La identidad no es un igualitarismo

Muchas veces se nos quiso convencer de que el joropo llanero es sello de identidad cultural venezolano. Nunca lo entendí mucho porque yo, que soy caraqueño, tengo inclinación gustual por otra forma de joropo que es el central, también conocido como tuyero o mirandino. Esas sabrosas fiestas de fin de semana, en Coche o Petare, para bailar el joropo de por estos lados, me invitaban a cuestionarme por no reconocerme en la "identidad llanera", que es (musicalmente) la del venezolano.

Similar preocupación me fue surgiendo en expresiones como la culinaria, el baile y los tejidos o las artesanías propias de nuestro país. Aunque, la verdad verdadera es que cuando se nos hablaba de identidad y cultura siempre se hacía en singular y nunca con enfoque de diversidad y multiplicidad, sino con una óptica intencionalmente reduccionista.

Decir que Somos Venezuela porque tenemos corazón llanero y nos reconocemos en el joropo recio de esa región venezolana, es sencillamente reduccionista. En nuestro país contamos con, al menos ocho fiestas de joropo perfectamente diferenciadas, con sus músicas, sus bailes, sus culinarias y sus modos de convites. Pero también contamos con cerca de 100 formas musicales muy bien diferenciadas y que nada tienen que ver con el joropo. Es el caso del tamunangue, las distintas gaitas de tamboras y una inmensa cantidad de formas que también nos dan identidad.

Me quedo en el ejemplo de las músicas y danzas para ilustrar mi reflexión, pero la verdad verdadera es que podríamos tomar otros ejemplos, como los de los ritos funerarios, las creencias regionalizadas u otras costumbres integradoras, que son muchísimas. Si mis culturas, constitutivas de la geometría del poder donde me desenvuelvo (puedo citar como ejemplo a los chimbangueles, ubicados geográficamente al sur del estado Zulia y sobre la convergencia de, al menos, otros dos estados en esa geometría, a los cuales no responden realmente como estructuras de entidades federales) desde mis ancestros (con todas sus modificaciones y enriquecimientos posteriores), desaparecen de mi y de los míos, obligándome a tomar rasgos de otras culturas, aunque sean vecinas, sin dudas que estamos padeciendo un proceso de colonización, aunque sea en nombre de la identidad.

No somos idénticos a lo que quiere el dominador, sino a lo que en realidad somos. Especialmente en el marco conceptual de la Revolución Bolivariana y Chavista y de la construcción de la 5ª República, la cual está concebida –en nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela- como "sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia".

En fin, me propongo llamar la atención, con este artículo, acerca de un principio que debe ser línea emblemática en toda reflexión, en las propuestas y aprobaciones de las leyes que surjan o se sugieran para enriquecer nuestra Constitución en el plano de la soberanía, de la independencia y del socialismo (porque esta Revolución Bolivariana es para eso: para acabar con el capitalismo y hacer posible el socialismo), dentro del trabajo de la Constituyente. La identidad nacional y cultural es un asunto de clase. Su definición y desarrollo debe hacerse en el marco de la lucha de clases. Si esto no lo tenemos en cuenta, podemos ser nuevamente víctimas de la hegemonía del capital. Y lo más grave que nos puede ocurrir en este momento de luchas y definiciones es que perdamos nuestros fines socialistas y, sobre todo, nuestra identidad.



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Iván Padilla Bravo

Director del semanario cultural "Todos Adentro", medio adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. http://www.mincultura.gob.ve/

 ivanpadillabravo@gmail.com      @IvanPadillaB

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