La Revolución Bolivariana y la Guerra de V Generación

La Guerra -decía Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz- es la continuación de la política por otros medios. Pudiera decirse dialécticamente que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Cómo sea, en la Guerra y la Política siempre hay víctimas y eso debe quedar en claro en los particulares momentos que vive Venezuela y Nuestra América.

La Guerra ha evolucionado, tal como evoluciona la política. Se pasó de asumir la Guerra como instrumento al servicio de los Estados Nacionales, con ejércitos profesionales (Guerra I Generación), a la industrialización y mecanización de la Guerra (Guerra II Generación) característico de la I Gran Guerra Mundial (1914-1919), a la Guerra relámpago y de sorpresa impulsada por el Ejército Alemán en la II Gran Guerra (Guerra III Generación), a la Guerra como instrumento tecnológico (Guerra IV Generación) y finalmente, dado el impulso de la sociedad informática, se llega a la Guerra de V Generación, donde se trata de la utilización de la propaganda política y la comunicación política para sacrificar y “cambiar” la realidad, a través de operaciones de Guerra psicológica. Asimismo, la política ha evolucionado. Se pasa de asumir la política en el sentido de los griegos, es decir, como acto en el ágora sólo para los propietarios de la “Polis”, a la política como “hacer la guerra” (siglos X-XVII), a la política como hacer de las elites (democracia liberal ilustrada siglos XVIII-XIX). De ahí, surge la propuesta de la democracia representativa-burguesa (siglo XX) y finalizamos hoy en una democracia revolucionaria-participativa (siglo XXI), que asume el hecho político no cómo simple realización de elecciones, sino como un acto de construcción del “Buen Vivir”, en el sentido propuestos por los pueblos aymara y quechua. En esta evolución de la política y la guerra, se genera un debate sobre el papel del poder y del Estado. Ese debate hoy es profundo en el caso de Nuestra América.

El poder no se asume en un sentido weberiano, como capacidad de imponerse sobre otros, sino que se asume como una filosofía de liberación, a través del cual se logra el verdadero “ser” del hombre. Ese ser se construye en la idea que no puede haber liberación individual sino que debe ser un acto colectivo, popular y multitudinario. El poder no se convierte en forma de dominación sino en ejercicio colectivo de acción liberadora. En concordancia, el Estado dejaría de ser instrumento exclusivo del ejercicio de la violencia para ser una parte de la acción de libertad colectiva. Eso se traduce además, en una discusión sobre las formas que privan en la apropiación del capital en la lógica postcapitalista. El Estado en esta propuesta de democracia revolucionaria no es protector de la apropiación del excedente económico por parte de unos pocos. El Estado impulsa -mientras resuelve el problema de la apropiación- la distribución a través de gasto social de la riqueza, reduciendo los efectos de la inequidad. Eso sin duda, afecta las formas históricas de la relación entre Estado-partidos políticos-elites propietarias. Al afectarse, se recrudecen los efectos de la lucha de clase, en términos del manejo de las contradicciones generadas. La lucha se hace más evidente y con ella, el accionar de las elites propietarias, articuladas internacionalmente se recrudece. En el caso de Venezuela, la irrupción del fenómeno Chávez en 1998, genera un desequilibrio en el papel histórico que jugábamos en el sistema-mundo.

La Venezuela que se transforma con la acción política de Chávez rompe varios moldes “institucionales”. La primera ruptura, se corresponde con la forma de “hacer política”. La política en tiempos de Chávez (1998-2013) asume a los sujetos excluidos y subordinados, como sujetos históricos-protagonistas. Los vuelve “visibles” luego de siglos de invisibilización y ocultamiento bajo la acción liberal. Volverlos “visibles” es hacer evidente la lucha de clases y con ello, la centralidad de la política no se ubica en la sumisión y la obediencia, sino en el manejo del conflicto como generador e impulsor de la acción revolucionaria. La política asume su centralidad en los sujetos colectivos olvidados, sumidos en el desencanto, que se vuelven ahora esenciales para el hacer político, tanto en términos electorales como en lo que respecta a la praxis liberadora.

