El Socialismo del siglo XXI fracasó, y ahora ¿qué?

De acuerdo al fracaso del "socialismo real", el socialismo sigue sin ser una alternativa real y concreta para la sociedad. Aunque debemos aclarar que el "socialismo real" era mucho de un Capitalismo de Estado (autoritario) con un carácter distributivo "más social", mezclado con mala gestión y poco o nada de socialismo; a lo más, un socialismo declarativo, sin contenido ni sustancia en lo económico, político y social. Lo que nos permite concluir que lo que fracasó una vez más, producto de las contradicciones del capitalismo (que subyacen en él) y de la mala gestión pública, fue el gobierno que dirigía el capitalismo de Estado (o socialismo real). Circunstancia que señala la temporalidad económica, política y social de este tipo de capitalismo (capitalismo de Estado); así como, evidencia la necesidad histórica de su presencia en la etapa inicial del socialismo que pretende de usurpar.

No es entonces, el capitalismo de Estado sinónimo de socialismo; sino, una fase intermedia (capitalista) en un largo proceso de transformación socialista. A lo que hay que añadir que este tipo de capitalismo será una fase intermedia del socialismo sí y solo sí en la dirección de Estado y en el desarrollo histórico de la sociedad subyacen algunos elementos de revolución social. Esto, para diferenciarlos de los capitalismos de Estado petroleros que no necesariamente tienen algún elemento revolucionario, más allá de la lucha reivindicativa (o distributiva) por los ingresos del Estado, que desarrolla la clase trabajadora contra de la burguesía imperial transnacional y su aliada la burguesía nacional.

La carencia de sentido revolucionario del capitalismo de Estado que surge de los procesos de cambio social (político y social), tiene su epicentro en la falta de consciencia de la vanguardia revolucionaria respecto a lo que se debe cambiar para transformar la sociedad capitalista en sociedad socialista. De aquí, que hablemos de cambio social y no de transformación social. Hecho que supone dejar de confundir apropiación de los medios de producción por parte del Estado con eliminación de la propiedad privada: con socialismo. Entendiendo por fin, el significado de la eliminación de la propiedad de los medios de producción como el resultado emergente, pacífico y continuado de las prácticas sociales socialistas y/o comunistas de los seres humanos y no al revés, como se ha querido hacer: que la imposición por la vanguardia "revolucionaria" de la apropiación de los medios de producción de la sociedad por el Estado produce prácticas sociales socialistas (socialismo) en la misma. Cuando la verdad es que: es la presencia de las prácticas sociales socialistas realizada por la mayoría de los individuos de la sociedad las que dan como resultado la eliminación de la propiedad privada.

En este contexto, el capitalismo de Estado ("socialista o revolucionario") a diferencia de otros Estados capitalistas que también fracasan producto de: sus propias contradicciones (al limitar la circulación de mercancías entre los seres humanos), la corrupción y de la mala gestión pública; estimulan declarativamente la auto transformación socialista de la clase obrero, para luego retardarla al demostrarse el carácter usurpador y engañoso que hacen del socialismo: debilitando con ello moralmente a la clase trabajadora.

Sin embargo, estos ensayos históricos, en el marco de la lucha de clase, sirven para que la clase trabajadora acumule la experiencia necesaria que le permita dar el salto cualitativo al socialismo: estimulando la reflexión teórica que permita conocer, por fin, lo que hay que cambiar del capitalismo para construir a partir de él, el socialismo. Hecho sustantivo, que a la fecha, paraliza y reduce el trabajo de la vanguardia a experiencias capitalistas tipo capitalismo de Estado; eliminando todo carácter estratégico a la toma del Estado, más allá de una redistribución momentánea de los ingresos del Estado para beneficios la clase trabajadora. Con lo cual la toma del Estado capitalista como estrategia para ganar el tiempo para consolidar la transformación socialista se diluye. Estos elementos redundan en la necesidad de una gran reflexión en la clase trabajadora mundial acerca de lo que es necesario cambiar en el capitalismo para realizar la construcción de socialismo.

