Venezuela: No somos amenaza, somos esperanza

No es cierto que sea ahora cuando el gobierno norteamericano nos considera una amenaza, la data es vieja, tiene más de 200 años. Desde el proyecto libertario, integracionista y primogénito de Miranda, que no contaría con el apoyo que él creyó le daría nuestros vecinos y por el contrario lo boicotearon. Como lo hicieron contra el proyecto bolivariano y los obstáculos a la integración en el Congreso de Panamá en 1826 y de allí la postura irrevocable de Bolívar al denunciar que "Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad" (1829), al evidenciar lo que representaba la doctrina Monroe de 1823 de "América para los americanos".

Durante buena parte de los 100 años de nuestra historia como nación petrolera, hemos estado atados a los intereses del Norte y fuimos considerados amena cada vez que broto un chorro de patriotismo. Desde el nacionalismo de Cipriano castro, luego con las primeras organizaciones sindicales y huelgas, más tarde contra los gobiernos que manifestaron algún rasgo de integridad nacional, cono fue el caso de Medina Angarita en 1945. La amenaza que para sus intereses representó los movimientos campesinos y guerrilleros en los años sesenta. El terror cuando vieron en 1989 a un pueblo rebelde y alzado en contra de la tiranía puntofijista, que se había sustentado, en parte, por su apoyo irrestricto.

Pero la amenaza mayor llego en 1998, cuando un pueblo rebelde pero ahora consciente y organizado toma el poder, con la mayoría de votos, acompañando a su líder Hugo Chávez Frías. Desde entonces seriamos consideraos por los gobiernos norteamericanos como una seria amenaza para sus intereses, pero hasta el 2001 se mantuvo cierto disimulo y prudencia. Hasta la llegada de Chávez al poder la política exterior venezolana estaba centrada fundamentalmente en sus relaciones comerciales con los Estados Unidos y en alianza al papel jugado por este país sobre el resto del continente.

Desde la campaña electoral y en los primeros años de gobierno del Presidente Chávez queda marcada su visión humanista, antiimperialista, el rescate de la soberanía y el nacionalismo, sin embargo por los menos hasta el 2003 su acción de gobierno estaba centrada fundamentalmente en los asuntos políticos internos: La Asamblea constituyente, la Nueva Constitución, el desplazamiento de los actores políticos tradicionales, van a ser los temas protagónicos.

Es a partir del golpe de abril del 2002 cuando comenzamos a ver un viraje y una ampliación en el espectro del accionar de las políticas del gobierno, al comprobarse la injerencia norteamericana y de otros países en los intentos de golpe de abril del 2002 y el paro económico del 2002 y 2003. Desde entonces los países hegemónicos se quitaron las máscaras, ya estaban claro que representábamos, desde sus perspectivas, una amenaza, no solo por los recursos naturales de Venezuela, sino por la influencia que comenzaríamos a jugar en el resto de América latina y el mundo.

A partir del 2002 se tomaron una serie de medidas, que podíamos resumir en los siguientes puntos:

Primero: Un frente antiimperialista, demostrada la inherencia del gobierno norteamericano en los sucesos del 2002, el gobierno y más concretamente el Presidente Chávez asume una política frontal frente al gobierno norteamericano al que no duda de calificar de enemigo, y a pesar de que las relaciones comerciales y fundamentalmente las petroleras se han mantenido estable no hay la menor duda que la posición del gobierno de Chávez, su liderazgo en la región Latinoamericana ha afectado los intereses y la política exterior norteamericana.

Segundo: La indispensable integración latinoamericana, desde la llegada a la Presidencia Chávez había insistido en el tema de la integración, fundamentalmente rescatando el Bolivarianismo y la historia del pensamiento integracionista, pero a partir del 2003 el tema de la integración toma un valor mucho más estratégico y político que el romanticismo histórico, convirtiéndose el presidente en un motor fundamental de la integración latinoamericana, fundamentalmente enfrentado a las pretensiones norteamericana de la integración en el Área de Libre Comercio (ALCA), lo cual fue derrotado en el 2005. En el 2004, bajo su dirección fue creada la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Tercero: El rescate del Tercer Mundo como unidad estratégica de los países pobres del Sur frente al poderoso Norte. No basta con la integración Suramericana, es indispensable la integración económica y fundamentalmente cultural y política entre las naciones que están debajo del Ecuador.

Cuarto: El rescate de la OPEP, manifestando que la integración del Sur no es sólo retórica, no es sólo un discurso simbólico, sino que es concreción económica y política.

Quinto: El Presidente Chávez propuso y asumió el liderazgo de los mecanismos de integración concretos, aunque ha criticado el sentido economicista de Mercosur lucho insistentemente por la incorporación de Venezuela a este grupo, así de clara y radical fue la decisión de salirse de la Comunidad Andina. Bajo su inspiración y accionar fueron creados y constituidos: Petrocaribe, Petrosur, Unasur, La CELAC y el ALBA, todos con la firme intención de utilizar el petróleo como elemento fundamental para la integración económica. Pero yendo mucho más allá, Chávez planteó, en varias oportunidades, que más que la integración se trata es buscar la unión de los países de la América, la búsqueda de nuevas alternativas de desarrollo frente al capitalismo.

