Refundemos los sindicatos campesinos de cara al etanol

No porque ese combustible sea el que ayude a encender la mecha para acabar con el mundo en candela, como es la idea infernal de los que hoy, por otros medios, mueven los hilos guerreristas del imperio norteamericano. Más bien al contrario, y así lo reconocemos en la opinión de los expertos en la materia (Brasil adelante). Es el resultado del procesamiento de la celulosa que, para la combustión de los motores, sirve como neutralizante de los gases contaminantes y tóxicos que expelen los hidrocarburos fósiles.

Hasta aquí es aceptable, si es que el etanol es mezclado en un porcentaje 10-90 con la gasolina, pues para sustituir totalmente al hidrofósil tendríamos que mudarnos a la luna para dejarle al etanol todas las tierras de éste planeta. Pero es oportuno preguntarse desde ya: ¿Qué comerían los Bush y sus escogidos, en los que se incluirían los titiriteros del imperio? Aunque viéndolo bien, no es una alternativa válida esa de dejarle las tierras que nos legó la naturaleza para que viviéramos en ella y de ella, en manos de los tierracogientes que ahora lo serían con mayor patraña, si nos descuidamos, basados ellos en la siembra masiva de la materia prima del etanol.

Ahora bien, titulamos esta nota prestigiando los sindicatos campesinos por lo combativos que fueron estos gremios, fundados por nosotros que luchamos en esa época contra los poderosos terratenientes, herederos del gomecismo latifundista, gomecismo que, transitoriamente se mutó en adeco-perezjimenista, hasta que volvió Rómulo Betancourt quien implantó la federación campesina con Ramón Quijada, y acabaron con los sindicatos revolucionarios de los trabajadores del agro venezolano. Entonces Rockefeller se reunió, en su finca por allá por Bejuma (Edo. Carabobo), con el guatireño y este se comprometió y en efecto promulgó, una ley de Reforma Agraria que protegía la tenencia de las grandes extensiones de tierra, a las que se fueron sumando mediante irrisorias dádivas, las pequeñas propiedades de los campesinos pobres, con la anuencia cómplice de la federación campesina. De paso, y por petición de Rockefeller, se hicieron intocables aquellas tierras a las que linderaron con sendos letreros de “propiedad privada”, que los acaparadores terrófagos se reservaban para cuando les tocara la “bulla” petrolera.

Esta historia tiene más, pero lo que interesa es el ejemplo para comparar. De ello una pregunta valedera: ¿será comparable la “bulla” petrolera a esta del etanol? No es nuestra la respuesta, por supuesto. Pero lo que no debemos descuidar, y vaya esto como una alerta, camarada presidente Chávez, Dr. Elías Jaua, Dr. Giordani: es nuestra obligación de salirle al paso a la “bulla” del etanol. No porque sea perjudicial para el ambiente y como consecuencia para los seres humanos (al comienzo lo aclaramos), sino porque, como cuando el petróleo, los terratenientes pretendan acicatear la tenencia de las mejores tierras con el pretexto de ponerlas a producir, a escala masiva, los insumos del etanol.

Ojo, ya empezamos a escuchar y a leer lo de las bondades del etanol, que no negamos. Pero no deja de sorprendernos en pleno siglo XXI, y en un país como Venezuela que revoluciona los contenidos del proceso hacia el socialismo, que se diga que “el etanol será el impulsor de la verdadera revolución del agro, del empleo y la protección del medio ambiente”.

Y también se insiste en la conseja, al estilo IESA, cuando proclaman que los venezolanos no tenemos que producir comida, si tenemos el dinero del petróleo con qué comprarla. Léase en este sentido lo que, a lo anterior, le añade el experto Diego González (Intopress, Nueva Prensa de Oriente 26-3-07): “Los biocombustibles son fuentes de seguridad alimentaria, que es un concepto distinto a soberanía alimentaria, pues los recursos adicionales generados permiten también la compra de alimentos”.

Es decir que, mientras los pueblos de América Latina, adelante nuestro ministro de energía y petróleo Rafael Ramírez, estamos conscientes que el “etanol no impacta al mercado energético pero sí el hambre en Sur América”, los avaros nos mandan a decir que no nos preocupemos por nuestras tierras y la comida que en ella producimos, porque el etanol nos pagará para que se la compremos a ellos mismos los avaros. A lo que nosotros les contestamos, con Chávez a la cabeza: cómanse sus cartonadas, que nosotros vamos a producir nuestra comida en las mejores tierras. Para el etanol la copra del coco, que también es combustible, según el experto González, y los sindicatos campesinos en coordinación con nuestro ejercito del pueblo, vigilará para que así sea.

Pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez


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