El capitalismo de Estado cumple así su papel histórico al señalar las inconsistencias ideológicas que limitan la construcción de prácticas sociales socialistas; pero, también permiten madurar la reflexión sobre los cambios.

En este sentido, puntualicemos que el socialismo como propuesta emergente de organización social, política y economía transciende el tema de la gestión pública; aunque esta tiene una importancia táctica fundamental sobre todo en la fase inicial de transformación y consolidación socialista. Como ejemplo, valgan las crisis periódicas que se desarrollan con motivo del crecimiento del capitalismo a su fase imperial; el cual, independiente de sus contradicciones internas, y aún más, de la mala gestión pública no deviene ni en socialismo ni en feudalismo: a lo más impulsa propuestas revolucionarias (de cambio) de muy corta inspiración que a la fecha no han cuajado en una transformación social sino, como ya se dijo, en un capitalismo de Estado, que pretende usurpar al socialismo. Por otra parte, estas crisis cíclicas del capitalismo no producen la transformación de la sociedad porque ocultan la sustitución del ejercicio dominante de las prácticas sociales capitalistas en la sociedad, en las contradicciones propias del capitalismo. Y porque no se sabe cuáles son esas prácticas sociales capitalistas y menos aún cuál es la base de esas prácticas sociales.

Este tema ha sido poco discutido en el ideario socialista; sin embargo, es de una importancia total para su construcción. Y esto es así, porque luego del fervor revolucionario que enfoca a la clase trabajadora y campesina en el proceso de transformación social; haciendo olvidar a cada trabajador su condición individual para hacerse consciente de la contribución social y colectiva que exige el proceso revolucionario, la inconsistencia ideológica, respecto a lo que hay que cambiar, y una mala gestión pública constituye el comienzo del fin de una fantasía revolucionaria. Más determinante aún resulta la mala gestión pública cuando quien dirige el proceso revolucionario cree que el socialismo es una utopía y no tiene ni idea de cómo hacer socialismo, porque no sabe que hay que cambiar en el capitalismo; ni cuál es la lógica de funcionamiento de ese cambio. Hecho que permite concluir que la vanguardia que dirige el proceso revolucionario no sabe qué hay que cambiar para construir el socialismo: no sabe qué es y cómo se construye una sociedad y Estado socialista. De aquí que, cualquier resultado seudo socialista que oriente (redistribuya) los ingresos del Estado más hacia la clase trabajadora (aunque sea temporal) es bueno y trata de pasar por socialismo.

Redistribución con la cual la "vanguardia" pretenden desesperadamente sobrevivir a sus inconsistencias ideológicas y mantenerse en el poder pese a los malos resultados del capitalismo (de Estado), la corrupción y su la mala gestión pública; suavizando con ello las contradicciones de la lucha de clase, aunque se presente altisonante y amenazador con la burguesía en apariencia. Ocultando sin proponérselo, las prácticas sociales y la lógica la capitalista, en medio de un discurso socialista. De aquí, el engaño y frustración de la clase trabajadora, al tratar de usurpar el significado y contenido de socialismo con acciones capitalistas que no puede dejar de aplicar. Llegando inclusive a chantajear a la clase trabajadora para que defienda contra sus propios intereses, la corrupción y la deslealtad de clase que gesta en su seno el capitalismo de Estado. Engaño que llevado de la mano por una mala gestión pública acelera, en una primera fase, la profundización de un capitalismo salvaje.

Si no se sabe cómo hacer socialismo acaso se puede saber cuáles son las tareas de la revolución, más allá de una simple declaración principista. Qué sentido tiene todo este esfuerzo social, ante este vacío ideológico de la izquierda, carente de objetivos concretos, metas, estrategias, tácticas y tareas, si no es el de conformarnos con ser parte de la crisis cíclica del capital, en su proceso de crecimiento imperial, y dejar a la clase trabajadora indefensa frente a un capitalismos más despiadado?