Todo esto es el contexto en que el Presidente en abril de 2005 lanza la consigna de construir el socialismo a la venezolana. Pero lo hace también enmarcado en un contexto internacional: las voces contra el neoliberalismo se venían gestando durante toda la década de los 90, desde el Chile que repudia a Pinochet y retorna a la democracia, pero más aún antes los evidentes fracasos del neoliberalismo para enfrentar la pobreza y la exclusión social , ante la caída de la unión soviética que en un primer momento legitimó la idea de un capitalismo triunfante y de las bondades de un proceso de globalización pero cuyo avance violento produjo repudios a nivel mundial.

Desde manifestaciones sociales y militares como las producidas en Venezuela y Brasil, pero también ante el surgimiento de movimientos populares y campesinos como el zapatista y redes mundiales cada vez más crecientes que utilizando los propios medios de la globalización, como son las redes informáticas, se convirtieron en el mayor obstáculo a la aplicación del neoliberalismo. El resurgir del nuevo nacionalismos, de defensas a las particularidades culturales y el respeto a lo multicultural se convertirían en barreras de carácter simbólico-cultural, aparentemente inofensivas, pero que luego irían tomando pasos en el escenario político mundial hasta convertirse hoy en un verdadero frente no solo contra el neoliberalismo, sino lo más importante contra el sistema capitalista.

En ese contexto surge la realidad actual venezolana, pero también ese contexto ha sido modificado, perneado por las propuestas que desde Venezuela se hacen a favor del respeto a la soberanía, en defensa del estado nacional, las identidades culturales, de nuestra materias prima, y sea el caso más elocuente la reivindicación de la OPEP, la necesaria integración entre los países del tercer mundo, ante un mundo con pretensiones hegemónicas y unipolar y una política exterior nada ecléctica, nada vacilante, frente al capitalismo, contra el imperialismo.

Venezuela es hoy el ensayo socialista más importante del mundo. Seguidores y detractores fijan su atención sobre el futuro del país. Se quiera o no aceptar, el proyecto político venezolano ha producido modificaciones hasta en la política exterior norteamericana, que ha visto disminuir su papel preponderante en la región, donde una década atrás parecía contar con puros aliados e incondicionales y donde Cuba era visto como excepción, como un fenómeno extraño. Hoy, en buen parte como consecuencia de las radicales medidas neoliberales, la situación social y política en América latina se ha revertido, en algunos casos en proyectos políticos claramente antagónicos como son el caso de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, pero también en la mayoría de otros países, que aunque con moderación han puesto freno al neoliberalismo y a las pretensiones hegemónicas de los Estado Unidos.

Hoy por el contrario son excepciones los gobiernos incondicionales a la política exterior Norteamérica y defensores del neoliberalismo y en países como México, Colombia y Perú la población ha marcado claramente su posición y son evidentes los vientos de cambio. Ante los terribles fenómenos naturales que a diario ocurren, frente los nada optimistas pronósticos sobre el cambio climático, las cada vez más terribles injusticias, violación de soberanías, guerras injustificadas, ambición desmedida, la América latina esta llamada a jugar un papel estelar y no perder en cuenta que aquí se encuentran el 23% de los bosques y el 50% de las especies animales y vegetales del planeta, reservas de gas y petróleo.

Estas condiciones determinan y determinaran nuestro papel en el mundo, pero también los intereses del mundo desarrollado sobre nosotros. Pero consideramos que la discusión sobre este proyecto socialista no sólo atañe a los venezolanos, es un debate mundial: O continuamos con el sistema capitalista predominante, que ha demostrado históricamente que solo produce riqueza para unos pocos y más pobreza, explotación, racismo, exclusión para la mayoría, o nos entregamos por entero a la construcción de un modelo societal distinto.

Ya no son solo las voces de los humanistas, los socialistas, grupos ecológicos sino connotados científicos, muchos de ellos miembros de las más prestigiosas instituciones científicas del mundo desarrollado, quienes han advertido que al ritmo de producción capitalista actual la vida sobre la tierra tienes los años contados. Ya no es la amenaza del Apocalipsis por un mundo inmoral. No, es la palabra de quienes siendo pagados para continuar el desarrollo del modelo imperante han tenido que reconocer que de seguir la carrera de consumo de recursos naturales y producción de contaminantes, muchas de las especies, entre eso la humana, tendrán dificultad para subsistir en las próximas décadas. Ya no se trata sólo de denunciar la explotación capitalista, de lo que se trata es de enfrentar la destrucción del mundo.

La amenaza es el capitalismo y sus máximos representantes, son los imperios que invaden y pretenden seguir dominando el mundo, que irrespetan permanentemente las soberanías nacionales, que asesinan a pueblos enteros solo por obtener más riqueza. Por eso Venezuela no es una amenaza para nadie, por el contrario, desde aquí se pretende abrir un camino de esperanza para una sociedad distinta, donde reine la igualdad y felicidad, déjennos vivir en PAZ, a Venezuela se le respecta.



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Pedro Rodríguez Rojas


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