Ingeniería de una política fascista para ingenuos y analfabetas...

Supuestos paladines de la derecha insisten que “en la Venezuela de Maduro han sido conculcadas las libertades civiles y políticas”… pero entran y salen del país, muy alegres y grasos, tras apandillarse con gobiernos enemigos y perpetrar insistentes instigaciones públicas al bloqueo económico, la intervención extranjera o la invasión militar y paramilitar.

Denuncian que el hilo constitucional ha sido roto, y que la legalidad democrática ha sido vulnerada, pero han cañoneado derechos tan fundamentales como el derecho a la vida, a la alimentación, a la educación, al trabajo, al libre tránsito y a la paz.

Reclaman la falta de oportunidades de formación y trabajo para la población —y en especial para los jóvenes— pero cada vez que tienen ocasión obstruyen las calles, avenidas y autopistas, cierran el acceso a las principales ciudades y obligan a suspender las clases en todo el espectro educativo, desde el preescolar hasta el nivel de doctorados y post doctorados.

Vociferan que el socialismo empantana la libre empresa, pervierte la educación, inventa contradicciones y polarización donde reinaba la armonía social y frena la inversión extranjera. Pero acto seguido asedian la autodeterminación de los pueblos, los derechos del país a la industrialización y al progreso, al ejercicio pleno de la soberanía y de los derechos de primera, segunda y tercera generación.

Declaran que Maduro está propinando un autogolpe, pero cada vez que tuvieron el más mínimo chance planificaron e instigaron cruentas asonadas de Estado, asesinatos selectivos o al voleo, sabotajes de todo tipo, intentonas de magnicidio e hicieron todo lo anterior con comprobado apadrinamiento, seguimiento y financiamiento extranjero.

Exhortan a la población nacional, los organismos internacionales y los gobiernos de todo el mundo a que se les auxilie para que el gobierno respete sus legítimos derechos politicos como diputados, gobernadores o alcaldes, pero estos mismos diputados, gobernadores o alcaldes de la contrarrevolución no reconocieron nunca una sola de las elecciones ganadas por Chávez o por los candidatos chavistas. Ni reconocieron, reconocen ni reconocerán nunca la victoria de Maduro en las presidenciales.

Declaran que Venezuela vive un golpe de Estado terrorífico y sanguinario contra la democracia. Pero tras bambalinas entrenan paramilitares para aterrorizar y paralizar el país hasta que se les entregue en bandeja de plata todos los tesoros del país (reservas de petróleo, gas, biodiversidad, minerales estratégicos y las mil millonarias reservas internacionales en oro y divisas, como hicieron con Libia).

Arguyen que apenas asciendan al poder, Venezuela alcanzará por arte de magia el sueño del desarrollo y disfrutará por primera vez en la historia un dechado de prosperidad y felicidad. Pero siempre que han ascendido al poder sembraron de pobreza, miseria, injusticia, torturas y asesinatos nuestro país y la región.

Denuncian que en el país abundan los presos y los perseguidos políticos. Precisamente los mismos que han llamado y siguen llamando descaradamente a robar, secuestrar, saquear, trancar vías, linchar soldados rasos y policías y quemar cuanto se encuentren al paso y a quienes piensen diferente.

Se venden como jóvenes cristianos, inteligentes, estudiados, pacíficos y democráticos, pero una vez en el mando les hechiza denigrar y perseguir, acosar y hasta despedazar adversarios políticos y líderes de las barriadas populares.
Se precian de expertos adalides de las ciencias del desarrollo y la prosperidad pero lo imposibilitan a toda costa mediante sabotajes programados a la producción, la distribución y la comercialización de bienes y servicios.
Se mercadean como venezolanos criollitos de pura cepa. Pero casi todos exhiben delicados apellidos ingleses, estadounidenses o italianos y se la viven viajando y recibiendo carnosas propinas en Miami u Orlando, Nueva York o Londres, Panamá o Washington. Apellidos de la ralea de Radonski o Smolanski, Petkoff o Allup, Blyde o Goicochea, Naim o Attas, Ocariz o Aspúrrua, Ecarri o Borges Junyent no vienen precisamente de Carúpano o Barlovento.