De aquí que señalar que una práctica social basada en los valores de respeto, valorización y trabajo colaborativo, constituya la base para darle contenido ideológico a una verdadera transformación socialista. Cuya importancia no nace del hecho teórico (racional) que lleva consigo señalar las prácticas sociales basadas en la aplicación de los citados tres valores como prácticas sociales socialistas; sino de convertir al socialismo en un hecho práctico, concreto y cotidiano de ejercicio individual y colectivo para la sociedad. En el marco de estos valores el socialismo ya no es una utopía en, cuanto hecho ideal inalcanzable; porque ahora sabemos qué cambiar y en cuanto tal, podemos trazar estrategias acerca de cómo hacer el cambio tangible. La tarea histórica de la revolución y de los revolucionarios en esta etapa del desarrollo social de la humanidad es impulsar la transformación de los valores capitalista de irrespeto, desvalorización y utilización; por los valores socialistas de respeto, valorización y trabajo colaborativo en la práctica social cotidiana de la sociedad. Transformación que supone, a su vez, un cambio de la lógica capitalista, que nace como aplicación de sus valores a la práctica social; por la lógica socialista que nace de la aplicación continua y masiva de los valores de respeto, valorización y trabajo colaborativo en la producción e intercambio de mercancías y afectos de la sociedad. Esto es, por la lógica que nace por la aplicación de valores de respeto, valorización y trabajo colaborativo en la práctica social dominante de la sociedad.

En este sentido, la toma del Estado capitalista tiene una orientación estratégica para la clase trabajadora y su vanguardia revolucionaria. Estrategia que tiene como meta promover a través del Estado capitalista los valores de respeto, valorización y trabajo colaborativo tanto en las prácticas gubernamentales (del Estado hacia el resto de la sociedad) como en sus prácticas administrativas (internas del Estado). Hecho que parte del ejercicio de los valores socialista en las prácticas sociales cotidianas la vanguardia revolucionaria en el ejercicio de los altos cargos del Estado y del partido, al momento de la toma decisiones y en las prácticas administrativas del mismo; minimizando y reprimiendo, a su vez, los valores capitalista de irrespeto, desvalorización y utilización.

El ejercicio reiterado y permanente por los altos jerarca del Estado y el movimiento revolucionario de la práctica de trabajo basada en valores socialistas (prácticas socialistas) constituyen la base para permear a todo la estructura social (y en particular, a la clase trabajadora), la estructura administrativa y gubernamental. Estimulando y desarrollando con la perseverancia, la no violencia y el transcurso del tiempo una cultura (una lógica) socialista que transforma gradualmente el Estado capitalista en Estado socialista. En este punto, las tareas concretas de la vanguardia revolucionaria se presentan como el conjunto de acciones orientadas a estimular y desarrollar prácticas sociales basada en valores socialistas desde el Estado y en el seno mismo de la sociedad; desde su actividad económica hasta su ejercicio político, pasando por su vida familiar y comunal.

En este punto la relación dialéctica entre la sociedad y el Estado se verá retroalimentada y validada por las prácticas sociales dominantes que se practiquen desde los poderes fácticos tanto en el sector público como privado; o en su defecto entrarán en antagonismos hasta imponerse aquellas prácticas sociales (capitalistas o socialistas) que demuestren con su uso reiterado hacer más viable y fluido el intercambio de mercancías y afectos en la sociedad. Hecho, que para el caso de prácticas sociales socialistas permitirán superan las barreras de circulación de mercancías y afectos entre los seres humanos impuestas por el capitalismo a través de la acumulación de capital por una parte y la subsistencia y la pobreza por el otro. De resultar dominante las prácticas sociales y la lógica socialista en el seno del Estado (practicadas por los altos jerarcas y la administración media y baja); así como en el sector privado (la clase trabajadora y campesina) se habrá logrado la transformación de la sociedad y esta será ahora socialista.

