El ciudadano de hoy ante el futuro

¿ Cuál será la herencia que la actual generación dejará a las que vienen ? La pregunta deambula por los cinco continentes buscando respuesta, pero no parece preocupar a los líderes de las sociedades desarrolladas que han venido conduciendo los destinos del mundo.

Y si miramos alrededor de nuestras debilitadas regiones, con escasa capacidad para albergar unos pocos árboles de “baobabs”, de los que nos habla Antoine de Saint-Exupèry en su obra El Principito, donde la serpiente boa se traga a su presa de un solo bocado, el panorama se hace más temible. Sería como encontrarnos frente a una opereta cuyos actores son incapaces de arrancar un aplauso a mitad de la pieza.

A decir verdad, tanto para el presente como para el futuro no se vislumbran grandes cambios. Algunos estudiosos, preocupados por el tema, infieren que las potencias se afianzarán en sus modelos de dominación.

Otros interesados en la materia piensan que los conflictos religiosos irán in crescendo; mientras que la mendicidad y el hambre continuarán juntas por la misma recua. Entonces la pobreza persistirá.

Ciertas filosofías religiosas, en connivencia con determinados Estados, se impondrán mediante el uso de métodos no muy santos que digamos, como lo revelan a diario los medios de comunicación colectiva.

El fortalecimiento militar cada vez más sofisticado de las potencias e imperios, así como el desajuste o deslave ideológico (si vale la expresión), mundial que originó el derrumbe del muro de Berlín, ofrecen un escenario propicio para alimentar los apetitos avaros de determinados liderazgos grupales, que atesoran los grandes capitales internacionales.

Si la mendicidad y el hambre van juntas, al aumentar estos factores sociales se producirán crecientes migraciones de personas por el globo en búsqueda de ayuda de aquellas naciones con mayor desarrollo. Y estas, para evitar alteraciones en su euritmia socioeconómica, rechazarían a tantos pobres que, de una u otra forma, intenten entrar en sus territorios.

Si desclasados y limosneros son hoy un problema, a futuro podrían convertirse en una especie de “epidemia”, una ”plaga” desenfrenada. Por sus componentes socioculturales, ellos desencajarían en cualquier sociedad ajena a la suya. Esto indica que los países subdesarrollados, cuyas riquezas naturales han servido para sostener el mayor desarrollo y progreso de los ya desarrollados, se observan a las claras con escasas posibilidades para crecer solos.

La idea de una civilización en la que converjamos todos bajo un mismo techo —como lo anhelaba el Principito para su minúsculo asteroide, el B 612— sigue buscando horizontes.

Los verdaderos canales para alcanzar esa idea están en la conciencia de la gente, aquí y acullá. En una lucha tenaz por la educación y formación política del ciudadano, del que camina por las aceras y aguarda por el autobús en las paradas. Del que está sentado frente al televisor o en un aula de clases en la universidad. Del obrero que se desplaza para su trabajo y del campesino que ara la tierra pensando en la alimentación de los demás.

*Periodista venezolano en funciones diplomáticas en Vietnam
nelsonrodrigueza@gmail.com


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Nelson Rodríguez A.

Periodista y diplomático. Autor de ensayos, cuentos y poesía.

 nelsonrodrigueza@gmail.com

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