El día del maestro, el salario, lo ideológico y la lucha de clases

El 15 de enero de 1932 se funda la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria-SVMIP, años más tarde en 1936 se crea la Federación Venezolana de Maestros-FVM, con el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, como su fundador y su primer Presidente. Posteriormente, el 13 de enero de 1945, el Presidente Medina Angarita en homenaje de la primera organización de la sociedad civil del magisterio nacional decreta el 15 de enero como día del maestro.

Sin duda alguna la primera organización social del maestro surge como una voz de protesta contra el régimen oprobioso y dictatorial de Juan Vicente Gómez, para defender los derechos laborales y reivindicativos de los maestros y hacer planteamientos radicales con el fin de mejorar e impulsar la transformación del sistema educativo existente en ese momento de la historia política y social venezolana.

Ante ese hecho de rebeldía considerado como subversivo e insurreccional que atentó contra el régimen, el dictador decide desconocer a la sociedad de maestros y la organización pasa a la clandestinidad para continuar su lucha social y política. Cuatro años más tarde con la muerte del tirano la batalla de los maestros retoma la legalidad y continúa una nueva etapa de lucha reivindicativa.

Aún más, se debe agregar que en 1952, en los inicios de la dictadura de Pérez Jiménez, la fecha establecida por Medina Angarita fue cambiada para el 29 de noviembre, justificando ese traslado con el argumento que ese día se conmemora el natalicio de Andrés Bello. Luego en 1959 el Congreso retoma la fecha y restaura el 15 de enero como día oficial del maestro.

Ahora bien, si desciframos los cambios de fechas detectamos que los mismos son consecuencia más de intereses políticos e ideológicos que de reivindicación social. Y al desentrañarlos aparece de manera velada la lucha de clases, la cual ha sido en la historia de la humanidad (Marx) el motor de los cambios sociales.

En consecuencia, la lucha de clases, la educación, el conocimiento y el salario de los docentes, son palancas que pueden amenazar la estabilidad no solo de los que gobiernan, sino de la clase dominante, porque en su devenir histórico citando a Lenin, en la:

"SOCIEDAD CAPITALISTA, CUALQUIER LUCHA SERIA SE LLEVA A CABO ANTE TODO EN EL TERRENO ECONÓMICO Y POLÍTICO. SEPARAR DE AQUÍ LA CUESTIÓN DE LAS ESCUELAS ES, EN PRIMER TÉRMINO, UNA UTOPÍA ABSURDA, PUES NO ES POSIBLE DESLIGAR LA ESCUELA DE LA ECONOMÍA Y DE LA POLÍTICA."

De igual manera, más allá de esos hechos que el magisterio tiene presente en el imaginario colectivo, los cuales las generaciones presentes deben internalizar, he considerado necesario tratar de reflexionar en este editorial, de manera sucinta para un desarrollo posterior, cual es el papel de los educadores en la sociedad actual.

Para ello parto de la premisa que planteó Carlos Marx que la educación es un instrumento de los aparatos ideológicos del Estado y pertenece al conjunto de "constelaciones" de la sociedad civil como posteriormente la ubicó Gramsci. Como aparato ideológico la misma sirve para reproducir conocimientos, valores, conductas y la ideología, de generación en generación y como instrumento consustancial de la sociedad civil garantiza el rumbo "intelectual y moral de una sociedad determinada."

En esa relación, la escuela, el maestro, la ideología y la lucha de clases y el salario, aparecen como factores intrínsecos en todo proceso educativo. Asimismo, dentro del proceso pedagógico se presenta toda una confrontación velada teórica y práctica entre aquellos que desde la instrucción pública y privada reproducen valores, información y conocimientos para dirigir y mantener el orden establecido y aquellos que en la relación pedagógica desde otra concepción tratan de educar a las nuevas generaciones para abanderar y transformar la sociedad.

Efectivamente, en todo el proceso que conlleva a la transformación de lo viejo por una sociedad más justa y verdaderamente democrática, donde los de abajo pasan a ocupar puestos de dirección y dominación, los docentes aportan su grano de arena.

