La invasión de Estados Unidos a Venezuela

El miércoles 20 de diciembre de 1989, Estados Unidos invadió Panamá con la intención de capturar al presidente de ese país Manuel Antonio Noriega, requerido por la justicia norteamericana bajo acusaciones de narcotráfico.

Según el presidente George W. Bush, el objeto de la invasión era, además de la captura del general Noriega, proteger la vida de los ciudadanos estadounidenses que residían en Panamá, defender la democracia y los derechos humanos y respaldar el cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter, que contemplaban la devolución del Canal a los panameños en 1999, entrega que de acuerdo a Washington, Noriega pretendía adelantar.

Más adelante, otro presidente norteamericano, George Bush hijo, utilizaría otro falso argumento, la existencia de armas de destrucción masiva, para invadir Irak y derrocar a Saddam Hussein, pero casi en la víspera de la navidad de 1989 más de 26.000 soldados norteamericanos de la Marina, el Ejército y la célebre 82 División Aerotransportada, llegaron a Panamá para enfrentar a un desarticulado ejército de 12.000 panameños mal apertrechados. La Fuerza Aérea de EE.UU utilizó armamento de última generación como los cazabombarderos furtivos F117 Nighthawk, que resultaron completamente invisibles a los anticuados radares del istmo.

Los bombardeos causaron estragos y numerosas bajas, particularmente en el Barrio El Chorrillo, en el centro de la capital, un bastión del dictador Noriega que quedó casi totalmente destruido y en el que se estima murieron centenares de civiles.

La Operación "Causa Justa," fue condenada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y por la Organización de Estados Americanos (OEA,) pero el gobierno norteamericano hizo caso omiso de dichos pronunciamientos y ocupó militarmente a Panamá para imponer un nuevo gobierno, el de Guillermo Endara, y apresar finalmente a Noriega, quién se había refugiado en la Nunciatura Apostólica y se entregaría a las fuerzas de ocupación estadounidenses el 31 de Enero de 1990.

Poco más de siete años antes de la invasión panameña, en Octubre de 1983, otro presidente republicano, Ronald Reagan, ordenó la invasión de una pequeña isla caribeña; Granada. En esa ocasión, la Operación "Furia Urgente" movilizó a más de 7.000 efectivos militares norteamericanos contra una fuerza de poco más de 1.000 soldados granadinos y unos 700 cubanos que se encontraban construyendo un aeropuerto. La construcción de ese aeropuerto, "extremadamente grande" constituía para Reagan "una amenaza potencial de Granada hacia los Estados Unidos." Según Washington, con instalaciones como el aeropuerto, "Granada estaba contribuyendo a la militarización soviético-cubana del Caribe," apoyando además "el envío de armas desde ese país a los insurgentes centroamericanos."

En Agosto del año 2017, al final de una reunión dedicada al establecimiento de sanciones comerciales contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro, el mandatario norteamericano Donald Trump, preguntó abiertamente ¿Porqué Estados Unidos no puede simplemente invadir a Venezuela? El presidente Trump, según una fuente digna de crédito que informó de esa reunión a la Associated Press (AP.,) ante la falta de respaldo unánime a esa posibilidad habría citado dos ejemplos exitosos de la diplomacia del cañón; las invasiones de Granada y Panamá en los años 80, que culminaron con la caída de dos gobiernos incómodos a los intereses de Washington.

Se dice que en esa reunión de Agosto de 2017 por primera vez el presidente Trump planteó la posibilidad de intervenir militarmente en Venezuela. Ya su predecesor, Barack Obama, había declarado insólitamente en Marzo del 2015 que nuestro país constituía una inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de los EE.UU., sin embargo, Obama nunca asomó la posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y tan solo se limitó a sancionar a un grupo de altos funcionarios del gobierno venezolano.

Pero Donald Trump es otra cosa. El controvertido presidente norteamericano tiene serios problemas en su país, donde ha sido cuestionado por sus erráticas conductas, su comprobada misoginia y su desdén por las formas democráticas. Además Trump enfrenta en noviembre unas importantes elecciones parlamentarias en las que podría perder el control que los republicanos ejercen actualmente en las Cámaras de Representantes y Senadores. Con un congreso controlado por los demócratas, Donald Trump, cuestionado en el manejo de sus finanzas, su desempeño como presidente y su vida personal por poderosos medios de comunicación como el New York Times y el Washington Post, podría ver en peligro la continuidad de su mandato. Una intervención en Venezuela podría ayudarle según algunos analistas.