Una segunda ruptura, consecuencia de la primera, es que Venezuela transforma su “papel” en el sistema-mundo. Pasa de ser dependiente políticamente a un estado de insurgencia liberadora. Esa insurgencia le otorga dinamismo al proceso político hacia lo interno, pero también hacia “lo externo”. Dejar atrás el papel de democracia conciliadora, donde en “apariencia” no hay conflicto social (mediante el ocultamiento y la alienación de las contradicciones) para constituirse en ejemplo de una democracia revolucionaria, participativa y movilizadora, que otorga poder – en términos de acción liberadora- a los excluidos y segregados es una ruptura esencial. Con ella, se desatan acciones-reacciones. Acciones de los grupos históricos de poder y reacciones impulsadas desde las lógicas trasnacionales de apropiación del capital.

Una tercera ruptura, se da en términos geopolíticos. El impulsar una acción liberadora hacia lo interno, no tiene alcance y significado si no se corresponde con una acción “externa”. Como consecuencia de las dos rupturas previas, se produce una definición de una geopolítica propia, pensada no desde doctrinas de seguridad impuestas, si no como una consecuencia de la política como acción liberadora. Eso significa que se elabora una mirada geopolítica sostenida sobre dos pilares: independencia y emancipación. Independencia que se busca concretar a través de un accionar de las fuerzas productivas y los sectores populares, que disminuya la subordinación a las presiones de los Bloques Hegemónicos de Poder. Emancipación asumida en términos de manejar las asimetrías existentes e impulsadas por la división internacional del trabajo y que le asigna, productiva y económicamente un papel a cada país en el orden económico mundial. La Emancipación es acción articulada para fortalecerse sobre la existencia de debilidades compartidas.

LAS CONSECUENCIAS DE LAS RUPTURAS EN VENEZUELA

Estos procesos producen una elevación de las contradicciones internas, en términos políticos (por las relaciones cambiantes entre partidos tradicionales y emergentes con la estructura institucional del Estado), culturales (por plantearse una lucha-emergencia de las identidades tradicionalmente subyugadas y sometidas, que ahora asumen la palabra y la acción), económicos (por introducir cambios en la estructura propietaria) y sociales (al impulsar un debate sobre los efectos de la democratización de la participación y la incorporación de los sujetos excluidos). No obstante, una consecuencia de la elevación viene dada por el escalamiento de las reacciones de los factores de poder históricos. En el caso de la Revolución Bolivariana hay que diferenciar diversos momentos en su desarrollo.

Hay una 1era etapa de Masivo Apoyo Popular (1998-2000) cuando se plantea la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), se impulsa la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) y se relegitiman los poderes (julio 2000). En esta etapa, las fuerzas históricas hegemónicas desde 1958, a través de los mecanismos de democracia conciliadora, no logran reaccionar con efectividad, más allá de declaraciones a través de los medios de comunicación. Su capacidad, en términos de acción colectiva es limitada, pero no inexistente. Comienzan a plantearse acciones a través de actores diferentes a los partidos políticos históricos (Acción Democrática y COPEI), mediante la conversión en protagonistas políticos de los medios de comunicación, los grupos propietarios (FEDECAMARAS) y la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV).

