Obama y la catástrofe: From the Berlin wall to Wall St

Hace dos décadas, luego de la caída del Muro de Berlín –acaecida el 9 de noviembre de 1989-, los apologistas del neoliberalismo y el libre mercado hicieron fiesta con la “desaparición” del campo socialista europeo y la posterior desintegración de la Unión Soviética. En medio de la orgía tecnocrática y el eufórico triunfalismo, una generación de babosos intelectuales y economistas se dedicó a proclamar el “fin de la Historia” y la consagración del capitalismo como el implacable vencedor de la contienda ideológica entre Este y Oeste. ¿Quién habría imaginado que el entonces envalentonado sistema de la plusvalía, haría aguas dos decenios más tarde y de la manera más dramática?


El 20 de enero de 2009, Barack Obama tomó posesión como el primer presidente afrodescendiente de Estados Unidos, en el torbellino de la crisis más apocalíptica que podría haber experimentado esa nación, desde la Depresión de 1929. Evidentemente, Obama no representa un cambio cualitativo en la política interna y externa del “establishment” estadounidense y sólo es un “señuelo” del complejo militar-industrial para “lavarle la cara” al Imperio. Consciente o inconscientemente, Obama se perfila como otro testaferro de las corporaciones y la plutocracia, para ser sacrificado en el altar de la mafia política. Las culpas, acusaciones y discursos lapidarios, para ventilar el desastre que se avecina en Estados Unidos, recaerán sobre el “salvador” Obama y sus paquetes de “estímulo” económico. Poquísimo habrá perdurado la ilusión del “poder negro” y los excluidos.



Sin embargo, el garabato hollywoodense de la democracia “à l’américaine” debe mantenerse y el engaño debe perpetuarse hasta donde se pueda; “pan y circo” para las masas estupidizadas que aún aguardan de Obama el tan cacareado “cambio” de la campaña electoral. A pesar de saber acerca del estado crítico de las finanzas del Imperio, Obama derrochó millones de dólares en la carrera hacia la Oficina Oval; primero contra Hillary Clinton y después contra John McCain. Más tarde permitió que le hicieran una “coronación” con bombos y platillos, que costó más de 160 millones de dólares de los contribuyentes. ¿Con qué moral pedirá Obama al pobre, al obrero, al desempleado, al deudor hipotecario, que se “apriete el cinturón” ante la adversidad económica? ¿Cómo se puede calibrar el descaro de la clase política, del complejo militar-industrial, y de sus “office boys” como Barack Obama? Los neoliberales atacan al marxismo, al socialismo científico, pero ellos sí han “patentado” una aberrante lógica de equidad: la socialización de las pérdidas y la privatización de las ganancias.



En 1989, los apologistas del mercado “vendían” el capitalismo como la panacea de la raza humana y apostaban a su eternidad casi mitológica. La irónica coincidencia lingüística entre “Wall Street” (La Calle del Muro), epicentro financiero del orbe, y “The Berlin Wall” (El Muro de Berlín), icono de la Cortina de Hierro, podría ser el presagio del derrumbe de Estados Unidos como superpotencia política y económica. Hoy en día ya no hay risas ni mofas hacia el “fracasado” socialismo real, y los sesudos de la “nouvelle vague” del liberalismo se hunden en sus excusas y torpezas terminológicas, para explicar la recesión global. La verdad se escamotea y se maquilla, así como Enron y Worldcom convertían pérdidas en ganancias en sus balances administrativos, para no dar paso al pánico y la histeria colectiva. Miles de millones de billetes verdes inorgánicos –con remoquetes de “auxilio” o “plan de estímulo”- van a parar al saco roto e inauditable del “chatarrero financiero” del Imperio y sus acólitos del Primer Mundo. La severa crisis sistémica del capitalismo requiere, no de la reingeniería, sino de la sustitución del capitalismo “per se”, el cual ha devenido en una mascarada universal que pone en peligro la supervivencia de la especie humana.



También en 1989, en Venezuela, Carlos Andrés Pérez tuvo su “coronación” por todo lo alto, escudándose en la propuesta del “cambio” y la “prosperidad”, y ya sabemos cuál fue su infame desenlace. ¿Correrá Obama con la misma suerte? ¿“Washingtonazo”? ¿“New Yorkazo”?




LA MENTIRA SE DEVELA: FROM THE AMERICAN DREAM TO THE AMERICAN NIGHTMARE


La hecatombe económica y humanitaria que está por estallar en Estados Unidos, disparará los índices de desempleo a cifras inimaginables y la espiral inflacionaria se hará imparable. La pobreza extrema y la miseria se harán más visibles. La inminente devaluación del dólar vendrá como consecuencia de la excesiva liquidez, producto del circulante proveniente del “paquete de estímulo”, y del marcado déficit fiscal estadounidense –de más de 482 mil millones para 2009- ocasionado por las invasiones a Irak y Afganistán.



Los conglomerados empresariales del Imperio, otrora indestructibles y pujantes, ahora sucumbirán ante el látigo de una crisis que pulverizará nombres de “trayectoria” y marcas de dilatado “prestigio” capitalista. La excepción se hará rutina y lo raro será que una empresa no se declare en bancarrota; en el paraíso de la “libre empresa”, “la competencia feroz” y “la no intervención estatal”, veremos la nacionalización de la banca más ostentosa del planeta y la aplicación de un “corralito financiero” para evitar que el resto de los dólares no se vaya del control del Estado. Los inconmensurables fraudes de Bernard Madoff -50 mil millones- y Allen Standford -8 mil millones- son sólo los trailers de la “película” por estrenarse. Si por cada 100 dólares que produce un estadounidense, ya debe más de 75, podríamos afirmar -sin reservas- que la economía del Imperio está en “terapia intensiva”. Cada habitante de la superpotencia “ganadora” de la Guerra Fría debe hasta el alma; lo que tiene y no tiene.