Sin embargo, la efervescencia revolucionaria en la fase pre- socialista no garantiza en el mejor de los casos, más que un breve ventana de tiempo histórico para ensayar prácticas sociales revolucionarias basada en los valores socialista de respecto, valorización y trabajo colaborativo. Que dada la ceguera y vacío ideológico de los sectores "revolucionarios"; así como, la visión coyunturalista y heroica que los caracteriza, se traduce (o se malgasta) en una redistribución momentánea de los ingresos del Estado. Sustentada en el reforzamiento de los valores capitalistas de irrespeto, desvalorización y utilización desde la cúpulas del Estado y el movimiento "revolucionario", bajo los concepto autoritarios de regulación y control, propio de gente con personalidad inmadura que carece del contenido ideológico socialista necesario para realizar su accionar político, social, económico, administrativo y gubernamental: en particular frente a la clase trabajadora a la que debe contribuir a educar.

Por otra parte, si las prácticas sociales socialista no son ejercitadas individual y colectivamente en forma masiva y pacífica por un largo tiempo; no serán, entonces, validadas, aceptadas y útiles para la supervivencia y convivencia social. De allí que las prácticas sociales que no tengan el carácter dominante en la sociedad (sean practicadas por todos) no permanecerán; independientemente que así se quiera declarar, sea más justo o beneficien a más gente. No se es socialista ni se hace socialismo por simple declaración; sino que esta se construye (se realiza) con y por una práctica social reiterada, permanente y pacífica individual, colectiva y societal en el transcurso de muchoooo tiempo. Tiempo suficiente para que como hecho social sea considerado natural por los seres humanos.

En este contexto, ¿qué o quién da el tiempo suficiente a la revolución para construir un Estado y una sociedad socialista? Pues la buena gestión pública de un Estado capitalista en transformación: aquel que promueve los valores de respeto, valorización y trabajo colaborativo en la sociedad. He aquí, entonces, el carácter táctico de una buena gestión pública. En este sentido, con una buena gestión pública del Estado capitalista en transformación se gana tiempo revolucionario para el ejercicio intensivo de prácticas sociales socialistas; que, por otra parte, refuercen la confianza de la clase obrera y de la vanguardia revolucionaria como conductores eficaces del proceso de transformación Estado capitalista y del futuro Estado socialista. Sin esa buena gestión pública cualquier intento revolucionario que pretenda ser socialista (asumiendo que se sepa cómo construir socialismo) fracasará debido a la falta de tiempo para permear a toda la sociedad con las prácticas y lógica socialistas. Permeabilidad que se logra por el uso masivo y sostenido de las prácticas sociales socialistas en la sociedad.

Socialismo que, por otra parte, es la etapa previa a la organización más sublime de los seres humanos (la sociedad comunista) donde la administración pública sea ejercida por todos los ciudadanos (por todos los seres humanos) en base a los valores de respeto, valorización y trabajo colaborativo. Donde desaparezca la distinción de la función pública y privada del Estado, porque todos los ciudadanos persiguiendo el respeto, valorización y trabajo colaborativo de sus derechos y los del resto de los ciudadanos, en los planos políticos, social y económico, ejercerán la actividad administrativa y gubernamental directamente el papel del Estado.

Por ello, sin una buena gestión pública no existe la posibilidad de desarrollar los valores socialistas en el Estado y en la sociedad capitalista; y aún menos en el inicio del Estado socialista, hasta bien entrada su fase de consolidación. La mala gestión pública desestimula los valores socialistas e impone los valores de irrespeto, desvalorización y utilización que frenan la construcción de socialismo. La mala gestión pública no permite definir y resolver los problemas centrales en la construcción del socialismo (la aplicación de las prácticas sociales y lógica socialista), porque distrae y desvía la acción y la educación de la clase trabajadora y su vanguardia. Así como, tampoco permite definir y resolver los problemas centrales del momento político- económico y social concreto que permitan ganar tiempo y confianza en la clase trabajadora y el resto del pueblo, para el ejercicio de estas nueva relaciones sociales socialistas, por el tiempo suficiente para que se hagan dominante en la sociedad. Una mala gestión pública no permite a los revolucionarios acumular fuerza y controlar las variables fundamentales que le permitan obtener la gobernabilidad necesaria en la sociedad, que le de viabilidad al proyecto de transformación socialista.

