Estados Unidos: Estado policial detrás de la violencia en Ferguson

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama y otros líderes norteamericanos, presurosamente han condenado las extendidas protestas callejeras que han estallado luego que el gran jurado decidió no acusar al policía blanco por el asesinato del joven afro-norteamericano Michael Brown.

“Nosotros somos una nación que se rige por el imperio de la ley de manera que necesitamos aceptar que se trata de una decisión que ha sidotomada por un jurado especial.” Dijo Obama.

Se informa que el personal policial ha sido objeto de fuertes tiroteos esta semana en la localidad de Ferguson, Misuri, muchos negocios y vehículos fueron incendiados durante la noche luego que un panel de miembros del jurado concluyó que no había una causa contra el policía Darren Wilson en relación al fatal tiroteo contra Michael Brown de 18 años de edad el 9 de agosto pasado.

La localidad –un suburbio de San Luis predominantemente afro-norteamericano—ha sido estremecida por las protestas durante los últimos tres meses. Los manifestantes denuncian que la policía acostumbra a emplear tácticas brutales para despejar las calles. Actualmente, luego de la decisión tomada por el gran jurado, la frustración se ha desbordado hacia incendios intencionales, saqueos y otros ataques contra la propiedad privada.

A través del país se han producido grandes manifestaciones en apoyo a la familia Brown en ciudades que van desde Nueva York hasta los Ángeles, incluyendo a Washington, DC; Chicago, Filadelfia, Oakland y Seattle. Hasta ahora, estas protestas --aparte de Ferguson-- han sido pacíficas pero existe el temor en las autoridades que la violencia estalle en cualquier parte.

La semana pasado, Jay Nixon, gobernador de Misuri declaró el estado de emergencia y convocó a la Guardia Nacional para apoyar a la policía local anticipándose a la agitación civil.

La tensa situación guarda similitud con el caso de Rodney King. La golpiza al afro-norteamericano Rodney King mientras yacía en el suelo de una calle por cuatro policías blancos, desató una revuelta en Los Ángeles el año 1992 la cual resultó en 50 muertos y miles de negocios arrasados y más de mil millones de dólares en daños antes que los marines y la Guardia Nacional restablecieran el orden.

Esta semana el alcalde de San Luis, Francis Slay, deploró el aumento de la violencia callejera. Al igual que Obama, el alcalde instó a la gente a protestar de manera pacífica y a exigir los cambios políticos solo con sus voces.

Semejante recomendación de respetar el imperio de la ley y la no violencia suena hueca para muchos en el país, particularmente entre la comunidad afro-norteamericana. Para demasiados ciudadanos norteamericanos no existe el imperio de la ley cuando la fuerza policial utilizauna fuerza excesiva y letal con impunidad.

Las circunstancias en que Michael Brown fue asesinado son ardientemente discutidas. Varios testigos aseguran que el joven fue abatido a tiros por el policía Darren Wilson mientras estaba manos arriba durante un altercado callejero a plena luz del día. El fiscal del condado de San Luis, Robert McCulloch, admitió las declaraciones de esos testigos cuando dio lectura a comienzos de esta semana de la decisión del jurado de no levantar cargos.

“Algunos testigos han mantenido sus declaraciones originales en el sentido que el Sr. Brown tenía sus manos en alto y que no se estaba aproximando al policía cuando este le disparó”. Dijo McCulloch, “Varios testigos dijeron que el Sr. Brown de ningún modo levantó sus manos o que las levantó solo brevemente y luego las bajó y que en seguida se dirigió hacia el policía Darren Wilson quien entonces le hizo varios disparos.”

La declaración del policía es notablemente diferente. Él sostiene que primeramente Brown lo atacó y que trató de quitarle su arma. Wilson sostiene que él disparó su arma porque sintió que su vida estaba en peligro.

No obstante, lo que no está en tela de juicio es que Brown no estaba armado y que el funcionario policial disparó un total de doce tiros, alcanzando al adolescente por lo menos seis veces. El cuerpo de la víctima fue dejado tirado en la calle por alrededor de cinco horas antes de ser retirado.

Para muchos observadores, esas circunstancias merecen por lo menos un juicio criminal con el objeto de establecer si el homicidio estaba justificado.

Pero en general, se considera que este caso es solo uno más en una larga lista de violencias letales por parte de la policía o vigilantes armados contra afro-norteamericanos.

Hace dos años, otro adolescente afro-norteamericano, Trayvon Martin, fue asesinado en Miami, Florida por un hombre blanco, sedicente guardia de seguridad residencial. Su asesino fue sobreseído sobre la base que él estaba actuando en defensa propia, aunque la víctima estaba desarmada.

A un mes del asesinato de Brown en Ferguson, Eric Garner, de 43 años de edad fue asesinado cuando fue abordado por funcionarios policiales en la ciudad de Nueva York bajo sospecha de estar vendiendo ilegalmente cigarrillos en la calle. Garner falleció luego de ser maltratado y mantenido amordazado en posición prohibida. Su muerte fue registrada en un video de teléfono celular lo cual causó indignación pública ante semejante salvajada policial.