Se precian de representar y encarnar la Voluntad Popular de millones de venezolanos y venezolanas, pero mediante paros escalonados y actos terroristas recurrentes fuerzan a quebrar los pequeños emprendimientos, las pequeñas empresas y los humildes comercios de millones de venezolanos. Todo con tal de ellos hacerse del poder absoluto sobre el Estado y la sociedad.

Exigen, impertérritos, que se les respete su sacro santo derecho a legislar en su calidad de diputados y diputadas, pero impiden a todo trance que el Ejecutivo gobierne, el Poder Moral actúe en materias de su competencia, y los tribunales realicen su trabajo de impartir justicia.

Se dicen defensores de la Constitución de 1999, pero en 1999 y durante al menos una década se opusieron a muerte a todas y cada uno de los principios, conceptos y artículos sancionados en dicha constitución por el pueblo soberano.
Llaman a administrar Primero Justicia... en todo. Pero exigen que los condenados por delitos comunes, militantes de sus organizaciones cumplan las condenas por los asesinatos, secuestros, carbonizaciones, degollamientos, atropellos y tropelías de todo molde que han cometido y que incluso, muchos de los sindicados han confesado en juicio.

Denuncian una supuesta injerencia de Cuba en todos los ámbitos de la vida nacional, pero exigen recibir de nuevo a la DEA y a la misión militar estadounidense que disfrutaba su lujosa sucursal en el mismísimo edificio del Ministro de la Defensa durante la 4ta República.

Acusaron a Chávez —y ahora a Maduro— de ser terribles y temibles dictadores, pero defendieron y defienden la inmunidad de los esbirros de Pinochet, Videla, Stroessner, Trujillo y cuanto dictadorzuelo hubo, hay o habrá, siempre que venga bien tomado de la mano de Washington.

Afirman defender los derechos de los necesitados más menesterosos del país y de la clase media, pero todos o casi todos estos fingidos líderes opositores pernoctan en lujosas mansiones en las zonas más suntuosas del país. Ostentan fortunas y propiedades en el extranjero y nadie sabe por qué pasan sus vacaciones y días festivos en hoteles y casinos de países que más que países son paraísos fiscales.

Prometen que ensenarán a los pobres a hacer riqueza como ellos la han hecho en sus múltiples empresas y consorcios. Pero omiten decir que dichas riquezas han manado precisamente no de un acto de sortilegio empresarial cuanto de la explotación económica sistemática e inmisericorde de millones de trabajadores; y de la reducción a la miseria más vergonzante de otros tantos millones.

Denunciaron que Chávez quería expropiarles los abastos a los abasteros, las panaderías a los panaderos y las carnicerías a los carniceros. Obviamente, tal cosa nunca sucedió. Pero con ese malabarismo político-discursivo consiguieron ganarle a Chávez la única elección: la de la reforma constitucional. Ahora dicen que maduro los está matando de hambre y los quiere desalojar masivamente del país.

Hace 2 años contra-revolucionarios furibundos disfrazados de oposición prometieron que, de alcanzar la mayoría en las elecciones parlamentarias, acabarían con las colas y las alzas desmedidas de precios en comercios y supermercados. Una mayoría del pueblo llano es creyó y votaron por ellos. Obviamente los furibundos no cumplieron. Pues sería ir contra los intereses más tacaños de sus propias empresas usureras.

Obviamente, no cumplieron la oferta de regular el comercio pues su agenda encubierta era —y es precisamente— perfeccionar y profundizar el sabotaje programado contra la economía, el comercio y en general la vida del país. Su plan siniestro ha sido instigar un estado de caos creciente y en todos los ámbitos que les permita degradar las condiciones normales de la existencia de millones de venezolanos para deponer a cualquier costo al Gobierno Bolivariano. Todo orientado a entregarles el petróleo venezolano en bandeja de plata y graciosamente a los niños de pecho de Washington.