Se abre así una 2da etapa, de Movilidad y Acción Política Conflictiva (2001-2005), caracterizada por el establecimiento de una acción enmarcada en propuestas múltiples. Por un lado, la acción institucional a través de medios de comunicación, organizaciones sociales y políticas. Por la otra, la acción violenta-conspirativa que tiene su máxima expresión en los hechos del 11 y 12 de abril de 2002, cuando se producen las condiciones para impulsar un “golpe suave”, que inaugura nuevas formas de reacción política. Habría que incluir acá también la conspiración que deriva en el “paro petrolero” de diciembre 2002 a marzo 2003, que intentó golpear en el centro neurálgico de la economía rentística venezolana. Esta etapa, tiene la particularidad de inaugurar acciones enmarcadas en la Guerra Psicológica, que busca transmutar la verdad y crear una “realidad paralela”. Debe recordarse, que lo que desata el golpe suave de abril 2002, es la trasmisión de imágenes dónde se observan a miembros del Partido Movimiento Quinta República (MVR) respondiendo a disparos sobre la Avenida Baralt en la ciudad de Caracas. El ángulo en que es presentada la acción, genera falsas interpretaciones sobre lo sucedido y es el activador de toda una sucesión de hechos que conducen a la detención y secuestro de Hugo Chávez entre la madrugada del 12 hasta la madrugada del 13 de abril. Los venezolanos fueron testigos de una herramienta de la Guerra Psicológica, que consiste en la generalización, que no es más que una situación real es reinterpretada de tal manera que se produce una conclusión que no corresponde con la realidad que la genera. En ese caso, las imágenes de los militantes del MVR disparando no es una acción defensiva contra disparos de los aparatos de represión (como lo demostró después el video “la revolución no será transmitida”) si no que es una acción violenta, de las “hordas” chavistas contra un “pueblo desarmado”. La trasmutación de la realidad, que impulsa la Guerra de V Generación fue impuesta como práctica comunicativa.

Lo mismo sucedió  con el “paro petrolero”. La utilización del miedo, el caos, la incertidumbre para buscar generar una escalada de violencia como reacción a la paralización de transporte, la carencia de alimentos y combustibles fue una estrategia que buscaba debilitar y generar una salida coactiva del ejercicio del poder por parte de Hugo Chávez. La estrategia fracaso, pero mostró las potencialidades de la Guerra Psicológica en Nuestra América.

Con el fracaso del golpe suave (abril 2002) y la conspiración petrolera (2002-2003), se produjo la 3era etapa que denominamos Paz Inestable o conflictos de baja Intensidad (2005-2006). Se caracteriza este momento por una “contención” de la conflictividad o mejor, una canalización de la violencia desbordada, cuyo punto culminante se encuentra marcado por la instalación de la Mesa de Negociación y Acuerdos y la convocatoria del referendo revocatorio (2003-2004), así como la realización de las elecciones de representantes a la Asamblea Nacional (2005) y la elección presidencial (2006). Todos estos procesos políticos, estuvieron signados por la impronta de las estrategias de propaganda política, tales como la aplicación del principio de transposición, a través del cual se asignan al adversario los propios errores; el principio de silenciación destinado a “desaparecer” los actuado por el adversario; así como el uso de propaganda negra o encubierta destinada a crear confusión entre otras acciones. En este lapso, es que se comienza a plantear respuestas contra-hegemónicas al control comunicacional existente en Venezuela.

La estrategia de transposición que señala como Chávez construye una “dictadura mediática” no hace sino ocultar una verdad inversa: son los medios privados-opositores los que controlan los espacios de acción comunicativa en Venezuela. Los datos son contundentes al respecto. Para el año 2012, circulaban en el país 334 publicaciones periódicas; de ellas sólo dos guardan un relativo equilibrio. Apenas tres (3) diarios aparecidos los últimos años, no son opositores; a saber: Diario Vea, Correo del Orinoco y Ciudad Caracas. Cuando en 1998 llega al poder Chávez funcionaban 331 emisoras de FM comerciales privadas y apenas 11 de servicio público. Para 2012 estas cifras casi se duplican: hay 499 emisoras FM comerciales, 83 de servicio público y 247 comunitarias. En 1998 emitían en señal abierta 36 televisoras comerciales y 8 de servicio público; para 2012 las cifras casi llegan al doble, pues funcionan 67 comerciales, 13 de servicio público y 38 comunitarias. En los medios privados más importantes en Venezuela opera una extrema concentración de la propiedad, tanto vertical como horizontal, en manos de una decena de familias. Estos grupos para 1986 controlaban cerca de 94% de la cobertura nacional de radio y televisión, y en oportunidades dominaban diarios impresos. Los dueños de televisoras asimismo poseen las radioemisoras más importantes, y paralelamente manejan empresas disqueras, agencias de asesoría de imagen, de publicidad y de relaciones públicas. Hasta 2006, sólo dos televisoras, Radio Caracas Televisión y Venevisión, controlaban el 75% de la factura publicitaria televisiva1.

