Cuidado con las tasas reales positivas

Dentro del conjunto de medidas anunciadas el día 06-11-13, orientadas a generar cambios en la política, órganos y mecanismos para equilibrar la economía real y combatir la actual guerra económica, el Presidente Nicolás Maduro adelantó que dentro de medidas adicionales que anunciará próximamente, implementará mecanismos para incentivar el ahorro en moneda nacional.

En tal sentido, nos preocupa que un conocido economista de nuestro lado y que apoya abiertamente la acción de Gobierno, al ser consultado sobre este punto específico, dijera el mismo 06-11-13 en dos ocasiones en sendos programas de dos televisoras del SiBCI, que tal planteamiento, a juicio de este economista, pasaba por establecer “tasas reales positivas”.

En la jerga económica ese término, traducido, significa establecer tasas de interés nominales por encima del nivel existente de la inflación, medida por el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) anualizado. En el escenario actual signado por la ya comprobada guerra económica eso significaría establecer tasas pasivas de interés, es decir lo que se pagaría como rendimiento a los ahorristas, de por lo menos 55% anual.

Pero, lo anterior implicaría necesariamente que las tasas activas, las que se cobran a los beneficiarios de créditos también fueren tasas reales positivas, y mayores que las tasas pasivas, lo que las ubicaría en el entorno de más de 60% anual.

Tan sólo plantearse la imposición de tasas reales positivas luce a contracorriente del discurso del Alto Gobierno, ya que la ganancia financiera, el devengo de intereses es por definición una operación de renta, no de la economía real, no proviene de la producción y distribución de bienes o la prestación de servicios personales.

De hecho, el rendimiento relativamente menor por colocaciones financieras es el costo de oportunidad en que incurre el poseedor de excedentes monetarios por no participar de la economía real, de la economía productiva. Los emprendimientos económicos de cualquier escala devienen de la necesidad y capacidad de generar mayores rendimientos al capital que la mera acumulación pasiva de dinero ocioso depositado a interés.

La economía real tiene mecanismos propios de generar tasas efectivas de rendimiento mayores, no sólo por el valor agregado; sino también por otros factores menos evidentes. Por ejemplo, en el caso de la producción de bienes de alta rotación de inventario, especialmente los bienes de consumo masivo, una baja tasa de rendimiento unitario, pero multiplicada varias veces en el año, resulta en una tasa efectiva de rendimiento anualizada tantas veces mayor como veces rote el inventario en el año.

Otras vías de generación de tasas efectivas de rendimiento para el caso de la economía real, aún en escenarios de aparente valor negativo de la tasa real de rendimiento, son la revalorización de los activos fijos, el crecimiento del valor de mercado de las unidades de producción, e incluso el ajuste por inflación cuando la ley lo permite.

Por otra parte, dado que la tasa de interés no es otra cosa que el precio del dinero visto como mercancía, y que el dinero es uno de los factores de la producción, tenemos que el mayor costo del dinero encarece toda la economía real, empujando al alza al INPC; con lo cual sostener las tasas de interés reales positivas configura la típica situación del “perro persiguiendo su cola”, retroalimentando la espiral inflacionaria. En inflación la única mercancía que pierde valor es precisamente el dinero, por lo que pretender que valga por encima de la inflación es un claro círculo vicioso.

De hecho, ese precisamente fue el escenario vivido en Venezuela a finales de la década de los años 80 y comienzos de la década de los años 90 del siglo pasado, cuando intereses del gran capital financiero extranjero y local, impusieron desde el BCV, entre otras políticas destinadas favorecer dichos intereses, el mantenimiento a ultranza de tasas reales positivas, alimentadas por la generación de dinero desde el BCV con los tristemente famosos “bonos cero cupón”.

Ese mecanismo perverso provocó la crisis financiera sistémica de esos años, y adicionalmente por el efecto espiral que mencionamos, llevó las tasas activas hasta el extremo de 100% anual, exigencia insostenible para la economía productiva y para la adquisición de viviendas, y que retroalimentó el escenario de inflación acumulada de más de 16.000 % (dieciséis mil por ciento) en los 14 años y nueve meses previos a la toma de posesión del Presidente Chávez el 2 de febrero de 1999, cifra más de siete veces superior al mismo lapso posterior a esa fecha.

Finalmente, cabe acotar que esa política de tasas reales positivas no contrarrestó la especulación cambiaria y la fuga de divisas, que adicionalmente era manipulada, controlada y usufructuada por los mismos intereses que había tomado control directo del BCV.

Volviendo al escenario actual, parece claro que la operación en el mercado cambiario ilegal no le daría rendimientos efectivos superiores a la mayoría de los que operen en el mismo, y aunque así fuere para algunos en la cima de la pirámide de dicho mercado ilegal, no es el caso de darles legalmente lo que hoy obtienen por medios ilegales. Eso sería similar a los que plantean legalizar los carteles de la droga.


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José Gregorio Piña


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