El "rescate" financiero, los apologistas del mercado y el fin de la era del dólar

El 29 de septiembre de 2008 será recordado por la Historia como el principio del fin de una época: la del dólar. Después de afianzar su condición de superpotencia, luego de los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki, la derrota del Eje y la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se erigió como uno de los dos polos de influencia a escala global.

La desaparición de la URSS y los Estados obreros deformados de Europa del Este, en el período 1989-1991, brindó al Imperio la oportunidad de hacerse con una hegemonía libre de cuestionamientos y amenazas, y fue cuando avanzó con más brutalidad la filosofía neoliberal del Consenso de Washington. El neocolonialismo tecnológico y la globalización económica han servido de plataforma para desarrollar los planes expansionistas y avasalladores del “establishment” estadounidense. El “Fin de la Historia” era el juicio lapidario y anti-dialéctico de la burguesía internacional al devenir de la lucha de clases; la borrachera triunfalista de los apologistas del “libre mercado” demandaba más desregulación y menos intervención del Estado en la esfera económica. Según ellos, el rol del Estado debía ser pasivo y respetuoso de las “reglas” de los grandes monopolios y oligopolios capitalistas. El fracaso relativo del “socialismo real” en Europa del Este, alimentaba de silogismos aberrantes y disparatados las “tecnocráticas” bocas de los defensores de la “mano invisible del mercado”.

La actual crisis financiera de Estados Unidos, que se perfila más demoledora que la Gran Depresión de 1929, pone en “tres y dos” la verborrea neoliberal de los delincuentes de cuello blanco y de los “gringos-de-orilla-al-estilo-IESA-boys”, que siempre han clamado por la autosuficiencia de la vanidosa iniciativa privada y la “auto-compensación” de los circuitos financieros locales y mundiales. Desde la muy particular perspectiva de un “Chicago Boy”, la corrupción y la inoperancia son fenómenos inherentes a la Administración Pública de los Estados; el “non plus ultra” de la eficiencia y la pulcritud de gestión siempre será la empresa privada y su cohorte de “sesudos” analistas burgueses, aunque Enron y Parmalat hayan quebrado por sendos fraudes contables –que registraban pérdidas como ganancias- promovidos por los propios cuadros gerenciales de dichas compañías transnacionales.

Sin ética y sin moral, el capitalismo conlleva a un callejón sin salida al sustentarse en el único y supremo “motto” de acumular riqueza a como dé lugar. El afán desmedido de ganancia monetaria es lo que ha empujado a incontables instituciones financieras estadounidenses a ofrecer créditos a gente que no tenía capacidad de honrarlos, lo cual se ha convertido en la antesala del derrumbe del sistema económico estadounidense, con el consecuente descalabro del capitalismo en el ámbito mundial. Basta con verles las caras de susto a los periodistas y presentadores de ABC, CBS, NBC, Fox y CNN, para caer en cuenta de lo profundo de la crisis y sus inimaginables efectos.

La incompetencia y la usura de un cónclave de empresarios y banqueros está provocando la explosión de la “burbuja” más colosal de la cual se guarde registro, con el agravante de dos guerras simultáneas que han estado desangrando el presupuesto del Imperio desde hace más de lustro. El Estado no debe meterse en la economía, neoliberales “verbatim”, al menos que algún empresario lleve a la bancarrota a alguna compañía y requiera urgentemente de un auxilio financiero. En ese contexto, el dinero no saldrá de otros conglomerados económicos, socios o accionistas, ni pensarlo. ¡Vendrá de los bolsillos de los contribuyentes! Por tal razón, ni corto ni perezoso, George W. Bush y sus secuaces del complejo militar-industrial, han puesto en marcha un segundo “atraco colectivo” al pueblo estadounidense –ya que la crisis “per se” es el primer robo a mano armada- al proponer un estratosférico auxilio de liquidez de 700 mil millones de dólares, para “premiar” la ineficiencia de la sabihonda y elitesca clase “Wall Street 90210”. ¿Cómo la ven? Cuando un ladrón afrodescendiente roba un banco y lo atrapan, lo golpean y va preso; cuando un contribuyente de la clase media evade impuestos, lo multan y hasta puede ir a la cárcel; cuando un empleado de una empresa provoca daños por impericia, debe sufragar los costos y luego puede ser suspendido o despedido. Sin embargo, en el Imperio, autodenominado “campeón” de la democracia y la justicia, un banquero roba a más de 200 millones de personas y recibe como estímulo una “cajita feliz” de 700 mil millones de dólares. Welcome to the Real World of Capitalism!