Entre 2005-2006, la oposición política a Chávez advierte la importancia de generar una contra-ofensiva comunicacional, que basada en los principios de las Operaciones Psicológicas (OPSIC) pueda de a poco, minar las bases de apoyo generadas por el discurso altamente movilizador y carismático del Comandante-Presidente2. Esa estrategia definida en ese momento, irá progresivamente avanzando en su efectividad y eficacia, generando confusión, disociación psicótica, miedo y exacerbando los ánimos, a través de la manipulación o el ocultamiento de información.

Una  4ta etapa, que categorizamos como de viraje ideológico hacia el socialismo del Siglo XXI (2007-2013), significó la construcción de un discurso en términos antagónicos, en una forma más directa y confrontacional. Discursivamente la noción de adversarios se afincó no sólo en prácticas políticas, sino a través de acciones simbólicas concretas signadas por la impronta de la comunicación política. Este proceso se hizo evidente durante la convocatoria por la Reforma Constitucional propuesta por el Comandante Hugo Chávez en enero de 20073 . En esta etapa se produce una gran discusión sobre uno de los aspectos claves de la construcción del socialismo, ligado al papel del Estado, las relaciones sociales y económicas que se impulsan y el papel del poder popular. En el caso de Venezuela, tal como se ha discutido el camino de construcción del socialismo está por hacerse. Sobreviven aún contradicciones importantes que deben ser superadas, entre ellas las derivadas del mantenimiento de la lógica rentística que refuerza el propio sistema capitalista4.

Un elemento clave en esta etapa, esta signado por el alcance e impacto del discurso político de Chávez como articulador de la acción política revolucionaria. Su presencia, a través de un liderazgo participativo marcaba la pauta de la acción revolucionaria y culminaba en el dominio de la agenda comunicativa. Se transformaba Chávez y su discurso, en lo que Michel Foucault denomina un discurso dicho, es decir, un discurso que por aceptación o rechazo es continuamente referenciado. Con la desaparición física de Chávez, el protagonismo discursivo del proceso revolucionario ha sido puesto en entredicho y con esta acción, la derecha impulsada, asesorada y apoyada en operativos de Guerra Psicológica ha comenzado a actuar, generando dudas, resquemores entre los sectores menos consolidados ideológicamente del campo revolucionario.

LOS RETOS DEL PROYECTO BOLIVARIANO

La muerte de Chávez, dejo abierta una discusión que se plantea en varios campos. Una 1era discusión, desde el campo organizativo revolucionario. La estructura del PSUV, conformada bajo el impulso y el estímulo del liderazgo de Chávez debe ser capaz de construir en un sentido gramsciano una nueva “hegemonía”, que se estructura sobre la aceptación de la ausencia de Chávez pero sobre la premisa de la necesidad histórica de profundizar su legado. Desde el punto de vista eminentemente electoral, nos damos cuenta que el PSUV ha experimentado cambios en el comportamiento en el período 2007-2013. La votación efectiva por el proyecto revolucionario bolivariano ha sufrido los efectos de la volatilidad: Chávez obtiene en el 2006 7.309.080 votos y sus candidatos en las elecciones para Gobernadores de 2008 alcanzan apenas 5730521. Por su parte la oposición pasa de obtener 4292466 en 2006 a alcanzar los 4690504 votos en 2008. ¿Cómo entender este descenso en la votación? ¿Avizoran un deterioro de la acción política del proyecto bolivariano? La respuesta es múltiple.

