Informes militares

Por estos días, como alados bachacos de invierno, aparecen en tropel los “expertos militares”. En una explosión de informes con los rótulos “top secret” o “confidencial”, saturan los espacios mediáticos. Hablan de tácticas, maniobras, objetivos y estrategias con el mayor desparpajo. Todos se creen el tigre Clemenceau o versiones tropicales de Napoleón frente a las pirámides. A su lado, resultan divertidos los expertos castrenses de busetas, peluquerías, cafetines o abastos que, por alguna razón, siempre tienen una prima que es casada con el hermano del tío de un general.

Los que se toman con mayor solemnidad su “experticia” en asuntos marciales son los columnistas de dos o tres diarios comerciales de la capital. Practican lo que por ahora vamos a denominar “palangre armado”. Cobran bien por su servicio de atemorizar incautos en los días previos a cada elección. Su piratería la barnizan con un lenguaje que remeda al de los verdaderos informes militares; no por casualidad sus “fuentes” provienen del mundo golpista con experiencia en contra información.

Estos mercenarios, para dar sustento y “credibilidad” a sus revelaciones, suelen hablar de “nuestras fuentes de inteligencia”. Lo hacen con tal seriedad que la cosa movería a risa si los fines no fuesen tan bajos y perversos. Con la mayor tranquilidad anuncian “baños de sangre” y el posible número de muertos que, según “sus fuentes”, dejará la acción en las primeras de cambio.

Los “expertos militares” del palangre bélico se han metido buen dinero desde finales de 2001 hasta este 2006, cuando lanzan sus bombas de humo para “distraer al enemigo”, mientras “golpeamos por otro lado”. La semana pasada se extasiaron detallando ruidos de sables, movimientos en los cuarteles y alzamientos que ocurrirán antes, durante y después del 3D. A estos columnistas, por supuestos, los enferma un triquitraqui.

El desconcertado opositor de base se encuentra frente a un doble discurso que no logra descifrar. De un lado, se le llama a votar. Del otro, se le anuncia el Apocalipsis para el día que se le convoca a sufragar. Es la ambigüedad y el doble discurso de una dirigencia opositora que no logra sobreponerse a las derrotas y a su propia torpeza. La culpa no es, en última instancia, del palangrista bélico de los medios. El (o ella) hace su trabajo sucio, cobra y se esconde, como siempre.

Los “escenarios militares” que el palangre armado anuncia para el 3D favorecen al abstencionismo de oposición. Esto no le importa a la extrema derecha, pues sabe que Rosales está irreversiblemente derrotado. En el plano de la contra información, achacan al gobierno lo que ya tienen planeado hacer. En este sentido, en esas columnas piratas se cuelan algunas pistas que se deben tomar en cuenta. El palangrismo suele ser bruto y elemental. La CIA, NED y USAID lo saben. Por eso le pagan y lo desprecian.

El 3D está claro como un vaso de agua. El presidente Hugo Chávez será reelecto por la inmensa mayoría del pueblo venezolano. La derrota de Rosales será abrumadora e inapelable. Si no se pone a escuchar cantos de cetáceos, podrá volver a cruzar el puente, aunque se le nuble la frente.


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Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

 earlejh@hotmail.com

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