¿Es irracional sufragar por Maduro? ¿Hay razones para votar por Maduro? (I)

"Para elegir racionalmente, hay que elegir moralmente"

John Harsanyi

"La parte difícil de la razón práctica consiste en calcular cuáles son los fines"

John R. Searle

I. Introducción

• ¿Ha esgrimido (dado) el candidato Nicolás Maduro los motivos y las razones que lo impelen a lanzarse de nuevo para ser reelecto?

• ¿Porque y para que quiere (desea) el candidato Maduro reelegirse?

Tal vez a muchos resulte ingenuo reivindicar hoy el uso de la razón en y para la política. A la luz de los hechos terribles y los procesos que enmarcan la política actual, suele dudarse de la relevancia práctica de las razones y los argumentos. Todo pareciera indicar que la perspectiva natural de los sujetos; o sea, que la mirada "simplemente humana" con que las personas se hacen normalmente cargo de sus circunstancias, con la que tratan de resolver sus muchas preguntas y problemas, deja escapar siempre algo importante para la comprensión cabal del fenómeno político. El convencimiento casi general de que dicho fenómeno es sumamente complejo, y que sus múltiples aspectos trascienden el entendimiento común de los individuos, ha sido causa frecuente de la retirada de éstos al espacio más cierto —o que se percibe como más cercano o controlable— de su privacidad e intimidad. En la misma proporción lo político se ha venido convirtiendo en un lugar habitado sobre todo por profesionales o expertos; hecho que ha resultado en la creencia bastante generalizada de la impotencia de los individuos y sus razones en relación con la política.

La profunda crisis que en esta etapa de la historia está atravesando la humanidad, y que golpea con fuerza inusitada nuestra sociedad, nos impone la tarea de analizarla para aportar en la búsqueda de salidas. La crisis atraviesa todos los niveles de la sociedad, el económico, el social, el político, el religioso, el moral. Entre esos niveles nos interesa aquí señalar el de la conciencia en un sentido amplio, abarcativo, que consideraremos englobado, en general, en el concepto de racionalidad.

Una de las formas tradicionales de concebir la racionalidad práctica es como coherencia o adecuación de la acción con un conjunto articulado de creencias y motivaciones (o fines). Este enfoque, ya presente en Aristóteles, es el que tradicionalmente se conoce como instrumental o formal, y tiene la ventaja de que es sumamente intuitivo y permite explicar por qué las acciones ajenas resultan inteligibles y, por tanto, predecibles. Nuestro concepto mismo de agencia resultaría ininteligible si no presupusiéramos una relación lógica entre las creencias, los fines y el comportamiento del agente. No obstante, este enfoque tiene el problema de ser poco informativo o trivial dado su talante estrictamente formal.

♥Formalmente racional es quien elige lo mejor que tiene a su alcance, valiéndose de los medios más adecuados para ello. Eso conlleva al menos la existencia de una ordenación transitiva de los deseos o preferencias del individuo, 1, en cuestión luna función de esos deseos f(u), un conjunto de creencias, Cl' de 1, que conectan causalmente sus acciones con los resultados de ellas en el mundo y un conjunto de acciones posibles de 1, Al' Es racional, en el sentido mínimo del término, quien escoge aquel curso de acción a ∈A, que, de acuerdo con C,' ha de llevarle del modo más adecuado o económico a lo que considera mejor de acuerdo con sus preferencias la un máximo de la función f(u), si esas preferencias son describibles con una función continua 1 y con sus creencias.

Lo mismo que con los deseos, ocurre con las creencias de I. ¿Han de considerarse como meramente dadas, como crudos "hechos", o es su "racionalidad" objeto disputable?