Gráfico 1: Evolución del voto Chávez-Oposición (2006-2013). Fuente: Datos Consejo Nacional Electoral (CNE). Elaboración Juan E. Romero.

Uno de los graves problemas con los que ha tenido – y tiene- que enfrentarse el proyecto bolivariano es la supervivencia de las estructuras de control y dominación propias del Estado Liberal. El declaratorio del Comandante-Presidente Hugo Chávez en 2007 de avanzar hacia el Socialismo del Siglo XXI, no significa que efectivamente se viva en Venezuela una sociedad socialista. Es un horizonte utópico al cual se quiere llegar, pero que hasta ahora ha resultado difícil. Las propias dinámicas de acumulación características de la lógica liberal-tardo-capitalista subsisten, imponiéndose como un mecanismo de obstáculo para la profundización del cambio revolucionario, a través de una actitud perjudicial: el burocratismo y la ineficiencia. El Comandante Chávez advirtió insistentemente sobre los peligros que representaban estas dos acciones para el desarrollo del proceso bolivariano5.

Este debate tiene relación con las tareas del partido revolucionario y la tendencia – siempre presente- a fosilizarse que penetra progresivamente a las organizaciones políticas. Hay quienes diseñan hipótesis que explican esa varianza en la intención del voto como una consecuencia de los efectos de las tendencias reformistas en el seno del PSUV6. Sin entrar en mayores detalles, no hay duda que uno de los debates más importantes – no sólo por sus implicaciones teóricas sino por su consecuencia en la praxis- es el que se plantea acerca del accionar efectivo de “la revolución”. El hacer revolución en el caso venezolano, plantea un debate sobre los elementos aportados por la teoría revolucionaria clásica, sobre todo en su vertiente marxista-leninista y la interpretación que el propio Chávez generó sobre la base de la propia experiencia venezolana. En el momento actual hay dos tendencias que marchan hacia lo interno del proceso venezolano. Una que pretende ser más radical que la propia acción política de Chávez y otra, que escudada en su aparente “herencia” con el líder, propicia un burocratismo reformista que está en la línea de acción contraria del propio Comandante. Ambas tendencias coexisten en la estructura de poder construida en torno al partido revolucionario (PSUV??). La manera como se solucione esta contradicción nos dará la respuesta de la manera en que se mantenga o no el propio proceso revolucionario.

Las tendencias existentes tienen sus propias críticas. Por una parte, los más radicales insisten en una interpretación ortodoxa de la práctica revolucionaria, reproduciendo diversos errores tácticos que tan perversos efectos tuvieron en los casos de las experiencias del socialismo real en la URSS y Cuba. Por otro lado, quienes se escudan en su vinculación con “el legado Chávez”, esconden un accionar burocrático, clientelar y poco efectivo, que genera un espacio propicio para que la derecha siga alimentando su caudal electoral a costa de los sectores que tanta preocupación y dedicación le tuvo el Comandante. Uno de los elementos a debate – y que forma parte de la agenda actual de discusión del PSUV- es el crecimiento de la acción política de la derecha en sectores populares en los cuales prevaleció la hegemonía del chavismo.

