Propuestas para una nueva Universidad

INTRODUCCIÓN:

Las siguientes ideas deben ser analizadas como parte de un todo, pues responden a una perspectiva de cambio en la educación superior venezolana. Por sí misma, cada una de estas propuestas no tendría valor alguno. Incluso, la aplicación de todas ellas tampoco tendría repercusiones reales si no se constituyen los actores sociales concretos que se identifiquen con los cambios paradigmáticos propuestos y que hagan ejecutar las normativas que sugerimos.

Hemos intentado resumir aquí una serie de ideas que hicimos públicas en el período 1998-2001, cuando el triunfo electoral del presidente Chávez abrió expectativas de cambio al interior de las universidades venezolanas. La toma del Consejo Universitario de la UCV (en marzo de 2001) por parte de un grupo de estudiantes revolucionarios que lanzó la consigna de la transformación universitaria, constituyó el punto más álgido de este período. Lamentablemente, el gobierno bolivariano le dio la espalda a esta iniciativa, la cual finalmente fracasó mediante la represión orquestada por las propias autoridades de la UCV y los sectores más reaccionarios y fascistas de su comunidad.

Cuando hoy desde el gobierno bolivariano se deshacen en loas hacia la dirigencia estudiantil revolucionaria que intenta salirle al paso al movimiento estudiantil reaccionario que lamentablemente ha surgido en las universidades públicas y privadas, deberiamos recordar que fueron estos mismos funcionarios gubernamentales los que en el 2001 abandonaron a su suerte a los activistas estudiantiles que ejecutaron la toma del Consejo Universitario en la UCV. Estos camaradas fueron expulsados de la universidad hasta por cinco y más años, sus respectivas carreras académicas fueron cercenadas, su estabilidad personal destruida, y aún hoy probablemente no han podido recuperar el tiempo perdido. El fracaso de esta experiencia, influido en parte por la falta de apoyo gubernamental, significó el fortalecimiento de la derecha más retrógrada dentro de las universidades autónomas.

Considerando esta experiencia del 2001, no habría que analizar mucho para concluir que buena parte de la responsabilidad sobre lo que está ocurriendo hoy (nos referimos a la ola de protestas estudiantiles luego del cese a la concesión de RCTV) radica en la conducta asumida por el propio gobierno bolivariano en estos nueve años de revolución. La ausencia de políticas claras hacia el sistema educativo en general y hacia las universidades en particular debe superarse. Como una contribución a esta realidad que hoy nos golpea de manera contundente, aportamos estas ideas para el debate, aspirando que en el corto plazo se pase a la ejecución práctica de las medidas consensuadas que resulten del debate mismo.

1. ¿PARA QUÉ TRANSFORMAR A LAS UNIVERSIDADES?: DEL PARADIGMA POSITIVISTA AL PENSAMIENTO COMPLEJO.

El proceso de transformación de las universidades venezolanas debe considerar, entre otros elementos, la insurgencia de los nuevos paradigmas del conocimiento que han propiciando, en este mundo globalizado en que vivimos, una ruptura epistemológica con la ciencia positivista tradicional. Específicamente nos referimos al paradigma holístico y la transdisciplinariedad.

Hasta el presente, el enfoque predominante en los procesos de producción y difusión del conocimiento científico ha sido el de la diferenciación de dicho conocimiento en una multiplicidad de disciplinas autónomas, que tiene por fundamento la separación entre el trabajo manual y el trabajo intelectual propio de la sociedad capitalista, en la fragmentación y la parcelación del saber y el hacer. De esta forma se han construido una serie de “disciplinas científicas”, cada una de ellas con un objeto de estudio, unos marcos conceptuales, métodos y procedimientos específicos. Se han creado escuelas, cátedras, asignaturas, títulos, exámenes, asociaciones profesionales y parcelas de poder universitario para cada disciplina: médicos, abogados, ingenieros, sociólogos, pedagogos, etc.

El problema de esta parcelación disciplinaria del conocimiento radica en que cada una de estas disciplinas estudia por cuenta propia el mismo objeto de estudio, que es la sociedad en la cual actuamos, pero mantienen una total desconexión e ignorancia entre lo que cada una realiza, lo que constituye un obstáculo para la comprensión real y completa de los fenómenos de los que se ocupan (Torres, 1994).

La ruptura de fronteras entre las disciplinas, a consecuencia de la multiplicidad de áreas científicas, de unos modelos de sociedades más abiertos, y de la mundialización de la información, unido a la complejidad del mundo y de la cultura actual, obliga a considerar modelos de análisis más complejos, buscando desentrañar los problemas con múltiples lentes, tantos como áreas del conocimiento existan.

Se debe elaborar una lógica de la complejidad, que entienda que la sociedad es un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados: que presenta la paradoja de uno y múltiple (Morín, 2000). La complejidad es una palabra problema, no una palabra solución, ya que es una forma de dialogar con la realidad donde no hay respuestas simples, como en el paradigma cartesiano (Yus Ramos, 1996). Las disciplinas se han caracterizado por su adscripción al paradigma de la simplicidad.