Ejemplo: Supongamos que I es un pescador que dispone en su barca de una sonda radar para detectar bancos de peces, y que en vez de utilizarla antes de echar la red, se encomienda a la virgen del Carmen porque cree que ese es el medio más adecuado para capturar sardinas. Dada esta creencia, su conducta es racional, pero ¿lo son sus creencias? Todos pensaremos que no. En general, la actitud crítica del hombre racional suele concebirse como capacidad para distanciarse de sus propias creencias, para estimarlas y juzgarlas de acuerdo con algún criterio independiente o relativamente independiente de ellas. El hombre racional tiene creencias (de segundo orden) acerca de sus creencias. Puede creer (con creencias de primer orden) que mañana estará la mar rizada con probabilidad 0,5, que habrá marejada con probabilidad 0,4 y que habrá mar gruesa con probabilidad 0,1. Pero puede al mismo tiempo no confiar excesivamente en sus creencias de primer orden, estar inseguro de las fuentes de información que le han llevado a ellas, etc. Entonces puede desarrollar creencias de segundo orden sobre sus creencias de primer orden: por ejemplo, puede creer con probabilidad 0,6 que la distribución de probabilidades de su pronóstico marino para mañana es correcta. (Lo que le llevaría a creer con probabilidad 0,6 en su pronóstico de que la probabilidad de mar rizada para mañana es 0,5.).

Esta distancia crítica respecto de las propias creencias (de primer orden) es crucial para el éthos de la investigación científica del mundo. Si no tuviéramos creencias de segundo orden, ni se nos ocurriría la posibilidad de mejorar nuestra información sobre el mundo; simplemente actuaríamos "guiados" por convicciones chatas e inescrutables.

II. Razón y racionalidad

Los términos "razón" y "racionalidad" tienen una multiplicidad de acepciones importantes. No es la intención de este escrito repasar los diferentes sentidos en los que se ha usado históricamente cada uno de estos términos, ni los diferentes sentidos que hoy en día se les dan. José Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, por ejemplo, bajo los rubros de "racionalidad", "razón" y "tipos de razón", ofrece un excelente repaso de los diferentes usos de esos términos.

El ser humano es un ser que habla, que piensa y que actúa "racionalmente". O lo que es igual, un ser que posee un lenguaje articulado, que es capaz de tomar decisiones "racionales" y de reflexionar tanto sobre sus reflexiones, como sobre sus deseos y preferencias. Que es capaz, en fin, de desarrollar, en virtud de su libertad, un pensamiento y una conducta específicamente "racionales"

Aquí nos centraremos en dos acepciones muy importantes del término "razón": una es la que se refiere a una capacidad o habilidad de los seres humanos que les permite conocer su entorno natural y social, lo cual les permite -y supone- interacciones con ambos entornos. Por esto, para nuestros fines, es muy importante tener clara la noción de conocimiento de que se trata. Aquí nos concentraremos en el conocimiento proposicional, es decir, el que se expresa por medio de proposiciones.

Este tipo de conocimiento ha sido analizado con profundidad por toda la tradición filosófica occidental, desde Platón hasta nuestros días. El tipo de interacción social que aquí interesa primordialmente es la interacción dialógica entre los seres humanos, es decir, la interacción comunicativa por medio de los lenguajes articulados, utilizando conceptos.

La otra acepción de razón sobre la que nos concentraremos aquí es la de "razón" como fundamento o base para aceptar o rechazar una creencia, para elegir un determinado curso de acción o un cierto fin. Así, la capacidad que llamamos razón es la que permite a los seres humanos de carne y hueso tener creencias y evaluar los fundamentos que tengan a favor o en contra de esas creencias. El término "razón", entonces, no se refiere a ninguna entidad, ni ---como lo ha formulado Ferrater Mora- a misteriosas "facultades", "las llamadas tradicionalmente «facultades del alma", a menudo calificadas de "potencias". Usamos, pues, "razón" en el sentido epistemológico al que se refiere Ferrater, en donde la razón se refiere a una capacidad de personas de carne y hueso: "da razón en sentido epistemológico encarna en individuos biológicos de cierto nivel biomental y social" .

