Crítica a los intelectuales venezolanos

Da pena ver a profesionales, intelectuales, artistas, etc. como han sido anestesiados por el desarme ideológico y sin anticuerpos para defenderse de los ataques del pensamiento único, no pueden resistirse al veneno televisivo privado, a la ponzoña de la prensa y televisión convertidas en armas diabólicas; que como torrentes tan inagotables como los dólares que los sostienen, han penetrado hasta el último espacio y hasta el último instante de nuestra vida ciudadana.

Baudrillard tenía razón, hay que hacer un supremo reconocimiento al poder de la palabra y de la imagen. Es triste pero cierto: para los dueños del país ha sido todo un éxito.

Han convencido con el martilleo de la mentira y con la sutileza del engaño a demasiados intelectuales y artistas, a retirarse del ejercicio del pensamiento y de la lógica, para convertirlos en aliados inocentes de la reacción.

Con plena conciencia y sentido común, hay que reconocer y discutir los errores de este proceso, tan joven y audaz, pero también tan inexperto y defectuoso. Es más: El mismo compromiso que se tenga con este invento político cargado de originalidad mundial, en el cual todos estamos metidos, obliga a la crítica más intransigente para que no se pierdan una vez más las esperanzas de un mundo mejor. Como dice Juan Pedro Pesani.

Vemos como hombres y mujeres de inteligencia limpia y aguda, creadores auténticos con quienes en la misma orilla del conocimiento, durante décadas hemos visto, leído, escuchado y aprendido de memoria los mismos textos luminosos de la belleza. Junto con ellos hemos sufrido los mismos embates de la ignorancia y la decidía. Hoy estén en la acera de en frente por posiciones políticas, hay veces engañados o algunos actuando de buena fe. Los llamamos al debate, a la reflexión, para que juntos ayudemos a construir un mundo mejor. No queremos reeditar la versión de Platón de un texto de Homero donde “Zeus les quito la mitad de la mente a los esclavos”.

Hasta ahora la inteligencia ha sido un privilegio. El último de los privilegios. La riqueza peor repartida de la tierra. Y a la vez, la causa y fundamento de los demás privilegios.

Inteligencia es sinónimo de poder.

Mientras el talento sea usufructuado por una minoría no podrá haber justicia en el mundo. Un hombre inteligente es muy difícil que pueda ser un instrumento de nadie. El torpe siempre estaría a merced de los inteligentes.

Una masa de hombres no inteligentes siempre es conducida, con aciertos o sin ellos, por una minoría inteligente. Decía Simón Bolívar “El primer deber de un gobierno es dar educación al pueblo”.

“El primer deber de un hombre es pensar por si mismo”. Decía José Martí.

Advertencia para aquellos intelectuales que están pensando en actuar de la misma manera, con el pretexto de que se están cometiendo graves errores. Nos preguntaríamos ¿y qué hacen ellos para tratar de corregirlos?, ¿pasarse a la oposición?. Hay que luchar incansablemente, para que estos se corrijan. No hay que rendirse.


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Raúl Ramirez

Abogado, profesor y escritor. Ex-guerrillero.

 rauljoseramirez@hotmail.com

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