A propósito del Día de los Santos y los Difuntos

Imágenes de una crisis

En este escrito un poco disperso se describe desde la perspectiva introspectiva vivencial las visitas que el obispo de Roma, Su Santidad Juan Pablo II, dispensara a Venezuela en las dos últimas décadas del siglo xx, en medio de unos sacudimientos sociales más importantes producto de una crisis continuada que inicia al menos desde 1989 en la sociedad venezolana y que generó diversas reacciones, incluso una de tipo militar encabezada por el comandante Chávez en 1992 y tal vez la religión fue un vehículo para estabilizar o comunicar esperanza (la visita del Papa, digo aunque también la reacción militar de los jóvenes militares); pero también con el interés de relacionar aquellos eventos del pasado con los eventos del presente, ya que lo que acontece actualmente se ha originado en aquellos tiempos del pasado reciente.

Las visitas papales obedecen a la política vaticana, entendiendo por política un conjunto de lineamientos que se trazan las organizaciones para garantizar en el tiempo el logro de sus objetivos, el periplo del Papa por Venezuela entonces hizo parte de sus viajes pastorales a diversas naciones y regiones del mundo, que era una forma directa (proxenia) de proclamar verdades de fe con la finalidad de que su incidencia se expresara en la conformación de las estructuras sociales contemporáneas (política, economía y cultura), marcada por grandes ideologías ateas: el socialismo burocrático soviético y el capitalismo salvaje neoliberal, el mismo que Mendoza y Hausmann quieren ahora volver a desarrollar por esos lares de Dios.

San Juan Pablo II en el ejercicio del ministerio petrino desarrolló una prédica que comúnmente tenía como centro al hombre y la mujer (antropología cristiana) en el contexto de las organizaciones de trabajo (productivo y de servicios en general) y en el campo educativo en particular, que son los lugares privilegiados de la convivencia y, en consecuencia, óptimos espacios de proclamación evangélica, más que con palabras mediante el ejemplo, con la conducta cotidiana que trasluce santidad; ya que como dice el apóstol Santiago: muéstrame tú la fe con obras antes que con palabras, esto a propósito que por estos días el santoral católico celebra y conmemora, respectivamente, el Día de los Santos, el 1° de noviembre e inmediatamente después, el 2, de los Difuntos.

La perspectiva introspectiva vivencial aludida arriba en el párrafo introductorio representa una opción metodológica con fines de sistematizar cierto conocimiento implícito en la dinámica cotidiana del “hombre que se va siendo”, para decirlo con el título de un poemario de Arturo Uslar Pietri, y haciendo en tanto que sujeto cognoscente con su intrahistoria, marcado también por lo sagrado y lo profano; y que va a ser afectado por algunos eventos que según las preferencias éticas, estéticas, políticas y religiosas lo van a impactar profundamente; y esto influye en las opciones que se asumen como horizontes de realización personal cuando se es joven, concretamente y, ya de adultos contemporáneos, representa un “Mirar de lejos” o de cerca como diría el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez (2005) en uno de sus libros.

Esto quiere decir, citando a Martínez (1997, en su obra “El Comportamiento Humano”) que si bien “El método básico de toda ciencia es la observación de los datos o hechos y la interpretación de sus significados. La observación y la interpretación son inseparables” (P. 117), de allí que frente a eventos similares en la realidad socio histórica (el Día de los Santos o el Día de los muertos o las parlamentarias del 6 de diciembre de 2015) las interpretaciones pueden ser diferentes, todo puede estar resignificado de acuerdo a la aprehensión de las estructuras de significado, ya de acuerdo con el historiador Lic., Pedro Calzadilla “...la historia es un territorio de interpretaciones”, (en Correo del Orinoco, Caracas, lunes de noviembre de 2015, p. 8).

En concreto, lo que aquí se dice de las visitas papales a Venezuela en fechas distintas guarda relación con la forma cómo estas nos afectaron, en tanto adherentes de la religión cristiana católica, y la validación de este conocimiento, así como el alcance del mismo es subjetivo o de tipo naturalista descriptivo; referido a un contexto de acción restringido al ámbito personal y familiar, aunque no se puede negar que aporta una comprensión valiosa, pues emerge de una vivencia donde se hace explícito un conocimiento construido en la relación sujeto-objeto involucrado y juega papel sobre saliente no sólo la dimensión racional sino también la afectividad.