El reconocimiento de los procesos complejos, desarrollando el paradigma de la interdisciplinariedad, implica una ruptura epistemológica, acompañada de profundos conflictos cognitivos (Lanz C., 1998). De manera general, estamos en presencia de un cambio teórico-metodológico en la ciencia, en el proceso de producción de conocimientos. La crisis universitaria en Venezuela no hace más que confirmar los presupuestos de Thomas Kuhn sobre las revoluciones científicas, al afirmar que la crisis es una condición previa y necesaria para el nacimiento de nuevas teorías (Kuhn, 1986). Lo que ha entrado en crisis no es ésta o aquella teoría de la ciencia sino la ciencia misma. Lo que no volverá es la pretensión de hacer pasar como ‘universalmente válido’ lo que es en verdad una determinada visión del mundo, una muy parcial manera de ver las cosas. Se trata de apostar por una nueva ciencia (Lanz. R, 2006: 42).

En las universidades venezolanas, la creación de facultades y escuelas significó la construcción de verdaderos feudos (más que feudos, conucos), al territorializar el conocimiento a base de parcelas, en las que es casi imposible entrar y participar. El colectivo de especialistas ha delimitado de tal modo su parcela que impiden el ingreso de todo aquel al que no consideren con las suficientes credenciales, o no defienda los mismos presupuestos teóricos. De esta forma, las escuelas y facultades se han convertido en un fin en sí mismo, duplicando funciones académicas en la docencia y la investigación, sólo para satisfacer los privilegios de cada señor feudal. Las características de estos feudos y conucos son los particularismos de sus productos académicos, la rigidez de las estructuras mentales, el conservadurismo para enfrentar los cambios, los celos por las críticas y los desarrollos innovadores, el importante peso del trabajo rutinario, y la reproducción al infinito de su práctica burocrática, mediante la cooptación de nuevos profesores que reproducen los mismos vicios.

Hay que cortarle la cerca a los conucos, trascender los feudos disciplinarios y derrocar a los mandarines del saber. Esto implica la eliminación de las escuelas como estructuras universitarias, la unificación de las facultades en grandes áreas del conocimiento, como las Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales, Ciencias del Agro, Ciencia y Tecnología, la creación de los programas de carreras como nueva estructura y la verdadera departamentalización, transfiriendo a los Departamentos gran parte de las decisiones que hoy controlan los Consejos Universitarios y Consejos de Facultad.

De esta forma se darán pasos reales para transformar la universidad, desmontando la estructura burocrática-clientelar que la está corroyendo, construyendo una institucionalidad acorde a la globalización del conocimiento y al mismo proceso revolucionario que se desarrolla hoy en Venezuela, donde la academia impere sobre los intereses grupales, y se puedan dar las respuestas que las grandes mayorías populares nos reclaman.


2. LA CIENCIA NEUTRA Y LA CIENCIA COMPROMETIDA CON LOS INTERESES POPULARES Y NACIONALES.

La influencia del positivismo en el desarrollo científico contemporáneo difundió la conocida tesis de la neutralidad de la ciencia, de la “objetividad” del análisis científico, tesis que parte de considerar que la realidad es plenamente externa y objetiva, y que nuestro aparato cognoscitivo es una especie de espejo o cámara fotográfica que la reproduce fielmente. A partir de esta premisa se supone que los científicos pueden emitir una única y “objetiva” opinión sobre cada hecho o fenómeno natural o social que es sometido a su estudio. Surge así la ciencia neutral, la que mira los toros desde la barrera1.

Pero las premisas anteriores se estrellan ante una realidad mucho más compleja. Primero que todo el conocimiento científico tiene su propia historicidad, es decir, varía de acuerdo a cada época histórica. Esta variación se debe a nuevos datos y nuevas teorías que puedan surgir; pero también tiene que ver con los valores que predominan en cada sociedad. Esto último se relaciona con los intereses sociales implícitos dentro de un conjunto social determinado. De acuerdo a los intereses del grupo social que genera el conocimiento en cada época determinada, y a los valores morales de dicho grupo, la ciencia puede presentar multitud de versiones sobre un mismo aspecto analizado. Es decir, la burguesía tiene su propio concepto sobre la ciencia, y los trabajadores y sectores oprimidos por el capital debemos desarrollar igualmente una visión sobre la ciencia acorde a nuestros intereses como clase.

Ni la ciencia ni la tecnología son neutras, como formas de producción y aplicación del conocimiento científico (Proceso Político, 1978: 74). La ciencia tiene un carácter histórico, responde a cada época determinada y al tipo de sociedad que la desarrolla2. También tiene la ciencia un carácter de clase o de grupo social, pues responde a uno u otro de los distintos y contradictorios intereses de clase que están en conflicto en una sociedad determinada. En las ideas de Marx sobre la totalidad concreta está implícita una visión del conocimiento científico más integral que la conocida división en disciplinas que introdujo el positivismo3. Sobre este punto, las nuevas tendencias que promueven la interdisciplinariedad, la multidisciplinariedad y la transdisciplinariedad apuntan a cuestionar la manera como hasta ahora se produce el conocimiento científico en nuestras sociedades.

La ciencia positivista también hacía desaparecer al sujeto dentro del proceso del conocimiento. Pero sucede que el análisis del “objeto” que se estudia es predeterminado por el “sujeto” que investiga. Sujeto y objeto no son dos entidades separadas, como piensan los científicos positivistas. El sujeto-investigador forma parte del objeto que se investiga, en la medida en que integra un mismo conjunto social y una misma época histórica. Además, ese objeto estudiado es delineado por el propio investigador. De esta forma, cada investigador aporta su propia versión al fenómeno estudiado, condicionado por el tiempo y el espacio en que actúa, los intereses sociales que defiende, las teorías y métodos que utiliza, y hasta por sus gustos personales.

