Caracas bajo balas

Pedro Salima

  Una  apreciada amiga y poeta me hace llegar una crónica bien  escrita por Yauro Yonekuro. Sabrosa para ser leída, pero inquietante en su contenido.  Me supongo que la cronista es tan amante de la Paz, la convivencia y el respeto mutuo como quien escribe. Lo que no alcanzo a saber es si la cronista en su adolescencia y juventud llegó a vivir en un barrio, muy cerca de malandros, especies de reyezuelos a punta de pistola, que si bien a mí en particular  me protegían porque yo era ñángara, pero igual mataron de una puñalada a un amigo, compañero de estudios y de juego de pelota, sólo porque ese amigo sacó a bailar a la chica que uno de los malandros pretendía. Así de cruel y contradictorio es ese mundo de los barrios y sus matoncitos. 

Cuando la cronista escribe de accesos viales y negocios cerrados, de gente caminando aprisa, asustada, sin abordar el miedo a las bandas criminales, deja un margen para ubicar como causantes de ese ambiente de violencia a los cuerpos de seguridad, pues aclara que son más de 800 funcionarios los que toman el sector en busca de un tipo, casi un héroe solitario, es lo que percibimos en la narrativa. 

 Leamos lo que sigue «En La Vega, dicen que los enfrentamientos iniciaron el miércoles 7 de junio porque la policía hirió a un malandro amigo de El Koki en El Valle y en el hospital lo dejaron morir» . Por cierto, esta referencia me recuerda la terrible noche que pasó mi hijo menor como médico en la emergencia de un ambulatorio en un sector popular. Se presentaron unos delincuentes con un herido de bala producto de un enfrentamiento entre bandas. Al momento en que los malandros llegan armados mi hijo atiende a un niño en mal estado. A mi hijo le colocan dos pistolas en la cabeza y le obligan a atender al pillo. No le permiten terminar de atender al niño. 

 Pero, según la cronista, de nuevo es el gobierno criminal el malo de la película.   La crónica narra que la balacera se extiende porque la policía dispara. En el texto aparece un comentario, supuestamente tomado de la gente  respecto a las bandas. «el mismo gobierno les dio mucho poder y ahora se lo quieren quitar». Hábil la finta narrativa para insistir en la culpa del gobierno. Claro, debemos reconocer que tanto Chávez como Maduro han sido permisivos con estas bandas, pero no es  una perversidad, la izquierda en toda su historia ha dado su aporte para justificar al pana que empieza robando por hambre y termina en peligroso delincuente, pero es que también son ciertos los casos de malandros que se han regenerado y se han transformado en líderes  sociales. Es lo contradictorio de ese mundo. 

La cronista acude a la entrevista a vecinos afectados. Se refieren a la balacera, a la cercanía de las detonaciones, al miedo, a que no pudieron regresar a casa, a que todo fue muy feo. Ninguno agradece a los órganos de seguridad por enfrentar a las bandas, nadie se lamenta por los funcionarios caídos. Sólo uno respira tranquilo por la posible desaparición de las bandas. Bien curioso. 

En la crónica se refleja la queja de un conductor retenido en una alcabala, no hay referencia a los conductores rescatados por la Guardia Nacional. Tampoco la cronista se refiere a la presencia de paramilitares colombianos en los sectores. 

Así es la libertad de expresión. 



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