FROM THE BERLIN WALL TO WALL STREET

El dichoso “salvataje” del gobierno de Bush al emporio financiero estadounidense, es sólo extender la agonía de un enfermo en fase crítica que a fin de cuentas es el sistema capitalista globalizado. Como nuestro ácido y folklórico “pan para hoy y hambre para mañana”, la desesperada medida de los “halcones” de Washington sólo busca dilatar más en el tiempo lo inexorable: el derrumbe de Estados Unidos como potencia preponderante a escala mundial. El panorama económico para el Imperio es desolador y sus mismos ciudadanos lo reconocen: el 57% de los estadounidenses teme que caiga el banco donde depositó su dinero, según un sondeo de Survey USA, reseñado por Aporrea.org, el pasado 30/09. En un futuro no debería extrañarnos, en el clímax de la actual crisis financiera, ver imágenes de largas colas de usuarios frente a las instituciones financieras de Estados Unidos, reclamando por sus ahorros de toda la vida. En realidad, una catástrofe económica y humanitaria se aproxima en el Imperio y de nada servirán los 700 mil millones del “salvataje” o ayuda. Hiperinflación, altísimas tasas de desempleo y mendicidad galopante serán el producto del cinismo y caradurismo de las políticas económicas neoliberales y belicistas. Serán pocos los países del mundo que soportarán estoicamente la crisis financiera capitalista; entre ellos, Venezuela será un modelo indeleble: más de 39 mil millones de dólares en reservas internacionales, un estricto control de divisas extranjeras y la absoluta independencia de nuestra economía de organismos multilaterales saqueadores como el FMI y el Banco Mundial, son más que garantía de solidez. A todas estas, ¿dónde están los ‘IESA boys’ que durante 10 años han estado pronosticando “sapos y culebras” para Venezuela? ¿Será que nunca vieron nada alarmante en la economía del Imperio? ¿Por qué ahora no abren la geta?

Irónicamente, hace casi dos decenios, en 1989, los apologistas del “libre mercado” y del esperpento argumentativo -made in Fukuyama- del “Fin de la Historia”, se regocijaban y aplaudían por el colapso del “socialismo real” o estalinismo, y por la vuelta al capitalismo de los países satélites de la antigua URSS. Propalaban a los cuatro vientos, en medio de una patética borrachera triunfalista, la supuesta superioridad del capitalismo sobre el “comunismo”. Se desató la euforia post Guerra Fría y el Imperio se envalentonó cual guapetón de barrio; de acuerdo con la nueva ideología, el capitalismo era eterno, inmortal. La panacea de la Humanidad, pues.

Al transcurrir 19 años, ahora el sistema capitalista global se desploma como un castillo de naipes, tal como aconteció el 9 de noviembre de 1989 con el Muro de Berlín, símbolo de la Cortina de Hierro y la confrontación Este-Oeste. La vigencia de una misma palabra en situaciones diametralmente opuestas, puede ser una casualidad tragicómica…una mala pasada del destino. Aunque no deja de establecer un crudo paralelismo. El término “muro”, que en inglés se escribe “wall”, es un icono del socialismo real con The Berlin Wall (El Muro de Berlín) y un estandarte del capitalismo neoliberal con Wall Street [*] (La Calle del Muro).

Paradójicamente, ambos “muros” han sido en su momento un obstáculo y un punto de quiebre, tanto para el socialismo como para el capitalismo. La diferencia con 1989, es que en el actual desmoronamiento del sistema capitalista, el 29 de septiembre es simplemente un alerta roja para lo que será una caída más traumática que –incluso- la del Muro de Berlín. Millares de Hiroshima y millares de Nagasaki detonarán el tambaleante dominio del dólar, del “libre mercado”, del pensamiento único y de la desregulación plutocrática.