La visión positivista de la ciencia “pura, objetiva y exacta” fue superada a lo largo del siglo XX por los avances en las ciencias físicas, particularmente por la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. El principio físico de indeterminación, y la teoría del caos, han relativizado la verdad científica a nivel de las ciencias naturales, sin que por ello se ponga en duda su carácter mismo de ciencias (Barros, 1995: 110). Pese a ello, siguen prevaleciendo en muchas disciplinas una visión positivista ortodoxa sobre la ciencia, que no acepta la relatividad del conocimiento.

Bajo el manto de la neutralidad de la ciencia se ha ocultado una actitud que justifica implícitamente la existencia de relaciones de subordinación entre países y entre seres humanos, que son impuestas por quienes controlan los principales mecanismos de producción de conocimientos y nuevas tecnologías. La idea que se vende es que todo adelanto científico y tecnológico es bueno para la humanidad, y por tanto, debemos incorporarnos a esa vorágine desarrollista que es promovida por los centros del poder mundial globalizado. Pero las crisis ecológicas que se están gestando en diversos lugares del mundo son el alerta más contundente hacia esta interpretación simplista sobre la producción científica.

Reconocer que los conocimientos científicos no son verdades absolutas, es al mismo tiempo una forma de contribuir a democratizar dicha producción de conocimientos. Hasta ahora, la ciencia es sólo obra de “especialistas”. Pero todos los seres humanos somos capaces de producir conocimiento científico, si analizamos y sistematizamos nuestras experiencias cotidianas, y las comparamos con nuestros conocimientos acumulados del estudio o de experiencias anteriores. Esto no quiere decir que producir ciencia sea una tarea fácil. Lo que queremos recalcar es que cada uno de nosotros puede superarse y ampliar progresivamente su capacidad de análisis científico. Cuando tengamos una sociedad que no dependa de los especialistas, tendremos una sociedad mucho más democrática.

Hoy en Venezuela y toda América Latina, la ciencia debe orientarse principalmente a dar respuestas y explicaciones a los procesos de conflicto y cambio que estremecen a nuestras sociedades. Los investigadores deben cumplir la función de clarificar a la sociedad sobre los procesos económicos, políticos y socioculturales que han permitido que nuestra dependencia y subdesarrollo se prolonguen por décadas y siglos, a fin de facilitar su comprensión y profundizar en la determinación de nuevos rumbos al desarrollo nacional y latinoamericano.

La misión del investigador debe ser la de recuperar el compromiso con los intereses fundamentales de la nación y de las grandes mayorías sociales. En cierta forma, proponemos la redefinición del papel de la ciencia y de los intelectuales dentro de la sociedad. En momentos que la globalización pareciera arropar al mundo bajo el manto uniforme de la economía neoliberal, la democracia burguesa y la cultura occidental, una ciencia vista en una perspectiva latinoamericana debe servirnos para construir nuestro propio camino de desarrollo en lo económico, político y social (López, 2003: 111).

La construcción del socialismo del siglo XXI, como rumbo fundamental de la República Bolivariana de Venezuela, implica necesariamente una redefinición teórica y práctica de la forma de construir y transmitir el conocimiento científico. Cuestiones como el modelo de desarrollo endógeno, la ruptura con los centros de poder mundial (con instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial), el enfrentamiento con la principal potencia imperialista, la promoción de nuevas instituciones como el ALBA, el Banco del Sur, las nuevas perspectivas de los procesos de integración y desarrollo económico, la democracia participativa como superadora de la democracia representativa liberal, y el objetivo de cambiar las relaciones capitalistas de producción a favor del cooperativismo y la autogestión de los trabajadores en las empresas, son aspectos cruciales del plan de desarrollo nacional que deben ser incorporados como ejes transversales de todo el currículo de la educación superior en Venezuela.

Estas cuestiones mencionadas implican un cambio de rumbo absoluto en cuanto a lo que venía siendo el modelo de desarrollo nacional desde el gobierno de Páez en 1830 hasta Caldera en 1998. Es evidente que si este cambio de rumbo como país no se manifiesta en nuestro sistema educativo, difícilmente se podrá transitar por el camino de la construcción del socialismo del siglo XXI.


3. CAMBIAR LA EDUCACIÓN PARA CONSTRUIR EL SOCIALISMO.


La educación tradicional ha estado sometida a la crítica en las décadas recientes, parte de cuyos debates han tenido amplia difusión en el medio universitario. En Venezuela se ha adelantado todo un proceso de cambio educativo a partir de 1999, el cual ha tenido sus expresiones más resaltantes en la creación de las Escuelas Bolivarianas, en el desarrollo de las misiones educativas (Robinson, Rivas, Sucre), y en la creación de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

De todas estas experiencias y reflexiones intentaremos resumir los aspectos que apuntan al deber ser de la nueva educación superior venezolana4:

