Una nueva derrota

En los últimos días hemos vivido uno de los momentos más trascendentes en la historia de América Latina. Un país pequeño, entre los más pobres del mundo, ha logrado estremecer y movilizar al universo entero y lograr su apoyo casi unánime ante la brutalidad de la oligarquía de Honduras. Recuerda la conmoción universal que causó el diario de una niña dulce e ingenua, Ana Frank, cuando relató la persecución judía por los nazis. Dos factores protagonizaron los acontecimientos, en primer lugar, la demostración, una vez mas, que la derecha y el fascismo, tienen condiciones supremas para alcanzar el poder, porque no tienen escrúpulos de ninguna naturaleza; el crimen, cualquiera sea su aberración, no los detiene; juegan con la mentira; tienen el apoyo de los principales medios de información del mundo; pero, afortunadamente, tienen también un punto endeble: carecen de inteligencia, falla notable igualmente en la oposición política venezolana que ha defendido a los golpistas, tan repudiados por todos, demostrando un derroche, con prodigalidad exagerada, de estupidez, para, simplemente, satisfacer el odio. En segundo lugar, la consolidación de una dirigencia latinoamericana capaz y honorable.

No se necesita ser un mago para predecir cuál puede ser el resultado del golpe en Honduras, hoy o mañana: la izquierda saldrá fortalecida; la oposición en Venezuela descalabrada y los medios de opinión más desprestigiados, si es que eso es posible; la luz de la revolución queda más encendida que nunca y Chávez triunfante.

Se requiere ser demasiado necio en política para pensar que un gobierno faccioso que no tiene respaldo de ninguna fuerza decente en el mundo, con el solo suspiro anhelante de ilusiones de la escoria, puede conservar el poder.

La reacción decidida de todos los países del globo terráqueo ante la asonada hondureña, la convierte en un fenómeno único, sin antecedentes en la historia de la humanidad.

La realidad tangible, real, no puede ser desvirtuada por deseos o caprichos y menos por un sector social que no acierta una y se coloca contra la humanidad entera y que parece tatuada en la frente con un sello inconfundible de fracaso.

Abogado


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Manuel Quijada


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