LA ANTIGUA URSS, EL IMPERIO Y EL FIN DEL REINADO DEL DÓLAR

Al hacerse una enumeración de las causas del hundimiento de la antigua URSS y del resto de los Estados obreros deformados de Europa del Este, se pueden establecer elementos determinantes. El primero de ellos es el ideológico: el aburguesamiento de las clases dirigentes de las organizaciones políticas obreras, en las repúblicas “populares”, y su burocratización extrema. La sustitución de la burguesía por una nueva clase dominante: la del funcionario plenipotenciario del partido comunista o socialista.

A pesar de ello y de las innumerables desviaciones suscitadas por el pretérito componente teórico-pragmático, la economía jugó un papel estelar en la disolución de la antigua Unión Soviética. La guerra de Afganistán y el andamiaje de espionaje y contraespionaje de la KGB, la policía secreta de la antigua URSS, generaron una erogación sin precedentes en el presupuesto soviético, que se trasladó –irremediablemente- al erario público de las naciones satélites de Europa del Este. Sostener tamaña carga financiera se hizo imposible para el Estado soviético y sus aliados; seguramente, si el rublo –moneda de la antigua URSS- hubiese sido un referente monetario como el dólar, aún Alemania estaría dividida y prevaleciera el Pacto de Varsovia.

Hoy en día, Estados Unidos comete como Imperio los mismos errores que la extinta Unión Soviética: libra no una, sino ¡dos! largas guerras simultáneas fuera de su territorio –Afganistán e Irak- y mantiene un grosero financiamiento de actividades subversivas y encubiertas en el extranjero, comandado por la CIA, el NED y otros brazos ejecutores del “establishment” estadounidense. Sin embargo, al tener Estados Unidos la “subvención internacional” de su abismal déficit fiscal, gracias al dólar, el acabóse económico se ha retardado más de lo esperado. La emisión “à la sportive” de dinero inorgánico, es decir, sin respaldo de reservas en oro y plata, la crisis hipotecaria y el marcado desprestigio de sus bancos de inversión, ha degradado a Estados Unidos a algo menos que un “tigre de papel”. Lo anterior conducirá –tarde o temprano- a una mayor depreciación del dólar y a su reemplazo como divisa de reserva de los bancos centrales mundiales, lo cual se traducirá en su virtual desaparición como moneda de transacción comercial en el planeta. Herido de muerte yacerá el imperialismo.

Iniciativas como la de los gobiernos de Brasil y Argentina, del Sistema de Pagos de Moneda Local (SPL), en cuya dinámica se prescinde del “billete verde” como divisa de intercambio y se favorecen los signos monetarios locales de dichos países hermanos, son un primer indicio para la transición hacia un patrón diferente al del dólar estadounidense. Urge en América Latina la conformación de una moneda común y de un bloque regional progresista y proletario, donde el cambio de las relaciones de producción y la abolición de la explotación del hombre por el hombre, se hagan una alternativa contundente y sustentable.

Sin duda, la hecatombe económica que se avecina en Estados Unidos, con repercusiones a escala planetaria, dejará en evidencia el estrepitoso fracaso sistémico del capitalismo y abrirá las puertas para la reivindicación del marxismo, la única vía programática, científica y humanista que nos salvará de la barbarie.

Tesista de Idiomas Modernos en la UCV

[*] El origen del término Wall Street se remonta al siglo XVII, cuando los holandeses tenían una colonia en Manhattan llamada Nueva Ámsterdam, en la cual el comercio era la actividad predominante. Al temer conflictos con las colonias inglesas ubicadas al norte de la región (Manhattan), los holandeses construyeron un muro para protegerse de un posible ataque. De nada sirvió tal medida, porque la invasión anglosajona tuvo lugar por el mar y Nueva Ámsterdam se transformó en Nueva York; en la actualidad se denomina Wall Street –centro del capitalismo mundial- al sitio donde se levantó el muro de marras.


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Adán gonzález Liendo

Traductor, corrector de estilo y locutor

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