* Superación de la concepción que ve el currículo como un modelo o diseño estandarizado, entendiéndolo ahora como Desarrollo Curricular, el cual promueve la formación general para seguir aprendiendo. “El currículo no es un problema técnico, sino que en el qué y cómo aprender, cuáles contenidos escogemos, cómo los estructuramos y presentamos, qué metodología empleamos, cuál didáctica proponemos, cómo evaluar y acreditar los saberes, todo esto descansa en una determinada concepción del mundo, de la sociedad y del desarrollo, tamizados por diversos intereses: de control y dominio, o de liberación y emancipación. Por eso resulta inaceptable la ‘neutralidad axiológica’ postulada en nombre de la ciencia y la técnica” (Lanz C., 2007-a: 3).
* El proceso de formación permanente está vinculado a la investigación y la innovación para desarrollar un patrón tecnológico que responda a los indicadores de la calidad de vida y el desarrollo humano, descartando la perspectiva que valora el crecimiento de los indicadores macroeconómicos como el PIB y el ingreso per cápita.
* Se propone un currículo bajo una concepción humanista, donde la economía, la ciencia y la tecnología estén al servicio de los seres humanos. Por más productiva que sea la tecnología, si ésta genera desempleo, depreda el ambiente y genera mayor dependencia, debe ser rechazada, revisada, desagregada y adaptada a nuestras necesidades. El lema debe ser “ciencia con conciencia”, “tecnología con pertinencia”.
* Superar los anacronismos curriculares de nuestras universidades, que hacen que los aprendizajes no tengan pertinencia socio-cultural.
* Promoción de valores dirigidos al cambio de las relaciones capitalistas de producción. Superar el afán de lucro y la máxima ganancia como móvil social, apuntando a la satisfacción de las necesidades colectivas. Primacía de los valores de uso sobre los valores de cambio.
* Formación histórico-cultural con conocimiento pleno de nuestras raíces y del acervo histórico como pueblo (Lanz, C., 2007-b: 1). Respeto de la diversidad cultural.
* Educación que promueve una revolución cultural y productiva, basada en el desarrollo endógeno sustentable y la economía popular.
* Superación de las prácticas pedagógicas tradicionales, memorísticas y repetitivas, desarrollando métodos y estrategias didácticas no estandarizadas y produciendo recursos para el aprendizaje flexibles y contextuales. Incluye una reflexión crítica sobre los sistemas de evaluación aplicados por los docentes.
* Desarrollo de una práctica docente vinculada con el trabajo productivo, con el entorno social y natural, con el patrimonio cultural de las comunidades, con la problemática general que confronta el país, haciendo énfasis en la pertinencia social de los aprendizajes.
* En el plano de la investigación, se plantea construir un modo de producción de conocimientos más democrático, participativo e implicante, incorporando diversas opciones epistemológicas y superando el monismo metodológico.
* Superar la dicotomía investigación básica e investigación aplicada, formulando líneas de investigación que permitan innovar y crear conocimientos y tecnologías propias, así como adaptar y transferir las tecnologías accesibles.
* Articulación entre el desarrollo científico-técnico y el desarrollo independiente e integral del país, de acuerdo al plan general de la nación.
* Otorgarle a la investigación el necesario peso curricular, vinculándola a la resolución de problemas nacionales y locales. Otorgar igualmente mayor respaldo financiero a la investigación, y el reconocimiento y fomento del trabajo investigativo entre los profesores.
* En materia de extensión, superar las concepciones eventistas y simplemente difusoras de las actividades de extensión. Superar igualmente la concepción de la extensión como un mecanismo para obtener ingresos propios. Construir relaciones sólidas entre la universidad y la comunidad, impulsando propuestas en áreas de interés social (tales como salud, educación, vivienda, servicios públicos) en conjunto con organizaciones sociales diversas (consejos comunales, sindicatos, cooperativas, etc.).
* Otorgarle a la extensión universitaria un mayor peso académico al que hasta ahora ha tenido curricularmente y en la misma actividad de los docentes.
* Fortalecer la formación del estudiantado al calor del desarrollo de la ley del servicio comunitario, mediante la creación de valores en cooperativismo, solidaridad, cultura democrática, gestión participativa de los asuntos públicos, superando el individualismo, la competitividad, la intolerancia, la discriminación de género, racial y social.
* Socialización de la investigación universitaria, vinculándola a los sectores estratégicos de la nación: petróleo, manufactura, agricultura.
* Desarrollo de la municipalización de la educación universitaria, respaldando la experiencia de las aldeas universitarias y la aplicación de modalidades no convencionales de aprendizaje.




4) PROPUESTAS PARA UNA NUEVA LEY DE EDUCACIÓN SUPERIOR.


Exponemos a continuación una serie de ideas que en años recientes hemos venido elaborando, las cuales intentan señalar un primer paso en el proceso de transformación de nuestras universidades. Su ejecución por sí mismas no sería garantía de cambio verdadero, pero pensamos que su aplicación en un futuro cercano contribuiría a crear un clima de transformación y cambio dentro de las universidades, imprescindible para acercarnos a ese ideal de instituciones educativas que antes esbozamos.

A) SOBRE LA ELECCIÓN DE LAS AUTORIDADES RECTORALES:

El cuerpo rectoral será electo mediante votación de toda la comunidad universitaria, entendiendo por comunidad universitaria al personal docente, administrativo y obrero, y a los estudiantes.

De manera específica, tendrán derecho a voto:

* Los profesores activos en la categoría de instructores, asistentes, agregados, asociados y titulares.
* Los profesores contratados, que tengan más de un año en esa condición.
* Los estudiantes que estén debidamente inscritos en el período lectivo en el cual se realicen las elecciones.
* Los profesores jubilados que se mantengan impartiendo docencia en los dos años anteriores al momento de la elección.
* Los empleados administrativos y obreros en condición de activos.
* Los representantes de los egresados, a razón de cinco por cada colegio profesional.