Eso no significa que la educación sea la panacea que resuelve todos los problemas para avanzar hacia una sociedad superior, ni mucho menos que el papel de los maestros sea un sacerdocio. De allí su lucha reivindicativa permanente por mejorar sus condiciones de vida. Eso lo hemos visto en las protestas y manifestaciones de los docentes en los primeros días del mes de enero de este año con el objeto de arrancarle al patrón gobierno un buen salario para seguir como portaestandarte de la educación nacional.

Para continuar esta reflexión retomo algunas ideas que Gramsci en su discurso lacónico y elíptico, producto del régimen carcelario del fascismo de Mussolini, desarrolló y que sirven de orientación metodológica para precisar giros y continuar esta narrativa.

En su observacion analítica sobre el Estado Gramsci distinguió que en el bloque histórico de una sociedad se perciben dos momentos: la sociedad política y la sociedad civil. Es en la sociedad civil donde él ubica la educación como instrumento ideológico a la cual le corresponde conjuntamente con otras actividades humanas el papel de implementar una gran reforma moral e intelectual en la sociedad. No obstante, acotó, que "NO EXISTE ESTADO PURO, NI HEGEMONÍA SIN COERCIÓN." De allí la existencia de los aparatos ideológicos y represivos del Estado en cualquier sociedad donde existan clases sociales.

Es allí, en la sociedad civil y particularmente en la educación, donde el hombre adquiere conciencia de su papel histórico, donde se produce la catarsis: el paso del momento económico al momento ético y político.

Desde esa perspectiva, el sistema educativo venezolano se mantiene rezagado en correspondencia con los nuevos tiempos. Se frenó la reestructuración y reacomodo de los distintos subsistemas educativos. La calidad educativa no alcanza los niveles deseados si consideramos los siguientes factores: la capacidad de liderazgo y gestión; la autoestima académica, la calidad de la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación; el progreso del alumno; las actitudes y bienestar económico y social del educador y del alumno, entre otros no menos importantes.

De modo similar, no se puede desconocer que la voluntad para transformar la educación ha existido, además, lo político y lo ideológico han colocado trabas en los intentos que los distintos gobiernos conocidos han puesto en marcha. Se han priorizado cambios menores, reformas moderadas, y el más importante factor para que exista una calidad educativa desde mi óptica, que he expresado siempre que la carrera docente no es un sacerdocio, como es un buen salario para los docentes, que fortalezca su autoestima, nunca se ha producido.

En los Contratos y Convenios colectivos de trabajo la lucha del magisterio solo le ha arrancado migajas al patrón gobierno, debido a que las Federaciones Sindicales se radicalizan cuando no comparten la ideología de los que gobiernan o cuando son oposición y callan cuando son adherentes del gobierno de turno, defraudando a sus afiliados y al conjunto del magisterio nacional. Esa ha sido la pauta que ha marcado las discusiones de los Contratos o Convenciones de Trabajo que los docentes han conocido.

Como integrante de la sociedad civil, más allá de la lucha reivindicativa por un salario justo tan necesario para vivir y elevar la calidad de vida, el maestro debe trascender, y pasar, parafraseando a Gramsci, del momento meramente económico al momento ético y político.

Se puede señalar, que es en la sociedad civil y particularmente en la educación, donde el hombre adquiere conciencia de su papel histórico. En tal sentido, los educadores, también, deben tomar conciencia que es importante movilizarse y plantearse el objetivo de transformar el esquema tradicional de la vieja escuela que se ha mantenido de generación en generación como una amalgama de reformas que se iniciaron en el gobierno de Guzmán Blanco en 1870 cuando apareció el primer decreto de Instrucción Pública, Gratuita y Obligatoria hasta el momento actual.

Por otra parte, la lucha de clases y la ideología no ha hecho otra cosa que otorgarles diferentes estatus a los docentes venezolanos para convertirlos en estancos separados en los distintos niveles educativos del país, que solamente acuden a su encuentro en los momentos de la lucha reivindicativa.

Por lo demás, la sociedad clasista no ha hecho más que separarlos y otorgarles connotaciones de sectores distintos. En esencia los maestros y profesores actúan de igual manera en el acto y hecho educativo. Por tanto, las crisis, los bajos salarios, las reformas educativas, los afectan en la misma dimensión independientemente de su estatus. En fin, con Simón Rodríguez concluyo y retomo su añejada frase: "INVENTAMOS O ERRAMOS."

bigbangexplosivo@gmail.com



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Carlos Mezones


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