Posteriormente, la semana pasada, dos días antes que el gran jurado diera a conocer su veredicto de no levantar cargos contra el policía en el caso de Brown, un niño afro-norteamericano de 12 años de edad fue muerto a tiros en Cleveland, Ohio. Tamir Rice estaba jugando con su hermana y amigos en un parque infantil con una pistola de juguete cuando llegó la policía en respuesta a un llamado al 911 de parte de un observador. Los funcionarios policiales dispararon contra el niño luego que este puso su mano en el cinturón del pantalón en un inocente intento por entregar su pistola de juguete.

Estadísticas federales indican que un promedio de dos afro-norteamericanos son asesinados semanalmente por la violencia policial. Mientras que la Comunidad Afro-Norteamericana representa el 13 por ciento de la población de Estados Unidos, cerca del 25 por ciento de todos los homicidios cometidos por la policía son perpetrados contra afro-norteamericanos. Activistas por los derechos civiles señalan que las cifras oficiales probablemente subestiman la verdadera tasa de muertes.

Obama reconoce el profundo problema racial en estos asesinatos. “No se trata solo de un problema en Ferguson, se trata de un problema de toda la nación. Hemos hecho enormes progresos en las relaciones raciales en el curso de las últimas décadas. Lo he presenciado durante mi propia vida y negar esos avances es negar la capacidad de Estados Unidos para cambiar”, dijo el presidente. “Pero, también es cierto que todavía existen problemas y que las comunidades de color no están inventando estos problemas.”

La familia de Michael Brown señaló durante una declaración pública que “estamos profundamente decepcionados al ver que el asesino de nuestro muchacho no tendrá que enfrentar las consecuencias de sus acciones.” El abogado de la familia declaró que “la familia quiere que la policía sea responsabilizada, que nos trate también como norteamericanos de manera que obtengamos la misma justicia. Este sistema siempre permite que la policía perjudique y asesine a nuestros hijos.”

El racismo policial contra los afro-norteamericanos es sin lugar a dudas parte del problema de la violencia letal por parte de las instituciones policiales. En la localidad de Ferguson, donde los dos tercios de la población de 21 mil habitantes son afro-norteamericanos, más del 90 por ciento de la policía local está compuesta por funcionarios blancos.

Pero el problema no solo estriba en la violencia de los policías blancos contra los afro-norteamericanos. Se trata por una parte de un problema mucho mayor que está aumentando la violencia policial y que está militarizando a las fuerzas del orden en todo el país.

Una vez más las cifras federales demuestran que la tasa de homicidios policiales, entre todos los incidentes delictuales, ha aumentado en un 75 por ciento durante el período que va desde 1992 al 2012.

Esto quedó en evidencia puesto que las fuerzas policiales están de manera creciente siendo dotadas de armamento más letal y pesado, y mucha de la munición que usan está siendo reciclada desde los destacamentos militares norteamericanos en el exterior, como ser desde Afganistán e Irak. Los equipos SWAT manejan vehículos Humvees en las ciudades del interior de Estados Unidos, tal como si estuvieran en Kandahar o en Ciudad Sadr.

Por otra parte, los métodos policiales norteamericanos también de manera creciente han asumido la forma de operativos militares, respondiendo con violencia excesiva y crueles acciones. El cierre de la ciudad de Boston y la suspensión total de las libertades ciudadanas, tales como no necesitar orden judicial para efectuar allanamientos a domicilios particulares, luego de los atentados durante la maratón de abril del 2013 marcan una acentuada derivación hacia poderes de estado policial. Estos draconianos poderes policiales que pueden rastrearse hasta las invocaciones pos 11 de septiembre de leyes anti terroristas, se han hecho repetitivas y rutinarias a través de todo el país.

En realidad, las comunidades afro-norteamericanas están soportando lo peor del estilo militar de la policía de Estados Unidos y además existe un inequívoco elemento racista en ella.

No obstante, el problema mayor es que Estados Unidos está siendo transformado en un estado policial hecho y derecho, lo cual va de la mano con el deterioro de las condiciones sociales, aumento de la pobreza, racismo y la erosión generalizada de las libertades públicas, cosa que incluye la vigilancia estadal de las comunicaciones privadas.

Esta pública preocupación no solo se manifiesta en la comunidad afro-norteamericana sino que también afecta a todas las agrupaciones étnicas. Las actuales protestas que se desarrollan actualmente a través del país esta semana a consecuencia del caso de Michael Brown son notables por el carácter étnico de los manifestantes. Blancos, como también afro-norteamericanos y latinos se han galvanizado por lo que consideran un específico y grosero error judicial en Ferguson. El color de la piel de la víctima es un factor, pero un factor más generalizado es que Estados Unidos está deviniendo en un estado policial donde la brutalidad policial y el autoritanismo contra todos los ciudadanos es una realidad que está siempre presente.

Obama y otros dirigentes civiles podrán invocar moderación, imperio de la ley y la no violencia. Para muchos ciudadanos norteamericanos semejantes llamamientos no son para ellos, sino más bien que los ven como que debieran aplicarse al estado del país y a sus crecientes poderes policiales.

Traducción Sergio R. Anacona

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Finian Cunningham

Analista internacional


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