No tendrán derecho a voto:

* Los profesores jubilados, y de manera general todo el personal jubilado de la universidad.
* Los empleados y obreros contratados.



La proporción del voto se establecerá de la siguiente forma:

* El voto estudiantil será equivalente al 200 % del voto profesoral.
* El voto de empleados administrativos y personal obrero será equivalente al 25 % del voto profesoral.



Para ocupar el cargo de Rector, Vice-Rector, Secretario o Decano, se requiere cumplir los siguientes requisitos:

* Ser personal docente activo de la institución, con categoría no menor de Asociado.
* Tener una antigüedad de al menos 10 años impartiendo docencia en la institución.
* Ser investigador activo, lo que implica haber sido responsable de proyectos de investigación durante los cinco años anteriores, y haber publicado al menos tres artículos científicos en ese período.
* Tener una trayectoria reconocida en la docencia, la investigación y la extensión, que incluya el desarrollo de proyectos de investigación y de extensión, haber publicado al menos diez obras o artículos científicos, entre las cuales deben existir al menos un texto de la materia que haya dictado en su labor docente.



JUSTIFICACIÓN:

La participación democrática del sector estudiantil en la elección de autoridades es un clamor que tiene años, y que actualmente se ha revitalizado con la situación conflictiva que se ha generado en las universidades.

La propuesta de participación de empleados y obreros busca el cumplimiento de preceptos constitucionales que establecen la no discriminación y la participación libre en los asuntos públicos (art. 21 y 62).

Con relación a la eliminación del voto del personal jubilado, la razón de mayor peso se refiere a la desvinculación de este tipo de personal para con la propia institución, lo que deforma las razones bajo las cuales determinan su voto en el sistema actual.

En el caso de los requisitos para ser autoridad, se busca combatir a los políticos profesionales, y permitir que sean verdaderos académicos quienes estén al frente de las instituciones universitarias.

De manera general, esta propuesta busca enfrentar la hegemonía que sectores conservadores y burocráticos mantienen en las instituciones universitarias5. Aunque esta cuestión sólo puede resolverse con un poderoso movimiento de la propia comunidad universitaria, la modificación democrática del mecanismo de elección de autoridades genera condiciones más favorables para que los sectores democráticos que propugnan cambios y mantienen posiciones críticas tengan espacios más amplios de participación dentro de las universidades.


B) ELECCION DEMOCRÁTICA DE LA COMISIÓN ELECTORAL UNIVERSITARIA.

La Comisión Electoral de la universidad respectiva será electa por votación directa y secreta de la comunidad universitaria, y estará integrada de la siguiente forma:

* Tres representantes de los profesores.
* Tres representantes de los estudiantes.
* Un representante por los empleados administrativos y personal obrero.



La elección de estos representantes se realizará de acuerdo a los siguientes criterios:

* Los representantes profesorales serán electos mediante votación de todos los profesores que tienen derecho a voto para elegir autoridades rectorales y decanales.
* Los representantes estudiantiles serán electos por votación de todos los estudiantes debidamente inscritos en el período lectivo respectivo.
* El representante de los empleados administrativos y personal obrero será electo por votación de todos los empleados y obreros en condición de activos, y que no sean contratados.



La Comisión Electoral que resulte del proceso anterior durará cuatro años en sus funciones. La Comisión Electoral designará de su seno a un presidente, cuya función durará un año.

JUSTIFICACIÓN:

Actualmente, los CU designan a las comisiones electorales. Cuando las comisiones electorales deciden algo que no es apoyado por la mayoría dominante en el respectivo CU, proceden a destituir a la comisión electoral, y designan otra más dócil y obediente. Así ha ocurrido en LUZ en varias oportunidades en años recientes. En diciembre de 2005, la comisión electoral de LUZ desproclamó al cuerpo rectoral; el consejo universitario procedió en menos de 24 horas a destituir a esa comisión electoral, y nombró a otra que nuevamente proclamó al actual cuerpo rectoral. En las elecciones rectorales del 2000 ocurrió algo parecido. Lo más sano en términos democráticos, es que exista una comisión electoral independiente del Consejo Universitario.


C) LOS DEPARTAMENTOS COMO ESTRUCTURA BÁSICA DE LA NUEVA UNIVERSIDAD:

La desconcentración de las funciones que actualmente monopoliza el Consejo Universitario tiene que complementarse necesariamente con el otorgamiento de un poder real a los departamentos sobre la vida académica de la institución. De nada servirá desconcentrar arriba, si la gran mayoría de profesores sigue sin poder participar de la toma de decisiones académicas.

La Asamblea de Departamento debe alcanzar la categoría de organismo base de la democracia universitaria. Y los Jefes de Departamento deben asumir un estatus equivalente al de los actuales directores de Escuela, con la diferencia que los primeros serían electos por la asamblea de profesores del departamento.