Y que si bien puede ser compartido por otras personas de manera esencial porque, digamos, comparten una similar cultura, preferencias y sensibilidad, pueden igualmente diferir de esta versión, ya que volviendo a Martínez (op cit) se está abordando fenómenos de la conducta humana, (P. 195) en su ecología natural (ídem) y “contextos empíricos relacionados con las estructuras de los eventos y con la vida de las personas así como es vivida en su autenticidad y espontaneidad”, (ídem). Ni más ni menos, y por eso suscribimos en todas las letras las frases y párrafos entrecomillados.

Similarmente, aunque vinculado a otra cosa, la campaña electoral de lo que hemos llamado “Parlamentarias del 6 de diciembre 2015”, son vividas y percibidas de manera diferente, por lo que las encuestas mediante métodos cuantitativos no necesariamente “miden” las preferencias electorales de los encuestados o el modo en que van a sufragar, como tampoco es cierta la apreciación del conocido politólogo larense, el Lic., (UFT) Piero Treppicioni acerca de que ciertas medidas electorales como por ejemplo el nuevo aumento al salario mínimo, decretado por el presidente Maduro no modifica las preferencias electorales de los ciudadano ni genera adherencias al chavismo (Diario de Lara, Barquisimeto, 1° de noviembre de 2015, p. 3); ello tal vez por el efecto psicológico que describe también el Lic., en Historia (UCV) y periodista de facto, José Roberto Duque en su artículo “Los incurables”, esto es, personas que han recibido tratamiento gratuito para graves dolencias del cuerpo, recibido becas, casas y carros y le dan la espalda a la revolución bolivariana.

Pero la recomendación es: “… actúe como los temblores de su cuerpo se lo indiquen”, (en: Cuatro F, Venezuela, noviembre. Del 01 al 08 de noviembre de 2015. Año 1 N° 48, pág. 14-15); esto es, de acuerdo a cómo lo afecten los acontecimientos del entorno y a cómo elabore conocimientos sobre esa realidad, dado que de acuerdo con Hegel todo lo real es racional, o a aquello que el sujeto atribuya que obedece a ciertas razones ciertas o no: ergo, piense bien qué es lo que más le conviene, seguir con la revolución bolivariana o restaurar el sistema del Pacto de Punto Fijo y el consenso de las élites… Volviendo a Duque la cuestión a dilucidar es apoyar “… a un gobierno en funciones que es más fácil y preferible perfeccionar antes que derrocarlo o, en caso que usted sea esa clase de chavista que se arrepintieron de serlo o no comprendieron de qué se trataba, darle la espalda a ver si el fascismo le hace la segunda de destruirlo por usted”, (ídem).

Retomemos el asunto primero que anunciáramos sobre una reflexión introspectiva-vivencial sobre una experiencia religiosa en el marco de una crisis en Venezuela contemporánea y su relación con los procesos actuales, uno de cuyos aspectos es la espiritualidad, el desarrollo humano y el horizonte de futuro de las nuevas juventudes, desde una perspectiva humano-cristiano, en concreto, relacionar el pasado con el presente permite tener una cierta comprensión sobre el comportamiento de la sociedad venezolana, ahora marcada por tantas contradicciones activadas por sus agentes particulares, con sus imágenes bien definidas.

La primera visita del Papa Juan Pablo II a Venezuela constituyó un sacudimiento personal, ( y eclesial e institucional) a tal punto que si se desagregan los elementos indicados, habría que insertar que para 1985-86 participamos de una convivencia en el Seminario Interdiocesano Divina Pastora. Durante una inolvidable semana compartimos el rigor de la vida monástica, con actividades de piedad, deporte y estudio; aunque como no era bachiller o estudiante universitario no ingresé como alumno regular por esa fecha en ese centro de estudios para el ministerio de culto.