Anuncian y celebran que el fin del ciclo progresista, nacionalista y socialista en América Latina y el mundo. Pero omiten decir que de 25 elecciones presidenciales en los últimos 15 años en 7 países (Venezuela, Bolivia, Uruguay, Nicaragua, Argentina, Brasil y Ecuador), tan solo una vez, la oposición neoliberal ganó en las urnas. Es decir, 1 vez de 25; o sea, el 4%.

Conforme al libreto prescrito por la CIA y otros organismos de inteligencia del imperio, contenido en la doctrina de la Guerra de Colores, las mujeres de la oposición en Venezuela suelen vestir de impoluto color blanco y portar en las marchas vistosas flores como armas mediático-culturales. Pero esas mismas activistas bacteriofobicas son hoy convencidas de deponer las flores y los vestidos de Floricienta para colectar y luego lanzar excrementos a la cara de todos los ciudadanos que reputen militares, policías, chavistas o siquiera tibios. Acción no por albur calcada de las operaciones de guerra no convencional practicadas por el Tercer Reich contra judíos, gitanos y opositores políticos al nazismo previo a su incineración masiva en enormes cámaras de gas meticulosamente diseñadas y construidas a tal fin.

El Presidente Chávez al final de su mando, así como el Presidente Maduro han explícitamente reconocido que los logros sociales alcanzados durante sus respectivos mandatos distan mucho de haber alcanzado el socialismo. Pero, en el marco de las ingentes limitaciones, contradicciones y determinaciones históricas de cada momento, el movimiento bolivariano representa la vanguardia política y social en el hemisferio y posiblemente en el mundo.

En el marco de una economía extremadamente dependiente y ferozmente asediada por facciones capitalistas y facho-imperialistas, como es el caso de la venezolana, la construcción del socialismo es una faena histórica, mediada por avances y retrocesos, que solo es posible ir alcanzando durante largos periodos de relativa estabilidad económica y socio-política. Obviamente este no ha sido ni es el caso. Visiblemente por eso la derecha fascista en Venezuela y la global emprenden sabotajes de todo cuanto pueden contra nuestro país y nuestro pueblo.

Cabe esperar entonces que el avance hacia el horizonte socialista en Venezuela, la región latinoamericano-caribeña y el mundo Sur solo será posible en el marco de importantes determinaciones y contradicciones históricas difíciles de encarar sin grandes costos. Esto no ha sido dicho con suficiente claridad.

Así, en un contexto de relativo repliegue de las economías e impulsos progresistas emergentes en todo el mundo, producto de la importante recesión económica de Occidente y una bestial contraofensiva capitalista- imperialista en contra de los países y pueblos periféricos, la resistencia en sí misma y la sola continuidad al frente del aparato del Estado representa una victoria muy importante. El Estado es una gran arma. Dejársela al enemigo de clase es mortal.
Como lo han visto prominentes intelectuales de la talla de James Petras, Atilio Borón, Claudio Katz y los venezolanos Luis Britto García y Luis Gavazut, Venezuela es el enclave geopolítico en cuyo epicentro se juega hoy el destino soberano y progresista de la América Latina y de parte del mundo. Cabe, por ende, alzar la mirada y convocar a todos los patriotas y socialistas del mundo a cerrar filas con el gobierno de Maduro, incluso conservando las críticas y señalamientos a determinados ámbitos poco exitosos, poco entendidos o insolvente explicados de su gestión.

