Los daños emocionales-mentales del confinamiento por la COVID-19

Entre los tantos perjuicios del manejo perverso de la pandemia por las élites y los Gobiernos mundiales, destacan los daños emocionales-mentales a buena parte de la humanidad, derivados del confinamiento obligatorio e irracional, justificado en parte por el supuesto peligro del nuevo coronavirus para la sociedad global. Tanto ha sido el impacto de estos daños, que las mismas autoridades reconocen que se está forjando una nueva normalidad, tratando de que la ciudadanía se acostumbre cada vez más a una limitada libertad de tránsito, encerrada el mayor tiempo posible en sus residencias y lugares de trabajo. Por desgracia muchos han sucumbido psicológicamente, y no pocos llegaron al extremo de acabar con sus vidas.

Ahora bien, en el caso de los niños las consecuencias del confinamiento y del miedo impuesto por el aparente gran peligro que representaría la COVID-19 para la humanidad, han sido mucho peores. Indudablemente han sido perjudicados en cuanto a su desarrollo emocional y cognitivo, sin poder interrelacionarse y por tanto disfrutar de su infancia a plenitud, sin las limitaciones "normales" que impone el Statu Quo a los jóvenes y adultos. Considérese, por ejemplo, que cada vez son más comunes los casos de pánico en los más pequeños de la casa, asustados casi por cualquier cosa, sin muchos deseos de salir a la calle y preocupados de forma exagerada no solo por su bienestar corporal y mental, sino por el de sus padres y otros familiares. Y ni hablar de la ausencia de clases presenciales, factor que ha contribuido a que los menores estén cada vez más acostumbrados al encierro en el hogar, y a que el regreso a las aulas les vaya a afectar de diversas maneras, pues no es lo mismo recibir una formación educativa en persona que a distancia, vía online o telemática.

En términos generales, estas son las principales consecuencias psicológicas del confinamiento forzado en los niños:

"Los problemas de salud mental en menores no solo tienen que ver con el miedo a un virus invisible, sino también con el distanciamiento social; la incapacidad para desarrollar las actividades cotidianas y participar en acciones gratificantes durante este periodo pueden ser desafiantes para niños y adolescentes e impactar negativamente en la capacidad para regular con éxito tanto el comportamiento como las emociones.

La relación entre largas cuarentenas y mayor angustia psicológica puede manifestarse como pesadillas, terrores nocturnos, miedo a salir a la calle o a que sus padres vuelvan al trabajo, irritabilidad, hipersensibilidad emocional, apatía, nerviosismo, dificultades para concentrarse (…). La incertidumbre del retraso académico generado este año puede dar lugar a ataques de ansiedad o crisis de angustia, que de cronificarse, podrían convertirse en trastornos de pánico con agorafobia o sin ella.

El primer estudio realizado a una población infantil española concluyó que 89,0 % de los niños presentaban alteraciones conductuales o emocionales como resultado del confinamiento. En investigaciones realizadas acerca de las consecuencias psicológicas de la COVID-19 y el confinamiento, ha llamado la atención de los autores la existencia de un mayor porcentaje en los más jóvenes de manifestaciones, tales como: malestar psicológico, aumento de los niveles de ansiedad, depresión y estrés, problemas de concentración e irritabilidad"

 



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Rubén Alexis Hernández

Licenciado en Historia, Magíster en Historia de Venezuela. Antiimperialista, izquierdista y ateo

 ruhergeohist@yahoo.com

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