¿Qué es la juventud?

"Si pudiera volver a la juventud… Cometería todos aquellos errores de nuevo, sólo que más temprano."

Tallulah Benkhead.

En Venezuela, a propósito de la celebración de la gesta donde los estudiantes patriotas se enfrentan a los realistas el 12 de febrero de 1812 en la ciudad de La Victoria, se celebra el día de la juventud. Hoy bajo este pretexto deseamos reflexionar un poco sobre la juventud. Quizás nos hemos acostumbrado a ver muy rígidamente la cronología humana, así como hemos dividido el tiempo histórico de la civilizaciones en una forma arbitraria en prehistoria, paleolítico, neolítico, edad antigua, edad media y edad moderna, como si todas las sociedades del mundo hubiesen pasado por las mismas etapas y como si se pudiera decretar el momento en que de una etapa se pasa a la otra. Lo cierto es que la realidad nos indica que muchas de nuestras sociedades supuestamente modernas en lo interno conviven paralelamente con características relacionadas a otras épocas, por ejemplo sociedades plenamente capitalistas pero donde aún se percibe condiciones de trabajo y de vida feudales.

Esta misma arbitrariedad se lleva a veces a la cronología humana: Infancia, pubertad, juventud y vejez. Sin ser especialista en el tema, cualquiera podrá decir que la niñez y la adolescencia son claramente percibibles y que al entrar a una edad aproximada a los 15 años se entra a la juventud, pero surgen varias preguntas: ¿ es la juventud una sola o tiene varias etapas? ¿Cuándo pasamos de la juventud madura a la vejez? ¿Solo se es viejo cuando las condiciones físicas se hacen evidentes? ¿Por qué se dice que hay eternos jóvenes, quienes nunca por su condición se hacen viejos? O por el contrario hay quienes se les acusan de haber sido viejos desde jóvenes y de no haber vivido a plenitud esta etapa. La medición cronológica de la juventud es sumamente ambigua, para la mayoría comienza alrededor de los 15 años pero no se tiene claro cuando termina. Algunos simplemente aplican las estadísticas y señalan que si el promedio de vida es de 80 años la juventud llega hasta los 40. Así lo vemos reflejado en la mayoría de documentos oficiales. Esta división cronológica aunque nos cause escalofrío tiene su basamento en lo corta que es la vida humana. Basta con que los imaginemos un siglo atrás cuando el promedio de vida era la mitad de hoy, ya una persona de 30 años era tratada con el respeto de persona mayor y a los 20 años tenía que tener claramente definido lo que era su vida, en cambio hoy un joven de esa edad apenas está comenzando a definirse y muchos a los 30 años no se han casado, ni tienen hijos, ni trabajo estable.

No hay la menor duda de que lo cronológico determina en parte las facetas humanas: no puedo decir que soy joven cuando mis condiciones físicas y mentales ya no tienen el ímpetu que tuvieron antes. Siempre ha existido una cierta resistencia a autodenominarse viejo, la gente prefiere hablar de maduro. La mayoría, aunque sea en forma intuitiva, relacionan la vejez con la etapa que normalmente la sigue: la muerte. Pero además de esta división cronológica existe una condición sicológica y espiritual que tiene que ver como las sociedades en su conjunto se van transformando en su contexto y como individualmente cada ser humano responde a esta realidad. Hoy tenemos niños y jóvenes precoces, que toman decisiones, que a través de los novedosos medios de información establecen relaciones con su entorno y el mundo que aún no conocen, o tienen información que ante era impensable para esa edad. Sin embargo la pregunta es ¿Esto los hace ser considerados como adultos?

Si adulto es tomar decisiones y estar informados pues tendríamos que llegar a la conclusión de que tenemos, aunque suene paradójico, niños adultos, cuando en realidad por el contrario lo que estamos viendo es que muchas personas aparentemente toman decisiones y están más informados y tienen más libertades que antes, sin embargo son menos responsables en sus acciones, la condición ética de las conductas poco se toma en cuenta, ya no existe aquello de que una palabra es ley o la confianza plena en el otro ser humano, la solidaridad, etc. Compartimos con Elsy Rojas (2007) cuando dice: "El niño, la niña, el adolescente, el joven se alienan cada vez más. Transformados en autómatas consumistas por una sociedad adulta dedicada a la superficialidad y al materialismo, invierten su tiempo y energía en lo efímero y superficial. Deambulan como zombies por los centros comerciales, se aburren de la lectura y de cualquier esfuerzo intelectual. Consumen horas y días interminables relacionándose con las máquinas, llámense televisión, celulares, computadoras; sustituyendo así las relaciones humanas signadas por el amor y el altruismo, la alegría y la solidaridad."

Por esto retomando el tema de la juventud nunca nos ha gustado esa rigidez que muchas veces la acompaña como etapa previa a la madurez, casi emulando un proceso industrial, el ser humano planificando como autómata lo que será el resto de su vida. Sin dejar ser totalmente cierto la juventud no es solamente una etapa previa a la vejez, ella misma comprende una forma de vivir la vida, donde la ímpetu, la osadía, el deseo de conocer y descubrir cosas nuevas, el sentido crítico, la disposición al cambio, nos alejan de la posición más conservadora, más pasiva pero también más reflexiva de la adultez. Por ello también compartimos con Jesús Antonio Rodríguez quien sobre la juventud hace las siguientes reflexiones: "¿Ha pensado en buscar la razón por la cual los adolescentes jamás se preocupan? Muchas veces juzgamos nuestra actitud en términos de fracaso respecto a la seriedad de la vida. A los muchachos les resulta tan facial olvidar todos los problemas que abruman a sus padres… La "irresponsabilidad" juvenil puede ser un remedio necesario para nuestras "maduras" preocupaciones. Los adolescentes tienden a gozar el presente plenamente. Entretenimientos comunes los cautivan más fácilmente. Son espontáneos, libres para mojarse los pies descalzos en la corriente de la aventura cotidiana"

Por eso compartimos la idea de la juventud como divino tesoro y aquellos de que cuando se es joven se desea ser mayor para estar más seguro de las decisiones a tomar, pero cuando se llega a la madurez se añora poder vivir y cometer los errores de la maravillosa juventud. Para culminar consideramos conveniente citar a el maestro prieto Figueroa en su obra Joven Empínate. (1968), en la cual hace una hermosa referencia al valor de la juventud, percibida por él sin determinismos cronológicos, sino como una postura ante la vida:"...se es joven cuando se tienen las manos abiertas para dar, cuando se ponen al servicio de los otros toda la voluntad, toda la inteligencia y cuando se es capaz de sacrificarlo todo por un ideal de redención humana" (p.19) "Para mí, la juventud es eterno retorno, retorno a la posibilidad de crear cosas nuevas. Solamente envejecen los que ven hacia atrás. El que vive viendo hacia el porvenir, para él, la juventud es siempre un tesoro permanente".(p.136).



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Pedro Rodríguez Rojas


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