Alquimia Política

Sartre desde István Mészáros

La traducción de Eduardo Gasca, del texto de István Mészáros (filósofo marxista de origen húngaro, nacido en 1930), docente emérito de la Universidad de Sussex, localizada en Falmer, a cuatro millas de la ciudad de Brighton, Reino Unido; titulado “La obra de Sartre”, bajo los auspicio de la Fundación  Imprenta de la Cultura (Caracas, 2012), es uno de los trabajos más profundos y reveladores, sobre el pensamiento de quien en 1964, rechazara, gallardamente, el premio Nobel de Literatura: Jean-Paul Charles Aymard Sartre.

Sartre nació en la París de comienzos del siglo XX (21 de junio de 1905), y dejó de existir, en la misma ciudad, un 15 de abril de 1980. Reconocido como filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario, fue el más fiel exponente del existencialismo y del marxismo humanista. Nunca se olvidará cuando en aquel año sesenta y cuatro, siendo el gran favorito de las academias pare recibir el premio Nobel, una semana antes, en una carta fechada el 14 de octubre, dirigida al Comité Nobel, anticipa lo que era inevitable. Él expresó antes de que se tomara decisión alguna que “no deseaba el premio”; y no lo deseaba porque su tarea como escritor y pensador no le era dada de algún talento sobrenatural, o lugar privilegiado desde donde veía la sociedad y sus movimientos; no lo aceptaba porque era privar a la propia humanidad de su responsabilidad con su obra. Lo que él hizo fue solamente describir e interpretar los anhelos de libertad e independencia de los hombres y mujeres de su época. Esos son los merecedores del Nobel. La Academia Sueca llegó a otro veredicto: "…se le otorga el premio Nobel por la calidad de sus escritos, su anhelo de la verdad y la influencia fundamental que su pluma ha ejercido en estos tiempos…"

Sartre manifestó que no aceptaba el premio porque no quería ser "institucionalizado por el Oeste o por el Este"; era la respuesta natural del eterno contestatario en un mundo bipolar que las generaciones de ahora no han llegado a conocer. En una entrevista, que concediera en esos días a un diario francés, Sartre contesta sin ambages que no aceptó el Nobel  “…porque estimo que desde hace cierto tiempo este premio tiene un tinte político”. En cuanto a que renunciaba a una alca cantidad de dinero, Sartre responde: "Nadie me puede exigir que renuncié, por 200,000 coronas, a los principios que no son sólo de uno sino compartidos por todos los camaradas…En la actual situación, el Nobel es otorgado objetivamente a los escritores de Occidente o a los rebeldes del Este…Encuentro esta insistencia en otorgármelo un poco ridícula”.

El Sartre de István Mészáros, es dividido en tres períodos; uno, marcado por la influencia de la fenomenología de Husserl; otro, marcado por la adopción de una postura atea y la asimilación de los presupuestos del existencialismo, siguiendo las reflexiones de Heidegger respecto a la ontología de la filosofía de la existencia; y un tercero, marcado por el intento de sintetizar el existencialismo con una visión crítica y alejada de las ortodoxias dominantes del marxismo.

Mészáros esgrime que Sartre, a la par de su actividad periodística y su constante preocupación por las cuestiones sociales y políticas, construyó un modelo de referencia para los intelectuales comprometidos con la lucha contra la injusticia y las contradicciones sociales de su tiempo. Es decir, categorizó el papel del intelectual contemporáneo: un hombre comprometido con las causas sociales y políticas de su tiempo.

Una de las primeras obras de Sartre, "La trascendencia del Ego", en la que se discute la naturaleza de la conciencia, distinguiéndose de la posición adoptada por Husserl pero en clara dependencia con los planteamientos fenomenológicos, la considera Mészáros como una de sus posturas críticas más descollantes a las escuelas psicológicas de su tiempo; aparecen otros textos que combaten esa postura conformista  del pensamiento psicoanalítico freudiano; títulos como "La imaginación" y "Lo imaginario"; y en el género literario "La náusea"; son un ejemplo de su intención por romper los esquemas tradicionales que a su entender, y al de Mészáros, no responde a las verdades de estos tiempos.

Es a partir de 1952, cuando la actividad filosófica de Sartre se vuelve hacia el existencialismo; con obras como "El ser y la nada”, adquiere su pensamiento los principales elementos que lo hacen tornarse irreverente ante el estatus establecido como verdad probada y comprobada. El positivismo crudo y deshumanizado de la escuela francesa tradicional, se confronta con una mirada a las relaciones materialistas de la historia; es una visión marxista científica que el propio Sartre la lleva a la praxis ideológica a través de las categorías libertad, igualdad, solidaridad, justicia… No va hacia las formas más ortodoxas de marxismo, sino que mostrará su interés hacia quienes ven el marxismo como una forma real de poder político que influya directamente sobre el colectivo; ello no escapa a su aguda crítica, sobre todo, a los aspectos en que un régimen totalitario choca con su concepción existencialista del ser humano como libertad. La síntesis de esta postura, esgrime Mészáros, está en su obra "Crítica de la razón dialéctica", considerada como una declaración de su ruptura con el existencialismo, aunque en fue una confirmación de la realidad desde la postura existencial sartreana.