Con una buena gestión pública la capacidad de gobierno socialista se consolida y se estimulan los valores que servirán de base al nuevo Estado socialista. De aquí el carácter estratégico de la toma del Estado Capitalista para proponer y ejecutar un proyecto de transformación basada nuevas prácticas sociales socialistas; así como, para estimular y consolidar la capacidad de gobierno de la clase trabajadora con el fin de acumular fuerzas que le permitan controlar las variables necesarias para difundir las prácticas sociales basas en los valores y lógica socialista.

Reducir el socialismo a una seudo eliminación de la propiedad privada (o acumulación de propiedad en manos del Estado capitalista) y/o en una redistribución de los ingresos del Estado es quitarle todo contenido y sentido revolucionario al proceso de transformación socialista; e inclusive, impide cualquier empoderamiento de la clase trabajadora en el gobierno y dirección del proceso económico y político de la sociedad. Razón por la cual la gestión pública revolucionaria (socialista) de un Estado capitalista debe estimular y practicar los fundamentos básicos del socialismo (valores y lógica socialista); así como, conocer y practicar las técnica avanzadas de planificación y de gobierno que ejecutadas por los revolucionarios le den tiempo a la clase trabajadora para educarse, ejercitar y concientizar las prácticas sociales socialista que le permitan realizar su auto transformación económica, social y política.

Visto así, el tema del Estado y la calidad en la gestión pública, las mismas se asumen como las acciones estratégicas y tácticas de la clase trabajadora, la vanguardia revolucionaria y la revolución para la construcción del socialismo. Para lograr el ejercicio dominante de las prácticas sociales basada en los valores y lógica socialista de respeto, valorización y trabajo colaborativo: y con ello la sociedad socialista.

La toma del Estado capitalista garantiza que la clase trabajadora se enfoque en la construcción de su propia transformación a través prácticas sociales socialistas; que lo lleven a obtener victorias políticas, económicas y sociales que no solo reafirmen la justeza y concreción del camino socialista, sino que fortalezcan la calidad de la conducción revolucionaria para profundizar y consolidar la sociedad socialista. De allí la importancia fundamental de la planificación en la gestión del gobierno y en la gestión administrativa. Sin planificación no se construye socialismo; pues esta, es una etapa superior de la organización humana. La planificación determina las tareas concretas del gobierno revolucionario en la construcción del socialismo (del Estado y sociedad socialista); así como, determina la eficacia política necesaria para su avance en las distintas etapas y momentos del proceso de transformación socialista.

Así mismo, la planificación resulta imprescindible para la eficacia administrativa, tan fundamental en la concreción de las acciones de gobierno y en la supervivencia misma del proceso revolucionario; así como, en la construcción del comunismo. De aquí la importancia de no confundir la planificación centralizada controladora y reguladora con la planificación liberadora propia de la ciencia de gobierno y de la gestión administrativa, que permite el desarrollo de un mercado socialista, una política y una sociedad libre socialista; regidos por prácticas sociales socialistas liberadoras.

Resulta impensable lograr la confianza de la clase trabajadora, e inclusive iría contra la propia construcción política y social del socialismo, que la conducción del Estado socialista no resuelva los problemas de participación política, inseguridad, mala educación, mal servicio de salud y desabastecimiento de alimentos. De aquí que enfocar a la clase trabajadora en la transformación de los valores y lógica socialista pasa por un buen manejo del balance general político positivo de la gestión pública del gobierno que dirige el Estado capitalista. E inclusive cuando se esté en un Estado y sociedad socialista ese balance nunca puede ser descuidado. Hecho que requiere para la transformación de la sociedad de un largo período de tiempo de maduración de prácticas sociales socialistas. Luego de lo cual solo queda seguir permeando con los valores y lógica socialista al resto de las sociedades que forman parte de este planeta. Compitiendo con el capitalismo y demostrando en cada caso a la clase trabajadora del mundo que las prácticas sociales y lógica socialista garantizan una mejor forma de vida para la humanidad. Viviremos y venceremos, que viva el socialismo carajo.



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Néstor Aponte


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