Las atribuciones que tendrían los departamentos son las siguientes:

* Elaborar y aprobar los planes operativos del departamento en docencia, investigación y extensión.
* Elaborar y aprobar los diseños curriculares de las áreas que correspondan a cada departamento, acordes a los parámetros establecidos por el Ministerio de Educación Superior.
* Designar jurados y aprobar las decisiones de los jurados en concursos referidos a ingreso de personal docente. Las apelaciones se realizarían en el Consejo de Apelaciones.
* Designar jurados y aprobar las decisiones de los jurados en los trabajos de ascenso.
* Aprobar todo lo referente a permisos para actividades académicas (docencia, investigación y extensión, becas, años sabáticos).
* Diseñar y aprobar los planes de formación de los miembros del departamento, incluyendo a los becarios académicos.
* Otorgar avales académicos para docentes y estudiantes en casos de tramitación de becas, financiamiento a proyectos de investigación y otras actividades académicas.
* Designar jurados y aprobar las decisiones de los jurados para los Trabajos Especiales de Grado en pre y postgrado.
* Administrar los presupuestos asignados para las actividades académicas del departamento.



Se debe normar que tanto en las Asambleas de Departamento como en los Consejos Departamentales debe existir una representación estudiantil, electa democráticamente por los estudiantes de la respectiva Facultad o Núcleo.

Se debe normar que tanto en las Asambleas de Departamento como en los Consejos Departamentales debe existir una representación de las comunidades ubicadas en el ámbito territorial de la universidad, electa democráticamente según lo establezca la ley o reglamento respectivo (pudiera vincularse a la actividad de los Consejos Comunales).

JUSTIFICACIÓN:

El proceso de transformación en las universidades debe incluir necesariamente la desconcentración del poder de decisión sobre los asuntos académicos, que hasta el presente mantiene bajo control absoluto el Consejo Universitario. Esta circunstancia ha tergiversado la academia, como todos parecen aceptar en la actualidad. Por una parte, existen demasiadas instancias para decidir la rutina académica de la institución, lo que genera una absurda lentitud para cualquier trámite cotidiano, además del gasto burocrático que ello implica. Por otro lado, el Consejo Universitario ha tergiversado su función, tomando decisiones sobre bases no académicas, actuando como especie de alcabala que decide de acuerdo a los pactos politiqueros que se negocian y renegocian entre los diversos grupos de poder universitario.

Desde los órganos del cogobierno universitario se ha ejercido a lo largo de los años una despiadada violencia institucional hacia los profesores, estudiantes, empleados y obreros que no cuentan con el respaldo de los grupos políticos que burocráticamente controlan dichas instancias. Cuestiones tan simples como tramitar una beca, un año sabático, un viaje a un evento científico, ascensos y cambios de dedicación, tienen que pasar por el filtro de los acuerdos grupales entre quienes dominan los votos necesarios en los Consejos de Facultad o el Consejo Universitario. Quien pretende pasar por allí sin contar con la venia de la burocracia, se estrella contra un muro de concreto.

Por ello es que una serie de universitarios hemos venido proponiendo la necesidad de transferir a los departamentos y a las unidades académicas muchas de las atribuciones que hoy tienen el Consejo Universitario y los Consejos de Facultad. De esta manera se flexibilizaría considerablemente la burocracia interna, al mismo tiempo que se establecen bases sólidas para el ejercicio de una verdadera democracia universitaria, representada en la participación profesoral en sus respectivos departamentos.

Se propone iniciar un proceso de unificación de los departamentos afines en toda la universidad. Este paso facilitaría la posterior unificación de las facultades afines. De esta forma se superaría la duplicidad de funciones académicas, a la vez que se adopta una estructura organizativa más acorde con los procesos interdisciplinarios que se están produciendo en la ciencia. La departamentalización es necesaria para poder desarrollar un currículo integrado, que permita tanto al estudiante como al docente obtener una formación interdisciplinaria y moverse horizontal y verticalmente en diversas áreas del conocimiento.


D) DEMOCRATIZACIÓN DE LOS CONSEJOS UNIVERSITARIOS:

Los Consejos Universitarios deben integrarse de la siguiente forma:

* Siete representantes de los profesores.
* Siete representantes de los estudiantes.
* Un representante de los trabajadores administrativos.
* Un representante de los obreros.
* Un representante de los egresados.
* El cuerpo rectoral.
* Los decanos de las facultades, núcleos o estructuras equivalentes.
* Un representante del Ministerio de Educación Superior.
* Representantes de las comunidades del entorno territorial de la institución, pudiendo ser de los Consejos Comunales. Habría que determinar su número y los mecanismos de elección.



Algunas de las funciones que hoy cumplen los Consejos Universitarios deben ser transferidas a otras instancias, como ya lo hemos planteado en el caso de la Comisión Electoral y los Departamentos. Debe existir un Consejo Disciplinario y de Apelaciones, el cual debe ser electo por la comunidad y cuyo funcionamiento sea autónomo con relación al Consejo Universitario.


E) CONCURSOS PARA INGRESO DEL PERSONAL DOCENTE:

Establecer como requisito de ingreso para todo el personal docente de los institutos de educación superior, la participación en un concurso de oposición que se desarrollaría según los siguientes pasos (cada uno de estos pasos de carácter obligatorio para todos los concursantes; no existe la eliminación en alguna de estas pruebas):

1. Evaluación cualitativa de credenciales, en donde se valore la experiencia de actividad comunitaria del profesional. Desechar los requisitos de cursos de posgrado (los mismos deberían exigirse obligatoriamente a todos los profesores una vez ingresados).
2. La presentación de una prueba escrita de conocimientos sobre temas básicos de la disciplina de concurso.
3. Presentación de una exposición oral sobre temas básicos de la disciplina de concurso.



