Elías Jaua y los antecedentes teóricos del desarrollo endógeno en Venezuela

Jaua M. Elías considera que: "El desarrollo endógeno empieza a tomar cuerpo mucho antes de la contrarrevolución neoliberal de los años 80, a partir de las críticas al modelo de desarrollo regional `del centro hacia abajo´, hegemónico a nivel global entre los años 60 y 70, período de auge y ocaso del régimen fordista-keynesiano de acumulación de capital, y de las ideas de los `polos de crecimiento industrial´ que asociados con el capital multinacional, tendrán un efecto dinamizador en la economía de los países empobrecidos del mundo". (Jaua, 20005; 6)

"Según este modelo de polos capitalistas, --continúa Jaua--el desarrollo tendría su origen en algunos pocos sectores dinámicos de actividades industriales y agrupaciones geográficas´, desde los cuales se extendería al resto de los sectores y áreas geográficas, hacia abajo y horizontalmente, sin generar efectos de fugas y efectos de dominación. En otras palabras, el desarrollo económico y social de los países `subdesarrollados´ dependería de su capacidad para seguir el modelo del sistema capitalista mundial e integrarse cada vez más a su mercado, a través de la asimilación de condiciones de competitividad" (Ibíd., p.6 y 7).

"Mejor dicho, --aclara Jaua-- "el desarrollismo estaría enfocado en "políticas de desarrollo hacia adentro", en forma de enclaves geográficos, inducidas por multinacionales quienes mimetizaban los modelos capitalistas de producción en el contexto de la periferia de los países subdesarrollados. Sin embargo; "en la segunda de la década de los 70, en la llamada `Tercera Italia´, una crítica al desarrollismo convencional dio pie a los primeros planteamientos del `regionalismo endógeno´, como fórmulas para acoplar a los procesos de restructuración económica y reconversión industrial a nuevos territorios organizados bajo criterios de desarrollo local y descentralización política, muy en boga durante los años 80 y 90. Estos tuvieron un profundo anclaje en algunas experiencias concretas en el Sur de Europa, y fueron ampliamente publicitadas como paradigma alterno de desarrollo local exitoso. Los teóricos de este `nuevo regionalismo´ europeo, entre los que cabe mencionar a autores como Bagnasco,

Becattini, Brusco, Garofoli y Fúa, se ubican entre los primeros en hablar sobre `desarrollo endógeno, que resumen en una premisa: `Desarrollo endógeno es…la capacidad de innovar a nivel local´". (Ibíd., p 7). Esa visión de desarrollo regional o local con que el capitalismo pretendió hegemonizar la América Latina estuvo sustentado en la restructuración del aparato productivo, lo que es lo mismo, el traslado de patrones de producción industriales obsoletos en el centro de los países capitalistas desarrollados a los países subdesarrollados capitalistas simulando un desarrollo hacia adentro de tales economías. El objetivo del regionalismo endógeno, "bajo la máscara de la competitividad global y la búsqueda de `fertilidad localizacional´ se convirtió en forma de `aggiornamento funcional al proceso de restructuración capitalista, además de un ajuste político-institucional descentralizador congruente con el proyecto neoconservador de desmontaje del Estado Social Europeo". (Ibídem).

Advierte Jaua que "desarrollo endógeno no puede reducirse a la simple antinomia ente estrategias de sustitución de importaciones/estrategias orientadas a la exportación, ya que lo fundamental es comprender como las estrategias económicas son aplicadas por bloque sociales hegemónicos que expresan en ellas los intereses, objetivos y metas que domina la sociedad en cada momento. Según la coyuntura…lo fundamental reside en una articulación mayor y más orgánica entre el crecimiento de bienes de producción y el crecimiento de la producción de bienes de consumo popular masivo". (Ibíd., p. 8).

Ya antes, frente a las visiones tecnocráticas del desarrollo endógeno, Ahmed Ben Saleh exministro de Desarrollo tunecino de la década de los 60, formuló en su país Túnez una propuesta "desarrollo endógeno socialista y democrático", que implicaría una transformación de la estructura de la tenencia de tierra, y de los sectores industriales y de servicios, así como del poder político. Todo esto sumado a medidas concretas dirigidas a satisfacer las necesidades materiales y no materiales: empleo, hábitat, salud, educación y libertades democráticas. (Jaua, M. Elías, 20xx: 11).

Afirmaba Ahmed Ben Saleh: "el desarrollo debe ser nacional, debe fundarse en la independencia nacional y por ello implica el rechazo de la satelización y del vasallaje a los intereses extranjeros y la ruptura de las relaciones de dependencia y la descolonización estructural. Debe ser impulsado desde el interior del país y no desde el extranjero…el desarrollo debe ser realizado por las capacidades, los esfuerzos, los recursos y los medios nacionales y no por el capitalismo extranjero" (ibíd.., p. 12).