Posteriormente fue creado el Seminario de Vocaciones Adultas de Barquisimeto, llamado precisamente Juan Pablo II, semilla que regara en ese entonces en esa visita pastoral y halló en algunos “buena tierra” para el desarrollo de su vocación y han perseverado, son testigos y propaladores del evangelio como agentes de pastoral, ahora cerrado por falta de vacaciones; ahí están como nosotros en el Instituto Pedagógico de Barquisimeto, espacio académico con cese de actividades por decisión de una asamblea de profesores y que ya muy pocos alumnos quieren estudiar y el semestre está en pico de zamuro, ya que ni FAPUV ni el ministerio de ponen de acuerdo si van a elevar las tablas salariales, aumentar el monto del bono doctoral o del seguro, así como atender el caso de que los auxiliares docentes y los medio tiempo van a quedar por debajo, otra vez del salario mínimo, según dicen; el ministro Fernández y el presidente Maduro tienen la palabra y devolver a la carrera docente su antiguo prestigio y adecuada remuneración, si es que eso ha existido alguna vez. Por eso las imágenes de esta crisis son las aulas vacías y la falta de las proveedurías estudiantiles: comedor, transporte, servicio médico, dotación de laboratorios y bibliotecas, entre otros.

Una de estas mañanas, oh casualidad o acción de la Gracia de Dios, cuando iba a misa me encontré con el agrónomo Hipólito Alvarado, docente de la Ucla en su Decanato de Agronomía, y quien además es coterráneo porque él y su familia son de Urucure, municipio Urdaneta, estado Lara, (y yo soy del caserío El Hato de Baragua), recuerdo también que es un laico comprometido, del grupo de apostolado seglar Matrimonios con Cristo, es de quienes la primera visita papal a Venezuela conmoviera y moviera a tomar esa opción cristiana; que por cierto recientemente hizo un doctorado en su área de especialización en España y gastamos bromas: que esperamos que como profesores universitarios el gobierno, ¡de por Dios! se conduela y nos aumente el sueldo, corra hacia arriba esa tabla salarial o imponga la escala móvil de salarios porque con esta crisis ya las universidades no pueden enviar a sus docentes a hacer sus postgrados en el exterior (Aunque en España, ¡Ostias! La cosa está que arde con el desmantelamiento del Estado de Bienestar y ya sean muy pocos los que se arriesguen a cruzar el charco y padecer los rigores de los recortes y donde el desempleo campea).

Una colega del Departamento de idiomas modernos del Instituto Pedagógico de Barquisimeto, nos contó también de las emociones que vivió en 1985 con la primera visita del Papa a Venezuela, donde ella como parte de un grupo católico juvenil participó en Caracas de la vigilia de oración y misa de campo en Montalbán con Su Santidad Juan Pablo II, posteriormente cuando hacía un Master en Estados Unidos también participó en un encuentro con él. Cosa que la fortaleció mucho en su fe como cristiana comprometida.

Con estos tres testimonios cabe agregar que son referencias focales de personas que evocamos ese evento y somos capaces de expresar las emociones vividas y el compromiso de vida que se adquirió en la vivencia y el testimonio de vida cristiana observante que cada cual en su particular estado ha venido llevando en su contexto familiar y en la comunidad del entorno local y regional, que es el ámbito de acción donde se despliega nuestra acción profesional y cotidiana como pueblo de Dios. Sin embargo, el impacto institucional de aquella primera visita papal a Venezuela poco se ha valorado y no se conocen estudios sociológicos a nivel eclesial o de gobierno en torno a los aportes que realizara a las estructuras que fundan y sostienen el Estado-Nación, como no sea las iniciativas de reforma del Estado con una comisión de especialistas.

y al contrario pareciera que se impuso una confusión en los espíritus, que se ha llegado a catalogar esa década de 1980 como la década perdida para el subcontinente latinoamericano, donde se sacrificaron muchas vidas ante los altares del becerro de oro del poder económico, la guerra fría y la noche oscura del neoliberalismo, con la Dama de Hierro en el Reino Unido, Reagan en los Estados Unidos de Norteamérica y los gobiernos militares en Latinoamérica, que con su Doctrina de la Seguridad Nacional aniquilaron a toda una generación. (Con esa prácticas semejantes quieren hacer regresar esas opciones políticas y económicas en estos días de Dios, nos ha parecido, subjetivamente, pues, opinión que es de validez limitada, además de que nuestro obispo López Castillo parece que es militante o de Primero Justicia o de Voluntad popular, ya que no pierde ocasión para manifestarse a favor de la oposición y hasta decir misa al inicio de las marchas de la MUD, la hemeroteca de la Biblioteca Pública Pío Tamayo está llena de referencias que respaldan lo dicho aquí).