La racionalidad se entenderá aquí como el ejercicio apropiado de la razón al hacer elecciones en la búsqueda de fines apropiados . En este sentido, sólo tiene sentido predicar la racionalidad o irracionalidad con respecto a los seres humanos "y sus creencias, decisiones y conducta". Como lo ha dejado claro Mosterín, no es correcto pensar que los seres humanos son "animales racionales", sino que lo correcto es pensar que son "animales racionales o irracionales", es decir, que al actuar, al elegir entre diversas opciones, al aceptar o rechazar creencias, por ejemplo, lo pueden hacer racionalmente o irracionalmente. Pero por supuesto muchas acciones de los seres humanos, incluso muchas elecciones que hagan, no tienen que ser ni racionales, ni irracionales. Andar en bicicleta -en vez de usar un vehículo de motor de gasolina- puede ser una elección racional si no deseo contaminar más el medio ambiente, o si lo hago para mantenerme en buena condición física, pero puede no ser ni racional ni irracional, si lo hago como un fin en sí mismo, y nada más que por el placer de hacerlo. Pero en cambio si tengo urgencia de ir de la Caracas a Quito, puede ser irracional hacerlo en bicicleta, si tengo la opción de ir en avión.

La racionalidad no es una facultad, sino un método. Pero , la racionalidad no es única, así es que con mayor precisión deberíamos hablar de diversas maneras racionales, o métodos racionales para tomar decisiones, para hacer elecciones cuando perseguimos fines determinados. Estos fines pueden ser gnoseológicos, morales, estéticos, políticos, etc. De modo que la razón se ejerce, en ocasiones, para elegir creencias -aceptar o rechazar creencias- o cursos de acción -optar por un curso de acción o por otro, o por la inacción- o bien objetivos, fines y metas en función de intereses y deseos. La acepción de "razón" como fundamento ha sido claramente formulada por Luis Villoro: "razón", en este sentido, es "todo aquello que justifica para un sujeto la verdad o la probabilidad de su creencia, el fundamento en el que basa una creencia ..". "Justificación", a la vez, este autor la entiende como la realización de "una operación mental por la que inferimos una proposición de otra proposición o de la aprehensión directa de un estímulo y, al hacerlo, damos razón de una creencia" . Por ejemplo, si hemos aceptado la proposición de que todos los hombres son mortales, debo aceptar que yo soy mortal, la razón para que yo crea que no soy inmortal es que he aceptado que todos los hombres son mortales, y de ahí infiero que yo soy mortal.

Por otro lado, mi creencia en que soy calvo puede tener fundamento en la aprehensión directa de un estímulo, por ejemplo pasarme la mano por la cabeza y no sentir ni un solo cabello, o verme en un espejo y ver mi cabeza brillante como una bola de billar. Alguno de esos estímulos sensoriales puede brindarme la razón para creer que soy calvo, Si suponemos que S denota un sujeto y p una proposición, dice Villoro, "Razón de la creencia de S en p es lo que hace que "p" sea aceptable para S" . Ésta es la misma idea que explora Rescher "La "razón" de un agente racional para dar un cierto paso (adoptar una creencia o ejecutar una acción o hacer una evaluación) es una consideración o una línea de pensamiento que proporciona al agente con una base de justificación para dar ese paso, y que puede por consiguiente -desde el punto de vista del propio agente- servir para explicarlo o validarlo". Pero como lo advierte Rescher, no todas las razones son buenas razones. Un sujeto es racional (en su elección de creencias, de un curso de acción o de fines) si su elección se basa en buenas razones. Rescher agrega: "Lo que convierte a una razón en una buena razón es el hecho de que su implementación conduce a nuestros esfuerzos en las direcciones apropiadas, y las mejores razones son aquellas que logran lo máximo en este sentido" .

Un debate importante en la filosofía contemporánea ha sido si "las direcciones apropiadas" pueden determinarse racionalmente o no. Para la llamada teoría de la elección racional lo importante es elegir los medios más adecuados para obtener los fines que perseguimos, pero no podemos discutir racionalmente si estamos persiguiendo fines apropiados.