La falacia política, económica, social y cultural del American Dream (Sueño Americano), no tiene parangón en la Historia; la oligarquía WASP y el complejo militar-industrial, edificaron la sociedad de la falsedad basada en el “dinero plástico” y el “crédito crónico”. A través de la superestructura y los mecanismos de propaganda subordinados a ella, como los medios de comunicación y la industria cinematográfica, el Imperio se ha mostrado al mundo como el inexorable paradigma. Pero la “luna de miel” del American Way of Life ha llegado a su fin y la contundencia de la Segunda Gran Depresión golpeará, no sólo a Estados Unidos, sino a la Europa servil y tutelada. El ocaso del American Dream será la más inenarrable de las pesadillas.





ESTADOS UNIDOS Y EUROPA: LA MIGRACIÓN A LA INVERSA



Estados Unidos y Europa se han beneficiado del saqueo de la riqueza y los recursos naturales de los países en desarrollo, para alcanzar el modelo económico que hoy detentan. Muchos hablan, verbigracia, del Plan Marshall como la génesis del “boom” en Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial, pero nadie menciona la descomunal fuga de divisas que tuvo lugar en nuestros países de América Latina, durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, que al final contribuyó de manera determinante en el levantamiento del Viejo Continente. Por ejemplo, el desangre económico implementado por la mayoría de los inmigrantes españoles, portugueses e italianos, al enviar las remesas a sus países de origen, en bolívares de plata y níquel, es hasta nuestros días incalculable.



A pesar de la enorme contribución de naciones como Venezuela, en el resurgimiento de la Europa de la post-guerra, muchos habitantes de España, Portugal e Italia, miran con desdén a cualquier turista o inmigrante proveniente de estas latitudes y otros tantos nos tildan de “sudacas”. ¡Qué corta memoria tiene cierta gente!



De este lado del Atlántico, Estados Unidos se ha convertido en el destino preferido de la migración latinoamericana, gracias al “American Dream”; la mano de obra barata y la explotación han ido acompañadas de la estigmatización de mexicanos, salvadoreños, nicaragüenses, guatemaltecos, venezolanos y colombianos, entre otros. Quizás ningún estadounidense sepa –y menos si es del Ku Klux Klan- que gracias al petróleo venezolano casi regalado, verbigracia, el Imperio salió de la Gran Depresión del decenio de 1930 y pudo cristalizar su participación en la conflagración contra El Eje. Sin el oro negro del trópico, el complejo militar-industrial jamás hubiese arribado a un Berlín en ruinas.



En el marco de la Segunda Gran Depresión, la dinámica migratoria será a la inversa: el movimiento de personas será de norte a sur; del Primer Mundo industrializado, venido a menos, al prometedor y emergente Tercer Mundo. Medio siglo después, la historia se repite.



En Estados Unidos, el retorno de inmigrantes a sus terruños de origen se hará cada vez más palpable y alarmante. Por un lado, el Imperio se quedará sin el “motor” que mueve su economía, ante la huída de la mano de obra extranjera, y por el otro, naciones como México y Colombia, recibirán de vuelta un considerable número de paisanos, con lo cual aumentarán las cifras de desempleo y pobreza en estos últimos países. Por el contrario, las naciones con mayor fortaleza económica, como Venezuela, estarán en mejores condiciones de afrontar la crisis sistémica del capitalismo y el flujo de migraciones masivas hacia sus territorios.





LA HECATOMBE ECONÓMICA Y LA REVOLUCIÓN EN EL IMPERIO



Los indicadores de Wall Street aún no han bajado hasta sus peores niveles, porque la crisis aún está lejos de tocar fondo. En un futuro no muy lejano, las cifras que ahora nos dejan boquiabiertos serán asunto de risa y anécdota. Los pronósticos más conservadores de organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, no son muy halagadores para la economía de Estados Unidos. El crecimiento en 2009 podría ser de 0% ó menos, tanto en el Imperio como en Europa y Japón.



Ante el colapso de industrias emblemáticas como la automotriz, la crisis en el coloso del Norte será devastadora y Barack Obama deberá ceder a las presiones del complejo militar-industrial. La desesperación del Goliat moderno lo conducirá a librar guerras a diestra y siniestra, con o sin Obama, para apoderarse de los recursos energéticos que necesita y así alargar su agonía. Igualmente, arreciará la represión interna frente al caos.

Habrá que parar la locura de la bestia herida.



Sin duda, los niveles de conflictividad social y antagonismo dentro del Imperio deberán ser aprovechados por las organizaciones progresistas y de izquierda, para encaminarlos en un proceso revolucionario que dé al traste con el “establishment” e instaure una genuina democracia popular en Estados Unidos. La catástrofe económica en ciernes impondrá la urgencia histórica de trascender el capitalismo y de retomar la visión marxista a escala planetaria.


elinodoro@yahoo.com
Tesista de Idiomas Modernos en la UCV


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Adan Gonzalez Liendo

Traductor, corrector de estilo y locutor

 elinodoro@yahoo.com      @rpkampuchea

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