El ciclo del Bicentenario

La Conmemoración de los acontecimientos del 19 de abril de 1810, deben ser vistos en una lectura más continental e incluso mundial. El proceso que llevó al Capitan General Vicente Emparán a renunciar a los privilegios en el ejercicio de la autoridad en nombre del Rey de España, no son una derivación exclusiva del Tratado de Fontainebleu de 1807, a través del cual la España del Rey Carlos IV le permite a las tropas francesas de Napoleón penetrar, con más de 100.000 soldados, en territorio español con la finalidad de invadir y controlar Portugal.

No se le resta importancia a la invasión, pero tampoco puede afirmarse contundentemente que la Abdicación de Fernando VII – hijo del Rey Carlos IV- es el factor clave en las manifestaciones políticas que se van a producir en toda Nuestra América, comenzando por lo sucedido en Quito en 1808 y continuando con le expresado en la Capitanía General de Venezuela en 1810. Por eso hay que hablar del Ciclo del Bicentenario (1780-2030), comprendiendo de esa manera un conjunto de procesos que son la manifestación de las contradicciones, enfrentamientos y violencia contenida en el hecho mismo de la imposición colonial europea y que se concreta en un conjunto de resistencia, insurgencias y rebeliones que irán aportando elementos al debate en torno a la construcción de la idea de libertad. Es en esta clave que pueden ser comprendidas las rebeliones de los comuneros en América a partir de 1780, así como el movimiento insurgente de José Leonardo Chirino, como también la Conspiración de Gual y España de 1791. Lo que afirmamos es que el proceso que alcanza su zenit en los acontecimientos del 19 de abril de 1810 tienen una línea de comunicación histórica con las resistencias a las contradicciones del sistema-mundo en su expresión colonial europea a partir del siglo XV y que alcanzan su mayor contradicción – y por ello la explosión simultánea- en el siglo XIX.

Así como afirmamos esto, señalamos que las Guerras de Independencias son Guerras Anti-imperialistas y anticoloniales, y ello significa que los planteamientos que conllevan se manifiestan en un programa político que se opone a las medidas de control político, económico y social impuestas por el orden imperial de dominación y sujeción. Este carácter anti-imperialista debe ser rescatado en la presente celebración, pues en el contexto del siglo XX-XXI las condiciones del postcapitalismo alcanzan características imperiales, con la gravedad que la dominación del postcapitalismo no es esencialmente económica – sin dejar de serlo- pues tiene un componente simbólico-cultural de gran alcance. Ese modelo postcapitalista conlleva un gran riesgo para la condición humana, por los efectos depredadores que tiene sobre el medio ambiente y los modelos de consumo que prevalecen y cuya última expresión es el derroche energético que nos identifica, generando el efecto de calentamiento global que amenaza el mantenimiento de la vida tal como lo hemos conocido hasta ahora.

Precisamente por estas características de este nuevo imperialismo, es que desde todas partes de Nuestra América debe aprovecharse esta Conmemoración para retomar una lucha anti-imperialista que sea verdaderamente mundial. Lo que afirmamos es que sí las luchas de independencia tuvieron un carácter anti-imperial, pero circunscritos a el contexto geográfico de América latina, lo cual limitó el alcance y resolución de la propuesta emancipadora, abriendo el paso a un neocolonialismo a cuya cabeza se situó Inglaterra que sustituyó a España como pivot de la dominación y la imposición durante todo el siglo XIX y está a su vez fue sustituida por la dominación que pasará a ejercer los EEUU, sobre la base de la Doctrina Monroe durante todo el siglo XX y lo que va del siglo XXI.

Los procesos socio-políticos de acercamiento a la izquierda en nuestro continente, que vienen adquiriendo expresión concreta desde finales del siglo XX son una manifestación efectiva del mantenimiento de las contradicciones de la dominación imperialista. Por ello la importancia de rescatar la idea de una revolución cultural y política que surja de nuestros espacios indoamericanos, rescatando el sentido de vinculación con la tierra, sin dejar de plantearse una nueva condición política del ciudadano. Las dinámicas propositivas que vienen surgiendo en este espacio nuestro americano, desde Bolivia, Ecuador, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Venezuela forman parte de una continuidad histórica con esos procesos de resistencia e insurgencia contra el poder hegemónico que se inició en los siglos XVII y XVIII, que se expresaron finalmente en los acontecimientos que implosionaron el orden imperial español en los inicios del siglo XIX. Por ello hablamos del Ciclo Bicentenario, pues pareciera que la posición de las Academias de la Historia en todo el continente se estructura sobre una exclusiva exaltación del pensamiento liberal encarnado en la figura de los héroes y generales, olvidando que en el caso de Venezuela, no hubiera dado inicio el proceso, sí el capitán de las milicias de pardos, no sacaba por el brazo al Capitán General Emparán y lo emplaza a ir al Cabildo Abierto, donde se hace famoso el dedo negador de José Cortes de Madariaga. Sin embargo, no habría 19 de abril, ni proceso subsiguiente sin la decisión y participación de los pardos, pero ellos han sido invisibilizados por la historia. Por ello hoy nos proponemos desde la Red de Historiadores bicentenario, abrir una discusión sobre estos aspectos.

*Historiador

Juane1208@gmail.com


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Juan Eduardo Romero*

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

 juane1208@gmail.com

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