Pero, ¿Quiere realmente Trump invadir a Venezuela? Con tantos problemas políticos en Estados Unidos, no es probable que los problemas de Venezuela ocupen un lugar de primera importancia en la agenda del presidente norteamericano. Pero el insistente Lobby a favor de una "intervención" que promueven enemigos declarados del presidente Maduro, como el senador por la Florida Marco Rubio, la representante Ileana Ros Lehtinen y algunos dirigentes políticos de la oposición venezolana, que sin mayor respaldo popular creen que serían elevados a la presidencia de Venezuela, como ocurrió con Guillermo Endara en Panamá, tras la invasión de 1989, podrían llevar a Trump a cometer el imperdonable error de ordenar una intervención militar abierta o bajo el eufemismo de una intervención humanitaria "para defender la democracia y proveer de alimentos y medicinas a los venezolanos."

A favor de semejante disparate estarían el presidente colombiano Iván Duque, alentado por Álvaro Uribe, y de ser electo presidente en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, algo muy probable, Jair Messias Bolsonaro, quien comparte con Trump el desprecio hacia las mujeres, los negros, los pobres y la comunidad LGTB. Otro apoyo a la intervención, así sea personal y no institucional, llegaría con toda seguridad de parte del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, quien ha jugado un indecoroso papel en todo lo tocante a Venezuela, aliado a la oposición más radical y criticando abiertamente a la oposición democrática venezolana que rechaza cualquier tipo de intervención.

Lo cierto es que una Invasión de Estados Unidos, que hasta hace algún tiempo parecía más bien un "Juego de Guerra," o una estrategia de Maduro para despertar el sentimiento nacionalista y conseguir con ello el apoyo de los venezolanos, se hace cada día más posible. No solo por lo antes expuesto y las señales que llegan constantemente desde Washington, sino también porque el gobierno de Maduro, hundido en la ineficiencia y la corrupción, y sin lugar a dudas uno de los peores de la historia de Venezuela, no encontraría, en caso de una intervención, un claro respaldo de la comunidad internacional, la izquierda latinoamericana ni de los movimientos progresistas del mundo. Aquí tendríamos que considerar en todo caso la reacción de China y Rusia, que con toda seguridad condenarían una invasión, aunque pareciera poco probable que Vladimir Putin y Xi Jinping intervengan para enfrentar a Estados Unidos defendiendo militarmente a Venezuela.

Con su pésima gestión Maduro ha contribuido al desprestigio de la izquierda en América Latina, al punto que la deplorable situación en la que se encuentra nuestro país ha ayudado a elegir presidentes de derecha como el caso de Duque en Colombia y Macri en Argentina, que utilizaron hábilmente el fantasma de Venezuela en sus respectivas campañas electorales. Ese mismo fantasma está igualmente ayudando a Bolsonaro en Brasil. De hecho, los gobiernos progresistas parecieran estar perdiendo vigencia en Latinoamérica, pese a la elección de Andrés Manuel López Obrador en México.

Volviendo a Venezuela, debemos rechazar frontalmente cualquier intervención. Una cosa es plantear y discutir los problemas de Venezuela en la OEA, en el Comité de Derechos Humanos de la ONU, la Unión Europea y en cualquier foro internacional que nos ayude a resolver pacíficamente la crisis que vivimos y otra muy distinta es abogar por una intervención humanitaria sin el concurso del gobierno o pedir abiertamente una intervención militar que sólo dejará al país peor de lo que está. Allí están los recientes ejemplos de Libia, Afganistán, Siria e Irak. Si, son escenarios y países muy distintos al nuestro, pero para las bombas y eventualmente para los invasores y los mercaderes de la muerte que se enriquecen con los conflictos armados, esas diferencias no impiden que en cualquier latitud se pueda destruir un país y se cometan los peores crímenes en defensa de la democracia, los derechos humanos y la libertad.

@LuisEGalloG

 

luisegallog@gmail.com



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