Una 2da discusión, viene dada por el ritmo de la acción política a partir del liderazgo de Nicolás Maduro. Dentro del proceso no hay discusión sobre la decisión del propio Chávez al definir el tema de la sucesión ante un escenario de dificultad. La decisión manifestada el 9 de diciembre de 2012 cuando se dirigió a los venezolanos, señalando a Maduro como su sucesor en caso tal de complicarse su situación de salud, demostró el profundo sentido de responsabilidad histórica que tuvo, para no dejar en el “limbo” una decisión de tal trascendencia. Sí bien no hay discusión sobre esa postura política, las acciones de Guerra Psicológica han introducido a través del empleo de técnicas de generalización, de propaganda negra y tergiversación de la realidad, un conjunto de “dudas” sobre Maduro (y su capacidad de liderazgo)7, que han sido progresivamente reproducidas por los medios impresos y audiovisuales. Se trata de una Operación psicológica (OPSIC) que busca crear confusión, inestabilidad, miedo y cambiar la expresión de la voluntad política. Este elemento se maneja de dos maneras. Una, muy visible en el sentido que ese liderazgo tiene “grietas” internas que se manifiestan en una supuesta confrontación silenciosa entre el propio Maduro y Diosdado Cabello. Otra, menos evidente, que lo presenta – a Maduro- como incapaz de contener las diversas fuerzas que se conjugan en el escenario venezolano. Ambas acciones de la OPSIC persiguen el mismo objetivo: fraccionar y dividir la cohesión de las fuerzas políticas que apoyan el proceso bolivariano. Ninguna de las dos se basan en acciones concretas, sino que se enmarcan en procesos encubiertos, determinados por el uso de la propaganda política y los efectos de los rumores.

El manejo que se ha hecho de aspectos críticos en este momento para la acción gubernamental de Maduro ha sido más que manipulado. La discusión sobre la crisis de desabastecimiento, los problemas en torno a los índices de criminalidad y violencia social, las condiciones del sistema eléctrico nacional, la situación económica a futuro y los mismos resultados del 14 de abril, son sólo parte de la agenda de situaciones que han sido presentados de tal manera que todo conduce a la conformación – desde los medios de comunicación- de una matriz negativa contra el Presidente Electo y arroja dudas sobre la continuidad del proceso bolivariano.

Una 3era discusión, viene planteada en términos geoestratégicos. El legado más importante de Chávez tiene que ver con la articulación internacional – subregional- que permitió avanzar en las propuestas de la CELAC, UNASUR y el ingreso al MERCOSUR. La sincronía de la acción de Chávez con los liderazgos de la región (Néstor Kichner y Cristina Fernández en Argentina, Lula Da Silva y Dilma Roussef en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador) permitió conformar un frente anti-imperialista y anti-sistema que produjo resultados efectivos. La desaparición física de Chávez, ha sido utilizada como una oportunidad para eclosionar “desde adentro” la Unidad creada. La propuesta de una Alianza del Pacífico (ALP) que se concentra en el trípode Chile-México-Perú, tiene tres objetivos claros. Un primer objetivo, destinado a la propia debilidad de los esquemas anti-sistema. Un segundo objetivo, la penetración comercial y financiera de los esquemas de integración más políticos, planteados a partir de la incidencia del pensamiento estratégico de Hugo Chávez y finalmente, la contención del papel de China en la región. En todo ese accionar, la posición “velada”, no evidente de los EEUU es notoria. Ante ello, la figura de Maduro le corresponde adelantar una ofensiva que mantenga a Venezuela y la Revolución Bolivariana a la cabeza de las acciones contra-hegemónicas en la región. Compite contra un fuerte proceso deslegitimador que es emprendido en su contra, reproduciendo las vertientes que la Guerra psicológica emplea en su contra hacia lo interno de Venezuela: “Maduro no es Chávez” y con ello, busca desconocer el hecho que durante toda la ejecutoria de las políticas geoestratégicas de Chávez, fue Nicolás Maduro su Ministro de Relaciones Exteriores y el encargado del proceso previo, que finalizó en los mecanismos de integración antes nombrados. El papel que juega Colombia será otro tema estratégico para “medir” las reacciones del Presidente. Ya es histórica la utilización del vecino de Venezuela para testear la “capacidad” de respuesta del proyecto bolivariano. Pastrana y Uribe (1998-2011) se encargaron de avanzar en la puesta en marcha del Plan Colombia, que se tradujo en el aumento de la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas colombianas, que pasaron de ser menos de 150.000 a disponer de cerca de 420.000 efectivos, llegando a significar un desequilibrio en la región (Brasil, con más territorio y población no llega a 450.000 efectivos). Uribe particularmente amenazó con desplazamiento en la frontera de 2.218 km de un número de efectivos que hablaban de una “militarización” de ese espacio, con lo cual se oculto una progresiva acción para-militar que tiene sus consecuencias en los territorios venezolanos de los Estados Zulia, Táchira, Apure, Barinas y Amazonas.

