Aspectos médicos en los diarios de Miranda

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El famoso archivo de Miranda consta de tres partes: Diario de Viajes, Revolución Francesa y Negociaciones a favor de independencia de Hispanoamérica. Por todo son casi quince mil folios, de los cuales 5.832 ( casi un 40 %) corresponden a los viajes. Estos escritos los empezó Miranda cuando apenas tenía 21 años. Su diario refleja su única pasión: la lucha por la libertad y su amor por la sabiduría ; y al ser encarcelado en Francia en 1795 le sirve de elocuente argumento en su defensa:

" La Junta de Seguridad General ordenó el examen de todos mis papeles; entre ellos se encuentra un diario exacto de mi vida desde la adolescencia, con la relación de mis viajes durante doce años: la simple lectura de este documento bastaría para avergonzar a la calumnia misma y haría ver que soy el más constante y fiel amigo de la libertad. Examinados minuciosamente mis papeles, no se halló sino la invariable prueba de mi apasionado amor por la libertad y mi afición por las artes. Tales son las expresiones textuales de los comisarios del tiempo de Robespierre"

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Al visitar una ciudad, Miranda se interesa por su población, desarrollo económico, sus bibliotecas , museos y cultura en general; e indaga por sus cárceles , hospitales, salud y enfermedades. Al llegar a Estados Unidos, en 1783, encuentra una relación entre la salud de la gente y su dieta: "Cuantas gentes vinieron a nuestro bordo en el bote del piloto me parecieron sumamente robustos y corpulentos, lo mismo noté en las mujeres y niños que vi después; las gentes del país atribuyen este efecto al alimento, que no es más que pescado, ostras y algunos vegetales que cogen en unos pequeños jardines que cultivan cerca de sus casas..." También cree que el aire de mar y el consumo de pescado son factores de salubridad , ya que en muchos puertos constata una buena salud hasta en gente pobre.

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Por otro lado, apunta que los habitantes temen a la viruela como su enemigo capital. En efecto, la viruela era endémica en China y en los países de Oriente se le conocía desde tiempos remotos. Los musulmanes la llevaron a España, y de allí se extendió a toda Europa. Más de sesenta millones de personas murieron en el siglo XVIII por la enfermedad. Con el descubrimiento de América, los indígenas fueron atacados por el mortal mal que se instaló en el Nuevo Mundo.

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Contempla las cosechas abundantes de frutas, manzanas, peras y duraznos, y anota:

"Los habitantes observan este espectáculo con menos agrado que el pasajero, pues saben por experiencia que el año de mucha fruta abundan por todas partes las tercianas, cuya enfermedad es muy predominante en el país y les arruina insensiblemente la constitución y complexión, tornando pálidas las más rozagantes teces europeas".

Se trata del paludismo. Miranda describe una región de ciénagas y pantanos (un ambiente propicio que permitió que al paludismo se le denominara "mal de los pantanos" o "mal aire" que derivó en malaria) con millones de mosquitos, que ahora sabemos son anofeles .La hembra transmite el mal con su picadura al alimentarse con sangre, y no el macho que se alimenta de frutas; y he aquí la relación con las frutas citada por Miranda. Sólo unos años más tarde de las notas mirandinas, Roos, Grassi y Bignani asociaron el mal con los mosquitos.

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En 1775 Miranda está en Viena y visita un hospital para cinco mil enfermos, el cual cataloga como uno de los mejores que ha visto. Ese mismo año llega a Venecia y duramente critica las pocas condiciones higiénicas de sus calles que atentan contra la salud pública. Observa un contraste entre la belleza de la ciudad y la suciedad de la misma, no obstante, en un punto de Sanidad lo examinaron hasta media hora...Luego vista el hospital dei Mendicante para escuchar música, proveniente de una tribuna alta de la iglesia, la cual califica de "concierto espiritual" para las muchachas recogidas en el hospital. Estamos hablando de musicoterapia.

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En Florencia se queja por carecer la ciudad de teatros y diversión alguna ,"aún las putas están prohibidas", escribe, y dice sentirse mal. Al siguiente día no podía levantar la cabeza y llamó a un médico que le aplicó ventosas secas. Las ventosas son una de las alternativas terapéuticas actuales y se han empleado desde la Antigüedad. Consiste en pequeños vasos de vidrio colocados en la zona afectada, la cual succionan por presión negativa del aire. Esto se logra por calentamiento o por la succión de una bomba plástica. En los tiempos de Miranda se colocaban unas ventosas denominadas rojas, porque se acompañaban de sangrías. Por la escueta referencia del prócer entendemos que sus ventosas fueron blancas (sin sangrado) y calientes. Luego de ese tratamiento se siente mejor y anota: ¡Oh cuán necesaria es la salud para todo¡



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Edgardo Malaspina

Médico. PhD en Medicina. Docente universitario y poeta.

 edgardomalaspina@gmail.com

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