008, antes de que pudiera hacer otra cosa, Chávez lo expulsó del país en un gesto de solidaridad con el gobierno de Bolivia que acababa de expulsar al embajador Philip Goldberg por complicidad con la subversión separatista de la “Media Luna”.

Cuando Obama llega a la presidencia, en enero 2009 Venezuela reanuda plenas relaciones con Estados Unidos y Duddy vuelve a Caracas, nueve meses después de haber sido expulsado. Tampoco en esta gestión hubo nada digno de mención, salvo las revelaciones de WikiLeaks sobre el financiamiento por la embajada de medios de comunicación pro-oposición: los periodistas se acercaban al embajador pidiendo dinero para combatir al régimen chavista. Hasta el fin de su misión en  Julio 2010, Duddy sólo obtuvo resultados muy pobres a pesar de sus enormes desembolsos de dinero.

El cargo de embajador de Estados Unidos en Caracas está vacante hace cuatro años. El sexto embajador iba ser el afroamericano Larry Palmer, pero no pasó el “examen de admisión”: presionado por los racistas republicanos durante su interpelación en el Congreso, habló de la “baja moral de los militares venezolanos”, y de “los nexos entre el gobierno de Chávez y las FARC”, por lo que Chávez lo vetó.

2015

La “Orden Ejecutiva” de Obama declarando una emergencia nacional por la amenaza que representa Venezuela, no es sino la conclusión natural de 15 años de fracasos diplomáticos. Y lo peor es que tanta mediocridad y torpeza política en el trato con Venezuela parece no ser una excepción sino la regla para América Latina.

.La poca calidad de los embajadores estadounidenses en Caracas no se debió únicamente a sus características personales: corresponde al retraso político de los Estados Unidos en relación al mundo contemporáneo, y al desprecio sempiterno de Washington por América Latina y el Caribe, que les impidió valorar a Hugo Chávez en toda su dimensión histórica.    

 

(*) Basado en el artículo de Nil Nikandrov del 12/02/2012.



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Eduardo Rothe


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