JUSTIFICACIÓN:

El auge de la educación privada y el proceso global de mercantilización de la educación ha creado un mercado credencialista al cual los sectores sociales de mayores recursos económicos pueden acceder con facilidad, pues a mayor capacidad económica del individuo, existen mayores posibilidades de poseer todo tipo de títulos académicos, incluso de doctorado.

Si se mantienen los parámetros actuales de los concursos universitarios, en los cuales se valoran las credenciales en términos cuantitativos, el resultado (que lo vemos en la actualidad) es que los profesionales provenientes de los estratos bajos de la población no tienen posibilidades de competir en igualdad de condiciones en dichos concursos. En otras palabras, los pobres no tienen la posibilidad de reunir las credenciales suficientes para aspirar a ser docentes universitarios.

Por otra parte, la exigencia de requisitos como la experiencia en investigación, asistencia a eventos científicos y publicaciones, también están determinadas por la capacidad económica de los individuos. Además, cada grupo de investigación dentro de las universidades actúa como un feudo aislado del resto de la institución y de la propia sociedad. Estos feudos se reproducen a sí mismos, cooptando como asistentes de investigación a los estudiantes y profesionales sumisos que aceptan actuar como repetidores del conocimiento de los investigadores ya establecidos. Los profesionales críticos, con pensamiento propio, y con inquietudes sociales y comunitarias, generalmente son abiertamente rechazados por los grupos de investigación ya establecidos. En otras palabras, los profesionales revolucionarios no pueden ingresar como profesores en las universidades.

Es difícil encontrar a un activista comunitario, que siendo profesional, pueda cursar posgrados (debido a las limitaciones económicas) o integrar grupos de investigación en las universidades (debido a la selección discriminante que se realiza hacia los profesionales críticos).

Si no se modifican los fundamentos vigentes de los concursos universitarios, el personal docente que seguirá ingresando a nuestras instituciones mantendrá las carencias que hoy se observan: escasa o nula perspectiva crítica sobre la ciencia que se construye en los centros de investigación; pertenecientes a estratos altos de la población; ausencia de compromiso con la actividad comunitaria y con el entorno social en general.

En definitiva, mantener las condiciones actuales de ingreso del personal docente, es asegurar el control indefinido de la burguesía como clase sobre nuestro sistema educativo universitario.


F) EVALUACIÓN DE LOS DOCENTES:

Establecer mecanismos de evaluación del personal docente, válidos para todas las instituciones públicas. Dicha evaluación se realizaría según los siguientes parámetros:

1. Realización de estudios de posgrado, para los cuales se establecerían los plazos respectivos para alcanzar los títulos requeridos. El no cumplimiento de estos estudios serían razón suficiente para perder la condición docente.
2. Realización de investigaciones, ajustadas a los lineamientos que determine el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Esta actividad sería de carácter obligatorio para todo el personal a dedicación exclusiva y tiempo completo. La actividad de investigación debe estar adscrita a un centro de investigación específico dentro de la institución.
3. Realización de actividades de extensión hacia comunidades y/o instituciones del entorno universitario. Esta actividad sería de carácter obligatorio para todo el personal a dedicación exclusiva y tiempo completo. La actividad de extensión debe estar adscrita a un centro de extensión específico dentro de la institución.
4. Elaboración de textos y otros materiales de estudio directamente relacionados con la o las materias que imparta el docente. Esta actividad sería de carácter obligatorio para todo el personal a dedicación exclusiva y tiempo completo.
5. Presentación cada cinco años de un informe, escrito y oral, de las actividades docentes, de investigación y de extensión cumplidas por el profesor, ante un jurado calificado designado por el departamento respectivo e integrado por tres profesores. El resultado de esta evaluación determinará la permanencia del docente en sus funciones, y permitirá el ascenso al escalafón siguiente. Para ello se determinarán parámetros de evaluación de la actividad docente, de investigación y de extensión.



JUSTIFICACIÓN:

Actualmente no existen mecanismos de evaluación de la actividad docente. Apenas lo referente a los trabajos de ascenso. Sin embargo, el retraso por décadas de los trabajos de ascenso no implica sanción alguna en nuestras universidades actuales. Por otra parte, dichos trabajos no garantizan el cumplimiento de una verdadera labor de investigación del docente. En muchos casos, trabajos “fusilados” son presentados como ascenso, y aprobados por jurados complacientes que pagan de esa forma las lealtades políticas y grupales de los docentes.

La actividad docente propiamente dicha no es evaluada. Muchos docentes repiten en los salones de clase, durante 25 años, una receta mal copiada, y no hay forma de evaluar eso. Si se le exige al docente la obligatoriedad de presentar textos de su materia, y de actualizar dichos textos cada cierto tiempo, se está avanzando a superar esa limitación actual, que en muchos casos coloca a nuestra educación como un verdadero fraude.

Pensamos que la garantía de una educación de calidad viene determinada por la existencia de un régimen de permanencia de los docentes. Ahora ocurre que el docente que ingresa a una universidad goza de una estabilidad absoluta, así incurra en violaciones diversas de la normativa legal. De esa forma, el ejemplo que se impone es el de “trabajar lo menos posible”, pues está seguro de que siempre cobrará su sueldo, recibirá sus aumentos, etc.

Una evaluación rigurosa de la actividad profesoral, sin dejar de ser democrática y respetuosa de la diversidad epistémica, permitirá introducir en las instituciones un espíritu de trabajo y un mecanismo de crecimiento personal y colectivo que hoy está ausente.



