Pero la Coca Cola sí

Ni el Papa escapa


Hubo un tiempo, hace muchos años, en que la Iglesia Católica, en el mundo occidental, era buscarse la casa del odio. El Papa y los cardenales, y los arzobispos, y los obispos, y en general, los pobres curas, eran sagrados e intocables. Se hablaba, en voz muy baja, de la corrupción en los conventos, pero nadie osaba mirar de frente a un cura. Ya los tiempos cambiado. Ni el mismo Papa escapa a las críticas, a veces feroces. Si un cura se atreve a ponerle la mano en la cabeza un niño la madre suele un aullido espantoso.

Es decir, ya la Iglesia pasó. Ya no importa lo que se diga de la Iglesia.

Todo sacerdote es sospechoso mientras no demuestre lo contrario.

En el mundo moderno todo está permitido.

Solamente queda una cosa sagrada. Una cosa que no se puede tocar. Me refiero a la Coca-Coca.

Por ejemplo, en Venezuela, chavistas, antichavistas se han dicho horrores. Se han tirado a matar. Habido muertos, de parte y parte. Ya llevan más de 45 en una huelga muy extraña, pero huelga al fin. Hasta el ex—presidente Carter ha tenido que intervenir y está a punto de que lo manden a paseo. Los venezolanos no cree en nadie.

Pero hace pocos días ocurrió algo terrible. Un general insolente, llamado Luis Felipe Acosta, al mando de una tropa, invadió una planta embotelladora de Coca- Cola. Y hasta llego al extremo vejaminoso de tomarse, frente a las cámaras de la televisión, una lata de Coca-Cola y eructar.

Este gesto, tan simple, este vejamen a la Coca-Cola, ha provocado una reacción casi universal. Por primera vez, el embajador americano en Venezuela dio un salto brusca y protestó. Ha sido ultrajada la Coca Cola. Los Cisneros, multimillonarios venezolanos, no salen de su asombro.

El ex-presidente Carlos Andrés Pérez, socio de los Cisneros en muchas negocios, y tal vez en la Coca- Cola, ha lanzado un rugido desde Nueva York. Eso es intolerable, ha dicho. En el mundo entero los cables han llevado la noticia del ultraje. Todo es admisible, menos eso de tocar la Coca-Cola. Todo es perdonable, menos el gesto insultante del general que lanzó un eructo después de tomarse una Coca-Cola. No es cierta que la Coca Cola. No es cierto que la Coca Cola provoque eructos. Al contrario, toda la propaganda universal ha proclamado durante más de cien años que si usted se toma una Coca-Cola se siente tan bien, tan reconfortado, tan feliz, que inmediatamente se sienta y se dispone a disfrutar durante un largo rato el goce de vivir.

Carlos Andrés Pérez y los Cisneros, después del gesto miserable del general, han redoblado sus esfuerzos para tumbar al miserable de Hugo Chávez .

Que quede constancia históroca que la Coca Cola es sagrada.


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Luís Ortega


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