Así se tiene que la visita del obispo de Roma en los años de 1980 halló a América Latina surcada de conflictos, luchas, violencia y pecado institucionalizado que afectaba no sólo a la sociedad civil sino también a las mismas estructuras eclesiásticas, que también estaban en conflictos intestinos y con una confusión de lenguas, actitudes y prácticas, que aún no han cesado, de tal manera que era urgente realizar esas visitas pastorales. Aunque hubiera el peligro que unos más que otros quisieran utilizar para su provecho político-militar la figura del Vicario de Cristo, un riesgo que corrió Karol Wojtyla y aún se discute si saldría bien librado de esos eventos públicos y/o privados; lo cierto es que él era muy consciente que con su carisma impulsaba a las personas de cualquier condición a tener una experiencia profunda con lo sagrado a través de la oración y la escucha atenta de la Palabra revelada.

En Latinoamérica y Venezuela en particular la Iglesia parecía dormir o adormecerse, ya no en los brazos de Morfeo sino de las clases sociales dominantes y el poder constituido que somete las consciencias con una prédica espiritualista que nada decía de la problemática que vivía el cristiano de a pié o de las catacumbas, donde libraba luchas ingentes y comprometidas, de tal suerte que en ellas se les iba la vida misma. Y l Iglesia, Pueblo de Dios, era un ancla de salvación o parte de las estructuras de pecado institucionalizo que generaban víctimas que no eran socorridas ni servía a la verdad. Una situación grave de autodestrucción no solo de la institucionalidad que debía velar por los derechos humanos en la región sino también de destrucción de la dignidad de la persona humana, por eso los cristianos de la jerarquía católica eran interpelados y se habían pronunciado como tales en las conferencias episcopales latinoamericanas de Medellín (1969) y Puebla (1978), pero esos documentos fueron poco eficaces al no implementarse como guías precisas de la acción pastoral de las iglesias particulares y menos por los gobiernos, aunque fueran de filiación socialdemócratas o democratacristianos.

Por eso las décadas de 1980 y 1990 fueron décadas del testimonio y profetas. También de los mártires, comidos por los leones del poder económico neoliberal trasnacional y los arcones del imperialismo Made in Usa, en Rusia o Europa central incluso con sus capitales golondrinos que no generaron empleos dignos sino las terrible Maquilas.

Quisimos expresar estas vivencias y reflexiones a propósito de un texto más extenso presentado y sustentado oralmente en el marco académico del programa de Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña que se desarrolla en el Instituto Pedagógico de Barquisimeto, que por estos días previos a elecciones se debate si inicia las clases o sigue con el cese de actividades, que al parecer es una parte de la cuota que la MUD ha pedido al sector universitario y las reuniones se suceden con el ministro Ing. Manuel Fernández pero los acuerdos brillan por su ausencia, mientras tanto las universidades experimentales de nuevo tipo siguen como si nada en sus actividades académicas y administrativas; en el marco igualmente de un libro que hemos adquirido recientemente sobe un mártir latinoamericano, el Dr. Ignacio Ellacuría, el teólogo y sociólogo que fuera asesinado en San Salvador en el campus de la Universidad Centro Americana José Simeón Cañas, junto a otros compañeros, en 1989, cunado por cierto éramos parte del Comité de Bachilleres sin cupo de la UPEL IPB; libro de Juan Antonio Senent de Frutos titulado “Ellacuría y los Derechos Humanos. UCA, El Salvador. (Ed. Desclee.Bilbao, España, 1998).

 


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Luís Saavedra

Docente, Trabajador popular.

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