De igual modo argumentaba Ahmed Ben Saleh: "....el desarrollo se halla estrechamente ligado al problema de conjunto del poder, de su distribución y su ejercicio. La reforma de las estructuras del poder económico, tanto como el político…el desarrollo implica la movilización de las masas populares y debe ser el resultado de la misma. El desarrollo no se hace sin las masas, sino con y por las masas. Todos los productores deben estar íntimamente implicados en el proceso de su desarrollo, que debe satisfacer sus aspiraciones y realizarse sobre la base de sus elecciones y de sus decisiones" (Ibídem).

Dentro de esta misma línea del desarrollo endógeno, Jhon Friedmann y Clyde Weaver en su libro Territorio y Función, de 1979, plantearon una propuesta alternativa al paradigma económico funcional (del capitalismo desigual de desarrollo) para hablar de desarrollo agropolitano. Señala Jaua M. Elías que pese a no enunciar explícitamente el concepto de desarrollo endógeno, defendían la idea de un desarrollo basado en criterios territoriales-integrales, bajo el argumento que el objetivo era adecuar la función al territorito eco-humano y no deshumanizar el territorio en nombre de la funcionalidad y política (Ibídem.).

Por su parte a principios de la década de los 80, del siglo XX, Walter Stöhr propuso el "desarrollo desde abajo y desde la periferia", inscrita también desde el patrimonio intelectual del desarrollo endógeno territorial, el autor descarta la idea de imitar el desarrollo de otras comunidades más desarrolladas a escala local, regional o nacional, asimismo rechaza la idea afirmando de que "las comunidades pobres deben producir más bienes para la demanda de los ricos…y volver a su propios factores (principalmente mano de obra y recursos naturales) para percibir a cambio transferencia de capital, tecnología y habilidades organizativas (asistencia para el desarrollo) de parte de los países más desarrollados" (ibídem).

En consiguiente; el desarrollo "desde abajo desde la periferia" de Stöhr y Todtling exigiría un grado de cerrazón espacial selectivo que limitara aquellas transferencia desde y hacia regiones o países, conducente a la reducción de la potencialidad de un crecimiento basado en los esfuerzos y los recursos propios. La estrategia tendría como objetivo principal el desarrollo pleno tanto de los recursos naturales como de las habilidades humanas de una determinada región, para atender en primer lugar las necesidades más elementales de la población, comenzando por las comunidades locales. Esto como condición para el logro de los objetivos de desarrollo de más largo alcance. (Ibíd., p. 11 y 12).

Advierte contra la hegemonía del desarrollo del capitalismo global, W. Stöhr: "la imposición de un concepto y una medida uniforme de desarrollo o no puede sino relegar a ciertos grupos a lo que actualmente se llama `subdesarrollo´, alejándolo progresivamente de los patrones prefijados e imponiéndoles cada vez más con más fuerza el papel de desposeídos, una vez que estos grupos económicamente desposeídos comienzan a una interacción más intensa con los más desarrollados, en las mismas condiciones fijadas por estos últimos, se ven forzados a ir adoptando las mismas normas sociales, culturales, políticas e institucionales para poder competir con ellos en términos económicos, por cuanto la mayor parte de las interacciones de gran escala se regulan por medio de la economía…la alternativa sería que los grupos y áreas de menor desarrollo económico otorgaran clara prioridad a sus propios pautas sociales, determinadas por ellos mismos, y que les subordinaran las interacciones externas, tanto económica como de otro carácter". (Ibíd., p. 13).

Actualmente; la globalización neoliberal articula prácticas para posesionarse de nuevos territorios a escala planetaria, apoyándose en la gestión de gobiernos capitalistas ligados a intereses foráneos pretenden desnacionalizar a dichos países del "tercer mundo" a nombre de una promesa de "crecimiento endógeno" apalancado por filiales transnacionales y testaferros que le sirven de mampara. Sin embargo pese a ese esquema de "crecimiento endógeno" tutelado desde el centro y arriba no elimina las contradicciones del desarrollo desigual, quedando pendientes conflictos y aspiraciones que exigen superación del capitalismo dependiente y neocolonial

Fuentes: consultada:

.-Jaua, E. Milano (2005). Nuevo modelo socio-productivo y desarrollo endógeno, editorial del Ministerio de Economía Popular, Venezuela.



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Alexander Kórdan Acosta R.

Economista. Magíster en Gerencia de Servicios Administrativos. Doctor en Ciencias Estratégicas para el Desarrollo. Profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV). Instructor de Cooperativismo Comunitario.

 kordankovki@gmail.com

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