CONCLUSIONES.

Hay aspectos que aquí no hemos tocado, pero que también son importantes en el tema de la transformación universitaria. Se pueden proponer por ley, sin violentar la autonomía y la libertad de cátedra, la existencia de programas transversales en el currículo de todas las universidades del país, referidos a la historia local, regional y nacional, a la valoración de las identidades y de la diversidad cultural, a la comprensión del mundo globalizado y los retos del país en materia de desarrollo. Son temas vitales para todo profesional universitario, y que el estado venezolano, ejerciendo su papel rector en el sistema educativo, puede imponer como componentes obligatorios de todos los programas de enseñanza superior en cualquier tipo de universidades, tanto públicas como privadas.

Se debe controlar estrictamente el gasto presupuestario de las universidades. Proponemos realizar una intervención administrativa inmediata en todas las universidades autónomas y poner orden en la discrecionalidad que hasta ahora disfrutan los rectores para ejecutar el presupuesto.

Es imprescindible un gran debate en el seno del movimiento revolucionario bolivariano sobre las políticas que necesariamente deben comenzar a ejecutarse hacia las universidades venezolanas. Las rectificaciones que puedan hacerse en el corto plazo no van a resolver de inmediato los males que llevan incubándose décadas, pero constituirán el inicio de un camino de transformaciones revolucionarias que permitan llegar al tipo de instituciones educativas que se necesitan para la construcción del socialismo en Venezuela.



De lo contrario, los efectos nocivos del control que la derecha ejerce en las universidades serán cada vez más graves. Dentro de nuestras universidades se pueden estar construyendo las fuerzas sociales que den al traste con este proceso revolucionario. Por eso es prioritario iniciar ya una constituyente universitaria, para proceder a una profunda transformación de estas instituciones.

Maracaibo, junio de 2007.

BIBLIOGRAFÍA

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Roberto López Sanchez

Roberto López Sánchez (Caracas, 1958). Historiador. Profesor Titular de la Universidad del Zulia (1994-2019). Magister en Historia de Venezuela y Doctor en Ciencias Políticas. Luchador social, activista del movimiento estudiantil y profesoral, vinculado al trabajo obrero, campesino, ambientalista, indígena y cultural desde 1977. Participante de la lucha armada revolucionaria (1977-1988); miembro del Frente Guerrillero Américo Silva. Sometido a persecución política y juicio militar en 1982. Actividad revolucionaria clandestina durante 1982-1988. Fundador de la Unión Nacional de Trabajadores-Zulia y miembro de su comité ejecutivo (2004-2012). Integra el consejo consultivo de la Federación Bolivariana Socialista de Trabajadores del Zulia (organismo que sólo ha sido convocado en una oportunidad en cinco años). Ha sido director de las Divisiones de Extensión y de Formación General; Secretario Docente de EUS; Coordinador de la Unidad Académica de Antropología, del Diplomado en Consejos Comunales (cinco cohortes graduadas) y el Diplomado en Formación Sindical con (cinco cohortes graduadas) en la Facultad Experimental de Ciencias (FEC). También ha coordinado la Zona Zulia-Falcón del Ministerio del Trabajo (2004). Ha publicado: El movimiento de trabajadores en Venezuela durante la revolución bolivariana: 1999-2012 (2017); Movimiento estudiantil y proceso político venezolano (2007); El protagonismo popular en la historia de Venezuela (2008-2015); Los Consejos Comunales y el Socialismo del Siglo XXI (2009); y Venezuela ante la globalización, la crisis mundial y los retos de su desarrollo (2012), además de 5 capítulos de libros científicos, 45 artículos científicos y 50 ponencias en eventos nacionales e internacionales. Es miembro del Programa de Estímulo a la Investigación (PEII), nivel C. Egresó en pregrado con 19,41 puntos de promedio (LUZ, 1994). Ha dirigido 10 proyectos de investigación en la FEC-LUZ. Actualmente dicta semestralmente las materias de Historia de Venezuela, Historia de América, Intercambios económicos y simbólicos, y Poder y Movimientos Sociales, en la Licenciatura en Antropología de LUZ. Ha dictado los seminarios Lucha de clases en el siglo XXI. Movimientos sociales y formas de participación política; y El análisis marxista y la sociedad global del siglo XXI, en el programa de Doctorado en Ciencias para el Desarrollo Estratégico de la Universidad Bolivariana de Venezuela, en Maracaibo. En la División de Extensión de la FEC desarrolla anualmente seminarios sobre: Crisis política en Venezuela; Marxismo y Antropología; Movimientos Estudiantiles en Venezuela; Movimiento de Trabajadores en la Venezuela Contemporánea; Crisis Económica Mundial y su repercusión en la economía venezolana; Movimientos Sociales y Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela (dictado también en el Centro Internacional Miranda -CIM- y en Fundacite-Mérida en 2016); y el seminario La Lucha Armada en el Oriente de Venezuela: 1965-1990, en el CIM (2017). Es coinvestigador en el Proyecto: “Historia de los frentes guerrilleros Antonio José de Sucre y Américo Silva: 1966-1990”, Centro Nacional de Historia (2016-2017). Investigador principal en el proyecto “Identidades en el estudiantado de la Universidad del Zulia” y del programa de investigación “Universidad del Zulia: comunidad, organizaciones e identidades” (2017-2019).

 @cruzcarrillo09

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