La teoría de la elección racional ha sido desarrollada básicamente en función de la toma de decisiones con respecto a cursos de acción posibles, por lo cual, su mayor relevancia tiene que ver con los campos de la acción humana; sus principales desarrollos se han dado en relación con la teoría económica, y se han discutido mucho sus consecuencias para las decisiones morales y políticas.

Entre las principales críticas que se han hecho a la teoría de la elección racional está el hecho de que esa teoría trata de sólo un aspecto de la racionalidad: de la racionalidad instrumental o de medios-fines, es decir, la que trata de la elección de los medios más adecuados para la obtención de fines dados. Pero esa teoría hace caso omiso de otros aspectos que muchos autores consideran igualmente importantes -o más- para comprender cabalmente la racionalidad.

Para entender esto mejor, podemos pensar en que, incluso tan sólo desde un punto de vista epistémico, los seres humanos tienen que enfrentar elecciones no sólo en relación con medios para obtener fines, sino también en torno a problemas como los siguientes:

a) Cómo elegir valores y fines; b) cómo aceptar o rechazar concepciones del mundo (entramados conceptuales más comprehensivos que las teorías científicas); c) cómo aceptar o rechazar teorías acerca del mundo;

d) cómo aceptar o rechazar datos como evidencia pertinente para un problema específico; e) cómo aceptar reglas y normas; f) cómo aceptar o rechazar principios lógicos.

Puede pensarse que con respecto a cada uno de estos problemas existe una cierta noción de racionalidad. Así, por ejemplo, siguiendo de manera aproximada ideas de Mario Bunge , cada uno de los problemas anteriores puede entenderse como correspondiendo a diferentes niveles, que a su vez dan lugar a los siguientes conceptos de racionalidad, además del ya mencionado de la racionalidad instrumental:

a) Racionalidad evaluativa: que trata acerca de los fines que son realizables y que merecen ser perseguidos porque les asignamos un valor, así como de la elección de valores.

b) Racionalidad ontológica: requiere la adopción de una visión del mundo consistente, compatible con la ciencia y la tecnología disponibles.

c) Racionalidad epistemológica: requiere que las teorías que se acepten tengan apoyo empírico y evita conjeturas que sean incompatibles con el cuerpo de conocimiento científico y tecnológico aceptado por medio de buenas razones.

d) y e) Racionalidad metodológica: requiere que la aceptación de creencias se haga después de una crítica cuidadosa y sólo cuando exista una adecuada justificación, es decir, pruebas o evidencia favorable, y que no existan razones suficientemente poderosas como para abandonar la creencia en cuestión; asimismo exige que la aceptación de creencias esté basada en normas y reglas que tengan alguna garantía, aunque también ellas sean revisables.

f) Racionalidad lógica: exige evitar las contradicciones.

Siguiendo a Bunge, puede llamarse racionalidad completa al concepto que englobe todos estos niveles. Cuando se ejemplifica uno de esos niveles, o una combinación de algunos de ellos, podemos hablar de racionalidad parcial.

Continuaraaaaaaaaaaaa…

III: BIBLIOGRAFÍA

Bunge, M. (1985), Racionalidad y Realismo, Alianza Universidad, Madrid,

Domenech, A. (1989), De la Ética a la Política. De la razón erótica a la razón inerte, Crítica, Barcelona.

Elster, J. (1983), Sour Grapes. Studies in the subversion of rationality, Cambridge University Press, Cambridge

Elster, J. (1979), Ulysses and the Sirens. Studies in rationality and irrationality, Cambridge University Press, Cambridge

Ferrater Mora, J. (1976), Diccionario de Filosofía, Alianza Editorial, Madrid.

Mosterín, J. (1978), Racionalidad y Acción Humana, Alianza Universidad, Madrid.

Olivé, L. (1988a), Conocimiento, Sociedad y Realidad, Problemas del análisis social del conocimiento y del realismo científico, FCE, México.

Olivé, León (ed.) (1988b), Racionalidad, Siglo XXI/UNAM, México.

Rescher, N. (1988), Rationality, Oxford University Press.

Villoro, L. (1982), Creer, Saber, Conocer, Siglo XXI, México.







 



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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