Sartre, visto por Mészáros, hace del existencialismo un movimiento filosófico humanista, que aunque ya tenía sus adeptos en 1927, con la publicación de "El ser y el tiempo", del filósofo alemán Martín Heidegger, no había sido entendido más allá de las razones ontológicas, del ser, y axiológica, valores, propias del tecnicismo filosófico que llegó a ser, en un momento de la historia, incapaz de trascender más allá del espíritu del hombre. Sartre va más allá del espíritu y se anida en el horizonte lineal de la claridad del alba, donde pueda no sólo ver la verdad, sino intimar con ella.

El lugar común del existencialismo en el pensamiento sartreano es que todas las filosofías de la existencia arrancan de una llamada "vivencia existencial", que es entendida de diversos modos por los existencialistas: como fragilidad del ser", como "marcha anticipada hacia la muerte", o como "repugnancia o náusea general". El tema principal de investigación es la existencia, entendida como '`un modo de ser particularmente humano"; el ser humano es, el único animal que tiene existencia, en ese preciso sentido. La existencia es concebida como una actualidad absoluta, no como algo estático, de lo que se pueda decir que es, sino como algo que se crea a sí misma en libertad, que deviene, que es un proyecto. La existencia, por lo tanto, es algo que pertenece sólo a los seres que pueden vivir en libertad.

A todas estas, esgrime Mészáros, el ser humano es pura subjetividad, es decir, puro despliegue de su capacidad creadora, de su capacidad de ser para sí mismo, de su propio hacerse, de su existir. El ser humano se crea libremente a sí mismo, es su libertad.

Mészáros ve en la noción de existencia del pensamiento de Sartre, una de las máximas claves para entender los caminos que construye el hombre hacia la contemplación de su miseria o su grandeza humana. La afirmación de que "la existencia precede a la esencia", es la distinción entre esencia y existencia llevada a la filosofía occidental de la mano de Tomás de Aquino, quien la había tomado de Avicena, y fue utilizada por él en el contexto de su teología para fundamentar la distinción entre los seres contingentes y el ser necesario, a fin de poder conciliar sus planteamientos aristotélicos con las exigencias de la revelación y los fundamentales dogmas del cristianismo.

Según tal posición, Dios, el ser necesario, es el único ser en el que la esencia se identifica con la existencia, es decir, el único ser cuya esencia consiste en existir. Según tal distinción entre la esencia y la existencia, la posición de la metafísica tradicional respecto a la relación Dios/seres humanos podría reducirse a una sencilla explicación del tipo: Dios piensa el ser humano (su esencia) y posteriormente lo crea, es decir, le da existencia a la esencia pensada, del mismo modo que un artesano piensa primero el objeto y luego lo construye según lo pensado ¿Qué ocurre si se suprime a Dios de esa relación? ¿Cómo explicar la existencia de los seres humanos de la realidad? Sartre, al partir de la negación de la existencia de Dios, y no desde una posición agnóstica sino desde un ateísmo radical, formulará una explicación distinta de lo que se entiende por existencia, y de lo que la existencia significa en el caso de los seres humanos; si se suprime a Dios, el esquema tradicional carece de sentido, y no hay una esencia eterna a la que un ser supremo dota de existencia. La existencia de los seres humanos no se puede ya reducir a la realización de una esencia pensada por Dios.

A todas estas, el Sartre de Mészáros, es un creador; un modelador del ser de la nada, el ser humano que alberga en sí mismo la nada: el ser del ser humano es la nada. No hay que entender esta nada como si el ser humano en si mismo fuera absolutamente nada. Lo humano es su no determinación, su libertad, su nada. Sartre, además, da forma a otra categoría: el para-sí (el ser humano); el cual caracteriza como  tendencia a la nada, tendencia al otro, y tendencia al ser.

En una palabra, la tendencia del ser humano a la nada se descubre en la conciencia y en la libertad; Mészáros alude a que esta no es una propiedad del ser humano sino que es su propia esencia. El ser humano huye de la angustia y de este modo trata también de sustraerse de su libertad. Lo que piensa Mészáros de la obra de Sartre es que cubre un área enorme y muestra una variedad inmensa; pero no se puede decir que en ella los árboles ocultan el bosque, sino que, por lo contrario, la obra de toda la vida de Sartre, en su conjunto, es la que da el mensaje liberador y emancipador de la conciencia, porque allí radica el secreto del ser humano, no en sus fantasmas materiales o imperios descomunales. El mensaje de Mészáros es claro: hay que volver a Sartre para andar junto a él en la búsqueda de la libertad, único fin y desafío de la historia humana.*.-

azocarramon1968@gmail.com

 



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Ramón E. Azócar A.

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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