Reunión Opep-Rusia: más allá del petróleo

En estos momentos, tal y como lo propone el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, impera la necesidad de una reunión de alto nivel entre los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la Federación Rusa, para tratar asuntos energéticos y la protección del precio justo del barril de petróleo en el mercado internacional, toda vez que desde imperios rapaces han venido desatando una política de boicot, daño ambiental y dumping, acompañado con el robo energético a países a los que se han invadido a un alto costo de vidas humanas, para beneficio de una minoría imperial.

Esta propuesta hecha por el Presidente Nicolás Maduro, a todas luces luce justa y necesaria, no sólo por las repercusiones económicas a lo interno de los países productores, sino también, en los dependientes energéticamente, por cuanto desde las transnacionales que se dedican a la explotación, no sólo se están dedicando al negocio petrolero, sino que también, se han erigido en suprapoderes fácticos, que determinan la vida política, económica, social y cultural de una sociedad de consumo esclavizada por potencias explotadoras y parasitarias, que no cuentan con recursos energéticos propios, pero que por la fuerza se han impuesto, ya sea por la vía del daño ecológico a la corteza terrestre y al ecosistema con el fracking, ya por la explotación en países pobres al precio que les viene en gana, ya por guerras genocidas con la excusa de llevar la democracia, todo ello, bajo la concepción más inhumana y cruel del capitalismo multinacional avanzado.

El caso es que desde Europa, Rusia ha representando no sólo una esperanza, sino un apoyo a todos los países de dicha región que dependen energéticamente y que se resisten a caer en las múltiples formas de dominación que los imperios decadentes y parasitarios pretenden imponerles.

Por otra parte, gracias a las políticas del gobierno que preside Vladimir Putin, sobre todo, en materia energética, se ha podido morigerar y detener el avance imperial del gobierno de EEUU, que ha logrado montar una estructura bélica desde la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea (UE), para dominar, oprimir y parasitar a todo país semicolonial, con consecuencias nefastas, como Ucrania, Grecia y otros tantos a los que ya empezaron a aplicarles medidas económicas leoninas para apoderarse se sus recursos energéticos, tomando primero, sus soberanías nacionales y colocando gobernantes títeres de sus intereses.

Las consecuencias han podido haber sido peores, si no fuese por la política energética de la Federación Rusa, la que hoy es objeto de sanciones unilaterales de EEUU que no la han hecho mella, además de provocaciones de guerras fratricidas desde Europa y boicot de todo tipo, de los que el gobierno de Putin ha salido airoso para desgracia de la troika europea y de su aliado, el gobierno de EEUU.
En ese orden de ideas, el gobierno venezolano ha sorteado un conjunto de obstáculos, no sólo protegiendo los intereses propios energéticos, en especial, los del precio del barril de petróleo venezolano, sino que ha desarrollado una política de desarrollo y apoyo energético a toda la región latinoamericana y caribeña, incluso, extendiendo su radio de acción a otras fronteras y espacios allende los mares.

Estas políticas que lideró el Comandante Hugo Chávez y que ahora está profundizando el Presidente Nicolás Maduro, con PetroCaribe, PDVSA, Citgo y otras de intercambio solidario, han permitido que muchas naciones del mundo hoy vivan dignamente, sin entregarse a la voracidad imperialista, además de permitir la reactivación de otros estadios y espacios de la vida nacional, que han hecho posible el nuevo mundo multicéntrico y pluripolar, que imperios decadentes como el de EEUU fuerzan por liquidar para erigirse ellos como dueños del mundo.

Hay una gran certeza y es la de que unidos, en paráfrasis del Presidente Maduro, seremos invencibles en la construcción de ese nuevo mundo. Diríamos que si los países del BRICS junto con los de la ALBA, la UNASUR y del África nos unimos, no sólo podremos controlar un precio justo del petróleo a nivel mundial, sino que también estaremos garantizando las soberanías nacionales y el desarrollo de la mayoría de los países de mundo que hoy apostamos por el buen vivir y el vivir bien, protegiendo al planeta se toda locura imperial. Podemos comenzar por retomar el control de los precios del crudo a nivel mundial, enfrentado el dumping, el fracking, el mercado especulativo de las bolsas de valores controladas desde EEUU y Europa, además de garantizar energía a los países no imperialistas, sin sometimientos, ni chantajes.



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Luis Alexander Pino Araque


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