Maduro se ha visto forzado a lidiar con un escenario en extremo más complejo y volátil que el muy complejo encarado por Chávez. Aparte le ha tocado lidiar con las contradicciones y querellas internas del chavismo post Chávez. Por si fuera poco, ha tenido que hacer frente a una ofensiva sin cuartel desde el mismo día de su elección hasta el presente. Nunca fue ni ha sido reconocido como Presidente por las supuestas alas o facciones de la oposición, la jerarquía de la iglesia católica, las universidades, las trasnacionales, el sector empresarial o por Washington. Y ello introduce un elemento de ofensiva continua y creciente que tiende a tornarse asfixiante/ terminal en abril de 2017.

No serán los lobos pro-capitalistas e imperialistas de siempre y sus hienas mercenarias intestinas en Venezuela los que ahora vengan a salvar a las ovejas trabajadoras e históricamente excluidas. Venezuela es la joya de la corona en el tablero geopolítico de nuestro hemisferio. Eso hay que entenderlo, justipreciarlo y actuar en consecuencia.

Venezuela no es Nicaragua en cuyo caso el imperio de algún modo consintió el regreso de los sandinistas al poder. La envergadura de la ofensiva a la par económica, financiera, comercial, política, diplomática, militar/ paramilitar y mediático-cultural imperialista deja entrever que Venezuela ha sido ya incluida por el “gobierno profundo” de los EE.UU como un enclave tipo protectorado, como de hecho ha sido y sigue siendo hoy Puerto Rico.

En el presente, pero sobre todo en el mediano plazo de una década, Venezuela será el casi exclusivo surtidor seguro y asequible de energía de todo el hemisferio occidental. Ello determina muy especialmente un contexto en que las ojivas nucleares se sobre avivan en las fronteras entre las dos Coreas (del Norte y del Sur) y en la incandescente línea roja Sirio-Rusa.

Para EE/UU. la toma física de faja petrolífera del Orinoco representa el arma secreta más eficaz para detener la predecible insurrección nacionalista-popular latinoamericano-caribeña mediante un chantaje energético y petroquímico (indispensables para la vida diaria, la industria y la actividad agropecuaria). El proyecto es africanizar América latina. Y ese designio de miseria y desgracia planificadas para el continente encontrará, desde luego, fuertes resistencias. El Norte lo sabe y toma sus previsiones.

¿Cómo es posible que millones de venezolanos y venezolanas de buena fe, cristianos o fieles de otras religiones, profesionales, estudiantes universitarios, académicos, intelectuales y hasta sectores nacionalistas y de izquierda no perciban la inminencia de este grave riesgo? La gestión mediática de la era del vacío postmoderna y una brillante política de instigación fascista de odio de clase es seguramente una parte de la respuesta. Nada más en Venezuela la televisión por cable en su paquete básico envenena cada año a la población con un rio de más de un millón de horas de programación diseminadoras de banalidad, falsa consciencia, pornografía ética, desinformación, aculturación e incomunicación. Esto por no hablar de la construcción de identidades narcisistas y fascistas en pequeños grupos violentos y mercenarios gestionados e instigados por las mal llamadas “redes sociales’.

La propuesta de una Constituyente originaria, promovida por el Presidente Maduro, dirigida a rehacer el contrato social entre venezolanos y venezolanas más allá de los partidos resulta así, en este contexto, no solo la mejor opción política sensata y patriota, sino a ciencia cierta la única vía. Sobre todo para no precipitarnos en una cuenta guerra civil como la de Ruanda, en la que se instigó un genocidio que resultó en casi un millón de ciudadanos asesinados, fundamentalmente a machetazos. Conservadoramente se estima que más de 800.000 personas fueron asesinadas en Ruanda y casi todas las mujeres que sobrevivieron al genocidio fueron violadas. Además, gran parte de los 5 mil niños nacidos fruto de esas violaciones fueron asesinados. Todo esto, claro, sin la ocupación humanitaria de los muchachones de la OTAN.

Como decía el padre cantor Ali Primera: No es tiempo de recular… ni de vivir de leyendas.









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Luis Delgado Arria


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