Juan Manuel Santos, comenzó su gobierno acercándose al presidente Chávez. Ese acercamiento estuvo relacionado con dos circunstancias esenciales. La primera, el hecho que Venezuela es el segundo receptor de exportaciones de Colombia y el mantenimiento del cierre de fronteras es un duro golpe económico para los sectores propietarios de ese país, que apoyan a Santos. La segunda razón, es que la alianza estratégica de Venezuela con Rusia y China es un factor de contención estratégica, que es bien entendido por Santos. No obstante, las acciones del Presidente Santos (recibimiento de Henrique Capriles Radonski y anuncio de intención de ingresar a OTAN) muestran la posibilidad de “probar” el pulso – y la decisión- del Presidente Nicolás Maduro. En el fondo, se observa una articulación muy cercana entre la campaña de Guerra Psicológica creada contra Venezuela en lo interno y los esfuerzos de generar presiones externas que ahoguen el proceso. Todo ello, insistimos, en perfecta sincronía con los intereses y las posturas asumidas a través de la vocería del Secretario de Estado Norteamericano John Kerry, en el sentido de volver a definir a Nuestra América como “el patio trasero de los EEUU”.

Todo señala una arremetida en diversos frentes (económicos, sociales, políticos) contra Venezuela, en un esfuerzo interno-externo que coloque en una situación crítica los avances alcanzados en 14 años de acción política de Chávez (1998-2012).

Dr. Juan Eduardo Romero

Historiador

Juane1208@gmail.com

10/06/2013

1 Luís Britto García. La Libertad de Expresión en Venezuela. Noviembre de 2012. http://luisbrittogarcia.blogspot.com.ar/2012/11/la-libertad-de-expresion-en-venezuela.html

2 Hemos analizado las características del Discurso Político de Chávez en diversos trabajos. http://grupo.us.es/grehcco/ambitos13-14/20romero.pdf , http://www.flacsoandes.org/dspace/bitstream/10469/4655/1/RFLACSO-ED55-14-Romero.pdf http://www.latindex.ucr.ac.cr/sociales-125/sociales_125_2009_03.pdf

3 se abordó el estudio de estas discursividades en el siguiente trabajo http://www.latindex.ucr.ac.cr/sociales-125/sociales_125_2009_03.pdf

4 Puede consultarse el trabajo publicado por Humberto Trompiz sobre las contradicciones del proceso venezolano http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168542&titular=errores-estrat%E9gicos-de-la-revoluci%F3n-bolivariana-

5 “Yo reconozco que a veces hemos fallado, a veces hemos sido ineficientes en darle respuestas a las necesidades del pueblo, pues yo me comprometo a que el Gobierno de Chávez del 2013 en adelante será mucho mejor que el gobierno de Chávez que está por terminar”. 3 de agosto 2012

6 Pueden consultarse los trabajos (muy polémicos) de Javier Bierdeau en http://saberescontrahegemonicos.blogspot.com.ar/

7 Un ejemplo es este artículo publicado recientemente (101/06/2013) http://www.laprensa.hn/Secciones-Principales/Economia/The-Wall-Street-Journal/A-Maduro-el-buen-humor-no-le-sale-tan-facil#.UbXgQtjimec

*Dr. Mgs. DEA.
Embajada de la República Bolivariana
de Venezuela en la República Argentina

1er Secretario

 

juane1208@gmail.com



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Juan Romero

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

 juane1208@gmail.com

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